miércoles, 16 de mayo de 2018

"Los caballos de dios", de Mahi Binebine (miércoles 16, 20h)



A pesar de tratarse de un país con algunas zonas prósperas, Marruecos está repleto de bolsas de pobreza, conformadas con gente sin esperanza, cuya máxima aspiración es emigar algún día a Europa. La narración de "Los caballos de Dios" la realiza uno de los jóvenes protagonistas en primera persona y lo hace después de muerto. Se trata de un muchacho que se ha hecho estallar en un hotel de Casablanca junto con sus amigos, después de haber sido captado por el islamismo radical. Ahora, desde las sombras de la muerte, mientras se va advirtiendo que quizá los cuentos de un paraíso reservado a los combatientes suicidas que han ayudado a convencerlos de emprender la acción, son una mentira y que la muerte es siempre la misma oscuridad, suceda como suceda.



El protagonista ha nacido en Sidi Moumen, un barrio de chabolas junto a un vertedero. Un lugar desolado, cuyos habitantes viven su día a día envueltos en una miseria inimaginable para las mentes occidentales. Los más jóvenes de entre ellos dedican la jornada a remover la basura para encontrar cualquier material que tenga algún valor. Pero su verdadera ilusión se encuentra en el equipo de fútbol que conforman: las Estrellas de Sidi Moumen . Todos los domingos disputan encuentros contra equipos de los barrios vecinos que acaban siempre en violentas peleas. Los muchachos no conocen otra forma de vida, intuyen que hay algo mejor, pero aceptan su suerte e intentan sobrevivir a los sinsabores de la existencia, materializados en familias desestructuradas en las que también anida la semilla de la violencia.


                      

Este caldo de cultivo va a ser aprovechado por un personaje carismático, el religioso Abu Zubeir, que va a captar a estos chicos hablándoles de la lucha que el islam sostiene contra occidente, ordenada por Alá. Frente a la presunta decadencia de las democracias europeas y sus costumbres impías, les ofrece la pureza de la religión Finalmente, cuando ha captado sus mentes, les exige sus cuerpos y les ofrece el gran honor de ser protagonistas de un atentado suicida, acción que les llevará directamente al paraíso. No hace falta mucho para convencerlos. Halagados por la confianza que manifiesta en ellos el líder supremo, acatan la orden y se preparan para atacar un hotel repleto de turistas. Las palabras que les dedica Abu Zubeir en su última noche resumen una de las filosofías del islamismo: usar a los desesperados como carne de cañón, ofreciéndoles lo que más anhelan: un sentido a sus existencias:

Acordaos de que esta noche, hijos míos, os esperan muchos retos. Pero tenéis que encararos con ellos y entenderlos. Ya no es hora de juegos. Ha llegado el momento del juicio. Debemos, pues, usar estas horas para pedirle perdón a Dios. Tenéis que estar convencidos de que ya casi no os queda tiempo de vida. Luego, comenzaréis una existencia de beatitud, el paraíso infinito. Sed optimistas. El Profeta siempre era optimista. Rezad, pedidle ayuda a Dios. Seguid rezando toda la noche. Habéis jurado morir y habéis renovado el juramento por amor a Dios. Es algo que os honra. Me hago cargo de que todo el mundo aborrece la muerte; todo el mundo la teme. Pero recordad estos versículos que dicen que desearíais la muerte, ante de encontraros con ella, solo con estar al tanto de cuál será la recompensa posterior. 


"Los caballos de Dios" es una novela dura, sin concesiones, un retrato sociológicamente fiel de la vida de los desheredados de la Tierra, capaces de arrojarse a cualquier causa desesperada que les ofrezca una salida que consideren digna a unas vidas que ellos mismos consideran vacías, puesto que cualquier mejora en su situación económica jamás va a ser comparable al nivel de vida del enemigo occidental, que goza de ella a través de la explotación de los hermanos musulmanes. Bien es cierto que tiene unas coordenadas geográficas muy determinadas y sirve sobre todo para reflejar las razones que llevaron a los terroristas suicidas de Casablanca del año 2003 a emprender su acción. Escuchar a un monstruo que ha sido abducido por un monstruo mayor, es una manera de entender muchas cosas.

Fuente: http://es.globedia.com/caballos-dios-mahi-binebine-razones-monstruo


En 2012 se estrenó la adaptación cinematográfica de la novela, dirigida por Nabil Ayouch. Recibió la "Espiga de Oro" a la mejor película en Seminci - Festival de Cine de Valladolid. 






Tráiler de "Los caballos de dios" (2012)





Mahi Binebine (Marrakech, 1959) es un pintor, escultor y escritor marroquí.


Se instala en París en 1980 para proseguir sus estudios de matemáticas, de las que fue maestro durante ocho años.

Posteriormente se consagra a la escritura y a la pintura. Sus novelas han sido traducidas a una docena de idiomas. Reside en Nueva York desde 1994 a 1999. Sus pinturas forman parte de la colección permanente del Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York. Desde 2002 reside en Marrakech.




En "El último viaje de Mamaya", el autor recurre a un episodio de su propia historia familiar. Su hermano Aziz fue uno de los jóvenes oficiales que habían participado en el fallido golpe de Estado contra el rey Hassan II en 1971. Durante 18 años, fue encarcelado en el campo del desierto de Tazmamart, en condiciones de brutalidad inimaginable y casi indescriptible. De los 56 presos, sólo la mitad sobrevivieron, entre ellos, Aziz Binebine. El compañero de Mahi Binebine, el escritor Tahar Ben Jelloun, tomó esta historia como base para su controvertida novela, Cette aveuglante absence de lumière (traducida al castellano como "Esta ausencia cegadora de luz").




La traducción al inglés de la novela "Cannibales, Welcome to Paradise" (en castellano traducida como "La patera"), fue preseleccionada para el Independent Foreign Fiction Prize en 2004.



Inspirada en la vida de su padre, su última obra, "Yo, bufón del rey", fue finalista del premio Renaudot 2017. 

«Nací en una familia shakespeariana -cuenta Binebine, hijo de aquel bufón y que vivió en primera persona la tragedia familiar-, entre un padre que pasó cuarenta años en la corte del rey y un hermano encerrado en un presidio del sur. Para seguir al servicio de Su Majestad, mi padre renunció a su mujer y a sus hijos. Abandonó a su suerte a mi hermano, cuya ausencia atormentó a mi familia durante veinte años. Esclavo consentido, afrontó un destino solitario. Hace años que intento contar esta historia. Aquí la tenéis: tiene la fantasía del cuento lejano y la gravedad de la tragedia humana».





miércoles, 18 de abril de 2018

"Nada", de Carmen Laforet (miércoles 18, 20h)




El nombre de Carmen Laforet quedará siempre unido en la memoria colectiva a su más lograda creación, "Nada". Como un trasunto de su propia vida, la novela sigue el itinerario iniciático de la joven Andrea, que, a finales de 1939, llega a Barcelona, cargada de ilusiones y dispuesta a emprender sus estudios universitarios. Pero sus ansias juveniles chocan con el mundo gris, cargado de violencia, que representan su abuelas y sus tíos, que la acogen en su casa. 

Laforet supo transmitir en esta obra, escrita con un estilo literario que supuso una corriente de aire fresco en la prosa de la época, la lenta agonía de la pequeña burguesía de posguerra. Los personajes adultos de la novela caminan desorientados por un territorio cargado de temores y heridas mal cicatrizadas. Frente a ellos, Andrea y su amiga Ena representan una nueva generación que ve cómo sus ansias de crear un mundo diferente son sistemáticamente abortadas. 

"Nada", una de las novelas escritas en castellano más traducidas, refleja la realidad cotidiana de unos seres angustiados, ubicados en la posguerra española y cuya existencia recuerda una pesadilla llena de discordias, confrontaciones y frustraciones. El dolor y el pesimismo son ejes vertebradores de la narración, que se reflejan en sus personajes y en el punto de vista de Andrea, una muchacha que irá madurando a lo largo de su estancia en Barcelona.

                     

Las relaciones entre los protagonistas de la novela dibujan una estructura que entronca con el tremendismo literario y con el existencialismo filosófico.

La crítica que ha analizado la obra define su género como una novela bildungsroman, esto es, una obra narrativa de crecimiento personal, de búsqueda de la propia identidad o de aprendizaje –recordemos la edad temprana en la que la autora la publicó. Andrea, la protagonista, necesita encontrarse a sí misma ante una sociedad hostil, depauperada por la posguerra y llena de escollos. A lo largo de la narración se encuentra con múltiples situaciones que la obligan a evaluarse y a aprender de sus experiencias.


La estructura externa de la novela podemos clasificarla como clásica. Es un relato lineal narrado en primera persona desde una perspectiva temporal no muy alejada –apenas unos años después de los hechos-. Aparentemente posee un final propio de estructura abierta, como si pudiera continuar la acción en Madrid, aunque lo cierto es que el tiempo transcurrido en Barcelona es ya una puerta cerrada que nunca más se abrirá.

Edgar Neville dirigió en 1947 la adaptación cinematográfica de "Nada".




Carmen Laforet (Barcelona, 1921 – Madrid, 2004). Con dos años de edad se trasladó con su familia a las islas Canarias. A los dieciocho años, una vez finalizados los estudios de bachiller, decidió regresar a Barcelona para estudiar las carreras de filosofía y letras y derecho, si bien no acabó ninguna de las dos. Poco satisfecha de su paso por la universidad, cuando contaba veintiún años se fue a vivir a Madrid, donde conocería al periodista y crítico literario Manuel Cerezales, quien la animó para que prosiguiera con sus recién iniciados pinitos literarios. Dos años más tarde, en 1944, presenta su novela "Nada" al recién creado Premio Nadal.


Transcurridos dos años desde su triunfo literario, su vida privada también cambió positivamente cuando contrajo matrimonio con Manuel Cerezales, del que tendría cinco hijos, dos de ellos escritores, Cristina y Agustín.

Consagrada ya como una de las mejores narradoras de la realidad española de la época, los años que siguieron fueron intensos. En 1948 la Real Academia Española la distinguió con el Premio Fastenrath por su primera novela, mientras ella seguía escribiendo cuentos y artículos periodísticos.










Su producción literaria tuvo en ese período tres hitos, las novelas que siguieron a "Nada". En 1952 publicó "La isla y los demonios", donde evocaba los años de su infancia y adolescencia en Canarias. Tres años después vio la luz "La mujer nueva", un título que podría ser el relato de su «reconversión» al catolicismo tras unos años de agnosticismo. Esta novela fue la ganadora del Premio Menorca de Novela y al año siguiente le valió a su autora el Premio Nacional de Literatura otorgado por el Ministerio de Cultura, aunque también más de un problema con la censura eclesiástica. En 1963 su creciente prestigio hizo que Editorial Planeta se interesara por su obra y publicara "La insolación", prevista como la primera entrega de una trilogía titulada "Tres pasos fuera del tiempo".

Durante unos años más siguió publicando relatos cortos, artículos y hasta un libro de viajes en 1967 ("Paralelo 35"), relacionado con sus viajes en EEUU. La década de los setenta estuvo marcada por sus frecuentes depresiones, la separación de su marido y un rechazo cada vez mayor de la vida pública.

Sobre las razones de su aislamiento y búsqueda de la intimidad habla Laforet en "Puedo contar contigo", una colección de cartas cruzadas con su amigo Ramón J. Sender, al que conoció en 1965 durante su estancia en EEUU. La recopilación y edición de los textos la realizó su hija Cristina Cerezales en 2003. A medida que pasaban los años, la memoria de la fértil escritora se debilitaba y su salud física menguaba. Finalmente, enferma de Alzheimer, Carmen Laforet fallece el 28 de febrero de 2004.

Póstumamente se publicó "Al volver la esquina", novela escrita en la década de los setenta a manera de diario en torno a un pintor bohemio, y que correspondería a la segunda entrega de la triología iniciada con "La insolación".

Carmen Laforet, la mujer frágil, tímida y huidiza, que a veces se confunde con la protagonista de la novela que le dio la fama, supo conquistar un puesto destacado junto a colegas de su generación como Camilo José Cela, Antonio Buero Vallejo o Miguel Delibes, quien la definió muy acertadamente como «la mujer nueva cuando apenas había mujeres en la literatura». En efecto, Carmen Laforet, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Josefina Aldecoa fueron algunos de los pocos nombres femeninos que desafiaron el oscuro papel reservado a la mujer en la España franquista.

Extinguido el fulgor de la Generación del 27 y con un gran número de escritores víctimas de la guerra o en el doloroso exilio, la generación de posguerra abría caminos nuevos a las letras. Pronto Carmen Laforet logró el respeto y la admiración de sus contemporáneos, como Juan Ramón Jimenez, el cual, glosando la obra maestra de la escritora, hablaba de «la belleza tan humana de este libro que se nutre hoja tras hoja de la sustancia propia de la escritura».



Documental "Carmen Laforet, la chica rara"



martes, 13 de marzo de 2018

"Tres días y una vida", de Pierre Lemaitre (miércoles 14, 20h)



Si damos por válido el sistema de etiquetaje obsesivo propio del medio editorial ‑según el cual Pierre Lemaitre sería un escritor de novelas negras que un buen día 'dio el salto' con una obra literaria magistral ('Nos vemos allá arriba', Premio Goncourt 2013)‑, esta sería una novela de síntesis: todo su argumento da vueltas en torno a un crimen del que tenemos noticia en las primeras páginas, pero no fía su avance a la investigación de quién lo ha cometido, ni exactamente al intríngulis de si será finalmente detenido o no. La novela es, al contrario, una bellísima indagación literaria en torno a conceptos como el azar, la culpa, la posibilidad de redención. Críticos, libreros, editores y demás podrán ocuparse de disertar sobre si eso la sitúa dentro o fuera del género policial. Al lector le dará igual. El lector estará atrapado desde el principio por el buen uso de algunos recursos en los que Lemaitre había demostrado ya antes su maestría. El primero y fundamental es su manejo del punto de vista. 'Tres días y una vida' está contada en tercera persona, con una aparente neutralidad que se desliza, a voluntad del autor, hacia el punto de vista de su protagonista, Antoine. Antoine es un niño. Muchos buenos escritores han fracasado en el intento de mostrar la lógica del mundo a partir de la mirada de un niño, en un empeño que, casi indefectiblemente, acaba por teñir la voz narradora de lugares comunes, simplismos excesivos y cursilerías. Aquí no. Lemaitre acierta al no querer transmitirnos la voz, sino la mirada de Antoine, que ha cometido un error gravísimo y va a cargar con sus consecuencias toda la vida.


O no. O sí. Porque ese es el segundo gran mérito de Lemaitre en esta novela: su argumento homenajea la imprevisibilidad de la vida, enfrenta al lector continuamente con el fracaso que espera a quien pretenda anticiparse a los acontecimientos, y sin embargo transmite en todo momento una sensación aplastante de coherencia, como si todo lo que sucede en la novela estuviera dictado por una lógica indiscutible. Todas las cosas importantes que ocurren en la vida de Antoine se deben al azar -es decir, podrían perfectamente no haber ocurrido- y sin embargo en ningún momento tenemos la sensación de que esté forzando la casualidad según su conveniencia. Estamos ante una novela de buenos y malos: el bueno es Antoine, a quien quisiéramos proteger por muchas maldades que cometa; el malo es el destino, que lo somete a una vigilancia terrible, aunque paradójicamente pueda acabar perdonándolo.

Hay unos cuantos elementos en 'Tres días y una vida' que ya son marca de la casa: el primero es la influencia de lo extraordinario en el entorno de lo cotidiano. En esta ocasión, además, los sucesos se dan en un pueblo campestre que, activados todos los resortes propios de las sociedades provincianas, se convierte en una olla a presión a punto de estallar en cualquier momento y acompaña como un coro griego todas las decisiones que va tomando Antoine, llevado por la obsesión de su culpa. La obsesión: de nuevo, un rasgo común en la obra de Lemaitre, llevado hasta extremos caricaturescos en novelas como 'Vestido de novia', pero manejado aquí con una inteligencia exquisita.

Enrique de Hériz
http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20160920/critica-tres-dias-vida-pierre-lemaitre-5390453




Autor, guionista y psicólogo francés, Pierre Lemaitre nació en Paris el 19 de abril de 1951. Es conocido por su labor literaria centrada en el género negro y policial, así como por su trabajo como guionista para la industria del cine y televisión. Durante años trabajó como profesor para adultos, concretamente enseñando comunicación, cultura general y literatura destinada a bibliotecarios. Se casó a la edad de 50 años con Pascaline y con 60 nació su primer hijo. En 2015 se convirtió en Embajador Secours populaire.


Su llegada al mundo de la literatura se produjo de manera tardía, con 56 años, dando sus primeros pasos dentro del género negro. En este campo habría que destacar los libros protagonizado por Camille Verhoeven, su personaje fetiche. Sin embargo, dio el salto a la primera plana de la literatura en 2013 con "Nos vemos allá arriba", obra alejada del género policial y con la que logró el prestigioso Premio Goncourt, convirtiéndose en uno de los best-sellers del año.



A partir de "Nos vemos allá arriba" su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y se ha comenzado a publicar también su obra policial, que hasta el momento no había dado el salto al mercado en castellano. Entre sus obras más conocidas está  su primera novela "Irene" (Travail soigné, 2006),  homenaje a los autores contemporáneos que admira; "Vestido de novia" (Robe de marié, 2009), donde muestra su admiración por Hitchcock; "Camille" (2012), "Recursos inhumanos" (2010)

A lo largo de su carrera ha recibido premios como el ya mencionado Goncourt, el CWA International Dagger, el Tulipe, el Le Point o el Raffaelo Brignetti.





jueves, 8 de febrero de 2018

"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", de Diego Sánchez Aguilar (miércoles 14, 20h)





Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) es Doctor en Literatura y profesor de Enseñanza Secundaria en el IES “Las Salinas del Mar  Menor” (La Manga, Murcia). 

Fruto de su investigación literaria, en 2012 ve la luz Poesía Vertical, edición crítica de la poesía de Roberto Juarroz (Ed. Cátedra). 







Ha publicado cuatro libros de poemas: Desde el vientre de la ballena (2000), Lindero de tinieblas (2002), Diario de las bestias blancas (Premio internacional Dionisia García, 2008), y Las célebres órdenes de la noche (2017).







En 2016,  Diego S. Aguilar ganó el premio al mejor relato del Rendibú 2016, festival bienal de artes organizado por 'La Verdad', de cuyo Jurado formará parte en su edición de 2018.



Publicado por la editorial Balduque, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino se hizo en 2016 con el XIII Premio Setenil. El jurado, compuesto por Eloy Tizón, José Belmonte Serrano, Antonio Parra Sanz y Manuel Moyano, eligió esta obra de entre las ochenta y una presentadas ese año por editoriales y autores de toda España. 



QUÉ SERÁ EL ORGASMO FEMENINO

Verónica Nieto 
28 diciembre 2016 

El libro ganador del premio Setenil 2016, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, editado por Balduque, nos propone un paseo alrededor de las vidas anodinas de unos cuantos personajes que rondan la cuarentena, es decir, la edad límite, los viejos de los jóvenes o los jóvenes de los viejos, la edad bisagra, la edad determinante, pues como dice aquel dicho: “Lo que seas a los cuarenta lo serás toda la vida”.



Diego Sánchez Aguilar construye estos relatos usando a un narrador en tercera persona y tiempo presente, algo así como una cámara de seguridad con bisturí: preciso, frío, calculador, agrega notas al pie para explicar ciertas situaciones, utiliza las enumeraciones, como si estuviésemos observando un álbum de fotografías de personas totalmente cansadas de su vida cotidiana, como si estuviésemos leyendo un tratado sobre la sexualidad, o mejor, un tratado sobre el imaginario pornográfico propio del varón. Tanto se distancia de lo que cuenta que enseguida se activa la ironía y con ella la complicidad del lector. Porque qué personajes más banales y aburridos, madre mía, qué personajes tan corrientes y tan como nosotros. Y a pesar de que nada en ellos puede llamarnos la atención, leemos intrigados, divertidos, pasamos página tras página sin saber muy bien por qué. ¿Por el efecto espejo, tal vez? Bueno, coincidiremos en que gran parte de la incitación se la lleva el sexo, y sobre todo, el sexo de los demás: eso que también preocupa y a veces obsesiona a los que rondan los cuarenta, pues la juventud se viene abajo.







Sánchez Aguilar consigue aquello tan difícil de transformar las descripciones en acciones, de hacer que estas no solo nos sitúen en el escenario, sino que nos den información sobre los personajes. Un hombre que fantasea con que una compañera de trabajo no lleva bragas en la cena de empresa; otro hombre solitario y un poco asocial que se enamora virtualmente de una blogger que cuelga video-posts de sus masturbaciones diarias; Aurora, una mujer demasiado insegura, se ha ido a Cuba con dos amigas a pasar las vacaciones y no sabe muy bien por qué ni para qué; una pareja escucha follar a los vecinos, cosa que parece, por un momento, reavivar su propia vida sexual aunque más tarde se transforma en una obsesión para el varón; una mujer hastiada de su cotidianidad que fantasea con un antiguo novio al que verá en una de esas reuniones de ex alumnos; un marido que está esperando a que llegue su mujer a casa espía a dos jovencitos que se han colado en su edificio para echarse un polvo rápido, y Fernando, un fotógrafo publicitario, quien graba sus propias relaciones sexuales y elabora minuciosos archivos con diferentes categorías para el orgasmo femenino:

“Un buen orgasmo, para él, es el que está mejor interpretado, el que es capaz de hacer sentir al espectador que la mujer está siendo poseída por un placer inimaginable, sorprendente, capaz de sacarla momentáneamente de su cuerpo, de su mundo, de su propio ser. Y todo eso gracias a él, al hombre que la ha llevado hasta ese punto. Eso es un buen orgasmo. Como un buen anuncio. Una utopía. Algo que todo el mundo desea, para lo que todo el mundo vive sus miserables vidas.”



Quizá de los siete cuentos que conforman Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino sea el último, titulado El perfume, el que explica todo el libro: el orgasmo femenino sigue siendo algo nebuloso para la mayoría de los hombres, algo muy parecido al imaginario de lo pornográfico, una auténtica teoría, una huida de la cotidiana y miserable vida de la mayoría.

Fuente: http://revistadeletras.net/diego-sanchez-aguilar-que-sera-el-orgasmo-femenino/







martes, 16 de enero de 2018

"La silla de Elías", de Igor Štiks (miércoles 17, 20h)




"Siempre digo que tuve que resolver primero un problema moral antes de empezar a escribir 'La silla de Elías'. Como no viví el asedio de Sarajevo y abandoné mi ciudad -todos los refugiados compartimos esa culpabilidad por haber dejado atrás a la familia y los amigos-, tenía que preguntarme qué derecho tenía yo a escribir sobre Sarajevo”.                                                                                                                                                                                                                                    IGOR ŠTIKS


Igor Štiks (Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, 1977) no es un autor desconocido en nuestro país. La editorial Funambulista ya editó su primera novela, 'Un castillo en la Romaña', que alcanzó un gran éxito y obtuvo premios en diferentes países. Ahora Destino nos ofrece 'La Silla de Elías', (premios K. S. Gjalski, Kiklop), narración que, como en la primera, basa el autor en su experiencia personal, la guerra que vivió a los quince años, en Sarajevo. Stiks, que escribe en croata y vive entre París y Chicago, está marcado por el dolor que sufrieron los ciudadanos de Sarajevo. 


                        


Richard Richter, un reconocido escritor austriaco, acaba de separarse y se encuentra en plena crisis intelectual. Tras veinte años de ausencia, regresa a su Viena natal, a la casa de su tía en donde vivió de niño. Allí, al tirar un tabique, descubre una carta escrita por su madre en 1941 dirigida a un tal Jacob Schneider, un judío de Sarajevo y el verdadero padre de Richard. Ante este hallazgo, Richard viaja a Sarajevo en busca de sus raíces. 

Estamos en 1992 y la ciudad se encuentra asediada por las milicias serbias. Un día, en una sinagoga, sentado en la silla de Elías -silla destinada a la circuncisión de los niños- conoce a Simón, un viejo que junto con Alma, una actriz de teatro con la que vive una historia de amor, le conducen hasta Schneider. 

'La silla de Elías' es una novela densa, inteligente, reflexiva y muy bien escrita. Consigue unir un argumento entretenido, con la historia real del Sarajevo asediado. Lo que hoy en día ignoramos al leer los desastres mundiales, la literatura nos lo muestra, al descubrirnos las voces humanas que se esconden en ellos. A través de esas voces, Igor Štiks ofrece otro punto de vista del que encontrábamos en los periódicos occidentales, la visión de los bosnios, de los que vieron y vivieron, y decidieron quedarse. 

Fuente: http://www.elcultural.com/revista/letras/La-silla-de-Elias/23735















Igor Štiks nació en 1977 en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina). En 1992 huyó de la guerra en Yugoslavia y después de estudiar Filosofía en Francia se graduó en Ciencia Políticas en Escocia. Actualmente es investigador en la Universidad de Edimburgo y trabaja en el proyecto CITSEE (Europeización de la Ciudadanía en los Estados Sucesores de la Antigua Yugoslavia).


                                                   

Ha escrito la novela 'Un castillo en la Romaña', por la que recibió el premio Slavic al mejor escritor novel croata en 2000, y que en 2005 fue traducida al inglés y al castellano. Su segunda novela, 'La silla de Elías', recibió varios premios literarios en Croacia y ha sido traducida a doce idiomas. En 2017 publicó su tercera novela, 'Rezalište'.

Ha escrito y publicado también poesía y ensayo.


                                                   



ENTREVISTA  

«Algunos escritores de los Balcanes usaron la tinta como munición»

Alejandro Luque.
Sevilla · Feb 2011

El escritor croata Igor Štiks reflexiona sobre el papel de los intelectuales en los conflictos de los Balcanes.

Igor Štiks (Sarajevo, 1977) representa a una nueva generación de intelectuales que apenas eran unos chavales cuando estalló la guerra en los Balcanes, y que han madurado en el exilio sin renunciar a participar en el debate sobre la situación política, social y cultural de la antigua Yugoslavia.

Criado en Zagreb y acogido en París, actualmente reside en Edimburgo. Desde los 19 años fue publicando artículos y ensayos en diversos medios croatas, bosnios, serbios, macedonios, eslovenos... Hasta 2001 fue reportero cultural de la revista croata Zarez.

Descubierto gracias al premio Slavic que recayó sobre su primera novela, 'Un castillo en la Romaña' (2001, traducido ya al alemán e inglés), su consagración llegó con 'La silla de Elías' (2006), elegido mejor libro croata del año. La pasada semana visitó Sevilla invitado por la Fundación Tres Culturas, y accedió a conversar con M'Sur.

Usted nació tres años antes de la muerte de Tito. ¿Qué diferencia a su generación de la de sus padres, que sí vivieron de lleno la dictadura? 
Por lo general fuimos más abiertos de mente, y más liberales, por haber crecido en el sistema político de los años 80, muy diferente del anterior, que nos permitió acceder a muchas cosas nuevas: música, películas… Recuerdo que desde los Juegos de Invierno de Sarajevo, en 1984, hasta comienzos de los años 90, había una gran sensación de ebullición, un optimismo que nos llevaba a pensar que las cosas iban a cambiar del todo. La guerra destruyó esos sueños: fuimos de lo más alto al abismo.

Usted tenía 15 años. ¿Podría decirse que la guerra le hizo escritor? 
En cierto modo sí. La guerra cambió nuestras vidas, el paisaje político y cultural. Nada sería lo mismo a partir de entonces. Y es muy difícil rehuir todo eso cuando empiezas a escribir. Yo lo intenté, desde luego, hasta que en mi segunda novela, cuando ya estaba viviendo en París, sentí que algo me tocaba la espalda y me decía: “Eh, tienes que enfrentarte a todo esto.Tienes que volver sobre aquello que has dejado atrás…”

Es curioso que en sus novelas su tierra esté siempre presente, pero desde puntos de vista externos: Italia, Viena… ¿A qué se debe? 
Cuando asumí que quería volver sobre mi país, supe también que quería hacerlo con ojos diferentes. Quería mirar con los ojos de un extranjero. En cierto sentido, es más fácil para mí, por lo traumático que puede ser enfrentarte a todo eso desde dentro. Pero también me ayuda a redescubrir el país que dejé atrás. Cuando vives en el extranjero, constantemente descubres cosas que antes no veías. Ivo Andric solía decirlo: “Puedo ver a Bosnia mejor desde fuera”.

¿Es por eso que la mayoría de los escritores que salieron de la ex Yugoslavia no han regresado? 
El exilio tiene esa dificultad añadida: pasa el tiempo y, al tiempo que empieza tu nueva vida en otro lugar, tu viejo país está cambiando, se vuelve diferente. Y puede suceder que la nueva tierra no llegue nunca a ser un hogar, en tanto la tierra de origen se vuelva extraña. Y tú vives entre una y otra, en mitad de ninguna parte. Es lo que creo que le ha sucedido a Aleksandar Hemon, a Dubravka Ugresic… Lo bueno es que las comunicaciones nos permiten mantenernos en contacto, y mantener un vínculo intenso con nuestros paisanos. Por otro lado, sí hay algunos que están volviendo: el cineasta Danis Tanovic, el músico Goran Bregovic, también está allí, Predrag Matvejevic volvió a Zagreb… Veinte años después de la guerra, para muchos es hora de volver a casa.

¿Cómo se lleva con los demás escritores de la antigua Yugoslavia? ¿Tienen contacto, se leen…?
Mis libros están publicados en todos los países yugoslavos, lo que indica que ese espacio está bien comunicado. Nos leemos perfectamente los unos a los otros, usamos la misma lengua, y algunos incluso hemos hecho carrera internacional. En cuanto a mis afinidades, bueno, tengo una amistad fuerte sobre todo con Aleksandar Hemon, especialmente cuando viví en Chicago, y que está publicado en España por Anagrama; y con Aleš Debeljak, un poeta esloveno que ha sido traducido al catalán, y no sé si al castellano…

Escribir en croata, ¿es para usted un acto de militancia, una toma de posición?  
Trato de distinguir entre mi trabajo literario y mi labor académica. Lo primero lo desarrollo en mi lengua materna, mientras que la segunda la hago mejor en francés o inglés. Mi cerebro ha aprendido a separar ambas cosas muy bien. Admiro a gente como Kundera, o el mismo Hemon, por el coraje de esa decisión de cambiar de lengua, pero en ese paso se corre el riesgo de perder el estilo.

Marco Vesovic, profesor de la Universidad de Sarajevo, decía que la de los Balcanes era la única guerra de la Historia planteada y dirigida por escritores. Pero no fue la única ¿no? 
¡No, no, acordémonos de Goebbels!  Pienso en Karadzic, pienso en Tudjman, que estaban muy orgullosos de ser escritores, o de pensar en sí mismos como escritores… Pienso en Dobrica Cosic en Serbia e Ivan Aralica en Croacia. Pero hubo muchos más. Deberíamos examinar el papel de todos esos escritores preparando la guerra, fomentando el activismo, buscando motivaciones para la comisión de los crímenes. Desgraciadamente, no hay tribunales para escritores. Pero hay una responsabilidad en la gente que usó los medios de comunicación y la escritura para la propaganda, las prácticas exclusivistas, la justificación de los desmanes… Usaron la tinta como munición.

Cuando en España se disparan las tensiones autonómicas, se habla de riesgo de “balcanización”. ¿Basta con una mala vecindad para prender un conflicto armado?
Desafortunadamente, los Balcanes se han llevado una mala reputación, y representa la idea de un lugar partido en muchos pedazos… Antes yo quería creer en una “iberización” de Yugoslavia, lo necesitábamos. Necesitábamos soluciones pacíficas y políticas para nuestros problemas, no el desastre que vino. Lo único que deseábamos era ser como los demás. Pero cuando ves lo que pasa hoy en Bélgica, Gran Bretaña o España, o en cualquier otro lugar del mundo... En todo caso, me gustaría convencerle de que la balcanización no es la única característica de los Balcanes [risas].


La pregunta... de Ramón Lobo 

¿Ha hecho Croacia su catarsis? 
En general, en la antigua Yugoslavia  no vemos catarsis por ningún lado. Los tribunales hicieron su trabajo, pero no hubo catarsis política. Mucha gente cree aún que los criminales de guerra fueron héroes nacionales. Y la manipulación sigue abierta, lo que impide esa tarea catárquica. No se pueden manipular los hechos, pero las mentes sí lo admiten. Es un gran fallo de la democratización de la región y de la comunidad internacional. Lo mismo pasa en Bosnia y Herzegovina, donde se hace creer que el espíritu de la guerra sigue vivo. En todo caso, aunque haya razones para el pesimismo, confío en un futuro mejor. 

Y los jóvenes de estos países, ¿cómo ven ese futuro? ¿Confían en Europa, que no estuvo a la altura en el conflicto yugoslavo? 
Allí donde vayas, a pesar de la propaganda encontrarás a un montón de gente joven progresista que quiere un cambio en sus países. La mayoría ve que Europa es la salida, y hay una conciencia extendida de que un gueto balcánico sería fatal. No tiene sentido imaginar un agujero negro balcánico rodeado por Europa. Personalmente no estoy contento con la maquinaria de la Unión, la parte económica es demasiado liberal, la parte social es un poco floja… Todo debe mejorar, pero es el único camino. Siempre es mejor integrar el gueto balcánico en Europa, a que Europa se integre, o incluso se desintegre en ese agujero negro.

Fuente: http://www.mediterraneosur.es/prensa/stiks_igor.html