lunes, 14 de junio de 2021

"Purga" | Sofi Oksanen | miércoles 16 de junio | 20 h

 


Supongo que, como se dice, la verdad está siempre en los detalles, y como ha dicho un colega finlandés: si quieres escribir sobre sexo para que no parezca pornografía tienes que ahondar en los detalles. Y es así tanto para el sexo como para la violencia. No me gusta distanciarme. Me gusta que el lector entre en la historia a través de información visual, auditiva; de cómo se sienten las cosas desde el punto de vista material, no olvidar los aspectos sensuales. 

Cuando empecé no sabía que iba a escribir sobre tráfico de personas. Sí sabía que quería hablar sobre la violación como un crimen de guerra. Descubrí que esas víctimas de diferentes lugares y orígenes religiosos tenían experiencias parecidas. Supe que las víctimas de tráfico de personas tenían las mismas reacciones traumáticas que las de la violación en la guerra. Debía mostrar que incluso la llegada de la libertad no había sido igual para todos.


Sofi Oksanen.

 



Purga nació, en principio, como una obra de teatro. Sin embargo, en algún punto su autora decidió cambiar el formato en que se cuenta la historia y novelarla. Y resultó una decisión enormemente exitosa: la obra se cubrió de premios, y ella obtuvo reconocimiento internacional.

Y quizás Sofi Oksanen estaba en la mejor posición posible para contarnos precisamente esta historia, la de dos mujeres de distintas edades que se encuentran en Estonia, ambas arrastrando un horror consigo. Aliide, la más vieja, habiendo llevado una vida que fue un ejercicio de supervivencia al interior de la dictadura soviética, soportando el espionaje perpetuo, a una máquina que puede costarle la cárcel, el oprobio o la muerte a quien diga las palabras equivocadas en un mal momento, y ante la cual la propia Aliide tomó decisiones difíciles, y a veces horribles. Y Zara, la más joven, una estonia del fin del régimen, de una época que empieza a enterarse de las cosas lindas y caras que se venden en los países capitalistas, que desea mejorar su standard de vida, y que buscará progresar trabajando de camarera en Alemania, pero terminará cayendo en el infierno de la mafia de trata de mujeres.

De este modo, la novela es una ventana abierta a ambas realidades, la de la Estonia soviética y hermética a Occidente, y la de la Estonia abierta al mundo, aún sin saber muy bien qué hacer en un régimen democrático, demasiado acostumbrada a respetar jerarquías y obedecer instrucciones. 

Y la autora, una finesa con ascendencia estonia, que viajaba a ver a sus abuelos en la granja colectivista todos los veranos, y conoció de primera mano la experiencia de enviar cartas cifradas, para evitar la censura, o de luchar para conseguir una llamada telefónica que de todas formas estaba intervenida. O la vida en un país en el que productos que nosotros consideramos normales eran artículos de lujo, como las pantimedias. Y, al mismo tiempo, los peligros de nuestra sociedad egoísta y materialista, donde las personas gozan de total libertad, incluso la de convertirse en una mercancía, o convertir a otras en eso.




Oksanen estructura su novela en torno a una intriga, en este caso una de tipo familiar, la que le permite avanzar en el relato, mostrando lo que de verdad le importa: que el poder puede ponerse muchos nombres, pero al final siempre usa las mismas botas. Las botas de los viejos agentes de la KGB, o de los modernos traficantes de personas, que siempre hay hombres violentos dispuestos a patearte la cara por dinero, conexiones o simplemente por miedo a que los que no patean primero lo pierden todo.

Así, mientras los capítulos van alternando las historias de ambas mujeres, nos vamos enterando de la relación que existe entre ellas, así como iremos descubriendo lo tortuosa que ha sido esa historia familiar. Nos enteraremos de qué manera el poder soviético tensionó la vida cotidiana de parientes y vecinos, y a qué extremos de suspicacia, cautela y desesperación llegó el control del régimen sobre la vida de las personas. Quizás solamente comparable al control sobre los cuerpos de las mafias de mujeres, que nada más permiten que sus víctimas hagan lo que a ellos les conviene, que educan, imponen y modelan las conductas de las personas que controlan, todas ellas reducidas a pedazos de carne.

Algunos críticos han señalado que el estilo de Sofi Oksanen es especialmente adecuado para el tema que está tratando, y que permite mantener la atención del lector en los sucesos que ocurren. Personalmente -y conozco el texto a través de la traducción de la editorial Salamandra- me parece que la autora se dedica a enumerarnos cantidad de cosas que no le importan a nadie, detalles insignificantes que ni ayudan al lector a acceder a un ambiente emocional, ni generan ritmo narrativo, y más bien cansan al lector. Cuando la acción sale de la cocina de Aliide, y nos empezamos a dirigir a Alemania, a la Estonia de la década del ’50 o a cualquier otro lugar, la narración se adelgaza, la autora deja de acribillarnos con detalles intrascendentes, y la narración gana en vivacidad.

Ahora bien, sumando y restando, Purga resulta una experiencia literaria intensa, una novela que reflexiona sobre el poder, y sobre la resiliencia. Sobre los recursos, nobles e innobles, a los que las personas echan mano para enfrentar la violencia absoluta. Porque al final, vivir en un régimen totalitario o bajo la zarpa de una mafia es esencialmente un ejercicio de sobrevivencia. Y Purga es el relato de esa lucha por mantenerse vivos.

https://libreriadeurgencia.wordpress.com/2020/12/27/purga-sofi-oksanen/





Sofi-Elina Oksanen (Jyväskylä, 7 de enero de 1977) es una escritora finlandesa, hija de una ingeniera estonia y de un electricista finlandés.

Oksanen estudió literatura en las universidades de Jyväskylä y Helsinki y más tarde arte dramático en el Teatro Academia de Helsinki.  Oksanen es muy activa en debates y columnas de opinión, se identifica como bisexual  y reconoce haber sufrido trastornos alimentarios. 

          
 

Sofi llegó a ser muy conocida gracias a su primera novela Stalinin lehmät ("Las vacas de Stalin") (2003), ​ que versa sobre trastornos alimentarios y las mujeres estonias inmigradas a Finlandia, y estuvo nominada para los Premios Runeberg. Dos años más tarde publicó Baby Jane (2005),  una novela sobre desórdenes de ansiedad y violencia en parejas lesbianas.


               


Su primera obra de teatro se estrenó en el Teatro Nacional de Finlandia en 2007, Puhdistus (Purga), que recibió el Premio de Literatura del Consejo Nórdico.

En 2010 publicó Purga, novela premiada internacionalmente con el Premio de Literatura del Consejo Nórdico, el Premio Femina de literatura extranjera, el Mika Waltari, el Runeberg, el Premio Europeo a la mejor Novela del Año. 

En marzo de 2013 Sofi Oksanen fue galardonada con el Premio Nórdico de la Academia Sueca al conjunto de su obra, siendo la primera mujer finlandesa en obtenerlo. 

OBRA

Novelas
Stalinin lehmät, WSOY, 2003 (Las vacas de Stalin, 451 Editores, 2008)
Baby Jane, WSOY, 2005
Puhdistus, WSOY, 2008 (Purga, Salamandra, 2011)
Kun kyyhkyset katosivat, Like, 2012 (Cuando las palomas cayeron del cielo, Salamandra, 2013)
Norma (2015)

Teatro
Puhdistus, 2006
High Heels Society, 2008


PREMIOS
Premio Finlandia 2008
Premio Runeberg 2009
Premio de Literatura del Consejo Nórdico 2010
Premio Nórdico de la Academia Sueca 2013

https://es.wikipedia.org/wiki/Sofi_Oksanen




lunes, 10 de mayo de 2021

"Lobisón" (Ginés Sánchez) | miércoles 12 de mayo | 20 h

 

ENCUENTRO CON GINÉS SÁNCHEZ




Un día el Zacarías Zárate se metió dentro de un perro negro. Yo lo vi cuando lo hizo. Él se había caído en la nieve y con mucha sangre. Entonces vino el perro negro y el Zacarías Zárate se fue por el suelo y se le fue metiendo al perro por la boca y por los ojos hasta que ya no hubo más Zacarías Zárate y solo hubo perro. Por eso los perros negros me ladran cuando me ven. Es por eso por lo que yo los mato. 

Antes de nada, queridas legiones de fans –aunque más correcto sería decir hordas- no os echéis las manos a la cabeza, y bajad los palos, antorchas y las espadas y alejaos del castillo. No os estoy traicionando, no me he vendido, no soy un chaquetero. Sigo siendo fiel a los vampiros, porque haberlos haylos, y sigo sin creerme el invento ese de los hombres lobo. Así que moderación y dejad que me explique antes de que sea falsamente acusado, sumariamente  juzgado y torpemente ejecutado.

Ya simplemente viendo la portada de “Lobisón” y semejante título (hombre lobo en portugués), se intuyen por dónde van a ir los tiros. El primer párrafo del libro, el que he anarroseado al comienzo de la reseña, los confirma. Lobisón es y/o no es una historia de hombres lobo.

Lobisón se ambienta en la actualidad pero ese dato es algo que no se sabe con seguridad hasta algo avanzada la trama. Parece que el autor quiere hacernos ver así lo incrustadas que permanecen en algunas zonas rurales las supersticiones y “cuentos de viejas”: la maldición de ser el séptimo hijo varón, la forma de anular dicha maldición… No obstante, en Lobisón no hay ningún elemento sobrenatural, no veremos a ningún hombre transformándose en lobo ni viceversa ni cazadores con balas de plata… (Para compensar, tampoco hay vampiros). 

La mayor parte del libro está escrito en primera persona desde el punto de vista de Adrián, un adolescente mudo* y autista aunque no diagnosticado, con una fraseología peculiar y rústica (frases cortas y repetitivas) propia de un niño de pueblo. (Puede que no venga ahora mismo al caso pero, en según qué momentos me recordaba a “Las Ratas” de Delibes). Todo lo que le ha sucedido o lo que recuerda de ello nos lo cuenta Adrián con su propia forma de entender y asimilar lo que le rodea y con esa manera suya de expresarse.  Además, a Adrián no le gusta dormir bajo techo, cuenta de manera obsesiva las piedras que tiene y algunas noches le dan ataques en los que mata gallinas, sapos, perros…

Pero Adrián no es malo ni conoce la maldad. En cambio, el resto del mundo sí lo es y cuando tiene que defenderse de sus ataques lo hace de forma desproporcionada, como mejor sabe, porque a él también le atacan de forma desproporcionada. No se adapta en el colegio (¿cómo va adaptarse si es autista?) y sus compañeros se burlan de él, le llaman lobisón, le pegan e incluso orinan sobre él.

Muerta su madre y ausente el padre por motivos que no desvelaré, él único de sus seis hermanos que le acoge es Zenón. Con él y su novia recorrerá España en una furgoneta trapicheando, y aprenderá a usar la “culebra”… El resto, lo que no nos cuenta Adrián, nos lo cuenta su padre, el Zacarías Zárate, en forma de cartas, también de un modo curioso y también en primera persona, completando así las lagunas de las que Adrián no es consciente.

¿Qué puedo decir? Me ha enganchado y mucho. Pensaba que iba a ser de una forma distinta, pero me ha gustado el derrotero que ha tomado. Está muy claro que el padre está enfermo, pero lo que no está tan claro es lo de Adrián. Ginés Sánchez ha mezclado elementos sociales con elementos del folclore de forma sutil, casi inadvertida, propiciando que haya quien piense que es un adolescente autista sin más, y que haya también quienes piensen que algunas noches Adrián se convierte en hombre lobo. Indicios para decantarse por una u otra opción no faltan, y además es mejor así, que el lector piense lo que quiera… o lo que más le convenga.




Es admirable también que ésta sea la primera novela de Ginés Sánchez y sorprende agradablemente en dos aspectos: primero en lo ya dicho sobre el lenguaje. No es fácil escribir así. Lo parece, pero no lo es. (Yo mismo he intentado hacer esta reseña imitando el estilo del libro, pero al final me he dicho: ”déjalo, que esto cansa mucho y además mis hordas ya me miran mal y en cualquier momento entran al castillo”). Hacer que esta clase de lectura sea fácil lleva muchísimo trabajo detrás y hay que tener muy claras las ideas y el esquema que las soporta.

En segundo lugar por tratar un tema que, lejos de lo que pueda pensarse, tiene mucha tradición en la península (ahora mismo se me ocurre la excelente cinta española “Romasanta” acerca del “Sacamantecas”). Pero además el enfoque que Ginés Sánchez ha usado en Lobisón es el de mezclar folclore y leyenda con la realidad social –puede que incluso sea una crítica velada a la actual crisis- mezclándolas sin dejar notar la línea de separación pero inclinando la balanza de Zacarías hacia el lado de la enfermedad/realidad, y la de Adrián, una vez expuestos los hechos, del lado que nos parezca.
Yo lo tengo claro, pero no pienso decir ni mú.

Desde luego es una lectura muy recomendable, muy bien elaborada que mantiene la curiosidad de lector página tras página.

Nada mal para ser la primera novela. Habrá que vigilar a Ginés Sánchez.

(*) Nacer el 24 de diciembre, ser el séptimo hijo varón, o perder la capacidad del habla, son algunos síntomas de licantropía. No digo nada y lo digo todo. No, en serio, que quede como un dato más que voy soltando al azar…

DIEGO PALACIOS MARSUACH
https://www.librosyliteratura.es/lobison.html
 




Escritor y abogado español, Ginés Sánchez se ha mostrado como un gran viajero, trabajando en los más diversos oficios desde Dublín a La Habana.

Con Lobisón, su primera novela, Sánchez fue elegido como Nuevo Talento Fnac y en 2013 resultó ganador del Premio Tusquets gracias a Los gatos pardos, su segunda novela.


Obra
Las alegres, 2020
Mujeres en la oscuridad, 2018  
Dos mil noventa y seis, 2017  
Entre los vivos, 2015  
Los gatos pardos, 2014  
Lobisón, 2012




viernes, 9 de abril de 2021

"Doña Perfecta" (Benito Pérez Galdós) | miércoles 14 de abril | 20 h


 CLUB DE LECTURA VIRTUAL




Doy por sentado que todos consideramos a Galdós uno de los más grandes escritores españoles de todos los tiempos. Cada lectura de una novela suya supone para el lector un placer literario que rara vez se alcanza. Galdós no deja de sorprender, a pesar del tiempo pasado ya, Doña Perfecta que fue publicada en su primera versión en 1876, es una obra contemporánea, tanto por su temática como por la diversidad de su prosa, al mismo tiempo tan reconocible como personal del autor, mostrada a través de distintos géneros (una de las características de Galdós).

Por todo ello, no puedo entender que el autor de Doña Perfecta, Los Episodios Nacionales, Tristana y tantas y tantas novelas, no despierte una admiración sin reservas. Personalmente venero a Galdós.

Doña Perfecta es una historia donde se pone al descubierto la intransigencia de ciertos sectores de la sociedad española del XIX. Los clericales, representados por Doña Perfecta y por Don Inocencio, se oponen a las pretensiones de Pepe Rey respecto a Rosario, la hija de Doña Perfecta y prima de Pepe. Las desavenencias son de índole política y parten de la imposibilidad de diálogo con los fanáticos religiosos, cuya única razón es la fe y cuyo único argumento es la tradición católica. Rey, ingeniero y liberal, un hombre que “si fuera estatua, el escultor habría grabado en el pedestal estas palabras: inteligencia, fuerza” es encaminado a Orbajosa por su padre para casarse con su prima. Las palabras de su padre, Juan Rey, se convierten al finalizar la lectura en una triste paradoja:

-Por cierto -decía D. Juan- que en esa remota Orbajosa, donde, entre paréntesis, tienes fincas que puedes examinar ahora, se pasa la vida con la tranquilidad y dulzura de los idilios. ¡Qué patriarcales costumbres! ¡Qué nobleza en aquella sencillez! ¡Qué rústica paz virgiliana! Si en vez de ser matemático fueras latinista, repetirías al entrar allí el ergo tua rura manebunt. ¡Qué admirable lugar para dedicarse a la contemplación de nuestra propia alma y prepararse a las buenas obras! Allí todo es bondad, honradez; allí no se conocen la mentira y la farsa como en nuestras grandes ciudades; allí renacen las santas inclinaciones que el bullicio de la moderna vida ahoga; allí despierta la dormida fe, y se siente vivo impulso indefinible dentro del pecho, al modo de pueril impaciencia que en el fondo de nuestra alma grita: «quiero vivir».


Porque este es el motivo principal de la novela, el nombre de las cosas y lo que las cosas son en realidad (y perdonad que repita el texto):

-¡El cerrillo de los Lirios! -dijo el caballero, saliendo de su meditación-. ¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios tan feos! Desde que viajo por estas tierras, me sorprende la horrible ironía de los nombres. Tal sitio que se distingue por su árido aspecto y la desolada tristeza del negro paisaje, se llama Valle-ameno. Tal villorrio de adobes que miserablemente se extiende sobre un llano estéril y que de diversos modos pregona su pobreza, tiene la insolencia de nombrarse Villa-rica; y hay un barranco pedregoso y polvoriento, donde ni los cardos encuentran jugo, y que sin embargo se llama Valdeflores. ¿Eso que tenemos delante es el Cerrillo de los Lirios? ¿Pero dónde están esos lirios, hombre de Dios? Yo no veo más que piedras y yerba descolorida. Llamen a eso el Cerrillo de la Desolación y hablarán a derechas. Exceptuando Villahorrenda, que parece ha recibido al mismo tiempo el nombre y la hechura, todo aquí es ironía. Palabras hermosas realidad prosaica y miserable. Los ciegos serían felices en este país, que para la lengua es paraíso y para los ojos infierno.

Así no hay nada casual en los nombres escogidos por Galdós. Ni que el protagonista se llame Rey, ni que sus oponentes se llamen, con castiza sorna, Perfecta e Inocencio. En la novela comprobaremos como “inteligencia y fuerza” son armas inútiles contra la cerrazón hipócrita, contra la ambigüedad moral.

Como me gusta la descontextualización traigo la lista de los títulos de los capítulos de Doña Perfecta. Es un inusual resumen de la novela:

¡Villahorrenda...!, ¡cinco minutos...!
Un viaje por el corazón de España
Pepe Rey
La llegada del primo
¿Habrá desavenencia?
Donde se ve que puede surgir la desavenencia cuando menos se espera
La desavenencia crece
A toda prisa
La desavenencia sigue creciendo y amenaza convertirse en discordia
La existencia de la discordia es evidente
La discordia crece
Aquí fue Troya
Un casus belli
La discordia sigue creciendo
Sigue creciendo, hasta que se declara la guerra.
Noche
Luz a oscuras
Tropa
Combate terrible.- Estrategia.
Rumores.- Temores.
Desperta ferro
¡Desperta!
Misterio
La confesión
Sucesos imprevistos.- Pasajero desconcierto.
María Remedios
El tormento de un canónigo
De Pepe Rey a D. Juan Rey
De Pepe Rey a Rosarito Polentinos
El ojeo
Doña Perfecta
De D. Cayetano Polentinos a un su amigo de Madrid

Una de las cosas que más me sorprenden en Doña Perfecta es la vigencia de las condiciones sociales que describe Galdós. La novela funciona como crónica nacional y al mismo tiempo como novela romántica, pero alcanza la perfección literaria en la combinación de ambas. No se puede decir que Doña Perfecta sea más una crítica política que una aventura sentimental, pero lo que prevalece en la lectura es la denuncia de la amenaza para la paz social que constituyen los fanáticos. Se podría decir que hace lo mismo con la ingenuidad con la que se combate la intransigencia, pero cuando el narrador omnisciente escoge al amante que no puede alcanzar al objeto de su amor para centrar la narración, Galdós se pone claramente, a través de un viejo recurso literario, a favor de Rey, contra Doña Perfecta y Don Inocencio, impertérritos en sus decisiones hasta el desenlace final.

¿Hay arrepentimiento? Galdós, inteligentemente, elude la cuestión. La narración finaliza con un cambio al género epistolar que comunica los acontecimientos pero no los explica, una argucia del narrador omnisciente que se escuda en los hechos para no opinar. 

Pero Galdós ha sido bastante explícito durante toda la novela. Y en su agudeza no sólo ha relatado las condiciones de una realidad histórica. Lo triste es constatar que la cerrilidad inmovilista de los que apelan a la tradición y a la fe (que no a la razón) da sus frutos: Han pasado ciento cincuenta años entre Doña Perfecta y nuestra cotidianidad y las cosas parecen haber cambiado poco en España.

Fuente: http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/2006/09/doa-perfecta-de-benito-prez-galds.html



              (Director: Alejandro Galindo. México, 1951)           (Director: César F. Ardavín. España, 1977)






Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, hijo de Sebastián Pérez, teniente coronel del Ejército y de Dolores Galdós. Desde niño (Infancia en las Palmas) fue aficionado a la música, al dibujo y a la literatura. Es en opinión general, el mayor novelista español después de Cervantes.

A los diecinueve años se traslada a Madrid (en Retrato familiar y social: Galdós, ciudadano de Madrid; Huellas del Madrid Galdosiano; el Madrid Galdosiano). Allí conocería a don Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien le alentó a escribir y le orientó hacia el krausismo. Durante los primeros años de su estancia en la corte frecuentó redacciones y teatros. Escribió en La Nación y en El Debate.

Mapa de Madrid, 1857.La Fontana de Oro (1870), La sombra (1871) y El audaz (1871) fueron los títulos de sus primeras novelas, que revelan todavía una influencia del Romanticismo. Publicó artículos (en La obra: Fronteras entre novela y artículo periodístico; Galdós periodista) políticos en la Revista de España y algo de ellos, así como el ataque al régimen anterior a la Revolución de 1868 y el inmovilismo de la tradición, se plasma en sus obras de tesis de la misma época: Doña Perfecta (1876), Gloria (1877), La familia de León Roch (1878) y Marianela (1878).





Abre el camino al Naturalismo con La desheredada (1881), la primera de sus novelas contemporáneas a la que le seguirán El doctor centeno (1883), Tormento (1884) y La de Bringas (1884). El amigo manso (1882) es una de las creaciones más originales de Galdós. Lo prohibido (1884-85) es la novela galdosiana más impregnada de Naturalismo. Fortunata y Jacinta de 1886-7 es un vasto mural donde la historia, la sociedad y el perfil urbano de Madrid sirven de fondo a un argumento que presenta a dos jóvenes enamoradas del mismo hombre.

De su vida íntima sabemos que tuvo una hija ilegítima y amoríos con Emilia Pardo Bazán (en Epistolario: Cartas con Emilia Pardo Bazán). Nunca se casó pero plasmó su tipo ideal de compañera en una mujer ya mayor: Teodosia Gandarias (en Epistolario: Cartas a Teo; Cartas a Teodosia Gandarias), en el drama Pedro Minio (1908). Constantemente predicó un tipo de amor más libre, que veríamos en Realidad y Tristana, aunque se opuso a las costumbres demasiado licenciosas.

En 1873 aparecieron las dos primeras series de los Episodios nacionales. Leyó a Balzac (en Retrato familiar y social: Galdós y sus contemporáneos europeos), a los novelistas rusos y a Dickens de quien tradujo Pickwick papers. Aprovechó las rápidas apreciaciones e indicaciones sobre sus países. Acusó a los escritores contemporáneos de incapaces de describir la vida de su tiempo. Sólo excluyó de sus ataques a Fernán Caballero y a José María Pereda. Urgió a los otros escritores a tomar las grandes conclusiones de los problemas sexuales y espirituales de la clase media urbana de su época como principal fuente de inspiración. Sus últimos escritos teóricos añaden poco a estas ideas. Merecen citarse el prólogo a El sabor de la tierruca de Pereda, un memorial dirigido a la Real Academia Española y el prólogo a la tercera edición de La Regenta, de Clarín.

Al final de la década de los 80 y a comienzos de la siguiente publica Miau (1888), La incógnita (1889), Torquemada en la hoguera (1889), Realidad también en 1889 y Ángel Guerra de 1891, en donde experimenta una nueva manera de novelar. Los problemas éticos aparecen en Tristana (1892), Nazarín (1895), Halma (1895) y Misericordia (1897). Frecuentemente (como en Nazarín o Misericordia), sus novelas parecen recordar a Dostoievski. Su penetración psicológica ha sido igualada pocas veces. Entre sus características más definidas se cuentan un estilo personal vigoroso y muy marcado; un gran conocimiento de la locura y la esquizofrenia (no hay que olvidar su interés por Don Quijote) raramente preciso; un efectivo y sistemático manejo del simbolismo (evocador de su propia desilusión por la debilidad de España) y una conmovedora lástima por la gente que pretende elevarse de la bondad a la santidad.

Las obras dramáticas de Galdós (en La obra: El teatro de Galdós, representaciones en blanco y negro) fueron frecuentemente críticas por tener un carácter esencialmente novelesco. Ciertamente, adaptó para el teatro sus propias novelas Realidad en 1892, La loca de la casa en 1893, Doña Perfecta en 1896, El abuelo en 1904 y otras, que fueron acogidas con éxito por el público y por la crítica. Electra, por motivos políticos o, en todo caso, extraliterarios, constituyó un acontecimiento nacional. El autor nunca había sido tan serio, tan cuidadoso y preocupado como en estos dramas. Hemos de indicar que estas cualidades se hallaban en el teatro español de aquel tiempo. Su influencia para la escena posterior fue benigna. 

En sus últimos años la oposición creciente se vio patente en la candidatura rechazada y poco después aceptada de la Real Academia. 

Le dolió que la generación del 98 no le considerara su mentor. La concesión del premio Nobel de literatura a Echegaray (autor muy inferior y de escasa valía) lo consideró un mazazo a la mejor literatura española de su tiempo. En 1912 quedó ciego (en Los últimos años: La ceguera), aunque no por ello sufrió menos la insolvencia en sus últimos años. Por entonces escribió una tercera, cuarta y, finalmente, quinta serie de Episodios nacionales entre 1898 y 1912; de la última serie únicamente aparecieron seis volúmenes, quedando así incompleta.

En cuanto a su vida política fue elegido diputado a Cortes por Guayama en 1886. En 1907 encabezó la lista a la candidatura de la Conjunción Republicano-Socialista por Madrid.

La labor de Benito Pérez Galdós fue la de transformar el panorama novelesco español de aquella época. Dejó al lado el romanticismo y avivó el realismo español, dotando tanto de una gran expresividad a la narrativa como de nuevas formas aptas para el entendimiento del mundo y de la obra.







lunes, 15 de marzo de 2021

"La edad de hierro" (J. M. Coetzee) | miércoles 17 de marzo | 20 h

 




Niños de hierro, he pensado. Florence también es un poco de hierro. Es la edad de hierro. Después de la cual viene la edad de bronce. ¿Cuánto falta para que les llegue el turno de regresar a las edades más amables, la edad de arcilla y la edad de tierra?

A principios de la década de 1960, el veinteañero John Maxwell Coetzee, doblemente licenciado en Literatura y Matemáticas, poseía todos los requisitos materiales que pueden desearse para llevar una vida satisfactoria como profesional acomodado, salvo una condición no menor: su país, la República Sudafricana, política y socialmente vertebrada por uno de los regímenes más irracionales del siglo XX, el apartheid. De ahí que tomara los bártulos y emigrase a Londres, donde se labró un prometedor futuro laboral como programador informático en la poderosa compañía IBM. Comprendió entonces que tampoco podría ser feliz dedicando la mayor parte del tiempo a la venta de su fuerza laboral en el ambiente frenético de una multinacional, por bien que le pagaran, y emprendió la aventura literaria –es cierto que armonizada con la docencia universitaria– que le llevó, en 2003, a la obtención del premio Nobel de Literatura.





El espíritu inquieto del autor ha quedado plasmado en su obra, puesto que son notorias las variaciones formales entre las novelas dadas a la estampa. Sin embargo, el componente autobiográfico enhebra unas con otras como una obsesión creativa de la que no pueda desprenderse el escritor sudafricano, incluso cuando se muestra de un modo no explícito, alegórico, como ocurre en La edad del hierro (1990), una intensa experiencia narrativa en la que viene a ser la propia sociedad blanca sudafricana –o una parte de ella, la que rechazaba el apartheid desde principios humanistas pero convivía con el orden dado en aras de su cómoda primacía social– esa voz que se dirige entre lamentos al ausente (el propio Coetzee).

Novela de formato epistolar, su narradora de la historia es la señora Curren, una profesora de latín jubilada a quien han diagnosticado un cáncer incurable. La enferma escribe a su hija, que vive en la costa oeste de los Estados Unidos, una joven profesional –como lo fue Coetzee– que ha optado por mostrar su desacuerdo mediante la ausencia, autoexiliándose. Un buen día, la protagonista encuentra tras su casa a un vagabundo de raza negra, Vercueil, derrotado por el alcohol y en un estado ruinoso. Movida por la compasión, lo acoge en su hogar, al que pronto llegarán otros dos refugiados: Bheki, el hijo mayor de Florence (la criada de la señora Currin, evidentemente negra), y John, amigo del anterior, que no pueden ir a clase porque su colegio ha sido incendiado en una de las algaradas que jalonaban la resistencia de la población negra contra la segregación racial. Florence teme que su hijo se implique en acciones violentas, y por ello prefiere tenerlo a su lado.



A partir del encuentro entre la señora Curren y Vercueil se genera una singular relación de apoyo y dependencia. Ella necesita saberse útil a pesar de su enfermedad terminal; además, su beneficencia le sirve para marcar un contrapunto personal con su entorno, que parece arrojarse de cabeza a la hecatombe de la más atroz lucha de exterminio racial. Él se deja cuidar desde la dudosa certeza de una consciencia vapuleada por los malos tragos (los de la vida y los de la botella), recibiendo un afecto cuya existencia había olvidado hacía ya mucho tiempo.

Como contrapunto a la docilidad infantil de Vercueil, que se deja mimar porque está harto de combatir en todas las palestras de la existencia, Coetzee opone la candorosa ferocidad de los aprendices de hombre acogidos en la casa. Dos adolescentes en quienes ha prendido la brasa del odio, como en tantos muchachos negros sudafricanos que se vieron empujados a la violencia por la más que evidente imposibilidad de enfilar un rumbo digno para sus vidas en el seno del apartheid… O quizá no, puede que se trate de dos chicos en sí mismos inadaptados y de pulsiones agresivas, pero, ¿tiene sentido esa especulación ante la evidencia monstruosa del régimen segregacionista, expresión de la mayor de las insanias posibles?

A Coetzee, enemigo declarado del apartheid, no se le escapa la profunda contradicción oculta bajo esa censura moralmente denigrante que recae sobre los violentos por el solo hecho de enfrentarse a la tiranía. Y aún así se atreve a enunciar una crítica demoledora contra la militarización de los espíritus inherente a este tipo de situaciones de violencia declarada; manifiesta, en el caso concreto de Sudáfrica, en niños que en el fragor del ideal “puede que empiecen por no preocuparse de sus propias vidas y terminen por no importarles las de los demás”. Que inflamados por el valor del sacrificio y en nombre de la libertad se comportan como déspotas sin piedad, “Pegan a un hombre y le dan patadas porque bebe. Incendian a la gente y se ríen mientras muere quemada”. La señora Curren teme por el futuro si esos mismos chiquillos, “pequeños puritanos adustos, que desprecian la risa y desprecian los juegos”, son los llamados a llevar las riendas de un país que también es el suyo (aunque ella ya no lo verá) y se lamenta de su precipitada conversión en adultos a falta de la autoridad moral de los padres, ora por la ausencia física –tantas y tantas familias negras rotas por la violencia oficial o debido a todos los males que rondan la miseria como las moscas la basura– ora por la imposibilidad de ofrecer respuestas aceptables ante el despropósito jurídico y social en que vivían los sudafricanos: «Y el día que crezcan (…) ¿crees que dejarán de ser crueles? (…) ¿En qué clase de padres se convertirán si aprenden que se ha terminado la época de los padres? ¿Pueden volverse a crear los padres una vez la idea de los padres ha sido destruida dentro de nosotros? (…) ¿Cómo van a tratar a sus hijos? ¿Qué amor van a ser capaces de dar?”.

Todas estas reflexiones tienen su correlato teórico en la pretendida necesidad de la violencia como instrumento y factor de cambio político y social. Las condiciones objetivas de injusticia del régimen sudafricano no libraban a sus antagonistas más extremos de caer en la autocomplacencia del todo vale contra la opresión; un estado narcotizante de la moral individual y colectiva, que justifica todo cuanto de malo pueda hacer uno mismo si se considera beneficioso para la causa defendida. Por mucho que cueste aceptarlo en una situación de abierto conflicto, los crímenes ajenos –aunque sean ciertos– son argumentos nulos para la justificación de los desmanes propios. La celebrada “contraviolencia”, tan cara a los teóricos insurreccionales de las décadas de 1960 y 1970, puede convertirse en una hecatombe destructiva para propios y extraños, sobre todo cuando se impone la falsa prioridad intelectual del “análisis político” sobre el juicio ético.

Frente a este fanatismo encontramos el cómodo desapego de tantos y tantas señoras Currin que han vivido al margen del dolor ajeno (¡qué bellas las bonae litterae, cómo nos ayudan a volver los ojos de modo egoísta hacia nuestra alma bella, en medio del horror contra el que estamos protegidos!). Pero la muerte de Bheki conmociona como ningún otro dolor a la protagonista, quien acumula sus últimas energías en un grito de denuncia, con la firme voluntad de no desfilar como un autómata más por la historia de ese país de gente muda, sorda y ciega: «he estado angustiada en el pasado, he imaginado que nada podría ser peor, y luego han llegado cosas peores, como pasa siempre, y lo he superado, o eso parece. Pero ¡ese es el problema! Para no quedarme paralizada de vergüenza he tenido que pasarme la vida superando lo peor. Lo que ya no puedo superar es esa forma de superar las cosas. Si supero esto de ahora, y no volveré a tener ocasión de no superar algo. A fin de poder resucitar no debo superar lo que pasa ahora». Buena forma de hallar sentido a la vida más allá de las gratificaciones domésticas del matrimonio y los hijos, del placer de la lectura de los clásicos, de las comodidades de la vida burguesa; no importa que el cronómetro de los días corra desaforado en nuestra contra si acariciamos la convicción de que un solo acto, una sola palabra puede justificar toda una existencia insulsa.

Ignacio González Orozco.
https://www.culturamas.es/2015/04/19/el-pais-de-los-locos-y-sus-pequenos-puritanos-la-edad-del-hierro-de-john-maxwell-coetzee/

 








John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 9 de febrero de 1940) es un escritor y novelista sudafricano nacionalizado australiano en 2006; reside desde 2002 en la ciudad de Adelaida. Se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 2003 por «la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana», según el acta de la Academia Sueca.

Pasó su infancia y su primera etapa formativa entre Ciudad del Cabo y Worcester, además de en la provincia de El Cabo de Buena Esperanza. Se licenció en matemáticas e inglés en la universidad que lleva el nombre de su ciudad natal.

A comienzos de los años 1960 se desplazó a Londres (Inglaterra), donde trabajó durante algún tiempo como programador informático. Dejó constancia de esta etapa de su vida en su novela Juventud (2002). En 1963, cuando aún estaba en el Reino Unido, fue galardonado con una Maestría en Artes de la Universidad de Ciudad del Cabo con una tesis sobre las novelas de Ford Madox Ford titulada "The Works of Ford Madox Ford with Particular Reference to the Novels" (1963).

En 1969 se doctoró en lingüística computacional en la Universidad de Texas en Austin (EE. UU.). La tesis consistió en un análisis computarizado de la obra de Samuel Beckett. Impartió clases de Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo (EE. UU.) hasta 1983.

En 1984 volvió a Sudáfrica a ocupar una cátedra en Letras Inglesas en su alma máter, donde ejerció la docencia hasta el año 2002 con una breve interrupción en 1989 para trabajar como profesor visitante de la Universidad Johns Hopkins.

Desde 2002 vive en Adelaida, ciudad australiana donde es investigador en el Departamento de Inglés de la universidad homónima. Coincidiendo con la Semana Literaria de Adelaida en marzo de 2006, Coetzee recibió la nacionalidad australiana, sin que ello, según él, lo aleje de Sudáfrica, su lugar de nacimiento y donde transcurre gran parte de su obra.

Gran parte de sus escritos, marcados por un estilo simbólico y metafórico, cuestionan el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y exploran sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad. Además de novelas, cuentos y ensayos, ha publicado numerosas críticas literarias y diversas traducciones. La misma Academia Sueca destacó que "su obra está fuertemente marcada por la época del apartheid lo que, lejos de darle carácter local, la convierte en universal".

Galardonado con los más importantes premios, incluido el Nobel, fue el primer escritor distinguido en dos ocasiones con el Booker, considerado el más prestigioso de la literatura en lengua inglesa, por sus obras Vida y época de Michael K (1983), la historia de un superviviente de la guerra civil sudafricana, y Desgracia (1999), que trata acerca de un profesor de literatura marginado del mundo por acoso sexual.

Algunas de sus posibles influencias son Miguel de Cervantes, Daniel Defoe, Fyodor Dostoevsky, Ford Madox Ford, Franz Kafka, Luigi Pirandello, Samuel Beckett.

Al menos tres obras suyas han sido adaptadas al cine: "Dust", dirigida por Marion Hänsel en 1985, está basada en la novela En medio de ninguna parte, "Disgrace" (2008) dirigida por Steve Jacobs se basa en el libro homónimo y “Waiting for the barbarians” (2019) dirigida por el colombiano Ciro Guerra.
 
OBRAS

Novela
1974 - Dusklands — Tierras de poniente. Traductor: Javier Calvo; Mondadori, 2009.
1977 - In the Heart of the Country — En medio de ninguna parte. Traductor: Miguel Martínez-Lage; Mondadori, 2003.
1980 - Waiting for the Barbarians — Esperando a los bárbaros. Traductor: Luis Martínez Victorio, Alfaguara, 1989.
1983 - Life & Times of Michael K — Vida y época de Michael K. Traductora: Concha Manella, Alfaguara, 1987.
1986 - Foe — Foe. Traductor: Alejandro García Reyes, Alfaguara,  1988.
1990 - Age of Iron — La edad de hierro. Traductor: Javier Calvo, Mondadori, 2002.
1994 - The Master of Petersburg — El maestro de Petersburgo. Traductor: Miguel Martínez-Lage, Anaya & Mario Muchnik, 1996.
1999 - Disgrace — Desgracia. Traductor: Miguel Martínez-Lage, Mondadori, 2000.
2003 - Elizabeth Costello — Elizabeth Costello. Traductor: Javier Calvo, Mondadori, 2004.
2005 - Slow Man — Hombre lento. Traductor: Javier Calvo, Mondadori, 2005.
2007 - Diary of a Bad Year — Diario de un mal año. Traductor: Jordi Fibla, Mondadori, 2006.
2013 - The Childhood of Jesus — La infancia de Jesús. Traductor: Miguel Temprano García, Mondadori, 2013.
2016 - The Schooldays of Jesus — Los días de Jesús en la escuela. Traductor: Javier Calvo, Random House Mondadori, 2017. 
2019 - The Death of Jesus — La muerte de Jesús. Traductora: Elena Marego. Literatura Random House, 2019

Autobiografía novelada
1997 - Boyhood: Scenes from Provincial Life — Infancia, escena de una vida de provincias. Traductor: Juan Bonilla. Mondadori, 1999.
2002 - Youth: Scenes from Provincial Life II — Juventud; Traductora: Cruz Rodríguez Cruz, Mondadori, 2002.
2009 - Summertime — Verano. Traductor: Jordi Fibla, Mondadori, 2010. 

Cuento
2014 - Three Stories — Tres cuentos, traducción e introducción de Marcelo Cohen, El Hilo de Ariadna, 2016. Contiene «Una casa en España» (2000), «Nietverloren» (2002) y «Él y su hombre» (2003).
2018 - Moral tales — Siete cuentos morales. Traductora: Elena Marengo, Random House Mondadori.

Ensayo, crítica y correspondencia
1984 - Truth in Autobiography
1988 - White Writing: On the Culture of Letters in South Africa. Traducción de algunos de estos ensayos por Carmen Francí en Paisaje sudafricano, Ed. Días Contados, Barcelona, 2013.
1992 - Doubling the Point: Essays and Interviews.
1996 - Giving Offense: Essays on Censorship — Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar. Traductor: Pedro Tena, Debate, 2008.
1999 - The Lives of Animals — Las vidas de los animales. Integrado en Elizabeth Costello.
2001 - Stranger Shores: Literary Essays, 1986-1999 — Costas extrañas. Ensayos, 1986-1999. Traductor: Pedro Tena. Debate, 2004.
2007 - Inner Workings: Literary Essays, 2000-2005 — Mecanismos internos. Ensayos, 2000-2005. Traductor: Eduardo Hojman, Mondadori, 2009.
2008 - He and His Man — Él y su hombre, discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura. Traductor: Juan Gabriel López Guix, Alpha Decay, Barcelona, 2008.
2013 - Here and Now: Letters 2008-2011 — Aquí y ahora. Cartas 2008-2011. Traductores: Benito Gómez y Javier Calvo, Anagrama & Mondadori. Correspondencia con Paul Auster.
2015 - The Good Story: Exchanges on Truth, Fiction and Psychotherapy — El buen relato. Traductor: Javier Calvo. Random House, 2015. Coautoría de Arabella Kurtz.
Selección de ensayos en castellano: Las manos de los maestros. Traducciones de Pedro Tena, Eduardo Hojman, Javier Calvo, Ricard Martínez i Muntada. Ed. Literatura Random House, 2016.

Fotografía 
2020 – Retratos de infancia – texto y fotografías de J. M. Coetzee. Random House, 2020.

Traducciones e introducciones (en inglés)
A Posthumous Confession por Marcellus Emants (Boston: Twayne, 1976 & London: Quartet, 1986).
The Expedition to the Baobab Tree por Wilma Stockenström (Johannesburg: Jonathan Ball, 1983 & London: Faber, 1984).
Landscape with Rowers: Poetry from the Netherlands (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2004).
Introduction to Robinson Crusoe por Daniel Defoe (Oxford World's Classics).
Introduction to Brighton Rock, por Graham Greene (Penguin Classics).
Introduction to Dangling Man, por Saul Bellow (Penguin Classics).
Introduction to The Vivisector, por Patrick White (Penguin, 1999).
Introduction to The Confusions of Young Törless por Robert Musil (Penguin Classics, 2001).
Introduction to Samuel Beckett: The Grove Centenary Edition vol. IV, por Samuel Beckett, editado por Paul Auster (Nueva York: Grove Press, 2006).

PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS

1983 - Premio Booker por Life & Times of Michael K (Vida y época de Michael K)
1987 - Premio Jerusalem
1999 - Premio Booker por Disgrace (Desgracia)
2003 - Premio Nobel de Literatura
2013- Doctorado Honoris Causa de la Universidad Central (Colombia)
2014 - Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de General San Martín 
2015 - Doctorado Honoris Causa del Sistema Universitario Jesuita 





sábado, 13 de febrero de 2021

"Grandes esperanzas" (Charles Dickens) | miércoles 17 de febrero | 20 h

 

CLUB DE LECTURA VIRTUAL




En los libros de Dickens llueve. Y hay niebla. No es que sean grises, deprimentes o tristes, al contrario, esta en particular es una novela por momentos incluso divertida, pero “como el musgo que le sale sin que nadie lo siembre”, en palabras de Andrés Trapiello, el prologuista, la melancolía está presente y es consustancial al alma misma de esta historia. En las novelas de Dickens llueve y hay niebla porque en la Inglaterra victoriana llovía y había niebla y porque en la vida llueve y hay niebla, y las novelas de Dickens son la Inglaterra victoriana y son la vida de ese periodo. Phillip Pirrip, “Pip”, el protagonista que vive en este libro, nos transmite cierta melancolía, cierto desasosiego, pero el vehículo en el que lo hace es un regalo inolvidable, una experiencia de las que le reconcilian a uno con la literatura y con la vida. Porque es triste, sí, pasan cosas horribles, es cierto, ¿pero acaso no es hermosa?


La peripecia vital de un niño al que un bienhechor anónimo protege y al que le hace evolucionar desde un ambiente de miseria hasta el éxito social conforma el esqueleto de un libro que es una feroz crítica a la sociedad de la época. Los personajes, tan magistralmente compuestos que no es que sean tópicos sino que han dado origen al lugar común hoy aceptado para la época, ayudan a construir una novela de esas para las que en toda librería que se precie se debe reservar un espacio para cuando al destino se le antoje colocarla allí.

La contradicción aparente que tan a menudo es el motor narrativo que sustenta la acción del relato, es que a medida que el éxito social y pecuniario va llegando, la dicha, la plenitud interior del protagonista va desapareciendo. Por lo demás, salvo la identidad del bienhechor anónimo, no hay grandes misterios en la historia. Pasan cosas, claro que pasan, y muchas, ¿y a quien no le pasan a lo largo de una vida?, pero más allá del planteamiento medular no hay alardes narrativos, tramas excesivamente complejas, vuelcos insospechados ni ritmo trepidante. En su lugar tenemos entre manos una hermosa narración de una vida de ficción que transcurre todo lo plácida o sobresaltadamente que puede transcurrir una vida real, con sus éxitos, sus sinsabores y sus fracasos, sus amores y sus desamores.




Cierto que la densidad de sucesos la convierte en una vida no muy corriente, pero esa sucesión de hechos no se presenta como un artificio que sirve para dotar de ritmo a la narración, sino que van sucediéndose de forma natural, sin estridencias ni vértigos. Y eso no significa que la novela sea lenta, todo lo contrario, lo que significa es que por extraños que sean los sucesos que van ocurriendo, es una narración perfectamente creíble.

El tono es ligeramente moralizante, a la larga las buenas acciones tienen su premio y las malas su castigo y el final, si no es feliz o al menos no es un final feliz al uso, deja buen sabor de boca. Y eso, que como norma general acostumbra a ser un handicap en la literatura, no es en este caso en absoluto molesto ni incómodo, lo que debe anotarse en el haber del autor.

El título original es en realidad “Grandes expectativas”, que es más ajustado al contenido del libro, pero desde su primera edición en castellano se tradujo como “Grandes esperanzas”, que es menos certero pero bastante más bonito y creo que ayuda más a acercarse al libro porque expectativa es un término un tanto más frío que esperanza. En cualquier caso me parece interesante señalar que el autor utilizó “expectativas”, y sabía muy bien lo que hacía.


Alfonso Cuarón adaptó brillantemente esta obra al cine en 1998 (con Ethan Hawkwe, Gwyneth Paltrow y unos inolvidables Robert de Niro y Anne Bancroft en los papeles principales) pero, como ocurre casi siempre, por magnífica que sea la película, no es comparable al libro: el cambio de soporte las convierte en criaturas ajenas, aunque tengan parientes cercanos. Sin embargo el director tuvo el acierto de ser consciente de ello y hacer una adaptación muy fiel al espíritu de la novela y a la historia que se cuenta, pero en absoluto a la ambientación, la época o los detalles (como el nombre del protagonista, sin ir más lejos). Y tal vez esa sea la única forma de que el lector no se sienta decepcionado como espectador: como lo que cuenta un libro muy difícilmente se puede abarcar en una pantalla, que ambas obras sean autónomas y que la una se limite a inspirar y la otra a homenajear, pero mantengan su independencia creativa y artística. 




Magníficos, por cierto, los dibujos de Francesco Clemente, que son un personaje más de una película en la que Phillip Pirrip se transforma en Finnegan Bell, que conoce el éxito como pintor en el New York de final del siglo XX.

El resto es la trama, y no conviene hablar mucho de ella, quien al final decida leerla agradecerá mantener esa mágica capacidad de ir descubriéndola por si mismo.

Andrés Barrero

https://www.librosyliteratura.es/grandes-esperanzas.html




Dickens nació el 7 de febrero de 1812, hijo de John y de Elizabeth Dickens. John Dickens era administrativo en la oficina de tesorería naval. No se le daban demasiado bien las finanzas y en 1824 fue encarcelado por deudas. Su mujer e hijos, con la excepción de Charles, que fue enviado a trabajar a la fábrica de betún Warren (Warren's Blacking Factory), le acompañaron a la prisión Marshalsea. 

Cuando la economía familiar se recuperó parcialmente y su padre fue liberado, Dickens que entonces tenía doce años y que psicológicamente había quedado traumatizado por esta experiencia, se sintió todavía más dolido ante la insistencia materna por que siguiera trabajando en la fábrica. Su padre, en cambio, le rescató de semejante destino, y entre 1824 y 1827  Dickens asistió diurnamente a una escuela en Londres. A los quince años, encontró empleo como chico de oficina en un bufete de abogados, mientras estudiaba taquigrafía por la noche. 

Su breve trabajo en la fábrica de betún le acosó toda la vida (de hecho, sólo hablaba de ello con su mujer y su amigo más íntimo, John Forster), aunque este oscuro secreto se convirtió en una fuente tanto de energía creativa como de preocupación por los temas de alienación y traición que emergerían, más notablemente, en David Copperfield y en Grandes esperanzas. En 1829 fue nombrado periodista autónomo para la Sociedad de abogados Doctor's Commons, y en 1830 conoció y se enamoró de Maria Beadnell, la hija de un banquero. Para 1832, ya destacaba como periodista y taquígrafo de éxito en los debates parlamentarios de la Cámara de los Comunes, por lo que comenzó a trabajar como reportero para un periódico.

En 1833, su relación con Maria Beadnell terminó, probablemente porque los padres de ésta no pensaban que Dickens fuera un buen partido para su hija (una versión no demasiado halagadora de ella apareció años después en La pequeña Dorrit). En el mismo año, apareció la publicación de su primera historia, a la que siguió, muy poquito tiempo después, una tirada de otras historias y relatos. En 1834, y cuando aún trabajaba como colaborador para un periódico, adoptó el seudónimo que pronto le haría famoso, “Boz”. Su indigente padre (que fue el original del señor Micawber en David Copperfield, igual que su madre fue el original de la quejica señora Nickleby) fue detenido nuevamente por deudas, y Charles, muy a su pesar, se vio forzado a ayudarlo. Posteriormente en su vida, tanto sus padres como sus hermanos recurrieron con frecuencia a él para pedirle dinero. En 1835, conoció y se comprometió con Catherine Hogarth.

La primera serie de Relatos de Boz se publicó en 1836, y ese mismo año, Dickens fue contratado para escribir una serie de textos breves que acompañarían al conjunto de ilustraciones humorísticas de entretenimiento de Robert Seymour, un artista popular. Seymour se suicidó después del segundo número, y ante estas circunstancias tan peculiares, Dickens alteró la concepción inicial de Los papeles Pickwick (The Pickwick Papers), que se convirtieron en novela (ilustrada por Hablot K. Browne, “Phiz”, cuya asociación con Dickens continuaría durante muchos años). 

Los papeles Pickwick prosiguieron durante todo el mes de noviembre de 1837, y para sorpresa de todos se convirtieron en todo un éxito popular. Dickens se casó con Catherine Hogarth el 2 de abril de 1836, y durante ese mismo año se convirtió en editor de La miscelánea de Bentley, publicó en diciembre la segunda serie de Relatos de Boz y conoció a John Forster, que llegaría a ser su íntimo amigo y confidente así como su primer biógrafo.

Tras el éxito de Los papeles Pickwick, Dickens se embarcó en una carrera a tiempo completo como novelista, componiendo obras de una complejidad creciente y a un ritmo increíble, aunque continuó asimismo sus actividades periodísticas y editoriales. Comenzó Oliver Twist en 1837, y la prolongó en entregas mensuales hasta abril de 1839. Fue en 1837 cuando también falleció la joven hermana de Catherine, Mary, a quien Dickens idolatraba. Ésta aparecería posteriormente bajo diversos disfraces en la ficción de Dickens. Ese mismo año, nació el primero de sus diez hijos.

Nicholas Nickleby se inició en 1838 y continuó durante todo el mes de octubre de 1839, año en el que Dickens dimitió como editor de La miscelánea de Bentley. El primer número de El reloj del maestro Humphrey apareció en 1840 y La tienda de antigüedades, inaugurada en El maestro Humphrey, siguió durante febrero de 1841, cuando Dickens comenzó con Barnaby Rudge, que siguió durante noviembre de ese año. En 1842, se decidió a visitar Canadá y los Estados Unidos, viaje durante el cual abogó por la propiedad intelectual internacional (ciertos editores americanos sin escrúpulos estaban pirateando sus obras) y la abolición de la esclavitud. 

        


Sus Notas americanas, que causaron furor en América (una de las razones fueron sus comentarios desfavorables sobre la aparente predilección universal, y para Dickens realmente desagradable, de mascar tabaco y escupir su jugo), aparecieron en octubre de ese mismo año. Comenzó Martin Chuzzlewit, parte del cual se localizó en una América cuyo retrato no salía demasiado bien parado, en 1843, y prosiguió con él durante julio de 1844. 

Cuento de Navidad, el primero de los universalmente famosos libros de Navidad de Dickens, que pretendía a pesar de su creciente actitud pesimista ser “una especie caprichosa de máscara destinada a despertar los pensamientos amorosos y amables”, se estrenó en diciembre de 1844. 
En ese mismo año, Dickens y su familia hicieron un viaje por Italia, pasando por Suiza y Francia donde permanecieron hasta 1847. Dickens regresó a Londres en diciembre de 1844, cuando Las campanadas se publicaron, y luego volvió a Italia, no siendo hasta julio de 1845 cuando retornó a Inglaterra. 1845 provocó también el debut de la compañía teatral de Dickens que a partir de entonces ocuparía gran parte de su tiempo. El grillo y el hogar, el tercer libro de Navidad, se publicó en diciembre y sus Pinturas de Italia aparecieron en 1846 en “Las noticias diarias”, un periódico que Dickens fundó y del cual fue el editor durante un breve lapso de tiempo.

En 1847, en Suiza, Dickens comenzó Dombey e hijo, en el que trabajó hasta abril de 1848. La batalla de la vida apareció en diciembre de ese año. En 1848, Dickens escribió también un fragmento autobiográfico, que dirigió como representación teatral en numerosos teatros no profesionales, y en diciembre publicó lo que sería su último libro de Navidad, El hombre embrujado. 1849 asistió al nacimiento de David Copperfield, que continuaría hasta noviembre de 1850, año en el que Dickens fundó y se instaló como editor del periódico semanal Palabras de andar por casa, en el que trabajaría hasta su muerte. El año de 1851 le sorprendió trabajando en La casa desolada, que aparecería mensualmente desde 1852 hasta septiembre de 1853.


En 1853  viajó por Italia con Augustus Egg y Wilkie Collins y a su vuelta a Inglaterra impartió la primera de las conferencias públicas sobre sus propias obras. Tiempos difíciles surgió semanalmente en 1854 en Palabras de andar por casa y continuó hasta agosto. La familia de Dickens pasó el verano y el otoño en Boloña, y en octubre de 1855 regresaron a París, donde Dickens comenzó La pequeña Dorrit que se prolongó en entregas mensuales hasta junio de 1857. En 1856, Dickens y Wilkie Collins colaboraron en una pieza teatral, El abismo congelado, y Dickens adquirió Gad´s Hill, una propiedad que admiraba desde su niñez.

La familia de Dickens disfrutó del verano de 1857 en una Gad´s Hill renovada. Hans Christian Andersen, cuyos cuentos Dickens admiraba enormemente, los fue a visitar pero pronto agotó su estancia allí. La compañía teatral de Dickens representó El abismo congelado para la reina, y cuando una joven actriz llamada Ellen Ternan se unió al reparto en agosto, Dickens se enamoró de ella. En 1858, en Londres, Dickens emprendió sus primeras conferencias públicas remuneradas y se peleó con su antiguo amigo y rival literario, el gran novelista, Thackeray. Mayor relevancia tuvo el que ese mismo año y tras un largo periodo de dificultades, se separara de su esposa, con la que durante muchos años había sido “temperamentalmente incompatible”.  



En 1859, sus conferencias por Londres continuaron y comenzó una nueva revista semanal, Durante todo el año. La primera entrega de Historia de dos ciudades apareció en el número inaugural y la novela se prolongó durante el mes de noviembre. Hacia 1860, la familia de Dickens ya se había asentado en su residencia de Gad´s Hill. Dickens, durante un periodo de examen retrospectivo, quemó numerosas cartas personales, y releyó su propio David Copperfield, la más autobiográfica de sus novelas, antes de sumergirse en Grandes esperanzas, que apareció semanalmente hasta agosto de 1861.

1861 presenció cómo Dickens se embarcaba en otra serie de conferencias públicas por Londres que proseguirían durante todo el año siguiente. En 1863, impartió conferencias tanto en París como en Londres y se reconcilió con Thackeray justo antes de la muerte de este último. Nuestro amigo mutuo se inició en 1864 y estuvo apareciendo mensualmente hasta noviembre de 1865. Dickens estaba delicado de salud, debido sobre todo al exceso de trabajo constante.



En 1865 ocurrió un incidente que perturbó profundamente a Dickens tanto psicológica como físicamente: él y Ellen Ternan, a su retorno de unas vacaciones en París, se vieron involucrados en un accidente de ferrocarril en el que múltiples personas resultaron heridas.

1866 trajo consigo otra serie de conferencias públicas, esta vez en diversas localidades de Inglaterra y de Escocia, y en 1867, todavía dictó más seminarios en Inglaterra y en Irlanda. En aquellos momentos Dickens se sentía verdaderamente mal pero continuó compulsivamente, en contra del consejo de su médico. Más tarde, durante ese mismo año, se comprometió con un viaje de conferencias por América que duró hasta 1868. La salud de Dickens estaba empeorando, pero aun así, asumió otra tarea física y mentalmente exhaustiva como fueron las obligaciones editoriales de Durante todo el año.

A lo largo de 1869  viajó impartiendo conferencias en Inglaterra, Escocia e Irlanda, hasta que finalmente sufrió un colapso, y manifestó síntomas de un liviano derrame cerebral. Se cancelaron las charlas que estaban previstas para determinadas provincias, pero pronto comenzó con El misterio de Edwin Drood.

Las últimas ponencias públicas de Dickens tuvieron lugar en Londres en 1870. Sufrió otra embolia el 8 de junio en Gad´s Hill, tras un día completo de trabajo en Edwin Drood, y falleció al día siguiente. Fue enterrado en la abadía Westminster el 14 de junio y el último episodio de su inconcluso El misterio de Edwin Drood apareció en septiembre.

http://www.victorianweb.org/espanol/autores/dickens/dickensbio1.html