jueves, 8 de febrero de 2018

"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", de Diego Sánchez Aguilar (miércoles 14, 20h)





Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) es Doctor en Literatura y profesor de Enseñanza Secundaria en el IES “Las Salinas del Mar  Menor” (La Manga, Murcia). 

Fruto de su investigación literaria, en 2012 ve la luz Poesía Vertical, edición crítica de la poesía de Roberto Juarroz (Ed. Cátedra). 







Ha publicado cuatro libros de poemas: Desde el vientre de la ballena (2000), Lindero de tinieblas (2002), Diario de las bestias blancas (Premio internacional Dionisia García, 2008), y Las célebres órdenes de la noche (2017).







En 2016,  Diego S. Aguilar ganó el premio al mejor relato del Rendibú 2016, festival bienal de artes organizado por 'La Verdad', de cuyo Jurado formará parte en su edición de 2018.



Publicado por la editorial Balduque, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino se hizo en 2016 con el XIII Premio Setenil. El jurado, compuesto por Eloy Tizón, José Belmonte Serrano, Antonio Parra Sanz y Manuel Moyano, eligió esta obra de entre las ochenta y una presentadas ese año por editoriales y autores de toda España. 



QUÉ SERÁ EL ORGASMO FEMENINO

Verónica Nieto 
28 diciembre 2016 

El libro ganador del premio Setenil 2016, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, editado por Balduque, nos propone un paseo alrededor de las vidas anodinas de unos cuantos personajes que rondan la cuarentena, es decir, la edad límite, los viejos de los jóvenes o los jóvenes de los viejos, la edad bisagra, la edad determinante, pues como dice aquel dicho: “Lo que seas a los cuarenta lo serás toda la vida”.



Diego Sánchez Aguilar construye estos relatos usando a un narrador en tercera persona y tiempo presente, algo así como una cámara de seguridad con bisturí: preciso, frío, calculador, agrega notas al pie para explicar ciertas situaciones, utiliza las enumeraciones, como si estuviésemos observando un álbum de fotografías de personas totalmente cansadas de su vida cotidiana, como si estuviésemos leyendo un tratado sobre la sexualidad, o mejor, un tratado sobre el imaginario pornográfico propio del varón. Tanto se distancia de lo que cuenta que enseguida se activa la ironía y con ella la complicidad del lector. Porque qué personajes más banales y aburridos, madre mía, qué personajes tan corrientes y tan como nosotros. Y a pesar de que nada en ellos puede llamarnos la atención, leemos intrigados, divertidos, pasamos página tras página sin saber muy bien por qué. ¿Por el efecto espejo, tal vez? Bueno, coincidiremos en que gran parte de la incitación se la lleva el sexo, y sobre todo, el sexo de los demás: eso que también preocupa y a veces obsesiona a los que rondan los cuarenta, pues la juventud se viene abajo.







Sánchez Aguilar consigue aquello tan difícil de transformar las descripciones en acciones, de hacer que estas no solo nos sitúen en el escenario, sino que nos den información sobre los personajes. Un hombre que fantasea con que una compañera de trabajo no lleva bragas en la cena de empresa; otro hombre solitario y un poco asocial que se enamora virtualmente de una blogger que cuelga video-posts de sus masturbaciones diarias; Aurora, una mujer demasiado insegura, se ha ido a Cuba con dos amigas a pasar las vacaciones y no sabe muy bien por qué ni para qué; una pareja escucha follar a los vecinos, cosa que parece, por un momento, reavivar su propia vida sexual aunque más tarde se transforma en una obsesión para el varón; una mujer hastiada de su cotidianidad que fantasea con un antiguo novio al que verá en una de esas reuniones de ex alumnos; un marido que está esperando a que llegue su mujer a casa espía a dos jovencitos que se han colado en su edificio para echarse un polvo rápido, y Fernando, un fotógrafo publicitario, quien graba sus propias relaciones sexuales y elabora minuciosos archivos con diferentes categorías para el orgasmo femenino:

“Un buen orgasmo, para él, es el que está mejor interpretado, el que es capaz de hacer sentir al espectador que la mujer está siendo poseída por un placer inimaginable, sorprendente, capaz de sacarla momentáneamente de su cuerpo, de su mundo, de su propio ser. Y todo eso gracias a él, al hombre que la ha llevado hasta ese punto. Eso es un buen orgasmo. Como un buen anuncio. Una utopía. Algo que todo el mundo desea, para lo que todo el mundo vive sus miserables vidas.”



Quizá de los siete cuentos que conforman Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino sea el último, titulado El perfume, el que explica todo el libro: el orgasmo femenino sigue siendo algo nebuloso para la mayoría de los hombres, algo muy parecido al imaginario de lo pornográfico, una auténtica teoría, una huida de la cotidiana y miserable vida de la mayoría.

Fuente: http://revistadeletras.net/diego-sanchez-aguilar-que-sera-el-orgasmo-femenino/







martes, 16 de enero de 2018

"La silla de Elías", de Igor Štiks (miércoles 17, 20h)




"Siempre digo que tuve que resolver primero un problema moral antes de empezar a escribir 'La silla de Elías'. Como no viví el asedio de Sarajevo y abandoné mi ciudad -todos los refugiados compartimos esa culpabilidad por haber dejado atrás a la familia y los amigos-, tenía que preguntarme qué derecho tenía yo a escribir sobre Sarajevo”.                                                                                                                                                                                                                                    IGOR ŠTIKS


Igor Štiks (Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, 1977) no es un autor desconocido en nuestro país. La editorial Funambulista ya editó su primera novela, 'Un castillo en la Romaña', que alcanzó un gran éxito y obtuvo premios en diferentes países. Ahora Destino nos ofrece 'La Silla de Elías', (premios K. S. Gjalski, Kiklop), narración que, como en la primera, basa el autor en su experiencia personal, la guerra que vivió a los quince años, en Sarajevo. Stiks, que escribe en croata y vive entre París y Chicago, está marcado por el dolor que sufrieron los ciudadanos de Sarajevo. 


                        


Richard Richter, un reconocido escritor austriaco, acaba de separarse y se encuentra en plena crisis intelectual. Tras veinte años de ausencia, regresa a su Viena natal, a la casa de su tía en donde vivió de niño. Allí, al tirar un tabique, descubre una carta escrita por su madre en 1941 dirigida a un tal Jacob Schneider, un judío de Sarajevo y el verdadero padre de Richard. Ante este hallazgo, Richard viaja a Sarajevo en busca de sus raíces. 

Estamos en 1992 y la ciudad se encuentra asediada por las milicias serbias. Un día, en una sinagoga, sentado en la silla de Elías -silla destinada a la circuncisión de los niños- conoce a Simón, un viejo que junto con Alma, una actriz de teatro con la que vive una historia de amor, le conducen hasta Schneider. 

'La silla de Elías' es una novela densa, inteligente, reflexiva y muy bien escrita. Consigue unir un argumento entretenido, con la historia real del Sarajevo asediado. Lo que hoy en día ignoramos al leer los desastres mundiales, la literatura nos lo muestra, al descubrirnos las voces humanas que se esconden en ellos. A través de esas voces, Igor Štiks ofrece otro punto de vista del que encontrábamos en los periódicos occidentales, la visión de los bosnios, de los que vieron y vivieron, y decidieron quedarse. 

Fuente: http://www.elcultural.com/revista/letras/La-silla-de-Elias/23735















Igor Štiks nació en 1977 en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina). En 1992 huyó de la guerra en Yugoslavia y después de estudiar Filosofía en Francia se graduó en Ciencia Políticas en Escocia. Actualmente es investigador en la Universidad de Edimburgo y trabaja en el proyecto CITSEE (Europeización de la Ciudadanía en los Estados Sucesores de la Antigua Yugoslavia).


                                                   

Ha escrito la novela 'Un castillo en la Romaña', por la que recibió el premio Slavic al mejor escritor novel croata en 2000, y que en 2005 fue traducida al inglés y al castellano. Su segunda novela, 'La silla de Elías', recibió varios premios literarios en Croacia y ha sido traducida a doce idiomas. En 2017 publicó su tercera novela, 'Rezalište'.

Ha escrito y publicado también poesía y ensayo.


                                                   



ENTREVISTA  

«Algunos escritores de los Balcanes usaron la tinta como munición»

Alejandro Luque.
Sevilla · Feb 2011

El escritor croata Igor Štiks reflexiona sobre el papel de los intelectuales en los conflictos de los Balcanes.

Igor Štiks (Sarajevo, 1977) representa a una nueva generación de intelectuales que apenas eran unos chavales cuando estalló la guerra en los Balcanes, y que han madurado en el exilio sin renunciar a participar en el debate sobre la situación política, social y cultural de la antigua Yugoslavia.

Criado en Zagreb y acogido en París, actualmente reside en Edimburgo. Desde los 19 años fue publicando artículos y ensayos en diversos medios croatas, bosnios, serbios, macedonios, eslovenos... Hasta 2001 fue reportero cultural de la revista croata Zarez.

Descubierto gracias al premio Slavic que recayó sobre su primera novela, 'Un castillo en la Romaña' (2001, traducido ya al alemán e inglés), su consagración llegó con 'La silla de Elías' (2006), elegido mejor libro croata del año. La pasada semana visitó Sevilla invitado por la Fundación Tres Culturas, y accedió a conversar con M'Sur.

Usted nació tres años antes de la muerte de Tito. ¿Qué diferencia a su generación de la de sus padres, que sí vivieron de lleno la dictadura? 
Por lo general fuimos más abiertos de mente, y más liberales, por haber crecido en el sistema político de los años 80, muy diferente del anterior, que nos permitió acceder a muchas cosas nuevas: música, películas… Recuerdo que desde los Juegos de Invierno de Sarajevo, en 1984, hasta comienzos de los años 90, había una gran sensación de ebullición, un optimismo que nos llevaba a pensar que las cosas iban a cambiar del todo. La guerra destruyó esos sueños: fuimos de lo más alto al abismo.

Usted tenía 15 años. ¿Podría decirse que la guerra le hizo escritor? 
En cierto modo sí. La guerra cambió nuestras vidas, el paisaje político y cultural. Nada sería lo mismo a partir de entonces. Y es muy difícil rehuir todo eso cuando empiezas a escribir. Yo lo intenté, desde luego, hasta que en mi segunda novela, cuando ya estaba viviendo en París, sentí que algo me tocaba la espalda y me decía: “Eh, tienes que enfrentarte a todo esto.Tienes que volver sobre aquello que has dejado atrás…”

Es curioso que en sus novelas su tierra esté siempre presente, pero desde puntos de vista externos: Italia, Viena… ¿A qué se debe? 
Cuando asumí que quería volver sobre mi país, supe también que quería hacerlo con ojos diferentes. Quería mirar con los ojos de un extranjero. En cierto sentido, es más fácil para mí, por lo traumático que puede ser enfrentarte a todo eso desde dentro. Pero también me ayuda a redescubrir el país que dejé atrás. Cuando vives en el extranjero, constantemente descubres cosas que antes no veías. Ivo Andric solía decirlo: “Puedo ver a Bosnia mejor desde fuera”.

¿Es por eso que la mayoría de los escritores que salieron de la ex Yugoslavia no han regresado? 
El exilio tiene esa dificultad añadida: pasa el tiempo y, al tiempo que empieza tu nueva vida en otro lugar, tu viejo país está cambiando, se vuelve diferente. Y puede suceder que la nueva tierra no llegue nunca a ser un hogar, en tanto la tierra de origen se vuelva extraña. Y tú vives entre una y otra, en mitad de ninguna parte. Es lo que creo que le ha sucedido a Aleksandar Hemon, a Dubravka Ugresic… Lo bueno es que las comunicaciones nos permiten mantenernos en contacto, y mantener un vínculo intenso con nuestros paisanos. Por otro lado, sí hay algunos que están volviendo: el cineasta Danis Tanovic, el músico Goran Bregovic, también está allí, Predrag Matvejevic volvió a Zagreb… Veinte años después de la guerra, para muchos es hora de volver a casa.

¿Cómo se lleva con los demás escritores de la antigua Yugoslavia? ¿Tienen contacto, se leen…?
Mis libros están publicados en todos los países yugoslavos, lo que indica que ese espacio está bien comunicado. Nos leemos perfectamente los unos a los otros, usamos la misma lengua, y algunos incluso hemos hecho carrera internacional. En cuanto a mis afinidades, bueno, tengo una amistad fuerte sobre todo con Aleksandar Hemon, especialmente cuando viví en Chicago, y que está publicado en España por Anagrama; y con Aleš Debeljak, un poeta esloveno que ha sido traducido al catalán, y no sé si al castellano…

Escribir en croata, ¿es para usted un acto de militancia, una toma de posición?  
Trato de distinguir entre mi trabajo literario y mi labor académica. Lo primero lo desarrollo en mi lengua materna, mientras que la segunda la hago mejor en francés o inglés. Mi cerebro ha aprendido a separar ambas cosas muy bien. Admiro a gente como Kundera, o el mismo Hemon, por el coraje de esa decisión de cambiar de lengua, pero en ese paso se corre el riesgo de perder el estilo.

Marco Vesovic, profesor de la Universidad de Sarajevo, decía que la de los Balcanes era la única guerra de la Historia planteada y dirigida por escritores. Pero no fue la única ¿no? 
¡No, no, acordémonos de Goebbels!  Pienso en Karadzic, pienso en Tudjman, que estaban muy orgullosos de ser escritores, o de pensar en sí mismos como escritores… Pienso en Dobrica Cosic en Serbia e Ivan Aralica en Croacia. Pero hubo muchos más. Deberíamos examinar el papel de todos esos escritores preparando la guerra, fomentando el activismo, buscando motivaciones para la comisión de los crímenes. Desgraciadamente, no hay tribunales para escritores. Pero hay una responsabilidad en la gente que usó los medios de comunicación y la escritura para la propaganda, las prácticas exclusivistas, la justificación de los desmanes… Usaron la tinta como munición.

Cuando en España se disparan las tensiones autonómicas, se habla de riesgo de “balcanización”. ¿Basta con una mala vecindad para prender un conflicto armado?
Desafortunadamente, los Balcanes se han llevado una mala reputación, y representa la idea de un lugar partido en muchos pedazos… Antes yo quería creer en una “iberización” de Yugoslavia, lo necesitábamos. Necesitábamos soluciones pacíficas y políticas para nuestros problemas, no el desastre que vino. Lo único que deseábamos era ser como los demás. Pero cuando ves lo que pasa hoy en Bélgica, Gran Bretaña o España, o en cualquier otro lugar del mundo... En todo caso, me gustaría convencerle de que la balcanización no es la única característica de los Balcanes [risas].


La pregunta... de Ramón Lobo 

¿Ha hecho Croacia su catarsis? 
En general, en la antigua Yugoslavia  no vemos catarsis por ningún lado. Los tribunales hicieron su trabajo, pero no hubo catarsis política. Mucha gente cree aún que los criminales de guerra fueron héroes nacionales. Y la manipulación sigue abierta, lo que impide esa tarea catárquica. No se pueden manipular los hechos, pero las mentes sí lo admiten. Es un gran fallo de la democratización de la región y de la comunidad internacional. Lo mismo pasa en Bosnia y Herzegovina, donde se hace creer que el espíritu de la guerra sigue vivo. En todo caso, aunque haya razones para el pesimismo, confío en un futuro mejor. 

Y los jóvenes de estos países, ¿cómo ven ese futuro? ¿Confían en Europa, que no estuvo a la altura en el conflicto yugoslavo? 
Allí donde vayas, a pesar de la propaganda encontrarás a un montón de gente joven progresista que quiere un cambio en sus países. La mayoría ve que Europa es la salida, y hay una conciencia extendida de que un gueto balcánico sería fatal. No tiene sentido imaginar un agujero negro balcánico rodeado por Europa. Personalmente no estoy contento con la maquinaria de la Unión, la parte económica es demasiado liberal, la parte social es un poco floja… Todo debe mejorar, pero es el único camino. Siempre es mejor integrar el gueto balcánico en Europa, a que Europa se integre, o incluso se desintegre en ese agujero negro.

Fuente: http://www.mediterraneosur.es/prensa/stiks_igor.html

   

martes, 12 de diciembre de 2017

"Kinshû. Tapiz de otoño", de Teru Miyamoto (miércoles 13, 20h)




La imposibilidad humana de expresarse con palabras ha dado lugar a artes como la pintura, la música o el ballet. Solo los novelistas estamos condenados a explicar cosas que no se pueden expresar con palabras.

Teru Miyamoto

"Es posible expiar los errores del pasado. Limpiar el recuerdo sucio por el rencor y plantear un futuro a partir de un presente en el que el resentimiento haya dado paso a la calma y el perdón. Ésta es la idea que subyace tras las últimas páginas de Kinshû. Tapiz de otoño (1982), de Teru Miyamoto (1947), una novela de delicado trazado en el que el escritor japonés explora los abismos del dolor y la capacidad curativa del afecto y la comprensión.

La historia de Kinshû. Tapiz de otoño abarca casi un año de intercambio epistolar entre una antigua pareja que se divorció diez años atrás debido a un dramático accidente. El detonante de esas cartas es un encuentro casual de los protagonistas, Aki y Yusuaki, durante una visita al monte Zao, un volcán cercano a la ciudad de Sendai, la “ciudad de los bosques”. Tras ese momento inesperado, y conmovida por los recuerdos y el no haber sabido el uno del otro durante una década, Aki decide iniciar el envío de varias cartas en las que rememora con su ex-marido su vida en común y el dolor ante el fin del matrimonio, motivado por un suceso que les cambió completamente: el adulterio de Yusuaki con un antiguo amor del instituto que, mientras dormían juntos, intentó cometer un doble suicidio con él.


Monte Zaô
                            

Con esta trama Teru Miyamoto compone una reflexión sobre el amor y la infelicidad y, en última instancia, sobre la capacidad del perdón y la reconstrucción vital. Porque, como poco a poco van trasmitiendo las cartas que se intercambian Aki y Yusuaki, pese al final abrupto del matrimonio, en ambos permanece un reconocimiento hacia los años de amor compartidos y aflora una sincera comprensión y cercanía. Son cartas, en este sentido, que muestran dos personalidades en las que, pese a todo, se mantiene la honestidad, donde se intercambian no reproches, sino sentimientos como las dudas, el miedo, la esperanza o las ansias de encontrar la felicidad.

Nos encontramos, así, una relación de pareja que ya no existe pero en la que aflora una mayor franqueza y respeto de lo que, aparentemente, hubo mientras el matrimonio duró. Un amor que es distinto al de sus primeros años juntos, pero un amor, al fin y al cabo, que aún persiste, que busca reparar los errores del pasado para allanar el camino hacia búsqueda de la serenidad y la felicidad.


Lago Tazawa
                         

Kinshû. Tapiz de otoño es una novela de singular belleza, que, construida como una relación epistolar, aborda las huellas del pasado, de los errores y del amor frustrado, evocando con melancolía y tristeza lo que los personajes fueron en un pasado y ya no pueden recuperar. Una mirada lúcida y sencilla sobre las relaciones humanas, el afecto y la dignidad."

Ana Matellanes
Fuente: http://koratai.com/literatura-japonesa/kinshu-tapiz-otono-teru-miyamoto



   




Teru Miyamoto ( 宮本 輝 Miyamoto Teru ), nacido en Kobe (1947), es un autor consagrado en Japón con más de ochenta obras a sus espaldas.

Con sus primeras novelas obtuvo los dos premios literarios más prestigiosos del país: el Akutagawa (por Hotarugawa, El río de las luciérnagas) y el Osamu Dazai (por Doro no kawa, El río de barro). Estas dos historias de iniciación ahondan en un tema que más tarde se volvería bastante recurrente en su obra: la desolación de la posguerra.

Miyamoto combina en su obra novelas algo complejas en el argumento (pero siempre con ese estilo narrativo austero que le caracteriza), donde lecciones de historia occidental se mezclan con filosofía oriental y viceversa; con otras con una trama más juvenil, donde los protagonistas son veinteañeros, pero no por ello de vidas fútiles. La temática abarca desde la aflicción y el desánimo de la época de posguerra, propia de sus primeras novelas y de su pentalogía Ryuten no umi (El mar de las vicisitudes), hasta historias de jóvenes con ambiente más moderno, como puede ser Watashitachi ga suki datta koto (Aquello que nos gustaba) o Ao ga chiru, pasando por libros con protagonistas más dispares. 

Todas las novelas, sin embargo, están sostenidas por un doble eje: por una parte la melancolía, con una lírica atmósfera wabi sabi, y, por otra, el sutil optimismo por superar las dificultades. Puede que los/las protagonistas de Miyamoto no tengan un carácter fuerte, pero eso no les impide tratar de vencer, o sobrellevar, los obstáculos a su manera. Cabe decir que muchos de los personajes protagonistas que más empatía transmiten en su obra son mujeres.

Y es aquí donde merece la pena hacer un inciso. Muchas de los libros de Miyamoto tienen protagonistas femeninas, que van desde la aún inocente veinteañera a la apesadumbrada divorciada. Personalmente, su forma de tratar los personajes femeninos es uno de los atractivos de este autor, pues no son mujeres de carácter fuerte ni estereotipados; muy al contrario, las retrata como seres que se han quedado solos por circunstancias de la vida, pero que logran salir adelante con empeño. En algunos casos, esas desgracias impuestas a la mujer son ocasionadas por otros personajes masculinos (la antes mencionada Kinshû o Orenji no tsubo (El tarro de naranjas)), o bien por enfermedades (Kokoni chi owari, umi hajimaru (Donde termina la tierra y comienza el mar)) o cualquier otra razón. En todo caso, la mujer de las novelas de Miyamoto demuestra más valor que el hombre a la hora de enfrentarse a las adversidades. Un arrojo que, curiosamente, está casi siempre apoyado por personajes ancianos.

La vida del maestro Miyamoto sufrió un duro revés cuando le descubrieron que padecía tuberculosis, precisamente cuando se encontraba en el monte Zaô, punto de partida de su novela Kinshû. Fue durante su estancia en el hospital cuando escribió esta historia, influida por las reflexiones sobre la vida y la muerte del escritor, que veía cómo sus compañeros de hospital iban falleciendo por la misma enfermedad. Por fortuna, tras más de un año ingresado, pudo recuperarse y su experiencia queda plasmada en más de una de sus historias.

Teru Miyamoto es un autor por descubrir en lengua castellana. La publicación en español de Kinshû. Tapiz de otoño es solo una ínfima gota del gran mar de historias que merecen ser leídas en la lengua de Cervantes. 



martes, 14 de noviembre de 2017

Novelas ejemplares II, de Miguel de Cervantes (miércoles 15, 20h)



Continuamos con la lectura de esta colección de novelas de Cervantes que emprendimos el curso anterior. 

Las Novelas ejemplares son una serie de novelas cortas que Miguel de Cervantes escribió entre 1590 y 1612, y que publicaría en 1613 en una colección editada en Madrid por Juan de la Cuesta, dada la gran acogida que obtuvo con la primera parte del Quijote. En un principio recibieron el nombre de Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento.


En La fuerza de la sangre se construye un relato casi policíaco, en el que una doncella violada con los ojos tapados logra reconstruir intelectualmente el crimen hasta dar con el culpable y forzar de él que se case con ella restituyendo su honor.


                                     

El celoso extremeño narra los celos patológicos de un viejo indiano que vuelve a España enriquecido y encierra a su jovencísima esposa en una casa herméticamente, sin permitirle que salga ni que nada masculino pase la puerta, en la cual ha instalado como vigilante a un esclavo negro con orden de no dejar pasar a nadie. El seductor Loaysa lo logra engatusando al negro, al que le encanta la música, con una vihuela, y se acuesta con la moza. Sin embargo, no hacen nada, aunque en el manuscrito de Porras de la Cámara sí se consuman los cuernos. El viejo, humillado, se muere de pena.


En La ilustre fregona se desgarran dos mozos que pretenden cortejar a la muy bella moza de una posada. Uno logra su propósito, el otro no y es humillado por una serie de chiquillos que le gritan por la calle y le siguen a todas partes.


En Las dos doncellas, Teodosia confiesa a un desconocido, que resulta ser su hermano, las relaciones y promesa de matrimonio con Marco Antonio. En busca del marido, encuentran a Leocadia, a quien también dio su palabra, sin tomar su honra. Marco Antonio acepta ser el marido de Teodosia, y su hermano, Rafael, el de Leocadia. El final feliz evita un duelo.En Las dos doncellas, Teodosia confiesa a un desconocido, que resulta ser su hermano, las relaciones y promesa de matrimonio con Marco Antonio. En busca del marido, encuentran a Leocadia, a quien también dio su palabra, sin tomar su honra. Marco Antonio acepta ser el marido de Teodosia, y su hermano, Rafael, el de Leocadia. El final feliz evita un duelo.


La señora Cornelia reúne elementos de la novela bizantina, aunque al mismo tiempo critica implícitamente algunos aspectos de esta última. Juan y Antonio deciden dejar sus estudios, pero al pasar por la ciudad de Bolonia en la universidad de ahí, deciden continuar sus estudios, y toda la gente los tiene como buenos mozos. Ellos escuchan mucho acerca de una damisela llamada Cornelia Bentibolli.


El casamiento engañoso narra el timo que hace una señorita aparentemente honesta a un militar casándose con él; éste ignora que ha sido una meretriz y esta lo abandona dejándole una enfermedad venérea que debe purgar con sudores en el hospital de Atocha, donde transcurre la próxima novela.



                                      

En El coloquio de los perros, el militar, que está purgando su enfermedad en medio de fuertes fiebres, asiste de noche a la conversación entre dos perros, Cipión y Berganza; uno cuenta al otro la historia de su vida y sus muchos (y muy sinvergüenzas) amos y dejan para el día siguiente la relación del otro. Se trata de una fantasía al estilo de las de Luciano de Samosata y el desfile entremesil de tipos, entre ellos unos pastores y una bruja, recuerda al de una novela picaresca o un entremés.

martes, 17 de octubre de 2017

Encuentro con Carmen Piqueras y "Nación del sueño" (miércoles 18, 20h)




Con dieciocho años comenzó los estudios de filología inglesa. A finales de la década de los noventa, Carmen Piqueras se apuntó a un curso de poesía en el Centro de la Mujer del barrio donde residía, explorando por primera vez la escritura creativa en grupo y conociendo a algunas de las personas que la animarían después a dar su obra a conocer.



Nuestra autora debutó en el mundo literario con Oficios de derrota, Premio Dionisia García - Universidad de Murcia, 2001. 



Ha sido incluida en diferentes antologías como Antología del Aula de Poesía de la UMU , Poesía de Escritoras de Murcia, Escritores en el Archivo, Nosotras tenemos la palabra, Contra, poesía ante la represión, Artemís, encuento internacional de poetas, entre otras. 

También se han publicado sus poemas en revistas como Dáctilo, Octubre, Ägora, Hache, etc.




En 2014 apareció su segundo libro, Nación del sueño (editorial Raspabook), y recientemente ha publicado su tercer poemario, Veinte películas de amor y una canción de John Lennon, de la mano de la misma editorial. 

  





jueves, 21 de septiembre de 2017

Encuentro con Alicia Noland y "El dibujo de los días"






Anoche, ¡por fin!, conocimos a Alicia Noland, autora de “El dibujo de los días”. Durante dos horas estuvimos compartiendo impresiones sobre la casi treintena de cuentos que esconde esta obra.

Y mucho más. Alicia nos habló de muchas más cosas…

de por qué le gusta escribir a lápiz, 

de Alicia lectora,

de la infancia como fuente de creación,

de las ilustraciones que acompañan a sus cuentos,

de la escritura como expresión de su mirar el mundo,

de buscar la belleza y de ensayar la perfección,

de la labor de orfebre ante el papel,

de la importancia de una coma,

de por qué vivir es ir dibujando,

de El dibujo de los días






Y las lectoras y lectores de nuestro club de lectura compartimos con ella las emociones, ideas, empatías, extrañezas y sorpresas vividas durante la lectura y, especialmente, durante la relectura que del libro hemos hecho durante estos últimos meses.



Como celebración y cierre de este descubrimiento mutuo, Alicia Noland terminó contándonos un cuento, aún no publicado, sobre dos criaturas... una mujer en su ventana y una lechuza.

Alicia Noland volverá a visitarnos para presentar su próximo libro. 



jueves, 7 de septiembre de 2017

"El mar", de John Banville (miércoles 13, 20h)


Comenzamos este nuevo curso del club de lectura Dante con El mar, una de las novelas más logradas de John Banville.

Un poeta que escribe en prosa. Así se define a sí mismo John Banville, escritor irlandés considerado uno de los grandes talentos de la lengua inglesa. En la tradición de James Joyce y de Samuel Beckett, pero también con mucho del Proust de En busca del tiempo perdido, la novela se despliega en cada una de sus líneas como la memoria de Max Morden,  un historiador de arte que se retira a escribir a un pueblo costero.

Mesa frente a la ventana, de Pierre Bonnard
El mar –Premio Booker 2005–  está escrita en una primera persona que, más que contarnos una historia,  nos presenta un narrador  que reflexiona con gran hondura psicológica acerca de la naturaleza de las percepciones, los límites entre lo imaginario y lo real, y la soledad existencial del individuo. La novela se constituye entonces en una larga descripción de personajes, lugares, situaciones donde las imágenes, los sonidos y los olores adquieren un protagonismo que supera la propia trama. Los personajes se mueven, pero con un ritmo ralentizado, demorado, moroso que adquiere un significado a partir de la conciencia de Max Morden que ordena los hechos en su memoria.

Oruga usando un narghile, de John Tenniel
(Alicia en el País de las Maravillas)

Sin duda, Banville es un maestro a la hora de describir: logra metáforas maravillosas; hace tocar, oler, sentir aquello que describe; trabaja como un pintor que elige los colores, las texturas, el ángulo más adecuado, maneja las luces y las sombras, pero también, magistralmente, elige qué describir y qué no para crear cierto suspenso en el lector. Selecciona la palabra justa, la que remite a la mayor cantidad de asociaciones. 

Algunos ejemplos pueden dar cuenta de lo anterior: uno de los personajes es “un dios viejo-verde-sonriente”; la relación entre dos hermanos es “un hilo sutil e invisible de un material brillante y pegajoso, como la seda de una araña…”; el primer beso es para el protagonista similar a algo caliente “que se hubiera licuado de pronto y recorriera su hueca longitud [la de la espina dorsal]”; durante una tormenta la habitación de Morden “está sumida en un parpadeo de luz, y el cielo a patada limpia, rompiéndose los huesos”.


Si para describir hay que saber mirar, el protagonista se define a sí mismo como un diletante, alguien que disfruta de ese mirar, más que de actuar. Todo cae bajo su examen que se realiza, además, en un tiempo diferente al real, porque es un tiempo interior. Luego de la muerte de su esposa Anna, y más de cincuenta años después de la última vez en la que estuvo allí, Max vuelve a los Cedros en Ballyles.  El tiempo se diluye porque en esa visita se mezclan el presente, signado por esa pérdida, y el pasado que entrelaza hechos de su infancia con los del último año de la enfermedad de su esposa. Morden adulto observa ese pasado, pero se pregunta constantemente “¿Dónde estoy, acechando desde qué posición estratégica? No me veo”, porque para darle protagonismo a la mirada, el personaje cuestiona desde dónde examina, e incluso se dirige directamente al lector justificando los diferentes niveles de su mirar.

A esta altura, es casi obvio decir que la novela tiene como uno de sus temas el observar y el ser observado. Más allá de que Morden se regodea en la mirada, aparecen diferentes representaciones de esta. Las constantes referencias a la pintura –en la que el pintor observa para poder plasmar su cuadro que luego será observado por el espectador–, y a la fotografía –que es otra mirada, diferente y extraña– acentúan el estatismo de la narración. Lo importante es el momento, lo fugaz, la diapositiva que guarda la memoria que se caracteriza, sin embargo, por su fragilidad. Para mostrar esto se mezclan los recuerdos sin solución de continuidad. Mirada y memoria se complementan y se completan con la presencia de los sueños, que en compañía de los recuerdos adquieren más realidad que la realidad misma.

Gracias a una buena traducción, podemos apreciar también en la versión española el trabajo de Banville con el lenguaje. Según las palabras del propio autor, imaginamos que este instrumento de uso diario es simple y directo, aunque en realidad tiene voluntad propia. Las palabras tienen así un enorme potencial de significado que se puede reforzar a través del ritmo de la prosa. Gracias a esto, los objetos se muestran ante nuestros ojos a partir de la palabra que los configura. De ahí que El mar también esté actualizando el tema de la contraposición entre apariencia y realidad. Lo real lo es solo porque hay un lenguaje que lo describe.

Por supuesto que en la novela hay otros personajes: ya mencionamos a Anna, la esposa; también están Claire, la hija de veintitantos años, cuya relación con su padre no es la mejor, y todos los miembros de la familia Grace que solo están en la memoria de Morden –Carlo, Constance, los padres, junto con los mellizos Myles y Chloe–. Otros temas se suceden a través de la presentación de esta familia: el primer amor, la perversión, la sexualidad, y finalmente la muerte y el dolor. Todos estos personajes existen porque la memoria les asigna una característica que los define: el protagonista los recuerda por sus olores, por pinceladas que los transforman en cuadros que son fragmentarios e incompletos, pero que son lo único con lo que cuenta el narrador en el momento de sus añoranzas.



La crítica señala que en Banville hay mucho de Henri Bergson para quien lo absoluto puede darse solo a partir de una intuición, es decir, a partir de esa simpatía por la cual uno se transporta al interior de un objeto para traducir aquello que lo hace único. Pero eso no es todo, en su Introducción a la metafísica (1903), también él habla de la importancia del recuerdo y de la memoria. “Vivir consiste en envejecer. Pero es también un enrollamiento continuo, como el de un hilo sobre una bola, pues nuestro pasado nos sigue, se agranda sin cesar con el presente que recoge sobre su ruta. Conciencia significa memoria”, nos dice, y esta es la poética que subyace en la escritura del autor irlandés.

Por último, es casi una obligación pensar el porqué de la elección del mar como escenario en el que transcurre la vida de los personajes: el mar de la infancia en los Cedros y el que está junto a la casa en la que Max vivió con Anna el último año de su enfermedad, pero también el mar es el hospital en el que se adentra el protagonista cuando muere su compañera. Testigo de lo que sucede fuera de la conciencia de los personajes, este elemento de la naturaleza es además un símbolo de la dinámica de la vida, todo sale de él y todo vuelve a él. Es, también, una metáfora de la incertidumbre, de la duda, de la indecisión, y en esta novela, el mar es esencialmente el flujo de la memoria que va y viene en oleadas de intuiciones que es, según lo que dijimos, lo que nos queda de la realidad exterior.

“Qué pequeño recipiente de tristeza somos, navegando en este apartado silencio a través de la oscuridad del otoño”, dice Max. Para el que se reconozca en esta frase o para quien esté dispuesto a hacer una pausa, El mar es la recreación de un mundo a través de una interioridad, pero es, además, una posibilidad de que nosotros mismos completemos esa mirada del protagonista a partir de nuestra propia experiencia interna.

Por Adriana Santa Cruz
http://leedor.com/2012/09/03/el-mar-john-banville/






"El mejor escritor en activo en su idioma... Pericia y elegancia... Leemos a Banville para recordar qué era eso de leer ." 

Rodrigo Fresán


John Banville (Wexford, 8 de diciembre de 1945) es un novelista irlandés, Premio Booker 2005. Escribe también novela negra bajo el seudónimo de Benjamin Black.

Desde muy joven —12 años— supo que quería ser escritor. Estudió en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio católico de San Pedro de Wexford.  En lugar de ingresar en la universidad, prefirió comenzar a trabajar y lo hizo en la compañía aérea Aer Lingus, lo que le permitiría viajar por el mundo.

Más tarde diría irónicamente de esta decisión: "Un gran error. Debería haber ido [a la universidad]. Lamento no haber tomado esos cuatro años de emborracharse y enamorarse. Pero quería irme de mi familia. Quería ser libre". 

Cuando regresó a Irlanda después de haber vivido en Estados Unidos en 1968 y 1969, se convirtió en periodista y entró a trabajar en el diario The Irish Press, donde llegó a ser subeditor jefe. Cuando este periódico desapareció en 1995, pasó al The Irish Times. Es colaborador habitual de The New York Review of Books.

Publicó su primer libro en 1970, una recopilación de relatos titulada Long Lankin, a la que seguiría una serie de novelas, la primera de ellas Nightspawn que salió al año siguiente. Después vinieron Birchwood (1973), la llamada Trilogía de las revoluciones —compuesta por Copérnico (1976), Kepler (1981) y La carta de Newton (1982)— y cerca de una docena de novelas más, entre las que destacan El libro de las pruebas (1989), finalista del Premio Booker) y El mar (2005), que ganó el preciado galardón.

Banville es conocido por el estilo preciso de su prosa. Su ingenio y su humor negro muestran la influencia de Nabokov.

En 2006 aparece el primer libro de Benjamin Black: El secreto de Christine, a la que le han seguido otras cuatro novelas negras.


Sobre su desdoblamiento como escritor, ha dicho: "El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2.000, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black". 





Para Banville, que también ha escrito piezas de teatro, su oficio tiene mucho de samurai: "Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura".

Obras publicadas

La guitarra azul 2016  
Órdenes sagradas 2015   
La rubia de ojos negros 2014    
Venganza 2013   Antigua luz 2012 
Muerte en verano 2012   
En busca de April 2011 
Los infinitos 2010   
El lémur 2009  
El otro nombre de Laura 2008 (2009) 
El secreto de Christine 2007   
El mar 2005    
Imposturas 2003  
Eclipse 2000 (2014)
El intocable 1997 (2009) 
Fantasmas 1993 
El libro de las pruebas 1989  
Mefisto 1986 (2002) 
Copérnico 1984   
La carta de Newton 1982 
Kepler 1981
Birchwood  1973
Nightspawn 1971
Long Lankin (Cuento)  1970  

Novelas como Benjamin Black

El secreto de Christine 2007
Christine Falls 2007
El otro nombre de Laura 2008
The Silver Swan 2008
El Lémur 2009
En busca de April 2011
Muerte en verano 2012
Venganza 2013
La rubia de ojos negros 2014
Órdenes sagradas 2015

Premios y honores

1976, Premio James Tait Black Memorial por Copérnico
1981, Premio Guardian ficción por Kepler
Premio Allied Irish Bank Fiction por Kepler
Premio American-Irish Foundation por Birchwood
1989, Premio Guinness Peat Aviation por El libro de las pruebas
Finalista del Premio Booker 1989 por El libro de las pruebas
2003, Premio Nonino a toda su obra (Italia)
2005,Premio Booker por El mar
2006, Premio Irish Book a la mejor novela del año por El mar
2007, Miembro de número de la Royal Society of Literature
Premio Madeleine Zepter
2009, Honorary Patronage of the University Philosophical Society
2011, Premio Franz Kafka
2013, Premio Leteo
2013, Premio Austriaco de Literatura Europea
2014, Premio Príncipe de Asturias de las Letras6 El 4 de junio de 2014 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.