viernes, 21 de abril de 2017

"Si tocamos la tierra", de Aurora Saura (miércoles 26, 20.30h)



El Club de Lectura "Dante" participa en esta Feria del Libro celebrando un encuentro con la poeta Aurora Saura. Hablaremos sobre literatura,  sus libros,  autores y autoras preferidos, sobre la creación poética y, por supuesto, acerca del libro que hemos leído durante las últimas semanas; su poemario "Si tocamos la tierra", publicado en 2012. 



Aurora Saura Bacaicoa nació en Cartagena y residió en Alicante la mayor parte de su infancia. Se licenció en Filología Románica en la Universidad de Murcia y ha sido profesora de Instituto.

Aunque escribía desde muy joven, sólo empezó a hacerlo con regularidad en los últimos años setenta y no pensó en publicar hasta el ochenta y cuatro, en que dio por terminado su primer libro, Las horas, editado en 1986 por la Editora Regional de Murcia. Posteriormente ha publicado los libros de poemas De qué árbol (1991), Retratos de interior (1998), y Si tocamos la tierra (2012).

En 2014 publicó la plaquette de haikus Mediterráneo en versos orientales.

Ha colaborado en coloquios, lecturas poéticas, antologías, revistas literarias y libros en lengua francesa para estudiantes de Español.





LA TIERRA DE AURORA SAURA

Fulgencio Martínez

Si tocamos la tierra, el nuevo libro de poemas de Aurora Saura (Cartagena, 1949), publicado por Libros de la frontera en la colección El Bardo, nos vuelve a traer la lectura de un poeta exquisita, que labora y publica su obra a jornadas cumplidas, poco a poco, y con esmero. Decidió Aurora Saura, ya en sus inicios de escritora pública, construir, como su nombre indica, un dominio seguro del día. Para lo cual se ejercitó, desde el principio, en una elaboración lenta y cuidadosa de sus obras. Publicó su primer libro de poesía en 1986 (Las horas. Editora Regional, Murcia). A partir de ahí, de este primer libro -y como dos rasgos que caracterizarán su poética- mantiene la poesía de Aurora Saura una relación estrecha con el tiempo -el mismo sentido de aquella elaboración y gestación prolongadas de sus libros se descubre, a la larga, no como un rasgo casual en su escritura, sino como una marca de la casa-; y, por otro lado, apuesta por la expresión simbólica (que está insinuada en el mismo título de aquella opera prima) de lo temporal como espacio plural, múltiple, diferenciado y humanizado, lleno de vicisitudes y encuentros humanos y literarios, donde la vida y la lectura y la admiración del arte se corresponden, igual que en el poema de Baudelaire los perfumes, los colores, los sonidos. Un ámbito temporal en que ella sitúa su poética - como se confirma y aun se profundiza en sus siguientes libros-; tiempo en su poesía que no es el tiempo abstracto, descarnado, sino los mundos temporales del día, las horas - según reza el título de su libro primero-; esas horas que no son, como para Francisco Brines, brasas; sino, más bien, fuegos vivos y mundos vividos.

La poesía de Aurora Saura tiene, pues, esa coherencia inicial, auroral, que pocos autores tienen. Es -por así decir- una poesía fenomenológica -que trata de lo que el maestro de Heidegger, Edmund Husserl llamó, con expresión tan afortunada, "mundo vivido" (Lebenwelt). Vida traspuntada en una conciencia, cosida puntada a puntada a una conciencia que es también corriente de vida significativa, intencional; y vida, a la vez, trascendida -en cuanto a su paso puntual y fugitivo- por unos signos dejados en el poema, los cuales, en muchas ocasiones, son comento admirativo de otros signos (literarios, artísticos), conversación continuada de la autora con la misma vida a través de esos signos que escribe y de esos otros signos que le han emocionado por su belleza o por su significado, con el que corresponde. "Correspondencias", como subtítula Aurora Saura un poema dedicado a Gonzalo Rojas, es la expresión cabal que encierra esa operación poética que aventura el libro que comentamos, y vale, más allá, para toda la obra de la poeta de Las horas, De qué árbol (1991), y Retratos de interior (1998), los tres libros publicados con anterioridad a éste, por Aurora Saura.

La fenomenología de esas correspondencias-poemas irán, a medida que se suceden los libros de Aurora Saura, recalando en el mundo histórico, en el presente vivido, y poniendo su foco poético en los seres del mundo. Estamos ya un poco de vuelta de la poesía elegíaca y de todo idilio triste, o sentimental, con el foco en el pasado; de tanta evasiva lección que despelecha, más cada día, hoy, la obra pasada de algunos poetas, incluso queridos maestros, sobrevalorados. Una voz viva que nos hable del presente vivo supone un riesgo, que asume Aurora Saura, con toda naturalidad, en este libro: Si tocamos la tierra.

¿El título del libro no encierra una consigna, aunque dicha en un tono educado, poético: sugerente? ¿Y no esconde cierta velada censura crítica a la escritura evasiva?

"Toco la tierra. Miro. / Toco la tierra. Escucho." El libro se abre con esta cita de la poeta Ángela Figuera, una poeta perteneciente a aquella generación desarraigada a la que también perteneció su paisano bilbaíno Blas de Otero: dos poetas, Figuera y de Otero hoy defenestrados por la crítica miserable, textual: por tanto, dos poetas con futuro.

Si tocamos la tierra, aunque estructurado en seis secciones, presenta una continuidad de "suite" en su andadura poemática. Curiosamente, se abre con una sección y un poema donde comparece la palabra "Eternidad" -un término juanramoniano, sin duda, y en principio, extraño a la poética de Aurora, según hemos esbozado arriba.

Sin embargo, la eternidad es, como en aquel cuento del monje y el pájaro, un instante... O, como mejor dice el primer poema del libro:

La eternidad sólo
podría ser ese instante
en el que - dicen -
el aire está tan quieto
que el agua se olvida de helarse.
                           ("Eternidad", p. 11)

No puede -creemos- ser dicho con más acierto (irónico) ese límite, ese no lugar, del cual se alejará esta poesía de Aurora Saura. Esa "inmovilidad sin aristas / para siempre... / ausencia / de los gestos,/ sentirse vivo/ en la parálisis del viento" equivale a una vida paralizada, a detener el tren que viene, a cada momento, a volcarnos las horas: las de ayer y las nuevas, las aún no vividas... Esa vida eterna, que no toca tierra, equivale, para nuestra poeta, a la inmovilidad. El cambio es sinónimo de tiempo vivido, de un forcejeo y acuerdo -o pacto- entre el ayer, el hoy y el futuro, para que el futuro valga las horas que esperamos, y lo pasado el tiempo que sentimos perdido. Sin cambio no hay -en definitiva- valor.

Hemos dicho antes que la poesía de Aurora es fenomenológica, histórica en su deriva y en muchos poemas de este libro que comentamos (histórica quiere decir que aborda al hombre situado en el presente histórico, y por eso puede hablar, desde ahí, del pasado; fíjense que hay mucha pseudoliteratura histórica que falla ya en esa premisa, o sea, que no es histórica y ni siquiera literatura). Ahora, apreciamos también, en Si tocamos la tierra, una poesía ética, un simbolismo poético abierto a subrayar el valor -o determinados valores- de la vida.

¿Poesía con mensaje? Dirían los incrédulos y algunos maliciosos.

Destacamos, en el libro, un poema como el dedicado a Primo Levi, escritor judío en lengua italiana, poeta y novelista que padeció y se suicidó de la inhumanidad de un campo de concentración nazi. "Lager (Primo Levi in memoriam)":

Quién volverá a decir con labios puros
la palabra lager.
Quién la salvará del horror (...)

Decidla ahora vosotros
la palabra lager.
Decidla despacio con voces generosas.
No olvidéis la desesperanza,
                          el dolor (...)

Que vuelva lager
a ser en vuestras bocas
una palabra humilde,
                         y digna,
                                  y verdadera.
                                                 ("Lager", p. 37).

El poema está dedicado a la hija de la poeta y a los jóvenes alemanes.

Creemos que sobra el comentario: el lenguaje, sencillo y digno, de este poema es ya, por sí solo, una reivindicación de lo humano.

Queremos detenernos también en otro poema, que expresa otra vertiente del mismo accidente geográfico, temporal, de esta poesía. El poema se titula: "Mar aún de verano", está amparado en una cita del poeta Salvador Espriu. (p. 62). Dice la cita de este poema de Espriu, uno de los mejores del siglo XX, escrito en lengua catalana: "A la vora del mar. Tenia una casa,/ el meu somni. A la vora del mar."

Así debió de ser.
Eras paisaje de la infancia,
infancia pura. (...)

Eras una presencia
como de quien se ha muerto
pero nunca se ha ido.

Hoy eres más que estos días:
la vida de otro tiempo
delante
                     de los ojos.
                        ("Mar aún de verano").

La sencillez en el modo de comunicar y la concentración y pureza de los significantes se alían, en este libro de Aurora Saura, con la profundidad y la tensión en la palabras. Como en ese poema admirable, escrito en correspondencia con Espriu, de ahí - de esos mínimos y necesarios ingredientes - surge un acorde, algo inefable, que es la tierra de la poesía.

Merecerían más comentario otros registros de esta poesía, como el registro apuntado en el poema "A propósito de Juan"; o el registro, que señalamos al principio de esta reseña, donde se suma la poeta a la conversación con figuras artísticas o literarias, cuyos signos salvan una huella del tiempo: como los poemas dedicados a Rosalía de Castro, a Orfeo en los infiernos, o al cuadro de Vermeer Mujer leyendo junto a la ventana.

Fuente: http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.es/2013/04/la-tierra-de-aurora-saura-comentario.html




ENTREVISTA A AURORA SAURA (julio 2016)


-¿Qué espera que el lector comprenda de usted a partir de sus poemas? 

-Pues yo quisiera que no se preocuparan mucho por comprender de mí, que no pensaran en mí, aunque los que me conocen sí que me preguntan si un poema concreto tiene que ver con esto que pasó o con aquel chico. Luego, evidentemente, los lectores pueden ver qué personalidad tengo, qué intereses, y eso está bien. De hecho, hay tertulias donde se pretende conocer al autor realmente, pero a mí lo que me interesaría es que ellos sintieran lo que a mí me ha motivado a escribir ese poema y lo que me ha motivado después a publicarlo y no a guardarlo. Quisiera que sintieran el ‘chispazo’ que hizo despertar el poema. Leer más...  







lunes, 13 de marzo de 2017

"Ébano", de Ryszard Kapuściński (miércoles 15, 20h)


2017, año de relecturas. Este mes volvemos a viajar con Kapuściński a través de Ébano, la obra del autor de origen polaco que leímos en 2008.













El trabajo del periodista no consiste en pisar cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea cómo corren a ocultarse.
Ryszard Kapuściński 

África, viaje non-stop. 
Al hombre que ha visto veintisiete revoluciones, casi un centenar de sequías, guerras civiles, hambrunas y los encumbramientos y caídas de los poderosos en África, Latinoamérica y Asia, que en 1966 fue rociado con benzina por los rebeldes nigerianos (un oficial ebrio dio una contraorden justo a tiempo para evitar que lo inmolaran) y que, más tarde, en su casa de Varsovia, junto a su esposa Alicia, ha reconstruido sus experiencias en casi una veintena de libros y un documental (Viaje imperfecto, 1994), no se le puede considerar sólo un corresponsal de guerra. 



En una entrevista para Newsweek, describió lo que le ha llevado a viajar por África cotidianamente desde 1957: "Estoy fascinado por la forma en que se hace la historia. Cualquier historia, de Europa o del mundo, siempre es dramática y sangrienta en un inicio. Lo mismo se aplica a África: nace en el dolor, el sufrimiento y el conflicto". 

En Ébano, Kapuściński no viaja con las comodidades de los media workers de las cadenas internacionales, sino con los recursos del testigo: en camiones atestados de enfermos de malaria, en autos rentados que tiene que manejar entre manadas de ñus, haciendo auto-stop en medio del Sahara con un acompañante anónimo a quien se le descompone el coche, en lanchas que no le permiten escapar de un secuestro de periodistas rehenes en la isla de Zanzíbar y —como todos los africanos pobres— a pie. "Soy un poco un misionero —y muchos misioneros se han sentido bien en África. Es la única actitud posible; de otra forma, las condiciones pueden ser agobiantes. O también puedes ir a un hotel con aire acondicionado y refrigerador. Pero esa no es África".

Caminando al lado de desempleados y de los nómadas, Kapuściński acompañó a varios de los líderes de las guerras de liberación del continente: consecuenta a un flamante ministro de Educación en Ghana que tiene 21 años y debilidad por las cámaras fotográficas, conoce a los tres dictadores de Uganda y atestigua los cambios que África ha sufrido en cuarenta años de historia: "A mediados de los setenta, se habían acabado las promesas de décadas anteriores, en cuyo transcurso la mayoría de los países del continente se habían liberado del colonialismo y habían empezado una nueva andadura de Estados independientes. Tenían la idea de que la libertad traería automáticamente el bienestar. Pero no ocurrió. Los nuevos países africanos fueron escenario de una lucha encarnizada por el poder que utilizaba todo: los conflictos tribales y étnicos, la fuerza del Estado, la tentación de la corrupción, la amenaza de la muerte". 




Acaso el retrato más agudo que hace Kapuściński sobre ese transcurrir es el de Idi Amín, uno de los dictadores de Uganda: alguna vez campeón de pesos pesados del box nacional, Amín había nacido en una localidad que quedó, como muchas, atrapada entre las fronteras de Zaire, Sudán y Uganda. Los pobladores de estas tribus tuvieron que emigrar a ciudades que los rechazaban por no ser originarios y porque no tenían nada que ofrecerles. 

Escribe Kapuściński: "En Europa, la gente que se ve en la calle camina a un destino determinado. En una ciudad africana no va a ningún lado: no tiene a dónde ir, ni para qué. Deambula, permanece sentada a la sombra, mira a su alrededor, dormita".

De esa invasión obligada surge Amín, quien, como Bokassa en la República centroafricana o Soglo en Dahomey, es reclutado y ascendido por el ejército colonial, que prefiere contar con soldados que provengan de tribus distintas a las mayoritarias. Amín ni siquiera sabe hablar swahili. Cuando da el golpe que destrona a su antecesor, Obote (que había descubierto que Amín le había robado oro y marfil a la guerrilla anti-Mobutu en Zaire), asesina a las tribus mayoritarias y reconstruye el ejército con jóvenes que no hablan las lenguas de la región, las bantús. Aislados del mundo en el que arrestan, torturan y ejecutan, los nuevos soldados dependen de Amín. Y éste les ordenará matar a trescientos mil opositores en menos de ocho años. Un desarraigado con un ejército de recién llegados, Amín cambió para siempre el rostro de Uganda: los peces de los lagos terminaron sobrealimentados y grasosos. Y es que las víctimas de su régimen eran sepultadas en el fondo.

El viaje non-stop de Kapuściński es una ruta hacia la literatura: "Así nací, incapaz de quedarme en un lugar. Quizá sea una deficiencia: el hombre que está satisfecho no tiene necesidad de irse. Para mí lo más importante es escribir. Y para escribir, necesito esas historias". Su África es el territorio del arte de los hechos: pueblos que padecen de hambruna junto a mercados llenos de mercancías, decenas de catedrales construidas dentro de montañas para evitar la ira de los musulmanes, presidentes europeos que apoyan a criminales, niños que componen milicias porque los adultos murieron en los primeros años, ladrones que se roban hasta el techo de las casas, tribus cuya única fuente de poder es una vaca o un camello, lugares donde tener una olla o una bicicleta hacen la diferencia entre la pobreza y la clase media, poblaciones que creen estar embrujadas y huyen de sí mismas, canciones patrióticas en el desierto cuyo coro es "mi Patria es ahí donde llueve", familias que comparten un solo dulce entre decenas y lo hacen a partes iguales, y todo un continente que vive en un tiempo de penuria y tragedias que se compensa con un mundo paralelo donde los muertos te cuidan. 

Escribe Kapuściński tras levantarse sobresaltado por los ruidos de la noche: "Aquí la vida es un esfuerzo continuo, un intento incesante de encontrar ese equilibrio tan frágil, endeble y quebradizo, entre supervivencia y aniquilación".

Fuente: Letras Libres. 
http://www.letraslibres.com/mexico/libros/ebano-ryszard-kapuscinski






Ryszard Kapuściński (Pinsk, entonces Polonia, el 4 de marzo de 1932 - Varsovia, 23 de enero de 2007) fue periodista, escritor y ensayista. Estudió en la Universidad de Varsovia Historia y arte, aunque finalmente se dedicó al periodismo. Ha colaborado en Time, The New York Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Compaginó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades, siendo nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Silesia en 1997. Fue corresponsal en el extranjero hasta el año 1981.

Ryszard Kapuscinsk falleció el martes 23 de enero de 2007, en Varsóvia a la edad de 74 años. 

“Víctima de Mayakovski”, como él mismo afirmó, el futuro reportero comenzó a escribir poesía –“malos poemas”, decía- a los quince años. Tras serle publicado algún poemario y poemas sueltos en dos revistas de la época –Odrodzenie (Renacimiento) y Slowo Powszechme (Palabra universal)- decidió seguir escribiendo versos... para si mismo, sin ánimo de publicarlos; en efecto, él consideraba difícil substraerse a esa forma de escritura asimilada, propia de un poeta joven y sensiblemente influido por el autor de La nube en pantalones

Pocos años después, y ante la dificultad de crear un lenguaje propio, se inicia en el campo de la prosa a través de sus crónicas y escritos de índole periodística, labor por la que fue y es reconocido mundialmente: el cronista de su amado continente en Ébano y Desde África; el reportero que denuncia el absolutismo en El Sha o en El emperador...

Mas la poesía exige otro modo de acercarse a la palabra: escribir poemas, nos dice, “permite tocar la lengua viva, explotar sus límites, valorar el significado de las propias palabras y de las metáforas”. Entonces... ¿cómo conseguir tocar la lengua viva? Kapuściński no deja espacio a la duda: será preciso que el poeta se adentre “en otro lenguaje, en otra forma de ver, en otra atmósfera, en otro tipo de recogimiento, de concentración”. 



Estas condiciones y su tiempo propicio surgirán en la vida del ciudadano Kapuściński, qué paradoja, a partir de la implantación de la ley marcial en Polonia: diciembre de 1.981: asistimos a otra representación de El Proceso: seguimos los pasos de un redivivo K.: el reportero ha sido despedido de la revista Kultura; por tanto, el poeta tiene tiempo, y es tiempo de silencio. Kapuściński emprende el camino, entre el silencio de fuera y desde el silencio de dentro, en busca de esa forma de expresión que él mismo denominó “más personal”. Cinco años después publicará un poemario nacido de esa búsqueda, Notes

Más tiempo, más silencio: el silencio editorial del poeta durante más de tres lustros hasta que, en 2004, una editorial italiana publica en edición bilingüe Taccuino d`appunti, colección que incluye poemas publicados en Polonia y más de medio centenar no publicados hasta ese momento. En su prólogo se puede leer “Profesión: reportero. Vocación: poeta”. Dos años después verá la luz Prawa natury (Leyes naturales), en Polonia. 

Buen conocedor del nuestro idioma, Ryszard Kapuściński llegó a leer algunas de las traducciones al castellano de sus poemas. Su obra poética completa ha sido traducida al castellano y publicada hace unos años.


Encontrar la palabra precisa
que esté en plenitud de fuerzas
que esté tranquila
que no se ponga histérica
que no tenga fiebre
que no coja depresiones

se puede confiar en ella

encontrar la palabra limpia
que no ha difamado
no ha delatado
no ha participado en la persecución
no ha dicho que lo negro es blanco

se puede tener esperanza

encontrar las palabras alas
que permitieran
siquiera un milímetro
alzarse por encima de todo esto


(de Notes, 1986)



DESCUBRIMIENTO

Tu corazón es destrozado por el dolor :
empiezas a sentir el corazón

tus ojos de repente dejan de ver :
empiezas a sentir los ojos

tu memoria se hunde en la oscuridad :
empiezas a sentir la memoria

te descubres a ti mismo
negándote a ti mismo
existes
negando la existencia

* * *

La hoja
separada de la rama
tirita tiembla
sólo cuando toca el suelo
se calma

(de Prawa natury, 2006)


Ryszard Kapuściński en Tanganika

Fragmento de la entrevista de Ricardo Cayuela a Ryszard Kapuściński en julio de 2002:

"La primera impresión que tiene un lector suyo es sorprenderse —y no pocas veces emocionarse— con la enorme capacidad de empatía que tiene usted con las situaciones extremas y con su capacidad de soportar condiciones terribles con tal de llegar a la gente y narrar su historia. ¿Fue Polonia una buena escuela de estoicismo? 

Nací en una parte de Polonia que ahora forma parte de Bielorrusia, muy al este de Varsovia, fuera de nuestras fronteras actuales. Era la parte más pobre de Polonia y posiblemente de Europa. De hecho, sigue siendo muy pobre. Una tierra desgraciada, de pocos recursos y de una gran escasez. Cuando empecé a viajar por nuestro planeta como corresponsal extranjero encontré un lazo emocional con las situaciones de pobreza en los llamados países del Tercer Mundo. Era como regresar a los escenarios de mi niñez. De ahí nace mi interés por estos países. Por eso me interesan los temas que tocan la pobreza y lo que produce: conflictos, guerras, odios."


Entrevista al autor (en castellano)

Algunas de sus obras

El Emperador,  Etiopía y su emperador Haile Selassie, a través de las declaraciones de ex-trabajadores de palacio.

El Sha, sobre el Sha Mohamed Reza de Irán. 

El Imperiola URSS entre 1939 y 1967, y 1989 y 1991.

• Ébano, considerado por muchos su mejor libro, contiene reportajes ubicados en varios países de África.

Lapidarium IV, fragmentos de reportajes y pensamientos. 

La guerra del fútbol, en que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos. El reportaje que da título al libro narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países valedero para el mundial de 1970 de México. 

Los cínicos no sirven para este oficio, basado en entrevistas y conversaciones moderadas por Maria Nadotti. 

Un día más con vida, donde narra la descolonización portuguesa de Angola en 1975 y sus consecuencias: una guerra civil que asoló la región hasta hace muy poco. 

Los cinco sentidos del periodista, que recoge principios básicos de periodismo, con base en los talleres que impartió en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. 

El mundo de hoy, en el que el autor reflexiona sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el mundo tales como el 11-S o el 11-M, así como una especie de autobiografía acerca de lo mucho que ha vivido y sus reflexiones para comprender el mundo en el que vivimos. 

Viajes con Heródoto, publicado en 2006. Obsesionado por cruzar la frontera, la redacción del diario en el que trabaja le envía a la India con el único bagaje de lo que es y un libro, la Historia de Heródoto, el primer historiador griego. Es un libro de difícil clasificación, en el que homenajea a un Heródoto protorreportero, descubridor de algo tan fundamental como que los mundos son muchos. 



Reportaje: Kapuściński, el periodista que cruzó la última frontera


   


sábado, 11 de febrero de 2017

"Pedro Páramo", de Juan Rulfo (miércoles 15, 20h)




Justo hace cinco años, el 15 de febrero de 2012, nuestro club se reunía en torno a las páginas del clásico de Juan Rulfo. Hoy, en el año en que se celebra el centenario del nacimiento del autor, y tras miles de páginas leídas en el Club Dante, volvemos a visitar Comala.


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.

Así comienza esta novela, en un lugar imaginario, un topónimo irreal derivado de la palabra "comal", ese recipiente que se pone sobre las brasas y donde se calientan las tortillas; un brasero, símbolo infernal por el que deambulará Juan Preciado, el héroe en búsqueda de sus orígenes. 

El lugar en sí es también una síntesis de muchos pueblos de la tierra de Rulfo, y sus características son comunes a todos ellos: el caciquismo, la desesperación, el calor sofocante, la despoblación, etc, tan presentes en este libro: 

Lo elaboré durante años, pero no había escrito una sola página. Me daba vueltas y vueltas en la cabeza. Cuando regresé al pueblo de mi niñez, 30 años después, y lo encontré deshabitado, fue cuando obtuve la clave que me indicó que debía comenzar a escribir la novela. Mi pueblo tenía unos ocho mil habitantes, y sólo quedaban unos 150 vecinos; en tres décadas la gente se había ido, así simplemente. Está este pueblo al pie de la Sierra Madre, donde sopla mucho viento; a alguien se le había ocurrido sembrar de casuarinas las calles, y, esa noche que me quedé allí, en medio de toda esa soledad, el viento en las casuarinas mugía, aullaba, en ese pueblo vacío... Entonces supe que estaba en Comala, el lugar ese... Comprendí, entonces, que era hora de escribir y nació Pedro Páramo, que es la historia de un pueblo que va muriendo por sí mismo, nadie lo mata, nadie, sólo va muriendo por sí mismo.



La novela se inicia, entonces, en dos mundos diferenciados: el Comala que recuerda la madre, el que ya no existe, y éste, un pueblo fantasmagórico, el que descubre Juan Preciado. Estos dos pueblos crean el lugar de espanto en que transcurre la narración, que es un reflejo terrenal de la transformación de las cosas, una imagen de la realidad impalpable de nuestro mundo. Es, según la visión del autor, el Purgatorio en vida; porque Pedro Páramo narra la peregrinación de un alma en pena que busca realizar una ilusión, la de entroncar con sus orígenes.

Pero también es  la historia de un amor trágico. Dice Rulfo: 

Sí lo podemos decir. Porque Pedro Páramo, en su esencia, es un hombre frustrado por un amor imposible. En lo más íntimo, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana San Juan, a la que soñé a partir de una muchachita que conocí a los 13 años; ella nunca lo supo y no la volví a ver jamás en la vida.

Al enfrentarnos a la lectura de esta novela, cualquiera de sus lectores puede intuir que sólo con la relectura se capta, poco a poco,  lo inusual del paisaje, lo poético de la narración y lo trágico del relato...  aunque, según su autor, se precisan tres lecturas para comprenderla. En efecto, la complejidad del resultado nos invita a imaginar la dificultad de su desarrollo; en su elaboración, esta novela fue un ejercicio de eliminación: 

Lo más difícil que tuve que salvar para escribir el Pedro Páramo, fue eliminarme a mí mismo, matar al autor, quien es, por cierto, el primer muerto del libro. Es cierto: lo más difícil fue eliminarme a mí mismo de la historia. Primero reuní unas trescientas páginas. Llegué a hacer cuatro versiones, y conforme pasaba a máquina un nuevo original, iba destruyendo hojas, iba eliminando divagaciones... me borré completamente. Primero la había escrito en secuencia, pero advertí que la vida no es una secuencia; pueden pasar los años sin que nada ocurra y de pronto se desencadenan los hechos muy espaciados, roto el esquema del tiempo y el espacio, por eso los personajes están muertos, no están dentro del tiempo o el espacio. Lo que ignoro es de dónde salieron las intuiciones a las que debo su forma: fue como si alguien me dictara.


Aquí en los pueblos de México existe la idea de que las ánimas en pena visitan a los vivos. En los caminos, todavía hoy, donde hay un muerto la gente arroja una piedra sobre la sepultura; esa piedra equivale a un Padre nuestro para la salvación del ánima del difunto. En la novela, todos están muertos. Ya desde que Juan Preciado llega al pueblo con el arriero está muerto. La historia del pueblo se la cuentan los habitantes muertos. Así, el pueblo vuelve a vivir una vez más. Ese ha sido mi propósito, darle vida a un pueblo muerto. 











Me llamo Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno, me apilaron todos los nombres de mis antepasados maternos y paternos como si fuera el vástago de un racimo de plátanos, y aunque siento preferencia por el verbo "arracimar" me hubiera gustado un nombre más sencillo.

Juan Rulfo (Saluya, Jalisco, 1917 - Ciudad de México, 1986) nació en la casa familiar de la hacienda de Apulco, pequeño lugar dependiente administrativamente de Sayula en donde fue registrado su nacimiento el 16 de mayo de 1917, pero realmente pasó los años decisivos de su niñez en otra población cercana llamada San Gabriel, un pueblo que había sido próspero, pero que, como a tantos otros, lo arruinó la Revolución. El sur (“Los Bajos”) del estado de Jalisco, al que pertenecen estos lugares de la infancia de Rulfo, estaba en aquel tiempo muy aislado, empobrecido, abandonado y sumido en la anarquía. Cronológicamente hay que situarse a finales de la Revolución Mejicana (1910-1920) y en medio de la rebelión de los Cristeros (1926-1928), la violenta reacción de los sectores católicos tradicionales contra el laicismo revolucionario.






Según el autor, la cristiada se caracterizó más que nada por el saqueo, tanto de un lado como del otro. Fue una rebelión estúpida porque ni los cristianos tenían posibilidades de triunfo, ni los federales tenían los suficientes recursos para acabar con estos hombres que eran de tipo guerrillero. 



La infancia de Rulfo estuvo, pues, jalonada por revueltas campesinas, bandolerismo, saqueos, incendios, matanzas y protestas sociales. Precisamente, como resultado del fanatismo y de la violencia de aquella época y de aquel territorio “devastado”, su padre fue asesinado, como también lo fueron varios de sus tíos. 

Yo tuve una infancia muy dura, muy dificil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica. Hasta hoy no he encontrado el punto de apoyo que me muestre por qué en esta familia mía sucedieron en esa forma, y tan sistemáticamente, esa serie de asesinatos y de crueldades. 

La pronta muerte de su madre, cuando él tenía diez años, vino a colmar el vaso de las desgracias familiares. Tras salir de un orfanato de Guadalajara, en 1934 se radica en Mexico D.F., y comienza a escribir sus trabajos literarios y a colaborar en la revista América. Cuatro años después, quizá movido por su propia situación como habitante de la gran ciudad, comenzaría el intento de una primera novela, El hijo del desconsuelo, un texto sobre los campesinos emigrados a la ciudad que acaba destruyendo por juzgarla excesivamente retórica.

En 1942 publica dos cuentos que formarán parte de El llano en llamas. Este mismo año comienza a escribir Pedro Páramo, obra que vería la luz más de diez años después.

Tenía los personajes completos de Pedro Páramo, sabía que iba a ubicarlos en un pueblo abrasado por el desierto, sabía cómo iba a transcurrir toda la novela; pero no sabía cómo iba a decirlo, me faltaban las formas. Y para eso escribí los cuentos de "El Llano en llamas", para soltar la mano.

En 1947 comienza a trabajar para la Goodrich Euzkadi -empresa  fabricante de neumáticos- como publicista y representante, y a raíz de sus viajes de trabajo inicia su notable labor fotográfica. Un año después se casa con Clara Aparicio, cuya relación epistolar fue publicada hace unos años (Aire de las colinas. Cartas a Clara. Debate, 2000). Es entonces cuando, gracias a la subvención de la Fundación Rockefeller, Juan Rulfo puede dedicarse plenamente a la escritura.


Clara Aparicio

En 1953 publica  El llano en llamas, con quince cuentos en su primera edición. Dos años más tarde aparece Pedro Páramo. Según Jorge Luis Borges, "es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura". A partir de la publicación de estos dos libros -y de sus numerosas traducciones- el prestigio literario de Rulfo habrá de incrementarse de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en su país y el extranjero. La segunda novela de Juan Rulfo, El gallo de oro, fue escrita entre 1956 y 1958, pero sólo se publicó en 1980, habiéndose utilizado previamente para producir una película del mismo título.


1967. Versión cinematográfica de Pedro Páramo, dirigida por Carlos Velo. Rulfo dice durante esta época que renuncia a publicar ningún texto literario más, lo que –coincidiendo con el “boom” de la narrativa hispanoamericana en España, y después en toda Europa– colabora al proceso imparable de mitificación del novelista. En cambio, parece que Rulfo estaba escribiendo lo que parecía una nueva novela –que pensaba titular La cordillera–, pero que no habría acabado aún 20 años más tarde... 

Obtuvo importantes premios: el Nacional de Literatura en México, en 1970, y el Premio Príncipe de Asturias en España, en 1983.

Durante las dos últimas décadas de su vida, Rulfo desarrolló una intensa actividad en favor de los más desprotegidos a través de su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. Rulfo, que había sido un atento lector de la historia, la geografía y la antropología de México a lo largo de toda su vida, colmaría con este trabajo una de sus vocaciones más duraderas.

Las fotografías en blanco y negro que hemos visto fueron realizadas por Juan Rulfo.



















martes, 17 de enero de 2017

Novelas ejemplares I, de Miguel de Cervantes (miércoles 18, 20 h)




Miguel de Cervantes Saavedra nació probablemente el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares, Madrid.

Fue bautizado en la iglesia de Santa María el 9 de octubre de 1547. Fue el cuarto de siete hijos del cirujano-barbero Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. Parece ser que estudió con los jesuitas en Córdoba o Sevilla y quizás en Salamanca. Durante su adolescencia vivió en distintas ciudades españolas (Madrid, Sevilla).

Cuando cumplió veinte años, abandonó su país para abrirse camino en Roma, ciudad donde estuvo al servicio del cardenal Acquaviva. Recorrió Italia, se enroló en la Armada española, y en 1571, participó en la batalla de Lepanto. Fue en esta batalla, donde perdió el movimiento del brazo izquierdo, por lo que fue llamado el Manco de Lepanto, a pesar de ello siguió combatiendo en batallas posteriores como Túnez o Corfú.

Mientras regresaba a España, en el año 1575, fue apresado por los corsarios y trasladado a Argel, donde sufrió cinco años de cautiverio (1575-1580). Es liberado gracias al rescate pagado por el fraile trinitario fray Juan Gil. El 27 de octubre llega a las costas españolas y desembarca en Denia (Valencia) su cautiverio ha durado en total cinco años y un mes.

Partió hacia Madrid y a su llegada, se encontró a su familia en la ruina. Se relacionó a principios de 1584 con Ana Villafranca en una taberna en la calle Tudescos, regentada por un asturiano, el marido de esta joven de 19 años. En otoño del mismo año (cuando se acababa de prometer con su futura esposa Catalina), nació su hija Isabel, hecho que el escritor ocultó durante algún tiempo. Muchos años después, el escritor le dio su segundo apellido, Saavedra. En septiembre de 1584 viajó a Esquivias y allí conoció a la joven hidalga de 19 años llamada Catalina de Salazar y Palacios; el flechazo fue instantáneo y prometieron casarse en ese mismo año. 

Cervantes tenía 37 años. Pronto dejó en Esquivias a su mujer para buscarse la vida por otros lugares de España. Catalina liquidó la herencia materna en provecho de sus hermanos y le acompañó a Valladolid. Ya no se volvieron a separar hasta su muerte. Las condiciones de vida parece ser que fueron miserables ocupando un cuchitril a orillas del río Esgueva. Su esposa no fue capaz de concebir un bebé, hubo de soportar el cautiverio de su marido en cárceles de Sevilla, y admitir a una hija de otra mujer.

Publica La Galatea (1585) y lucha, sin éxito, por destacar en el teatro. Sin medios para vivir, marcha a Sevilla como comisario de abastos para la Armada Invencible y recaudador de impuestos. Es allí donde le encarcelan por irregularidades en sus cuentas. Cuando es puesto en libertad se traslada a Valladolid. Es posible que se iniciara en la literatura bajo la supervisión y en la amistad del humanista y gramático López de Hoyos. De nuevo es encarcelado a causa de la muerte de un hombre delante de su casa. En 1606 regresa con la Corte a Madrid. Vive con apuros económicos y se entrega a la creación literaria. Entre 1590 y 1612 escribió una serie de novelas cortas que, después del reconocimiento obtenido con la primera parte del Quijote en 1605, acabaría reuniendo en 1613 en la colección de Novelas ejemplares. Esta colección se inicia con "La gitanilla", fantasía poética creada en torno a la figura de Preciosa y la relación entre la gitanilla y un joven capaz de renunciar a su alcurnia por amor. En contraste con tan embellecido marco sigue "El amante liberal", novela bizantina de amor y aventuras, con las adversidades que Ricardo y Leonisa han de superar antes de su matrimonio.

Don Quijote de la Mancha, considerada obra universal, se cree que la comenzó a escribir mientras se encontraba en la cárcel a finales del siglo XVI. En el verano de 1604 estaba terminada la primera parte, que apareció publicada a comienzos de 1605 con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, tuvo un éxito inmediato.

En 1614 aparecía en Tarragona la continuación apócrifa escrita por alguien oculto en el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, quien acumuló en el prólogo insultos contra Cervantes. Por entonces éste llevaba muy avanzada la segunda parte de su inmortal novela. La terminó muy pronto, acuciado por el robo literario y por las injurias recibidas. Por ello, a partir del capítulo 59, no perdió ocasión de ridiculizar al falso Quijote y de asegurar la autenticidad de los verdaderos don Quijote y Sancho.

Esta segunda parte apareció en 1615 con el título de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. En 1617 las dos partes se publicaron juntas en Barcelona. Y desde entonces el Quijote se convirtió en uno de los libros más editados del mundo y, con el tiempo, traducido a todas las lenguas con tradición literaria. En 2002, esta obra literaria fue votada como la mejor de la historia en una votación en la que participaron 100 escritores de 54 nacionalidades diferentes. Cervantes no creía que ésta fuera su mejor obra pensando que lograría más fama por otros escritos como las Novelas Ejemplares.

Cervantes afirmó varias veces que su primera intención era mostrar a los lectores de la época los disparates de las novelas de caballerías. En efecto, el Quijote ofrece una parodia de las disparatadas invenciones de tales obras. Pero significa mucho más que una invectiva contra los libros de caballerías.

En sus últimos años publica además de las Novelas ejemplares (1613), el poema narrativo Viaje del Parnaso (1614), y Ocho comedias y ocho entremeses (1615). El triunfo literario no lo libró de sus penurias económicas. Durante sus últimos meses de vida, se dedicó a Los trabajos de Persiles y Segismunda (de publicación póstuma, en 1617).

En 1616, enfermó de hidropesía, en abril profesa en la Orden Tercera. El 18 del mismo mes recibe los últimos sacramentos y el 19 redacta, "puesto ya el pie en el estribo", su último escrito: la dedicatoria del Persiles.

Miguel de Cervantes Saavedra falleció el 23 de abril de 1616 en Madrid y es enterrado con el sayal franciscano, en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega. Solo conservaba seis dientes, tenía la columna vertebral combada y acusaba los impactos en el esternón de los pelotazos de plomo de arcabuz recibidos en la batalla de Lepanto en 1571. Diez años después, el 30 de octubre de 1626, se hizo sitio para acoger el cuerpo de Catalina. Los dos cadáveres permanecieron bajo la nave hasta que, en 1671, el viejo convento fue derribado y sobre sus cimientos se levantó uno nuevo. 

Novelas de Cervantes

La Galatea (1585)
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)
Novelas ejemplares (1613)
El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615)
Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617)

Novelas ejemplares

La gitanilla
El amante liberal
Rinconete y Cortadillo
La española inglesa
El licenciado Vidriera
La fuerza de la sangre
El celoso extremeño
La ilustre fregona
Las dos doncellas
La señora Cornelia
El casamiento engañoso
El coloquio de los perros


Fragmentos de Introducción a las «Novelas exemplares», por Rodolfo Schevill y Adolfo Bonilla.

"De lamentar es que los grandes escritores españoles de la época clásica, como Cervantes, Lope de Vega o Quevedo, no nos hayan dejado nada concreto, o, por lo menos, extenso, en materia de ideas estéticas acerca de sus propias producciones. Por lo que a Cervantes respecta, hallamos ciertamente en sus obras algunos breves conceptos, sugeridos por la reflexión sobre los trabajos que traía entre manos; pero apenas si proporcionan suficientes elementos para sacar en limpio cuáles eran sus doctrinas tocante a la fórmula estética de la novela, según su propio pensamiento. 

Semejante fórmula, tal como puede rastrearse en sus escritos, constituye una mezcla tan peregrina de lo más admirable, universal y duradero, con los más débiles y transitorios preceptos, que deja perplejo al lector que intente averiguar la razón de ser de los fundamentales caracteres de su arte.

El autor del Diálogo de la Lengua, al tratar del Amadís de Gaula, pondera la necesidad que su redactor tenía de atenerse a la verdad, y así le censura porque «una vez por descuido, y otras no sé por qué, dize cosas tan a la clara mentirosas, que de ninguna manera las podéis tener por verdaderas».
   
No es tan original la recomendación, que no se encuentre en otros autores clásicos, tanto antiguos como modernos. (...) Cervantes reitera hasta la saciedad todo esto de la verdad y de la verisimilitud. En el Quixote, por ejemplo, dice (II, 3): «La historia (y por historia entiende aquí la narración fingida o novela) es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y, donde está la verdad, está Dios en quanto a verdad; pero, no obstante esto, ay algunos que assi componen y arrojan libros de sí, como si fuessen buñuelos.»
(...) 

Harto conocido es el prólogo de las Novelas, y esto nos excusa de citarlo extensamente. Sólo recordaremos que Cervantes parece encarecer, como finalidad de su arte de novelar, el entretenimiento del lector: «Mi intento -escribe- ha sido poner en la plaça de nuestra república vna mesa de trucos, donde cada vno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras; digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los exercicios honestos y agradables, antes aprovechan que dañan.» Pero, a medida que insiste en esa condición de agrado que implica su fórmula novelística, se aleja de la verisimilitud en sus argumentos; y este paso lógico, aunque tal vez inconsciente, que dio el gran novelista en su vida literaria, explica la mezcla de lo verídico con lo fantástico, la antítesis, observable en todo el volumen de las Novelas, entre un realismo imperecedero y una invención genial, demasiado libre a veces, de la que el propio autor se jactaba.

La opinión contemporánea, de amigos y de rivales, respecto de las Novelas, fue bastante favorable a Cervantes; pero no hay que exagerar la importancia de tales alusiones, en general brevísimas y poco específicas. No suelen   tocar estas referencias a la materia, ni al estilo de las Novelas. Muchas veces, el nombre de Cervantes es traído por la fuerza del consonante, sin propósito alguno de crítica literaria formal, como cuando escribe Lope de Vega, en El premio del bien hablar (I, 10):

   «¿Cómo discreta? Cicerón, Cervantes,
ni Juan de Mena, ni otro después ni antes,
no fueron tan discretos y entendidos.»

O como cuando Quevedo dice escuetamente en La Perinola, burlándose de Juan Pérez de Montalbán: «deje las novelas para Cervantes».

Insistió éste en que sus Novelas eran suyas propias, «no imitadas ni hurtadas», y nadie ha querido discutir la exactitud de la afirmación. Con escasas excepciones, que se refieren a episodios aislados, o a ciertas anécdotas y frases corrientes, la materia de sus novelas es de su propia invención, o procede de su experiencia de la vida, de sus viajes y aventuras, sin perjuicio de que, a veces, se observe alguna que otra vaga reminiscencia de sus lecturas. Estudiemos brevemente cada una de esas novelas, y echaremos de ver hasta qué punto el tema y el argumento pertenecen al autor.



Ofrécenos La Gitanilla la mezcla más típica de los variados elementos que constituyen la fórmula novelística de Cervantes. Gitanos había   en su época, como en la nuestra, y, conociéndolos, pudo dar a su descripción cierto colorido realista, acusándoles de ladronear  y pintando su tradicional vida vagabunda. Añadió ciertos pormenores acerca de sus leyes y ritos, sacados de la observación. Pero agregó también una nota de exagerado romanticismo, atribuyéndoles una corrección de lenguaje y una florida elocuencia, harto impropios del habla gitanesca; corrección y retórica que, tanto como algunas de las costumbres y fiestas que en el relato se describen, parecen más adecuadas al ambiente de la novela pastoril, que a la vida de los gitanos. 

Los episodios que se refieren a la rivalidad de los amantes, a los celos y a las canciones, estarían más en su lugar en La Galatea, que en una novela realista sobre tales nómadas.

La base de la novela, como sin duda habrá advertido el lector, se halla en un pasaje del Coloquio de los perros, donde Berganza cuenta sus lances con algunos gitanos que le escondieron en su cueva. Es figura principal de la obra, la muchacha Preciosa, doncella de alta alcurnia, robada por una gitana vieja y perseguida por un joven aristócrata que se hace gitano por ella. Todo esto, el acogimiento de Preciosa en casa del corregidor, que, casualmente resulta ser su padre, y a la postre, el reconocimiento de la verdadera personalidad de la muchacha, no sólo mediante los objetos robados y guardados ad hoc por la gitana vieja, sino por el hallazgo del consabido lunar, son viejos rasgos del folklore, que se encuentran en muchos cuentos tradicionales, de abolengo indoeuropeo, como el referente al niño perdido y reconocido más tarde mediante un anillo, u otras señales análogas.

Si la trama del cuento pierde algo por su carácter un tanto ficticio, puédese notar asimismo algo artificial en los personajes, que viven más merced al genio del autor y al buen estilo de la narración, que por virtud de su vida intrínseca; más por la animación de los episodios en que intervienen, por la gracia del lenguaje y por la amenidad de ciertas escenas (que sólo en parte tienen que ver con los gitanos, como acontece con los sucesos en casa del corregidor), que por su individual representación.

El nombre de Preciosa, bastante raro en español, se halla en el Pentamerone de Basile; pero no se puede afirmar que Cervantes lo tomase del novelista italiano.





No deja de ser bastante inverosímil el argumento de El Amante liberal, novela de aventuras, inspirada, en cuanto a los principales personajes  y al ambiente, por el cautiverio del autor. Inagotable es la lista de siniestros y adversidades que afligen al héroe y a la heroína mientras viven entre turcos y moros, sin perjuicio de que sean felices al final de la obra, acabando por casarse, como si no surgiesen bastantes riesgos y escollos después de este último acontecimiento. Ni las tormentas del mar, ni las atrocidades de los turcos, ni los perversos amores de todo un Cadí, del virrey Hazán y de la mujer del Bajá, bastan para terminar la carrera pintoresca y romántica de los cristianos. Admíranos a cada paso la lozana inventiva del autor, que no se cansa de barajar los más increíbles sucesos. Lo artificial de la trama se echa de ver en el pareado de los amoríos: el del virrey por Leocadia, y el de la mujer de aquél por Ricardo, detrás de los cuales está la ridícula figura del enamorado Cadí.

(...)




Diputamos a Rinconete y Cortadillo por la obra maestra, la más original entre las Novelas,  la de mayor soltura e inspiración de cuantas nos ha dejado el gran genio realista de Cervantes. Imposible sería encontrar en todo el siglo de oro, un cuento dialogado con más lozanía ni con mayor encanto. Su firme base se explica por el hecho de que el núcleo de la novela arraiga en la vida contemporánea del autor, siendo de suponer que Cervantes llegase a enterarse de las costumbres de la gente del hampa, durante sus andanzas y estancias en la gran capital del Betis. En cuanto a la casa de Monipodio y a los secuaces de este último, tan honda impresión produjeron en la memoria de Cervantes, que volvió a dar noticias interesantes acerca de ellos en el Coloquio de los perros, donde cuenta el picaresco episodio del alguacil y de los rufos sus compañeros.

La crítica ha afirmado siempre, casi unánimemente, la excelencia de esta novela; pero no siempre ha comprendido el satírico humor, el contagioso regocijo con que Cervantes pintó esos tipos picarescos. Por boca de Tícknor, la crítica anglosajona ha tomado respecto del caso una actitud demasiado seria, haciendo hincapié en los cuadros cervantinos para lamentarse, algo puritanamente, de las malas costumbres de España en aquel tiempo. Pero es totalmente absurdo atribuir repugnante hipocresía a tales tipos, que siendo ladrones, estafadores o matachines de oficio, saben llevar ofrendas a la Virgen y hacer oraciones ante una imagen,  como acostumbra la Pipota. Hay que reconocer en estas pinturas un arte muy delicado y una crítica harto sutil, de los cuales ha de inferirse, dada la psicología de los personajes, que nada tiene que ver el acto de robar con la devoción a tal o cual santo, y que aquéllos, con todas sus contradicciones, no son menos hermanos nuestros, ni menos prójimos, puesto que en ellos se da, como en todos los que habitamos en este valle de lágrimas, una extraña mezcla de bien y de mal. Y tal mezcla, en distintas proporciones según las personas, es característica del mundo de Monipodio, de la Pipota, de Rinconete y de Cortadillo.

El estilo y el lenguaje de Rinconete y Cortadillo, hubieron de impresionar profundamente a los escritores españoles del siglo XVII; Luna, por ejemplo, en su Segunda parte de Lazarillo de Tormes, copia frases enteras de la obra cervantina; F. de Lugo y Dávila, en su Teatro popular (novela De la hermanía), imita el argumento y los lances de Rinconete, y no pocas de las locuciones de éste viven hoy, habiendo enriquecido para siempre el habla castellana.




La mención del saqueo de Cádiz (1596), no ayuda a precisar la época en que Cervantes escribió  La Española inglesa, novela que, por su psicología y por su lenguaje, parece pertenecer a la última década de la vida del autor.

Puédese dividir en dos partes el relato: en la primera (por cierto, la de menos valor), se habla de la estancia de los protagonistas en Inglaterra; la segunda tiene por fondo a España, y a ella incorpora Cervantes ciertos datos autobiográficos. Así y todo, la novela no deja de ser una solemne niñería, basada en sucesos y ocurrencias puramente casuales y de lo más inverosímil que imaginarse puede. La primera parte es, sobre todo, una novela caballeresca, cuya acción se supone en Inglaterra, en la época cervantina; pero apenas hay un solo rasgo que implique conocimiento, por parte del autor, del ambiente local: los nombres de Ricaredo, 

Clotaldo, el barón de Lansac, la señora Tansi, Clisterna, etc., saben tanto a inglés, como los de Chindasvinto y Fredegunda; y los episodios y descripciones son de la misma inverosímil laya. El héroe, Ricaredo, después de salir por los mares para ejercer la piratería, vuelve a Londres con su nave, «pasando de un millón de oro el valor de la especería y otras mercancías de perlas y diamantes» que en ella venían. Luego, «armado de peto, espaldar, gola y brazaletes y escarcelas, con unas armas milanesas», va inmediatamente a Palacio, «a pie, sin esperar otro acompañamiento que aquel de un inumerable vulgo que le seguía» (sin duda por verle armado, en los tiempos de Shakespeare, como un don Felixmarte de Hircania; y aun es de suponer que los muchachos de Londres no dejarían de tirarlas de arroyo contra tamaño herraje como Ricaredo llevaba acuestas). Entretanto, la reina, «puesta en unos corredores», estaba esperándole como al agua de mayo, para que le diese cuenta de todo el espléndido botín que debla de llevar para el Tesoro inglés.

Siguen después desposorios, celos, envenenamientos, brujerías y desafíos, y finalmente, la heroína y sus padres se despiden para regresar a España, desde donde enderezan cartas a la reina, a las cuales (nos dice Cervantes) «no tuvieron respuesta» (¡...!), siendo éste el único rasgo verosímil de la narración. Tras dos años de ausencia y de aventuras, el propio héroe (Ricaredo) vuelve a Sevilla, llegando precisamente en el mismo momento en que su amada Isabela va a entrar como religiosa en 
el monasterio de Santa Paula. Y como era de sospechar, todo acaba felizmente, con bodas y regocijos, cual suele suceder en tales casos."