martes, 28 de abril de 2020

"La letra escarlata", de Nathaniel Hawthorne (miércoles 27 abril, 20 h)


CLUB DE LECTURA VIRTUAL



Nathaniel Hawthorne nació en el año 1804 en Salem, Massachusetts, muy cerca de donde hoy vive quien redacta esta reseña y murió en Concord en 1864. Es incluso posible visitar la casa donde nació este notable escritor. En este pueblo muchas cosas llevan el nombre de Hawthorne, incluyendo un hotel en pleno centro, junto al denominado parque central.

En términos generales, Hawthorne es considerado junto con Herman Melville y Edgar Allan Poe como uno de los mejores escritores estadounidenses del siglo XIX. Herman Melville dedicó su famosa novela Moby Dick (1851) a Hawthorne como prueba de su aprecio por lo que el autor de esa ficción llamó su genio literario.


        

Además de la novela La letra escarlata (1850), Hawthorne escribió otras ficciones de largo aliento, tales como La casa de los siete tejados (1851) -un edificio que actualmente funciona como un centro cultural en Salem-, Blithedale (1852), y El fauno de mármol (1860).

Hawthorne también escribió cuentos, y entre sus más conocidos están: «La marca de nacimiento» (1843), «El velo negro del ministro» (1844), «La hija de Rappacini» (1844) del que Octavio Paz hizo una adaptación como obra de teatro en 1953; en ese montaje el autor mexicano mantuvo todos los personajes del texto original pero añadió un mensajero que funciona como el narrador.

Jorge Luis Borges afirmó que los cuentos de Hawthorne expresan el tenue mundo crepuscular, o lunar, de las imaginaciones fantásticas. Para otros escritores sus cuentos son relatos leves y patéticos que tienen un estilo elegante y depurado, donde siempre encontraremos un contraste entre la violencia exterior y la suavidad del tono, entre la voz delicada y las oscuras sugerencias de lo que se cuenta.

Para la crítica literaria, Hawthorne es un autor que encuadra dentro del Romanticismo estadounidense, al igual que Edgar Allan Poe. Su obra tiene siempre como espacio Nueva Inglaterra, en particular el pueblo de Salem; así la novela que nos ocupa recrea intensamente el ambiente puritano que existía en la sociedad estadounidense del siglo XVII.
En años recientes, los críticos han dicho que hay que poner atención a la voz narrativa de Hawthorne, la que no debe confundirse con la voz del escritor, poniendo en duda la vieja idea de que Hawthorne era un escritor moralista y que vivió cargado de complejos.

La letra escarlata fue publicada en 1850 y ha sido reconocida desde el principio como un clásico literario y continúa ocupando un lugar importante entre las obras maestras estadounidenses.

La novela está narrada en tercera persona y se encuentra ambientada en la colonia de Boston (1642). En la ficción se relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho la letra “A” en color escarlata, símbolo de su adulterio.

La trama empieza con un capítulo largo a modo de introducción sobre el edificio de la aduana de Salem, donde el narrador trabajó tres años; acerca de su familia y de la importancia que el pueblo de Salem tiene en la vida del autor, y en torno a algunos compañeros de trabajo. En este capítulo el escritor también nos cuenta que encontró en un sobre de papel un pedazo de tela que contenía la letra A mayúscula de color escarlata, y con este símbolo de género encontró, además, varias hojas escritas que referían la historia de una mujer llamada Hester Prynne (este truco narrativo, como bien sabemos, no es nada nuevo; ya Cervantes lo usó para dar a conocer El Quijote de la Mancha).

La acusada Prynne rechaza revelar la identidad del padre de su hija, tenida fuera del matrimonio (su marido había desaparecido dos años antes). Al salir de la prisión, la mujer se va a vivir a las afueras de la comunidad y trabaja como  costurera; trata de vivir su vida con dignidad dentro de las posibilidades que una sociedad misógina, injusta, autoritaria, y donde prevalece la doble moral, se lo permite.

Otro personaje importante en la novela es el reverendo Dimmesdale, una persona atormentada por la culpa de su pecado el cual no se atreve a confesar pues teme perder la estima de la que goza en la comunidad; además de este personaje también está Roger Chillingworth (que es el reaparecido marido de Hester haciéndose pasar por médico), un hombre sumamente inteligente y manipulador que maquina siempre desde la sombra y no tarda mucho en darse cuenta que el reverendo Dimmesdale es el padre de la hija de Hester.

Hester recibe a Roger Chillingworth en la prisión, quien le dice que va a descubrir quién es el padre de la niña. 


               

El lector atento descubrirá, desde el principio, la importancia que tiene en esta novela el contexto político-religioso que prevalecía en ese entonces en Nueva Inglaterra, y que se extendió hasta finales del siglo XVII, impregnado por el puritanismo religioso de raíz protestante. Sabrá de inmediato que tanto la iglesia como el gobierno tenían intereses en común y en consecuencia actuaban de acuerdo a la hora de castigar una infracción tanto en la esfera de lo político como en la disciplina moral y eclesiástica como la que se describe de tan elegante forma en esta obra maestra.

Fuente (fragmentos): https://www.cineyliteratura.cl/novela-la-letra-escarlata-de-nathaniel-hawthorne-la-estetica-del-erotismo-proscrito/ 



Dir. Roland Joffé (1995)


 Dir. Victor Sjöström (1926)


 
Dir. Wim Wenders (1973)
                                     
      
 

Wakefield es el mejor relato de Hawthorne y acaso uno de los mejores de la literatura.
                                                                                                        Jorge Luis Borges

sábado, 18 de abril de 2020

"LEGIÓN", de Manuel Moyano




Como la gente lectora del club Dante recordará, tuvimos un encuentro con Manuel Moyano y su libro La hipótesis Saint-Germain en enero de 2019. Manuel ha querido compartir con nosotros su último microrrelato, escrito durante su confinamiento.


LEGIÓN

Las civilizaciones se doblegan ante mí. Puedo arrasar imperios. Puedo detener la historia. Puedo sembrar el olvido. Viajo con el viento –como el polen o como tu voz– y nadie me manda. Al igual que los dioses, soy ubicuo. No me importa el tiempo, pero me muevo deprisa. Te aguardo en los pomos de las puertas, en los muebles que usas, en los libros que lees, en la ropa que llevas puesta, en el vaso del que bebes. No puedes verme. No puedes olerme. No puedes oírme. No esperes clemencia de mí. No pretendo nada, sólo ocurro. No pienso en nada, sólo existo. No odio a nadie, sólo destruyo. Ni las estrellas del cielo ni los granos de arena me aventajan en número. Soy uno. Somos muchos. Somos nadie. 

    


Satán esparciendo semillas (1882). Félicien Rops

martes, 14 de abril de 2020

¡LECTURAS VIRULENTAS!


Desde el club de lectura Dante os invitamos a que nos mandéis fotos vuestras o de cualquier miembro de vuestra familia durante uno de esos preciados "momentos de lectura". Entre los participantes, durante la Feria del Libro (si se celebra) o una vez que se normalice el uso diario de la Biblioteca, se sorteará un magnífico lote de libros. 


Envíos a: info.biblioteca@cieza.es 


Os recordamos que tendremos nuestra primera sesión virtual del club de lectura el próximo 29 de abril, miércoles (19:30 h), donde compartiremos opiniones acerca de uno de los clásicos de la literatura norteamericana: La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne. 



Y... como muestra del contagio de la gente lectora de nuestro club, aquí van algunas fotos:




















sábado, 28 de marzo de 2020

PROGRAMACIÓN 2020-21



Como cada año, las lectores y los lectores del club de lectura Dante elaboran colectivamente el calendario del siguiente curso. 

Estos son los resultados de la selección de los diez libros que compondrán el calendario 2020-21 de entre los veinticinco títulos propuestos: 



lunes, 9 de marzo de 2020

"Habitaciones separadas (20 años...", de Luis Gª Montero (miércoles 11 de marzo)



Premio Nacional de Poesía 1995

«Tono sostenido, poderosa nostalgia, emoción delicada que no alza la voz, poesía escueta, ceñida, Habitaciones separadas es la obra de un poeta joven, pero ya importante. La poesía de Luis Gracia Montero indica una de las tendencias mas valiosas de la lírica española contemporánea, esa línea que se ha llamado «poesía de la experiencia». Podríamos llamarla también poesía de la vida, poesía que trata de explorar la realidad de todos los días, que colindan por una parte con lo maravilloso y por otra con lo cotidiano. Es un libro lleno de emociones en el cual, estoy seguro, los jóvenes van a reconocerse. Pero no solo ellos, todos nosotros podemos reconocernos en muchos momentos de este libro escrito en versos diáfanos y al mismo tiempo inteligentes»

Octavio Paz


La editorial Visor ha lanzado una edición especial del libro Habitaciones separadas (1994) de Luis Garcîa Montero, un volumen decisivo en la obra creativa del escritor y decisivo tambiên en la historia de la poesîa española contemporánea.

Cada poema va acompañado por las palabras, interpretaciones y los recuerdos de algunos lectores de lujo, protagonistas de la poesía española e hispanoamericana. Así, en el epílogo de esta novedosa edición, aparecen las palabras del director del Centro Cultural Generación del 27, José Antonio Mesa Toré, que cuenta que "Habitaciones separadas era un libro de frontera pues hablaba de un antes y un después; una obra de calculada carpintería esctructural en la que el sujeto poético se confesaba ante el espejo, haciendo balance del camino andado hasta aquel momento, cercano ya a su mitad, para desvelarse a sí mismo quién era, cómo era y por qué era así y no de otra forma".

Otros escritores que han dejado su recuerdo en Habitaciones separadas son Felipe Benítez Reyes, Sergio Arlandis, Carlos Pardo, Pere Rovira o Luis Alberto de Cuenca.










LUIS GARCIA MONTERO nació en Granada, en 1958. Es Catedrático de Literatura Española. Entre sus libros de poemas pueden destacarse Y ahora ya eres dueño del Puente de Broklyn (1980), Tristia (en colaboración con Álvaro Salvador, 1982, Hiperión 1989), El jardín extranjero (1983, Hiperión 1989), Diario cómplice (Hiperión, 1987), Las flores del frío (Hiperión, 1991), Habitaciones separadas (Visor, 1994), Completamente viernes (Tusquets, 1998), La intimidad de la serpiente (Tusquets, 2003), Vista cansada (Visor, 2008), Un invierno propio (Visor, 2011), Balada en la muerte de la poesía (Visor, 2016) y A puerta cerrada (Visor, 2017). 





Su poesía juvenil fue reunida en el volumen Además (Hiperión, 1994). Ha reunido también una selección de su obra en Casi cien poemas (Hiperión, 1997), Antología personal (Visor, 2001), Poesía urbana (2002), Poemas (Visor, 2004) Poesía. 1980-2005 (Tusquets, 2006), Cincuentena (2009) y Ropa de calle (Cátedra, 2011), Almudena (Valparaíso, 2015), Poesía. 1980-2015 (Tusquets) y Un mundo navegable (Monte Ávila, 2017). 

Se le han concedido los Premios Federico García Lorca de la Universidad de Granada (1980), Adonais (1982), Loewe de Poesía (1993), Premio Nacional de Poesía (1994), Premio Nacional de la Crítica (2003), Premio de la Crítica de Andalucía (2008), Premio Poetas del Mundo Latino (2010) y Ramón López Velarde (2017). Se le ha concedido también la Medalla de Oro de Andalucía, el título de Profesor Honorario y Académico Ilustre de la Universidad de Mar del Plata y el nombramiento de Hijo Predilecto de Andalucía.


Como ensayista ha publicado El teatro medieval. Polémica de una inexistencia (1984), Poesía, cuartel de invierno (1987, 1988, Seix Barral, 2002), ¿Por qué no es útil la literatura? (en colaboración con Antonio Muñoz Molina, Hiperión, 1993), Confesiones poéticas (Diputación de Granada, 1993), El realismo singular (Libros de Hermes, 1993), Aguas territoriales (Pre-Textos, 1996), Lecciones de poesía para niños inquietos (Comares, 1999), El sexto día. Historia íntima de la poesía española (Debate, Madrid, 2000), Gigante y extraño. Las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (Tusquets, 2001), Los dueños del vacío (Tusquets, 2006), Inquietudes bárbaras (Anagrama, 2008), Francisco Ayala el escritor en su siglo (Los libros de la estrella,2009), Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus, 2016) y ediciones críticas de Federico García Lorca ( Poema del cante jondo , Espasa Calpe, 1992), Rafael Alberti (Obras completas, Aguilar, 1988), Luis Rosales (El náufrago metódico, Visor, 2005) y Carlos Barral (Cuaderno de Metropolitano , Cátedra, 1997).


Es también autor del libro de prosa narra­tiva Luna del sur (Renaci­mien­to, 1992) y de las novelas Impares, fila 13 (Planeta, 1996), escrita junto a Felipe Benítez Reyes, Mañana no será lo que Dios quiera (Alfaguara, 2009), una biografía novelada de Ángel González a la que se concedió el Premio del Gremio de Libreros al mejor libro del año 2009, No me cuentes tu vida (Planeta, 2012) y Alguien dice tu nombre (Alfaguara, 2014). Ha recogido selecciones de sus artículos literarios en los libros La puerta de la calle (Pre-Textos, Valencia, 1997), La casa del jacobino (Hiperión, Madrid, 2003), Almanaque de fabulador (Tusquets, 2003) y Una forma de resistencia (Alfaguara, 2012).

Fuente: https://luisgarciamontero.com/biografia/


En julio de 2018 fue nombrado director del Instituto Cervantes.

Con Ángel González y Joaquín Sabina

miércoles, 12 de febrero de 2020

"El curioso incidente...", de Mark Haddon (miércoles 12 de febrero)




El protagonista, Christopher Boone, es un chaval de 15 años que se sabe todas las capitales del mundo y cada número primo hasta el 7.057, pero es incapaz de comprender las emociones humanas. En la novela no se cita de forma explícita, pero Christopher es un niño con síndrome de Asperger.

El escritor Mark Haddon propone una trama detectivesca para acercarnos a este subtipo de autismo y a las dificultades para su integración social. Todo comienza cuando el protagonista descubre que el perro de su vecina ha sido asesinado. Debido a la gran empatía que siente hacia los animales, Christopher decide rastrear por su cuenta a quien atravesó al pobre can con un horcón. 

Lo fantástico del relato es que, al ser contado en primera persona, nos presenta situaciones tortuosas percibidas con total indiferencia por el chico. Es un punto de vista arriesgado y al que no estamos acostumbrados, pero su precisión ha sido aplaudida en todo el mundo. 



Grandes tótems de la literatura, como Ian McEwan y Oliver Sacks, elogiaron al joven autor y compararon a su héroe con Oliver Twist y Holden Caulfield. Otra forma efectiva de derribar los mitos en torno al Asperger y comprender un síndrome que es castigado por su desconocimiento de los límites sociales y los métodos naturales de comunicación.

La novela ganó en 2003 el premio Libro del Año Whitbread, en 2005 el premio al Mejor primer libro para jóvenes lectores  y en 2004 el Premio para Escritores de la Commonwealth como mejor primer libro.

Fuente: https://www.eldiario.es/cultura/tres_libros/voces-ninos-merece-pena-escuchar_6_632446761.html

Otros títulos donde se aborda el síndrome de Asperger:





TESTIMONIO
"Vivir con Asperger"








Mark Haddon (Northampton, 28 de octubre de 1962) es un escritor, ilustrador, pintor y profesor inglés.

Estudió literatura inglesa en el Merton College de Oxford finalizando sus estudios en la universidad de Edimburgo.

Trabajó durante un tiempo con personas con limitaciones físicas e intelectuales, lo que le ayudó a crear su primera novela, El curioso incidente del perro a medianoche. Ha publicado numerosos cuentos para niños, ilustrados por él mismo, y ha ejercido como guionista para series y películas de TV.

Actualmente da clases de literatura creativa en la Universidad de Oxford y en la fundación Arvon, y se dedica a la pintura abstracta. Está casado con Sos Eltis.

Novelas traducidas al castellano
El curioso incidente del perro a medianoche (2003)   
Un pequeño inconveniente (2006)  
El hundimiento del muelle (2018)  

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Mark_Haddon 


miércoles, 15 de enero de 2020

"El dolor de los demás", de Miguel Ángel Hernández (miércoles 15 de enero)





ENTREVISTA A MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Nos encontramos con Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977) al calor de las presentaciones de su tercera novela (tras Intento de escapada y El instante de peligro) con Anagrama, El dolor de los demás. Con esta novela el autor ha tratado de interpretar y reproducir unos hechos trágicos ocurridos veinte años atrás en la Huerta murciana que le afectaron muy directamente. El escenario, cómo afrontar la narración de algo que te salpica, el bien y el mal absoluto y las consecuencias de narrar algo que te afecta de lleno son los temas sobre los que conversamos con uno de los autores cruciales del panorama reciente español.

¿Quién es el protagonista principal de la novela: tu yo narrativo, Nicolás o los sucesos de 1995?
A lo largo del tiempo ha ido cambiando mi percepción sobre este tema. Desde que empecé a escribirla tuve claro que era mi amigo, luego creí que era yo, o mi reacción a lo que sucedió, y durante un tiempo lo pensé, pero tras las reacciones de la gente que lo ha leído creo que el protagonista es la Huerta, el paisaje. El lugar, el contexto, el ambiente, todo lo que lo envuelve. Eso no lo tenía claro cuando empecé a escribirlo. No era consciente. Se trataba de protagonizar toda la textura del lugar, del tiempo pasado, de la evolución de lo que me rodea, que hacerlo con un personaje en concreto. Si tengo que definirme creo que la Huerta es el verdadero protagonista. Es algo que ni siquiera había visto.


A partir de lo que cuentas, ¿ha cambiado tu percepción del lugar, de la Huerta?
Lo veo como algo literario, es muy curioso. Para mí era algo muy cercano; nunca creí que pudiera crear un espacio literario allí, me parecía lo más lejano a eso, lo más anti literario que conocía. Uno no tiene distancia para considerarlo como material narrativo. Ahora cada vez que voy al Yeguas, que paso por la Huerta, se ha introducido una distancia mínima, la de la literatura, que me hace experimentar eso. Hay un pasado, que también ha cambiado, me he reconciliado con ese mundo, y también hay un suplemento literario que hace ver que eso es parte de mi novela. El paisaje se ha empapado de literatura, es una distancia mínima pero cuando aparece cambia toda la perspectiva. Aquel entorno familiar ha pasado a ser escenario de una novela, como si ya no hubiese un corte entre los dos aspectos que son vida y literatura.




Cuando abordamos unos hechos que nos desmadejan (como puede ser el duelo o una tragedia) que afectan a nuestro entorno a menudo podemos caer en la inercia de limar algún recuerdo, algún pensamiento que nos deje en mal lugar. ¿Cómo abordaste esta tesitura?
Son aspectos muy peligrosos que pueden hacer que no salga un buen libro. Es una realidad demasiado potente que emerge. Al principio ya tenía claro el peligro de escribir sobre algo que me tocara tanto y que esa circunstancia no rompiera lo literario. Cómo mantener una distancia. Y eso hace que buena parte de la novela sea una interrogación sobre cómo escribir la novela. Desde la conversación con Sergio del Molino hasta las frases finales sobre el fracaso. El hecho de crear un dispositivo literario que pudiera servir para reproducir lo que había pasado y darse cuenta también de que va fracasando en todos los intentos. Es la clave de la novela. Los distintos modos de posicionarse para poder narrar los hechos. Si te acercas demasiado te has pasado y estás demasiado implicado y si te alejas no te toca. Hay que crear una distancia justa, es la clave de la novela. Un ejemplo es el uso de la segunda persona. No era consciente al escribirlo. Antes de esa parte en segunda persona había probado escribir esa parte en primera persona pero sentía que estaba demasiado cerca de los hechos, demasiado implicado, demasiado dentro del trauma. Lo hice en tercera persona y estaba demasiado alejado, no me incumbía. La segunda era el camino de en medio entre algo que me afecta demasiado y algo de lo que estoy demasiado alejado. Dándole vueltas esa idea está a lo largo de la novela y creo que en el fondo es una novela sobre cómo hablar sobre algo terrible. Cómo estar cerca y a salvo. Cómo crear filtros.




Entrevistamos recientemente a Kirsti Baggetun, la traductora de Knausgard al español, que nos dijo que muchas veces padecía por las consecuencias que podían traer al autor una narración tan cruda de su pasado. ¿Te pesó las consecuencias o las opiniones familiares o cercanas que te pudieran juzgar?
Esa es otra de las cuestiones. Hay una pregunta técnica que sería cómo escribir y otra es cómo plantearte el no dañar a las personas que conozco, las personas más implicadas en el crimen, a las familias. Casi todos siguen vivos menos la madre que ya falleció. Soy consciente que esto les afecta y les duele también el qué dirán de mi familia, de los más cercanos, que no han pedido estar en la novela.  En el discurso de Carrère sobre cómo tratar sobre la materia real él decía que a él no le importa exponerse pero que todos aquellos que están dentro de la novela y no han pedido estar en el fondo se convierten en una marioneta en tus manos. Son gente que estás llevando a tu mundo. Les haces hablar, los modificas, cambias sus palabras porque es tu percepción de ellos. Trabajar con la realidad es muy peligroso. Es lo que más me ha costado hacer, mantener una ética en la novela intentando hacer el menor daño, tratando de ser lo más honesto posible. Para todas las formas de novela sirve. El novelista debería tratar de ser lo más ético posible, que no significa ser moral sino plantearse dudas éticas. Uno no debería ser un inconsciente. Uno no puede pensar que escribe esto porque es la bomba y cargo con todo lo que venga. Hay daños colaterales, gente que se ve afectada. Deberíamos pensar que todos tienen su dignidad: los hermanos, las víctimas. Cada paso en la novela debería ser como un paso en la vida real, con sus mismas implicaciones. En cuanto al qué dirán general eso es algo que uno tiene que admitir. Pasear y saber que la gente conoce todas tus intimidades, que saben que te has masturbado la noche en que murió tu amigo, pero eso es mi elección y son constantes que manejo yo y me preocupan menos. Cualquier escritor en el momento en que se pone a escribir se expone tanto si escribes de los extraterrestres como de la realidad más cercana. Lo de las personas reales, señaladas, es la relación más compleja y sensible.




Me resulta curioso que no hubieras estado tentado antes el tratar este tema. ¿Fue así? Señalas la conversación con Sergio del Molino como el momento de tomar la decisión.
Siempre tuve en la cabeza esa idea. Algún día lo voy a escribir, pensaba, pero nunca me lo había planteado de una forma seria por varias razones. La conversación con Sergio fue quizá la gota que colmó el vaso. Esa misma conversación cinco años antes no hubiera sido el detonante. Se citaron tres cosas. Yo ya había escrito las cosas que quería escribir: la novela sobre el mundo del arte, la novela sobre el mundo de la intelectualidad en Estados Unidos, eran novelas que tenía dentro y que necesitaba escribir. También esas novelas me hicieron tener unas mejores herramientas narrativas. El dolor de los demás no podía ser mi primera novela, no hubiera salido bien, no hubiera sabido cómo contarla. No sabía crear un personaje, no sabía elegir los tonos. No tenía el oficio ni la madurez de escritor para hacerlo. Y también, como persona, no tenía la distancia justa. Hay un momento cuando uno está cerca de los cuarenta que es el momento de mirar hacia atrás y se da cuenta de que está en la mitad de la vida y uno mira así, de reojo, para ver lo que has hecho. Es un buen momento para poner orden con tu pasado. Ver lo que has hecho, reconciliarte con algunas cosas. Es una novela de la mitad de la vida. Pienso en Ordesa, de Manuel Vilas, que trabaja sobre el pasado, es una novela elegíaca, sobre algo que se ha perdido, él mismo ha dicho que le quedan más recuerdos que futuro, también es muy exagerado, todavía le queda mucho. Mi novela es un intento de lidiar con un pasado que está lejos pero que no está todavía en blanco y negro, quizá quiero hacer las paces con ese recuerdo antes de que se vaya demasiado lejos. Antes de que pierda el tacto con él. Era el momento adecuado para escribirlo. Sentí que era el momento para escribirlo. Quizá hubiera tenido más frescor antes y más reflexión después pero creí que era el momento adecuado. Es algo intangible. No podía ser pospuesta. También me he dado cuenta que desde que acabó la novela me han ido ocurriendo cosas tan novelables como las de la propia novela. Reencuentros. Me han hecho consciente de que la novela es simplemente un primer paso, es un dispositivo artificial, pero que las implicaciones de la novela están mucho más allá, sería un diálogo constante, una novela infinita, como La novela luminosa de Levrero.


¿Hubo algún momento de desfallecimiento, en que pensaras que no te convenía o no valía la pena remover aquello?
Hubo varios momentos de frustración y de fracaso. Momentos de no saber cómo afrontar el tema. Es una novela de dudas y manifestarlas o hacerlas evidentes era algo muy importante. Podía haber llegado al final y decir que ahora escribo la novela sin dudas, la novela con toda la información, con todo el proceso de sufrimiento. Hubiera sido esa una novela falsa, donde no hubiera expresado lo importante que es el proceso de duda, de acercarse y alejarse, de frustrarse. Solo lo podía hacer mostrando las dudas de la escritura y haciendo consciente al lector que entre las novelas que fui pensando cuando escribía y la que acabé escribiendo hay muchísima distancia. En el fondo narrar siempre es un fracaso. Cualquier novela que hubiera escrito no se acercaría con precisión a ese todo, no relataría exactamente los hechos que quería narrar.


La novela está dividida en dos planos claros: la narración de los hechos de 1995 y la actualidad, una novela en marcha. Incluso el tono y el ritmo de los dos planos son diferentes. El primero con una frase más corta y la segunda con un párrafo más largo y descriptivo. También aparece esa segunda persona narrativa en ese plano de 1995 ¿Tramaste esta diferencia estilística o salió de una forma natural? Aparentemente parece difícil ir alternando dos estilos tan distintos…
Son dos voces distintas. De hecho me costó mucho encontrar la voz precisa. No sólo por la primera y segunda persona. El fraseo es distinto, la mirada es distinta. Mientras que el presente es más narrativo, se cuentan cosas, y es introspectiva, la parte de 1995, que curiosamente está contada en presente, está más basada en imágenes y casi el protagonista no se mete en las imágenes, son pantallazos, o flashes. Creo que esta parte es también mucho más objetiva y más lírica. Cuando se narra la actualidad el tono es más periodístico. Al principio probé ir alternándolo a la hora de escribir, fui probando y luego ya vi que había que crear un puzle. A partir de ese momento escribí de un tirón el presente y de otro tirón el pasado. Luego lo engarcé, quitando algunas partes del pasado que no funcionaban, moviendo cosas. A partir de ahí todas las lecturas, correcciones y afinamientos sí que los hice de seguido. Tenía que meterme también en la visión del lector. Era como ecualizar el tono y el ritmo. Hacer el cambio de tono para una primera versión era muy difícil. En la corrección ya está el camino hecho. Al principio hice una miniversión del pasado en que se agolpaban todos los recuerdos. No estaban entonces en el mismo tono, luego hice la prueba que señalo, alternando. Una de las primeras pruebas tenía toda la parte del pasado en tres bloques, sin alternarla con el presente. Tenía miedo hasta el final que esos cambios bruscos pudieran coartar la lectura pero luego me di cuenta que era todo lo contrario, que aceleraba, que era como una respiración. Fueron muchas pruebas. En la literatura aquello que parece sencillo o natural es un trabajo de fondo, una pesadilla técnica.




Mencionas varias veces El adversario de Emmanuel Carrère como un referente para relatar este tipo de historias, que imbrican al propio autor. ¿Qué asimilaste y qué descartaste de esta obra?
Lo había leído tiempo atrás y me había fascinado la historia, lo que contaba más que el cómo lo contaba. Cuando empecé a pensar en mi novela pensé en referentes y pronto piensas en Capote (A sangre fría). Al principio cuando contaba lo que quería hacer todo el mundo me decía, vas a hacer como Capote, la no-ficción, y tomé también Plata quemada de Piglia, aunque cuando lo leía me daba cuenta que eran novelas con los mismos recursos que cualquiera y con la única diferencia de que lo que contaban había sucedido, era real. No había ninguna implicación de la persona que lo contaba. Con El adversario era diferente y era tan importante lo que contaba como la estrategia para acercarse. Qué contar y cómo narrar el suceso y a mí me parecía fundamental para lo que quería hacer ya que yo no podía quitarme de en medio. Aún así se me quedaba un poco corto. En A sangre fría Capote va a buscar la noticia, es una supuesta objetividad. En El adversario Carrère también va a buscarlo, aunque empatice con el asesino no es su amigo. En De vidas ajenas o Una novela rusa sí que la historia le incumbe mucho más. En mi caso yo no había ido a buscar la historia, no tenía el interés de un periodista. La historia era también mucho más lo que me había afectado respecto a El adversario. Me interesaba la forma en que había construido el personaje del periodista que va a enfrentarse al asesino pero hablaba demasiado poco de él. En Una novela rusa o De vidas ajenas sí que va entrando él mucho más y eso me interesaba más que la estrategia de El adversario. Por eso creo que se me había quedado algo corta la implicación, no le tocaba de la misma forma. En mi caso no había ninguna distancia, yo también era un personaje de la novela.


Uno de los temas que con más fuerza aparecen es el del monstruo, un monstruo cotidiano, sencillo, un ser parecido a nosotros. ¿Qué nos separa a cada uno de nosotros del infierno o la locura?
He sacado la conclusión de que nunca conocemos al que tenemos a nuestro lado. En un sentido profundo nunca. Creemos que conocemos a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres. La frustración más grande para mí fue reconocer que alguien con quien has crecido no es quien yo creía que era. El dilema es si aquello que estaba oculto es su ser esencial o es sólo una parte. ¿Esa parte valía por el todo? ¿Puede anularlo todo? ¿A partir de ese momento sólo es el monstruo o el monstruo sólo era una parte de él y uno no es esencialmente nada? A mí esto me ha hecho pensar en algo a lo que había dado muchas vueltas. Hay mujeres que visitan a asesinos y violadores, ¿cómo puedes querer o apreciar a alguien así? Posiblemente no hay tantos seres que sean esencialmente monstruos y sí tenemos diferentes personalidades. También hay una serie de azares que nos someten a presión y algunos pueden volverse del lado del monstruo. No creo que exista el bien o el mal absoluto. Las emociones y los actos no son puros. Uno no es el bien o el mal puro: haces buenos o malos actos. El recuerdo de mi amigo es ambivalente: ¿es el monstruo o el amigo que tuve? Es una mezcla de las dos cosas.  Es más fácil catalogar que pensar que las emociones son más complejas. Si he aprendido algo con esta novela es cómo fluctúan las emociones.

Fuente: https://www.revistaquimera.com/2019/01/18/miguel-angel-hernandez-trabajar-con-la-realidad-es-lo-que-mas-me-ha-costado-hacer/

FERNANDO CLEMOT
Quimera 420, diciembre de 2018 





Miguel Ángel Hernández Navarro (Murcia, 1977) es escritor y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia. 

Ha sido director del CENDEAC (Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo)  de Murcia, Research Fellow del Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts) y Society Fellow de la Society for the Humanities (Cornell University). Ha sido investigador principal del proyecto de I+D Temporalidades de la imagen: anacronismo y heterocronía en la cultura visual contemporánea y forma parte del Grupo Estudios Visuales: Imágenes, Textos, Contextos.




Sus áreas de interés son el arte, la teoría y la cultura visual del mundo contemporáneo, con un especial énfasis en las visualidades de resistencia, tecnología, las políticas migratorias y las temporalidades antagónicas. Ha colaborado en revistas como Exitbook, Manifesta Journal, Aut-Aut, Estudios visuales, Debats o Revista de Occidente. Es autor de varios ensayos de arte contemporáneo y cultura visual: Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano) (Murcia, 2012), Art and Visibility in Migratory Culture (Ámsterdam, 2011; editor, junto a Mieke Bal), Robert Morris (San Sebastián, 2010), 2Move: Video Art Migration (Murcia, 2008; con Mieke Bal), El archivo escotómico de la modernidad: pequeños pasos para una cartografía de la visión (Madrid, 2007), La so(m)bra de lo Real: el arte como vomitorio (Valencia, 2006),? Impurezas: el híbrido pintura-fotografía (Murcia 2004,  junto Pedro A. Cruz) o Cartografías del cuerpo (editor, junto a Pedro A. Cruz). 

Entre sus libros de ficción se encuentran: Cuaderno [...] duelo (Murcia, 2011), Infraleve: lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte (Murcia, 2004), El bebedor de lágrimas (Murcia, 2008) o Demasiado tarde para volver (Murcia, 2008, reeditado en 2019 por Ril Editores). 


  




Su primera novela, Intento de escapada (Barcelona, Anagrama, 2013; semifinalista del XXX Premio Herralde de Novela, Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa y Premio La Culturería) ha sido traducida al francés (Éditions du Seuil), alemán (Wagenbach), italiano (E/O Edizioni), inglés (Hispabooks) y portugués (Betrand Brasil). Su segunda novela, El instante de peligro, también publicada por Anagrama, ha sido finalista del XXXIIII Premio Herralde Novela. El dolor de los demás (Anagrama, 2018) es su última novela.