miércoles, 17 de mayo de 2017

"La casa de Bernarda Alba", de F. Gª Lorca (miércoles 17, 20h)




Subtitulada Drama de mujeres en los pueblos de España, fue escrita en 1936 y va más allá del drama para consolidarse como una tragedia de una fuerza extraordinaria. Bernarda Alba decide llevar el luto más riguroso después de haber enviudado por segunda vez. Sus cinco hijas, víctimas de la rigidez de la madre, se ven encadenadas a la casa familiar, cerrada a cal y canto por la sombra de la muerte e invadida por el hombre que llevará la desgracia a la casa de la familia. Un drama rural sobre cómo los valores sociales y el fanatismo son capaces de sofocar las ansias de libertad y las raíces del deseo.

La casa de Bernarda Alba, clasificada como drama rural, fue terminada en junio de 1936 poco antes de que el poeta muriera asesinado. Está inspirada en hechos reales de una familia vecina en Granada conocida por el autor.

Margarita Xirgu en el papel de  Bernarda

La obra, estrenada en Buenos Aires en 1945 por la compañía de Margarita Xirgu, en España no se pudo representar hasta 1964. Desde entonces se ha convertido en un clásico de la literatura española y universal.




Tras la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba impone a sus cinco hijas un luto de ocho años: durante ese tiempo no podrán salir de su casa, quedarán recluidas, como en  una cárcel. Pueden permitírselo porque pertenecen a una acomodada familia de media-alta clase rural, tienen criadas y viven de las rentas.

El luto impuesto se trata de la exageración de una costumbre real, de una tradición llevada a extremos increíbles. Pero esa misma exageración, ese exceso sitúa la obra en el plano de lo mítico, lo legendario y lo simbólico.

Las hijas viven una diferente situación. Solo Angustias sabe que va a salir de ese encierro porque está prometida para casarse con Pepe el Romano (éste no la quiere, solo se casa por la dote). El resto tiene que resignarse a vivir sin salir a la calle mientras dure el luto. Pero la forma que tiene cada una de ellas de afrontarlo será  diferente: Magdalena y Amelia son mas sumisas, pronto se resignan y pierden la esperanza y la motivación; Martirio, en cambio, se consuela mostrando  envidia y odio, especialmente en su relación con Adela y Angustias; y  Adela, la más  rebelde, no se resigna a estar como enterrada en vida y quiere disfrutar de su cuerpo y su juventud, y a pesar de las limitaciones, se hace amante de Pepe el Romano.

Recordemos que ninguna puede salir de la casa. Pero Angustias, como va a casarse, puede entrevistarse con su novio a través de la ventana de su habitación. Los encuentros se hacen por la noche, y cuando acaba la entrevista, “El Romano” va al otro lado de la casa hasta la ventana de Adela que ha llamado su atención y se ha convertido rápidamente en su amante.

La Poncia (una de las criadas) es la primera en descubrir la situación, pero no dice nada a Bernarda. Martirio pronto conocerá también los encuentros secretos de Adela  y es  precisamente ella quien  en el acto tercero, movida por los celos, delate a su hermana.

Los amantes son sorprendidos, hay una confusión, se oye un disparo y Adela creyendo muerto su amor, toma la solución más trágica.

En resumen, la obra muestra un enfrentamiento de fuerzas  irreconciliables: por un lado, Adela representante del  vitalismo y la pasión que nunca renunciará a buscar su libertad como persona mas allá del presidio de su casa; por el otro, Bernarda, representante de todas las restricciones sociales y morales que oprimen al ser humano.

Personajes
Bernarda Alba representa las convenciones morales y sociales más conservadoras. Su principal preocupación es guardar la apariencia, el qué dirán. Es capaz de imponer a sus hijas el tormento de 8 años de luto sólo por una cuestión de dignidad social  llevada al extremo (el luto, en condiciones muy extremas podía llegar como mucho a los tres años), por guardar las apariencias, por  parecer más decente que los demás.
Es orgullosa y dominante (“Aquí se hace lo que yo mando”). Siempre impone su voluntad. Su dura personalidad no deja nunca ver al más mínimo sentimiento (“Yo no me meto en los corazones”).
Como veremos toda la obra está repleta de símbolos y en este sentido Bernarda representaría la autoridad ciega y opresora. La primera palabra que pronuncia en la obra es “Silencio” y tras la muerte de Adela cierra la obra diciendo “silencio, he dicho silencio”. Simbólicamente vemos como ella abre y cierra el círculo infernal del que no se puede escapar.

Las hijas
Todas las hijas viven con el deseo del mundo exterior (“querer salir”). Y todas ellas están más o menos obsesionadas por lo erótico. Las cinco hijas de Bernarda representan actitudes que van de la sumisión o la resignación a la rebeldía.
Angustias  (39 años). Hija del primer matrimonio de Bernarda, lo que la convierte en prácticamente la única heredera. Es una mujer, como se dice en la obra, fea, delgada, débil y enfermiza. A pesar de ello, se va a casar con Pepe el Romano por la motivación de la herencia (o dote).
Junto con Martirio y por supuesto Adela, es la hija que más peso dramático tenga en la obra.
Magdalena (30 años). Por una parte da muestras de sumisión, pero puede sorprendernos con amargas protestas. Ella hubiera preferido ser un hombre, ya que  ha abandonado la idea de casarse. Tiene una escasa participación en la obra.
Amelia (27 años). Uno de los personajes menos caracterizado. Podemos decir de ella que era: resignada y tímida
Martirio (24 años). Personaje más complejo. Pudo haberse casado, si su madre no se lo hubiera impedido, pero el novio no era de su gusto, no pertenecía a la misma clase social que la familia de Bernarda, es decir, pequeños hidalgos campesinos.
Actúa de un modo bastante irracional, en especial en lo que se refiere a su hermana Adela. Ella también está enamorada de Pepe el Romano y, movida por los celos, será la que desencadene la tragedia final, pues, y lo dice expresamente en la obra, “Pepe será solo para Angustias o no será para ninguna”.
Adela (20 años). Es la más joven, hermosa y  apasionada. En el primer acto, por ejemplo, aparece vestida con un traje verde (símbolo de vitalismo y vida).
Es la que tiene más deseos de libertad hará que inevitablemente sea la primera hija que se  enfrente con su madre. Si su madre les impone una reclusión de 8 años, ella no se resigna a soñar, a sentirse libre al menos con la imaginación, a no perder la esperanza. Y los deseos los realiza al hacerse amante de Pepe.
En el plano social, si Bernarda Alba  representa un estricto código moral de la honra y la dignidad de la mujer que debe guardar su virtud y, en consecuencia, la virginidad fuera del matrimonio, Adela rompe con todas las reglas y convenciones impuestas para una mujer de su época: “¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!”. Se hace amante de Pepe el Romano aunque esto suponga quedar “manchada”.



Otros Personajes
María Josefa (80 años) La madre de Bernarda. Está loca y vive encerrada en su habitación. Representa simbólicamente los problemas centrales: la frustración de las mujeres y el deseo de matrimonio, el deseo de maternidad, la búsqueda de la libertad: “¡Quiero salir y casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar ¡Quiero irme de aquí, Bernarda! A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar.”
La Poncia (60). Vieja criada: interviene en las conversaciones, en los conflictos, hace advertencias, da consejos a Bernarda. Tiene bastante presencia en la obra. Será la primera en descubrir la relación entre Adela y Pepe, aunque no la delata.
La Criada (50). De mucho menor importancia que Poncia; se muestra sumisa e hipócrita enfrente de Bernarda (aunque la odia)
Pepe El Romano. Aunque no aparece en escena  está presente en toda la obra como foco de las tensiones. Es la encarnación del hombre como  objeto del deseo. Va detrás del dinero de Angustias, pero se enamora de Adela.

Estructura
Tres actos que coinciden el desarrollo argumental de la obra:
Acto I: planteamiento (la situación de luto, Angustias, novia del Romano: la única que va a salir)
Acto II: nudo (Adela y Pepe son amantes)
Acto III desenlace (descubrimiento de los amantes y tragedia final)

Tema central
El tema principal de la obra es el mismo que recorre toda la obra de Lorca: el enfrentamiento entre la libertad individual y la autoridad (normalmente representada en las normas y restricciones sociales y morales). Las hijas ansiosas de vida y libertad son reprimidas por la autoridad de Bernarda.

El erotismo y el deseo sexual
El sexo es presentado en la obra como un instinto tan ciego e irracional como el poder y la autoridad que representa Bernarda. El deseo sexual condiciona a todas las hijas, pero se manifiesta con toda su fuerza en Adela: la única que no puede reprimirlo, que se deja llevar por su pasión aunque le cueste la vida. Dice: “Nadie podrá evitar que suceda…”, “Mi cuerpo será de quien yo quiera…”, “Me pondré delante de todos la corona de espinas”; “Aquí se acabaron las voces de presidio… en mí no manda más que Pepe!”

La hipocresía, el mundo del “qué dirán” y la marginalidad de la mujer
El tema de la hipocresía está relacionado con el de la marginalidad de la mujer y el sentido de la honra. Lo que es consentido en los hombres no lo es en las mujeres. Estas viven guardando las apariencias, comportándose como se espera de ellas: honestas, solo tienen novio para casarse con él y luego son obedientes esposas y cuidadoras de su casa.
Dice Bernarda: “Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar”; e insiste en ello varias veces: “quiero buena fachada” (o sea, mantener la apariencia).  Como los otros aspectos represivos de la obra, es Bernarda quien, a pesar de ser mujer, defiende los valores sexistas que impiden a la mujer manifestarse. Un buen ejemplo de esta actitud la encontramos en los consejos que da a Angustias para cuando se case (acto tercero):

Bernarda: ¿Qué cuenta Pepe?
Angustias: Yo lo encuentro distraído. Me habla siempre como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta: «Los hombres tenemos nuestras preocupaciones.»
Bernarda: No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.
Angustias: Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.
Bernarda: No procures descubrirlas, no le preguntes y, desde luego, que no te vea llorar jamás.
Angustias: Debía estar contenta y no lo estoy.
Bernarda: Eso es lo mismo.


Manos cortadas, dibujo de F. Gª Lorca

La envidia y el odio
Se manifiesta en las hijas y es una consecuencia directa de su presidio. Todas envidian a Angustias porque siendo la más fea y vieja es la única que por su dinero tiene la posibilidad de casarse y salir de la casa. Pero es entre Adela y Martirio donde se muestra con toda su fuerza el sentimiento de envidia y odio. A Martirio le hubiera gustado ocupar el lugar de Adela como amante de Pepe El Romano y por celos delata a su hermana lo que desencadena la tragedia final.

El Espacio
La acción se desarrolla en la casa de Bernarda Alba, un espacio cerrado. Este lugar, transmite una atmósfera asfixiante y es  comparado a lo largo de la obra con un “convento”, un “presidio” o un “infierno”.
Si el mundo interior junto con el calor de verano en que se desarrolla la acción dramática reprime las pasiones y ahoga a los personajes, el mundo exterior (nunca presente físicamente en la obra y como Pepe El Romano solo aludido o nombrado) representa la libertad y la vida.

El Lenguaje
El manejo del lenguaje en la obra es magistral y es el elemento que hace creíble la  mezcla de realidad y poesía de la obra. Los personajes emplean una lengua que parece coloquial y adecuada al mundo rural, pero es solo apariencia porque se trata de un lenguaje muy medido y rítmico, conciso y preciso, y con una fuerte carga poética. El diálogo destaca por el empleo de  réplicas cortas y rápidas. Pero, como decimos, lo nuevo y original es que Lorca fue capaz de crear un lenguaje literario (nadie en los pueblos habla como lo hacen los personajes de la obra) pero de apariencia coloquial.

La Poncia: Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado!
Adela: Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada, por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca.
Bernarda: Quietas, quietas. ¡Qué pobreza la mía no poder tener un rayo entre los dedos!

Los símbolos
La obra está repleta de simbolismo. El recurso de cargar a las palabras y a las acciones de un doble significado es un hecho que se repite en toda la producción de Lorca tanto en su poesía como en su teatro. Algunos de los símbolos usados en La Casa de Bernarda Alba han aparecido repetidamente en toda su obra anterior; nos referimos por ejemplo al agua, el caballo, el color verde, el calor… Otros símbolos son propios para este  drama como por ejemplo la etimología del nombre en los personajes y su  paralelismo bíblico.
Quizá el primer símbolo sean la hijas y Bernarda; las primeras representan la  libertad y Bernarda la  autoridad que no las deja ser libres. El ser humano enfrentado a las normas sociales.
El Agua. En Lorca el agua tiene un doble significado. Si fluye libre (como el agua de un río) tiene significado de vida; en cambio el agua detenida, el agua de los pozos o estanques significa muerte.

(Acto I): Bernarda: Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada. 
(Acto III): Prudencia: Yo dejo que el agua corra. No me queda más consuelo que refugiarme en la iglesia, pero como me estoy quedando sin vista tendré que dejar de venir para que no jueguen con una los chiquillos…

El calor. Está en relación con la situación de angustia personal que viven las hijas y que viene provocada por la opresión del encierro. Con el calor se acentúa la sensación de asfixia dentro de la casa:

[Acto II] 
Amelia: (A la Poncia.) Abre la puerta del patio a ver si nos entra un poco el fresco. (La Poncia lo hace.) 
Martirio: Esta noche pasada no me podía quedar dormida del calor. 
Amelia: ¡Yo tampoco!

La Locura: La Madre-Loca de Bernarda: Símbolo de la libertad que se enfrenta a la autoridad, también de los deseos de maternidad y matrimonio (ver fin acto I)

El Caballo. Símbolo de la pasión, la vitalidad. Aparece casi al final de la obra como anuncio de que la fuerza incontenible de la pasión golpea los muros  que acabará por derribar de la casa.

Cristo y el nuevo testamento. En la etimología de los nombres y en algunos de los comportamientos de los personajes se observa esta implicación con los hechos bíblicos que dota al drama de una nueva implicación de alcance místico. Adela sería el Cristo, muere “colgada” y tienen que descolgarla como al Cristo de la cruz (final de la obra). Ella misma asume ese papel cuando dice que  me pondré delante de todos la corona de espinas. La madre de Bernarda lleva los nombres de los padres de cristo: María Josefa. La Poncia, como Poncio Pilatos, es testigo de los hechos pero no se implica en la denuncia explicita. Incluso Pepe tiene el sobrenombre de el Romano. 



Comentario
La obra muestra un enfrentamiento de fuerzas  enfrentadas: por un lado, Adela representante del  vitalismo y la pasión que nunca renunciará a buscar su libertad como persona más allá del presidio de su casa; por el otro, Bernarda, representante de todas las restricciones sociales y morales que oprimen al ser humano.

Los personajes principales más que personas representan conceptos: Bernarda, autoridad ciega; Adela, sexualidad,  libertad y pasión.

Las mujeres de la casa viven encerradas en un mundo del que no hay salida posible. La única forma de escapar es por medio de la locura como hace  María Josefa o la muerte como Adela.

Impresiona la manera de presentar el ambiente de opresión dentro de la casa. El lector se siente identificado con la situación de las hijas. Además, los rápidos diálogos hacen que  se desarrolle muy fluida, además de que estos diálogos están llenos de insinuaciones simbólicas y poéticas.

La metáfora del deseo de libertad del ser humano que preside la obra es válida para cualquier sociedad y cualquier época.  
  

Fuente: www.masterlengua.com


La casa de Bernarda Alba
Dirección: Calixto Bieito








El 5 de junio de 1898 nace Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, hijo de Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca Romero. Será el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Concha e Isabel. Ese mismo año también nacerían otras dos grandes figuras de la literatura mundial: el americano Hemingway y el alemán Brecht.

La influencia de su región natal se encuentra en toda su obra, desde la “Primeras Canciones” hasta “La Casa de Bernarda Alba”, combinación de tradición secular y de modernismo del siglo XX. Nunca perteneció a ningún movimiento literario, aunque algunas características del surrealismo se encontraron en su poesía, como las asociaciones extrañas de palabras. En 1908 pasa unos meses en Almería, donde comienza sus estudios de bachillerato y sus primeros estudios de música.


En 1909 se traslada a vivir a Granada con su familia. Sus primeros estudios universitarios, Filosofía y Letras y Derecho, los realiza en Granada entre los años 1914 y 1917. En esta Universidad entabla amistad con el núcleo intelectual granadino entre los que se encuentran Melchor Fernández, Almagro, Miguel Pizarro, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna, Ángel Barrios entre otros muchos más. Empieza a realizar viajes de estudios dirigidos por el Catedrático Martín Domínguez Barrueta por Andalucía, Castilla y Galicia descubriendo así los tesoros culturales de su país. Durante esa época, Manuel de Falla fija su residencia en Granada y Federico García Lorca inicia una gran amistad con él.

Es también en Granada, en el 1918, donde publica su primer libro “Impresiones y Paisajes” y escribe algunos poemas que aparecerán más tarde en su primer libro de versos “Libro de Poemas”. En 1919 decide trasladarse a Madrid y se instala en la Residencia de Estudiantes, dónde vivirá hasta 1928. Durante estos años conocerá a Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Emilio Prados, Pedro Salinas, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez.





En el año 1920, estrena en el Teatro Eslava de Madrid “El Maleficio de la Mariposa” pero le supone un total fracaso. Es en este año también, es cuando se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras e inicia la redacción de las “Suites”. En 1921 publica el “Libro de Poemas” y en noviembre de ese mismo año tiene casi escrito la totalidad del “Poema del Cante Jondo”. Juan Ramón Jiménez incluye en su revista “Índice” poemas de Lorca.

Elabora una conferencia llamada “El Cante Jondo” y lo lee en el Centro Artístico de Granada. Durante su estancia en esta ciudad, en enero de 1923, en la fiesta de los Reyes Magos, celebra en su casa una función de títeres organizada por él y por Falla. En este año aparecen los primeros dibujos de Lorca; asiste, en Madrid, al banquete en honor de Ramón Gómez de la Serna y en junio se licencia en Derecho por la Universidad de Granada. Es en otoño, cuando Salvador Dalí llega a la Residencia de Estudiantes y entabla amistad con el pintor Gregorio Prieto y con Rafael Alberti. En 1925 termina “Mariana Pineda” y en la primavera de ese mismo año, es invitado por la familia de Salvador Dalí a Cadaqués. Al año siguiente, realiza numerosas excursiones con Manuel de Falla por las Alpujarras, su familia adquiere la Huerta de San Vicente, en la vega granadina, donde pasa frecuentes temporadas; la “Revista de Occidente” publica su “Oda a Salvador Dalí” y en el Ateneo de Valladolid lee poemas de sus libros en preparación: “Suites”, “Canciones”, “Cante Jondo” y “Romancero Gitano”.



Publica el libro “Canciones” en 1927, y realiza su segunda estancia en Cataluña donde, la compañía de Margarita Xirgu, estrena “Mariana Pineda” en el Teatro Goya de Barcelona. En esta ciudad, el grupo de L’Amics de les Arts (S. Gasch, J.V. Foix, L. Montanya, S. Dalí) organiza, en las Galerías Dalmau, una exposición de sus dibujos. La compañía de Margarita Xirgu decide estrenar “Mariana Pineda” en Madrid y lo hace en el teatro Fontalba. Es también en 1927 cuando conoce a Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Joaquín Romero Murube. En diciembre, se celebra un homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla; aquí se organiza una lectura de Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Juan Chabás, José Bargamín y Rafael Alberti.

Dirige, en 1928, a un grupo de intelectuales granadinos y funda la revista “Gallo”; sólo se publicarán dos números de esta revista, pero armaron un gran revuelo en el mundo artístico; por ejemplo, el segundo número contiene un “Manifiesto anti- artístico catalán” firmado por… Salvador Dalí. Publica, de modo parcial, la “Oda al Santísimo Sacramento del Altar” y en la “Revista de Occidente” publica su primer “Romancero Gitano”. En la Residencia de Estudiantes lee la conferencia “Canciones de Cuna Españolas”.

En 1929, estrena “Mariana Pineda” en Granada y aparece la segunda edición de “Canciones”. En junio, viaja a Estados Unidos, vía París-Londres y se matricula en la “University of Columbia”. Frecuenta teatros, cines, museos y se apasiona por el jazz. Veranea en Vermont, siendo huésped de Philip Cummings, y en Catskill Mountains con Ángel del Río. De vuelta a Nueva York se instala en el John Jay Hall de la Universidad de Columbia, donde permanecerá hasta 1930 y empieza a trabajar en la obra “Poeta en Nueva York”, el guión de “Viaje a la Luna” y empieza “El Público”.



1930. Pronuncia unas conferencias en la Universidad de Columbia y en el Vassr College. Es invitado por la Institución Hispano- Cubana de Cultura y marcha hacia la Habana (ciudad que le deja totalmente impresionado) y allí pronuncia varias conferencias. Termina “El Público”. De vuelta a España, estrena “La Zapatera Prodigiosa”. Publica algunos poemas de “Poeta en Nueva York” y el “Poema del Cante Jondo”. Termina “Así que pases cinco años”. Dirige y funda con Eduardo Ugarte el teatro universitario ambulante “La Barraca” y representan por toda España, obras de los grandes maestros como son: Calderón, Cervantes, Lope de Vega… Lee conferencias en Valladolid, Sevilla, Salamanca, La Coruña, San Sebastián y Barcelona. Escribe “Bodas de Sangre”. Expone sus dibujos en el Ateneo Popular de Huelva.

En 1933 estrena “Bodas de Sangre” en el teatro Beatriz de Madrid y en México se publica la “Oda de Walt Whitman”. Viaja a Argentina y Uruguay, donde tiene una estancia triunfal; en Buenos Aires da conferencias y asiste a las clamorosas representaciones de “Mariana Pineda, “Bodas de Sangre” (alcanza un gran éxito, superando las cien representaciones) y “La Zapatera Prodigiosa”.



Durante su estancia en Montevideo conoce a Pablo Neruda y pronuncia varias conferencias. Cuando regresa de este viaje a España, se produce un hecho que le supone un gran dolor: la muerte de su amigo el famoso torero y mecenas del mundo artístico de Madrid, Ignacio Sánchez Mejías, en la plaza de toros de Manzanares (Ciudad Real); en su memoria, compone el poema “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” que publica en 1935.

Con Margarita Xirgu vestida de Yerma

En Madrid, consigue un estreno triunfal con “Yerma” representada por la compañía de Margarita Xirgu. En 1935 trabaja en “Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores”. Se instala en Barcelona donde da conferencias y asiste a las representaciones de “Yerma” y “Bodas de Sangre”. Termina y estrena “Doña Rosita la Soltera” y trabaja en los “Sonetos”. La compañía de Lola Membrives estrena en el teatro Coliseum de Madrid “La Zapatera Prodigiosa”.

Concluye “La Casa de Bernarda Alba” en 1936, pero no será representada hasta 1945 en Buenos Aires, y participa en un homenaje a Luis Cernuda. 




El 18 de Julio se produce el alzamiento militar contra el Gobierno de la República. El 16 de agosto, Lorca es detenido y el 19 del mismo mes, es asesinado en Viznar (Granada), dejando inédita e inconclusa una numerosa obra. En ese mismo año, también muere Miguel de Unamuno, preso en su casa, y se produce el exilio de gran parte de los artistas españoles, como por ejemplo, Manuel de Falla que moriría siete años después que su amigo Lorca, en Buenos Aires, sin volver a ver su país natal.

Fuente: www.poetasandaluces.com





Vídeo: F. Gª Lorca (piano) y La Argentinita (voz)

  "Zorongo gitano"



viernes, 21 de abril de 2017

"Si tocamos la tierra", de Aurora Saura (miércoles 26, 20.30h)



El Club de Lectura "Dante" participa en esta Feria del Libro celebrando un encuentro con la poeta Aurora Saura. Hablaremos sobre literatura,  sus libros,  autores y autoras preferidos, sobre la creación poética y, por supuesto, acerca del libro que hemos leído durante las últimas semanas; su poemario "Si tocamos la tierra", publicado en 2012. 



Aurora Saura Bacaicoa nació en Cartagena y residió en Alicante la mayor parte de su infancia. Se licenció en Filología Románica en la Universidad de Murcia y ha sido profesora de Instituto.

Aunque escribía desde muy joven, sólo empezó a hacerlo con regularidad en los últimos años setenta y no pensó en publicar hasta el ochenta y cuatro, en que dio por terminado su primer libro, Las horas, editado en 1986 por la Editora Regional de Murcia. Posteriormente ha publicado los libros de poemas De qué árbol (1991), Retratos de interior (1998), y Si tocamos la tierra (2012).

En 2014 publicó la plaquette de haikus Mediterráneo en versos orientales.

Ha colaborado en coloquios, lecturas poéticas, antologías, revistas literarias y libros en lengua francesa para estudiantes de Español.





LA TIERRA DE AURORA SAURA

Fulgencio Martínez

Si tocamos la tierra, el nuevo libro de poemas de Aurora Saura (Cartagena, 1949), publicado por Libros de la frontera en la colección El Bardo, nos vuelve a traer la lectura de un poeta exquisita, que labora y publica su obra a jornadas cumplidas, poco a poco, y con esmero. Decidió Aurora Saura, ya en sus inicios de escritora pública, construir, como su nombre indica, un dominio seguro del día. Para lo cual se ejercitó, desde el principio, en una elaboración lenta y cuidadosa de sus obras. Publicó su primer libro de poesía en 1986 (Las horas. Editora Regional, Murcia). A partir de ahí, de este primer libro -y como dos rasgos que caracterizarán su poética- mantiene la poesía de Aurora Saura una relación estrecha con el tiempo -el mismo sentido de aquella elaboración y gestación prolongadas de sus libros se descubre, a la larga, no como un rasgo casual en su escritura, sino como una marca de la casa-; y, por otro lado, apuesta por la expresión simbólica (que está insinuada en el mismo título de aquella opera prima) de lo temporal como espacio plural, múltiple, diferenciado y humanizado, lleno de vicisitudes y encuentros humanos y literarios, donde la vida y la lectura y la admiración del arte se corresponden, igual que en el poema de Baudelaire los perfumes, los colores, los sonidos. Un ámbito temporal en que ella sitúa su poética - como se confirma y aun se profundiza en sus siguientes libros-; tiempo en su poesía que no es el tiempo abstracto, descarnado, sino los mundos temporales del día, las horas - según reza el título de su libro primero-; esas horas que no son, como para Francisco Brines, brasas; sino, más bien, fuegos vivos y mundos vividos.

La poesía de Aurora Saura tiene, pues, esa coherencia inicial, auroral, que pocos autores tienen. Es -por así decir- una poesía fenomenológica -que trata de lo que el maestro de Heidegger, Edmund Husserl llamó, con expresión tan afortunada, "mundo vivido" (Lebenwelt). Vida traspuntada en una conciencia, cosida puntada a puntada a una conciencia que es también corriente de vida significativa, intencional; y vida, a la vez, trascendida -en cuanto a su paso puntual y fugitivo- por unos signos dejados en el poema, los cuales, en muchas ocasiones, son comento admirativo de otros signos (literarios, artísticos), conversación continuada de la autora con la misma vida a través de esos signos que escribe y de esos otros signos que le han emocionado por su belleza o por su significado, con el que corresponde. "Correspondencias", como subtítula Aurora Saura un poema dedicado a Gonzalo Rojas, es la expresión cabal que encierra esa operación poética que aventura el libro que comentamos, y vale, más allá, para toda la obra de la poeta de Las horas, De qué árbol (1991), y Retratos de interior (1998), los tres libros publicados con anterioridad a éste, por Aurora Saura.

La fenomenología de esas correspondencias-poemas irán, a medida que se suceden los libros de Aurora Saura, recalando en el mundo histórico, en el presente vivido, y poniendo su foco poético en los seres del mundo. Estamos ya un poco de vuelta de la poesía elegíaca y de todo idilio triste, o sentimental, con el foco en el pasado; de tanta evasiva lección que despelecha, más cada día, hoy, la obra pasada de algunos poetas, incluso queridos maestros, sobrevalorados. Una voz viva que nos hable del presente vivo supone un riesgo, que asume Aurora Saura, con toda naturalidad, en este libro: Si tocamos la tierra.

¿El título del libro no encierra una consigna, aunque dicha en un tono educado, poético: sugerente? ¿Y no esconde cierta velada censura crítica a la escritura evasiva?

"Toco la tierra. Miro. / Toco la tierra. Escucho." El libro se abre con esta cita de la poeta Ángela Figuera, una poeta perteneciente a aquella generación desarraigada a la que también perteneció su paisano bilbaíno Blas de Otero: dos poetas, Figuera y de Otero hoy defenestrados por la crítica miserable, textual: por tanto, dos poetas con futuro.

Si tocamos la tierra, aunque estructurado en seis secciones, presenta una continuidad de "suite" en su andadura poemática. Curiosamente, se abre con una sección y un poema donde comparece la palabra "Eternidad" -un término juanramoniano, sin duda, y en principio, extraño a la poética de Aurora, según hemos esbozado arriba.

Sin embargo, la eternidad es, como en aquel cuento del monje y el pájaro, un instante... O, como mejor dice el primer poema del libro:

La eternidad sólo
podría ser ese instante
en el que - dicen -
el aire está tan quieto
que el agua se olvida de helarse.
                           ("Eternidad", p. 11)

No puede -creemos- ser dicho con más acierto (irónico) ese límite, ese no lugar, del cual se alejará esta poesía de Aurora Saura. Esa "inmovilidad sin aristas / para siempre... / ausencia / de los gestos,/ sentirse vivo/ en la parálisis del viento" equivale a una vida paralizada, a detener el tren que viene, a cada momento, a volcarnos las horas: las de ayer y las nuevas, las aún no vividas... Esa vida eterna, que no toca tierra, equivale, para nuestra poeta, a la inmovilidad. El cambio es sinónimo de tiempo vivido, de un forcejeo y acuerdo -o pacto- entre el ayer, el hoy y el futuro, para que el futuro valga las horas que esperamos, y lo pasado el tiempo que sentimos perdido. Sin cambio no hay -en definitiva- valor.

Hemos dicho antes que la poesía de Aurora es fenomenológica, histórica en su deriva y en muchos poemas de este libro que comentamos (histórica quiere decir que aborda al hombre situado en el presente histórico, y por eso puede hablar, desde ahí, del pasado; fíjense que hay mucha pseudoliteratura histórica que falla ya en esa premisa, o sea, que no es histórica y ni siquiera literatura). Ahora, apreciamos también, en Si tocamos la tierra, una poesía ética, un simbolismo poético abierto a subrayar el valor -o determinados valores- de la vida.

¿Poesía con mensaje? Dirían los incrédulos y algunos maliciosos.

Destacamos, en el libro, un poema como el dedicado a Primo Levi, escritor judío en lengua italiana, poeta y novelista que padeció y se suicidó de la inhumanidad de un campo de concentración nazi. "Lager (Primo Levi in memoriam)":

Quién volverá a decir con labios puros
la palabra lager.
Quién la salvará del horror (...)

Decidla ahora vosotros
la palabra lager.
Decidla despacio con voces generosas.
No olvidéis la desesperanza,
                          el dolor (...)

Que vuelva lager
a ser en vuestras bocas
una palabra humilde,
                         y digna,
                                  y verdadera.
                                                 ("Lager", p. 37).

El poema está dedicado a la hija de la poeta y a los jóvenes alemanes.

Creemos que sobra el comentario: el lenguaje, sencillo y digno, de este poema es ya, por sí solo, una reivindicación de lo humano.

Queremos detenernos también en otro poema, que expresa otra vertiente del mismo accidente geográfico, temporal, de esta poesía. El poema se titula: "Mar aún de verano", está amparado en una cita del poeta Salvador Espriu. (p. 62). Dice la cita de este poema de Espriu, uno de los mejores del siglo XX, escrito en lengua catalana: "A la vora del mar. Tenia una casa,/ el meu somni. A la vora del mar."

Así debió de ser.
Eras paisaje de la infancia,
infancia pura. (...)

Eras una presencia
como de quien se ha muerto
pero nunca se ha ido.

Hoy eres más que estos días:
la vida de otro tiempo
delante
                     de los ojos.
                        ("Mar aún de verano").

La sencillez en el modo de comunicar y la concentración y pureza de los significantes se alían, en este libro de Aurora Saura, con la profundidad y la tensión en la palabras. Como en ese poema admirable, escrito en correspondencia con Espriu, de ahí - de esos mínimos y necesarios ingredientes - surge un acorde, algo inefable, que es la tierra de la poesía.

Merecerían más comentario otros registros de esta poesía, como el registro apuntado en el poema "A propósito de Juan"; o el registro, que señalamos al principio de esta reseña, donde se suma la poeta a la conversación con figuras artísticas o literarias, cuyos signos salvan una huella del tiempo: como los poemas dedicados a Rosalía de Castro, a Orfeo en los infiernos, o al cuadro de Vermeer Mujer leyendo junto a la ventana.

Fuente: http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.es/2013/04/la-tierra-de-aurora-saura-comentario.html




ENTREVISTA A AURORA SAURA (julio 2016)


-¿Qué espera que el lector comprenda de usted a partir de sus poemas? 

-Pues yo quisiera que no se preocuparan mucho por comprender de mí, que no pensaran en mí, aunque los que me conocen sí que me preguntan si un poema concreto tiene que ver con esto que pasó o con aquel chico. Luego, evidentemente, los lectores pueden ver qué personalidad tengo, qué intereses, y eso está bien. De hecho, hay tertulias donde se pretende conocer al autor realmente, pero a mí lo que me interesaría es que ellos sintieran lo que a mí me ha motivado a escribir ese poema y lo que me ha motivado después a publicarlo y no a guardarlo. Quisiera que sintieran el ‘chispazo’ que hizo despertar el poema. Leer más...