martes, 10 de noviembre de 2020

"Leer Lolita en Teherán" (Azar Nafisi) | miércoles 11 de noviembre | 20 h

                                         

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PASAPORTE SIN FRONTERAS. Antonio Elorza

La lectura como espacio ideal para llenarse de valentía, para comprender mejor el entorno e ir más allá del viaje lineal al que invita un libro. La autora Azar Nafisi lo supo y enseñó en Teherán a un grupo de mujeres a querer la literatura y a aprender de ella los mecanismos para mejorar la vida. ¿Leyendo a quién? A Nabokov, a James, a Austen y a Fitzgerald.

Azar Nafisi tiene muchas cosas en común con Shirin Ebadi. Como ella confía inicialmente en la revolución islámica, experimenta muy pronto el desengaño y la desesperación, y como ella también cree que la suerte de la mujer constituye un eje en torno al cual ha de girar el futuro de la sociedad y de la política iraníes. A diferencia de Ebadi, el punto de partida y el de llegada se sitúan fuera de Irán, en esas mismas universidades norteamericanas donde Azar fue una contestataria hasta regresar en 1979 al país natal y a las que vuelve en 1997. No sólo para enseñar literatura, sino para dar a conocer su experiencia personal. A partir de la misma se propone mostrar tanto el papel central de la subordinación femenina en un régimen opresivo como la imposibilidad de lograr una reforma del mismo sin una ruptura con el poder clerical. Azar Nafisi piensa que en Occidente hay una comprensión muy insuficiente de lo que ocurre en Irán, por la cortina que impone el propio régimen y por el predominio de una voluntad exterior de ver cambios reales donde sólo hay retoques, a veces grotescos. Ejemplo, la proyección de Mary Poppins, citada como prueba de apertura por la CNN, cuando bailes y canciones, 45 minutos en la cinta, son sustituidos sin imágenes por la voz de un locutor. O como el libro de arte sobre Degas en que las bailarinas han sido borradas.




Los 18 años de estancia en Teherán fueron para Azar Nafisi una prolongada inmersión en el vacío. En un ambiente de vigilancia generalizada y de represión cada vez más intensa, sólo alcanza la supervivencia mediante una sucesión de repliegues. Los únicos espacios de libertad pueden construirse en el interior de un reducido círculo de relaciones personales y adquirir consistencia gracias a la literatura. Es lo que intenta con un reducido seminario femenino después de perder su empleo en una universidad por negarse a llevar velo, primero, y de abandonar otra por su ambiente irrespirable. En esa antesala de la partida, la elección de Nabokov como referente, y no sólo por su Lolita, se justifica precisamente por la capacidad del escritor ruso para mantener la actitud creativa en plena tormenta revolucionaria. La lectura y el comentario la proporcionan el único medio de constituir una esfera de libertad. El ejercicio de la razón aísla frente a la agresión de los monstruos exteriores y además permite su reconocimiento. Cada libro o conjunto de libros se convierte en un espejo desde el cual la autora y sus discípulos nos hacen llegar las imágenes de una sociedad convulsa y violenta, así como de su incidencia sobre quienes participan, ante todo mujeres, en el intercambio intelectual. Son dos niveles, el literario y el político, que generan discursos diferenciados y al mismo tiempo se entrecruzan una y otra vez. Eso sí, con una eficacia narrativa desigual. 

En Lolita, y también en Invitado a una decapitación, Nabokov proporciona una inmejorable sucesión de metáforas aplicables a las variantes de dominio de un poder irracional. Otro tanto sucede con El gran Gatsby, soporte para el magnífico episodio del juicio promovido por los estudiantes islámicos del curso. La tensión se mantiene con Henry James pero se disuelve al llegar a Jane Austen, enlazando con las últimas humillaciones, la desconfianza rotunda ante Jatami y la decisión de dejar Irán. El desenlace recuerda a esos hermosos ríos iraníes que terminan su recorrido en el desierto, sin alcanzar el mar. Quedan atrás el espléndido testimonio y el ejemplo de la literatura como último reducto de la libertad humana.

https://elpais.com/diario/2004/02/07/babelia/1076115028_850215.html





Azar Nafisi (1 de diciembre de 1955) ​ es una académica iraní y autora de éxito; residente en Estados Unidos desde 1997, año en que emigró de Irán. Es especialista en literatura en lengua inglesa. Su libro Reading Lolita in Tehran: A Memoir in Books, publicado en 2003, fue traducido a 32 lenguas y estuvo 117 semanas en la lista de superventas del New York Times (New York Times Bestseller list) y obtuvo numerosos premios literarios, entre ellos el Non-fiction Book of the Year Award (2004) de Book Sense, y el europeo Persian Golden Lioness Award de literatura. En 2008 publicó una autobiografía, Things I've been silent about: memories of a prodigal daughter, en torno al impacto que han tenido sobre toda su vida las relaciones con sus padres (una madre fría y malhumorada, un padre cariñoso y amigable) y las décadas de agitación política en Irán, incluida la encarcelación del padre durante el reinado del Sha bajo falsas acusaciones de irregularidades financieras.

Nafisi ha ostentado el cargo de profesora invitada y conferenciante en el Foreign Policy Institute de la School of Advanced International Studies (SAIS), de la Johns Hopkins University,​ y ha sido miembro de la Junta Directiva de Freedom House.

Azar Nafisi es hija de Ahmad Nafisi, que fue el alcalde más joven de Teherán (1961–1963).

En 1979 Nafisi regresó a Irán, donde enseñó Literatura inglesa durante un breve período en la Universidad de Teherán.​ Después de la revolución iraní de 1979 y el posterior ascenso al poder del Ayatollah Jomeini, Nafisi se impacientó rápidamente a causa de las restrictivas normas impuestas a las mujeres por los nuevos dirigentes de su país. Habló entonces de la libertad que consideraba que las mujeres de algunos países dan por sentadas, y que ahora las mujeres de Irán habían perdido, puesto que las autoridades jomeinistas habían promulgado leyes que coartaban los derechos de la mujer. En 1995 declaró que ya no podía enseñar Literatura inglesa adecuadamente sin atraer el escrutinio de las autoridades académicas, de modo que dejó su puesto en la universidad e invitó a siete de sus alumnas mujeres a asistir a reuniones periódicas en su casa, cada jueves por la mañana. Allí estudiaban obras literarias, incluidas algunas consideradas polémicas por la sociedad iraní postrevolucionaria, como Lolita y Madame Bovary. También les hablaba de novelas de F. Scott Fitzgerald, Henry James y Jane Austen, intentando entenderlas e interpretarlas desde un punto de vista iraní moderno.5​Cuando en 2003 un periodista le preguntó si «alguna vez, cuando vivía usted en Irán, pensó que le hubiera gustado la idea de un cambio de régimen implementado por fuerzas extranjeras», Nafisi afirmó: «Algunos iraníes estaban tan desesperados que hubieran deseado la entrada de poderes extranjeros, pero/ yo no pensaba así [...] en Irán, no creo que necesitáramos la intervención extranjera en ningún momento.»


Imagen de 1981: despedida de Azar Nafisi de la facultad, donde le prohibieron dar clases por negarse a la censura de su programa y por no querer usar el velo (Martín Rosenzveig)

Nafisi abandonó Irán el 24 de junio de 1997 y se fue a vivir a Estados Unidos, donde escribió Reading Lolita in Tehran: A Memoir in Books, un libro en el que describe sus experiencias como mujer laica que vive y trabaja en la República Islámica de Irán. 

En el libro declara: «Me marché de Irán, pero Irán no me ha abandonado.» 

Nafisi ha ostentado el cargo de profesora invitada y conferenciante en el Foreign Policy Institute de la School of Advanced International Studies (SAIS) de la Johns Hopkins University, en Washington, DC y ha formado parte de la Junta Directiva de Freedom House, una organización no gubernamental (ONG) de Estados Unidos que realiza estudios y actividades en defensa de la democracia.


Algunas publicaciones

"Images of Women in Classical Persian Literature and the Contemporary Iranian Novel." En The Eye of the Storm: Women in Post-Revolutionary Iran. Ed. Mahnaz Afkhami y Erika Friedl. Nueva York: Syracuse University Press, 1994. 115-130.

"Anti-Terra: A Critical Study of Vladimir Nabokov’s Novels" (1994).

"Imagination as Subversion: Narrative as a Tool of Civic Awareness." En Muslim Women and the Politics of Participation. Ed. Mahnaz Afkhami y Erika Friedl. Nueva York: Syracuse University Press, 1997. 58-71.

"Tales of Subversion: Women Challenging Fundamentalism in the Islamic Republic of Iran." En Religious Fundamentalisms and the Human Rights of Women (1999).

"Reading Lolita in Teheran" (2003). Publicado en español como Leer Lolita en Teherán (El Aleph, 2008)

"Things I've been silent about". Random House Trade Paperbacks (2008). Publicado en español como Cosas que he callado (Duomo, 2010)

https://en.wikipedia.org/wiki/Azar_Nafisi




MAGNUM PHOTOS

La revolución iraní


jueves, 8 de octubre de 2020

"Stoner" (John Williams) | miércoles 14 de octubre | 20 h

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OBRA MAESTRA IGNORADA. Enrique Vila-Matas

La semana pasada, en plena Via Po de Turín, Colum McCann, plantado literalmente en medio de la calle, me habló de una novela que había regalado ya unas 100 veces. ¡Unas cien veces! La novela, dijo, era Stoner, de John Williams. Como, además de gran escritor, McCann siempre ha sido un lector que tiene un gusto ajeno al tedio de lo comúnmente aceptado en novela, me dije que en cuanto llegara a Barcelona trataría de buscar ese libro.

En el avión de vuelta, hojeando distraídamente una revista francesa, encontré con la lógica sorpresa una reseña de Bernard Quiriny sobre Stoner, de John Williams: la novela había sido escrita en 1965 e ignorada durante décadas, pero de pronto reavivada por la canonizante editorial de la New York Review of Books y publicada después en París en la editorial Le Dilettante. Leyendo aquella nota de Quiriny, creí recordar una reseña muy elogiosa de Rodrigo Fresán sobre el libro y pensé que ojalá no me equivocara porque esto significaría que el libro de Williams había sido traducido al castellano. Lo estaba, lo confirmé en Internet en cuanto llegué a casa. Stoner no había sido percibida por ninguna de las casas editoriales importantes de este país y con buena vista la había publicado la editorial tinerfeña Baile del Sol, con una excelente traducción de Antonio Díez Fernández.

La novela cuenta la historia de William Stoner, hijo de unos campesinos de Misuri, nacido a finales del XIX y enviado con gran esfuerzo por sus padres a la universidad para que estudie en la Facultad de Agricultura, donde un día, un profesor que está iniciando a sus alumnos en las virtudes de la literatura, se dirige directamente a él en clase para decirle: "El señor Shakespeare le habla a través de 300 años, señor Stoner, ¿le escucha?".


Yann Kebbi

La luz, nos dice el autor, penetraba en aquel momento por las ventanas del aula y se posaba sobre los rostros de los compañeros de clase, de manera que la iluminación parecía venir de dentro de ellos mismos para salir hacia la oscuridad. Para el rústico joven Stoner, ese instante fue una iluminación, una gran revelación que, con el tiempo, incluso le llevaría a renunciar a la granja de sus padres y a convertirse en profesor de la universidad de Misuri, donde llevaría una vida sin alicientes, equivocándose en todo. Una vida laboriosa al servicio de la literatura, con multitud de errores sentimentales. La biografía de alguien que vistió siempre un traje equivocado. Y una vida condensada en una novela extraordinaria, que cuenta cómo "a alguien se le concedió la sabiduría y al cabo de los años encontró ignorancia".

¿Cómo olvidar cuando el discreto profesor, consciente de haber perdido el tiempo en su obstinado trabajo sin luces, se refugia al final en la imperturbabilidad que heredó de sus padres rurales, impasibles trabajadores de la tierra, constantes dibujantes de "surcos como oraciones en el papel"? Impresiona el modo de contar de John Williams, su fuerza inusitada para los dramas minúsculos y para el recuento cotidiano de nuestras resignaciones y decepciones, y sorprende que Stoner, siendo la obra maestra que es, haya podido ser ignorada durante tanto tiempo. Quizás despistó a más de uno por su aparente sencillez. Y es que, como dijera el actor Tom Hanks: "Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado".


Yann Kebbi

Creo que es fascinante también que sea en el fondo un elogio tanto de la rectitud moral como de la cultura del esfuerzo y del amor por la vieja literatura, con el patetismo que encierra todo eso. Y porque, a fin de cuentas, en plena crisis mundial, sorprende leer una oda tan intensa a los viejos valores morales heredados de una infancia hundida en las raíces agrícolas del Misuri más profundo y miserable, el más conmovedor también, porque es el que dice mejor la verdad sobre la vida.

https://elpais.com/diario/2011/10/18/cultura/1318888806_850215.html




John Williams (Clarksville, Texas, 29 de agosto de 1922 - Fayetteville, Arkansas, 3 de marzo de 1994) fue un escritor estadounidense principalmente conocido por sus novelas Stoner y El hijo de César, aunque también se dedicó a la poesía.

Nació en la pequeña localidad tejana de Clarksville, cerca del río Rojo. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y emisoras de radio, Williams se enroló en el ejército en 1942, durante dos años y medio como sargento en la India y Birmania. Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su título bachelor en 1949, y el master en 1950.

 


Durante este periodo publicó su primera novela, Nothing But the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Misuri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. En 1955 pasó a dirigir el programa de escritura creativa de la Universidad de Denver.



La segunda novela en publicarse fue Butcher's Crossing (1960), seguida de English Renaissance Poetry (1963), una antología de poesía en inglés en la que Williams escribió la introducción. Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965, año en el que se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quarterly, hasta 1970. 




En 1965 también se publicó su tercera novela, Stoner, que fue reeditada por The New York Review of Books en los años 2000 y trata sobre la vida y la vocación de un profesor de literatura, por lo que contiene elementos autobiográficos. La más conocida de sus obras es su cuarta novela, Augustus, traducida al español como El hijo de César, ganadora del National Book Award de ficción en 1973.

Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta que murió de un fallo respiratorio el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep Of Reason, quedó inacabada en el momento de su fallecimiento.


viernes, 11 de septiembre de 2020

"El olvido que seremos" (Héctor Abad) | miércoles 16 de septiembre | 20 h

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Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

                                                     Jorge Luis Borges 


De Agamenón para acá, padre es el que hace la guerra, el orden frente al caos, la autoridad frente a la desobediencia. Y si no es el mismo Dios, pues es el que negocia con los dioses. El ateniense sacrifica a Ifigenia para que el viento inflame las velas; el patriarca propone y dispone, el padre es la ley y la patria su territorio. Y sin embargo hasta el orden simbólico sufre sus cimbronazos.

Matar al padre, predestinó el psicoanálisis. Y Alexander Mitscherlich, de la Escuela de Frankfurt, exploró la ausencia de la paternidad en la sociedad alemana de posguerra. Genio sin imagen, a la deriva de una teoría que lo recupere y lo salve, el relato del padre en Occidente intenta reflejar su complejidad desde la tragedia, aún antes de la escritura. Por la carga ideológica en torno a esta figura, a menudo densa y en estrecha relación con el rol autoritario de los patriarcas –léase dictadores– latinoamericanos, cualquier versión en contrario no sólo llama la atención, también es bienvenida, porque la paternidad suele brillar por su ausencia, según las estadísticas, en el fragor cotidiano de la vida familiar.



En ese sentido, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) es un libro “padre” como dirían en México –que es así como la lengua popular define todo aquello más que bueno–, por su calidad narrativa y sobre todo porque el protagonista de la historia es el doctor Héctor Abad (1921-1987), un progenitor diferente: “Cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política”.

El médico Héctor Abad, en efecto, era un convencido de la necesidad del compromiso social de la medicina en países devastados por la pobreza como Colombia. Durante toda su vida batalló por la paz, la tolerancia y la justicia, se encerraba en su estudio a oír a Bach y Beethoven para sanar su pena y su rabia, y confiaba en el amor a rajatabla, el amor por la vida, por los hijos, por el arte y por la justicia. Lo amenazaron muchas veces pero él no quiso exiliarse ni tampoco calló, en sus audiciones radiales y en sus escritos siguió denunciando a los ejecutores de la violencia que desgarraba a su país, a sus cómplices y a sus mentores. Hasta el 25 de agosto de 1987 en que dos sicarios vaciaron los cargadores sobre su cuerpo frente al Sindicato de Maestros de Medellín. Tenía 65 años, vestía saco y corbata, y en el bolsillo de su pantalón llevaba un soneto de Borges, “Epitafio”, acaso un apócrifo, y cuyo primer verso reza: “Ya somos el olvido que seremos...”

La mano, la memoria, el alma del escritor necesitaron cincelarse durante dos décadas para abordar la escritura de esta pérdida. “Me saco de adentro estos recuerdos como se tiene un parto, como uno se saca un tumor”, cuenta Héctor Abad Faciolince, quien escribió entre otras las novelas Basura (2000, Premio Narrativa Innovadora Casa de América) y Angosta (2003). Y no hay duda que el tiempo ayudó no sólo a madurar el trazo sino también a encontrar el tono adecuado en una tradición literaria donde prevalecen el padre autoritario, el tirano y el patriarca. Mientras la figura del padre de Kafka se impone sobre su labor y sobre su existencia, y Joseph Roth confiesa: “Yo no tuve padre, en el sentido que nunca conocí al mío...”, el narrador colombiano en cambio escribe: “Amaba a mi padre por sobre todas las cosas... Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor... Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”.

Por eso quizá el relato El olvido que seremos cobra grandeza a partir de la extrañeza. ¿Es posible este padre amoroso? Se carcajea más que sus hijos, llora a mares cuando está triste, canta tangos y escribe poemas. Tampoco es el sostén económico de la familia –al igual que en la antigua Grecia, en el gineceo de la familia Abad, del dinero y el presupuesto familiar se encargó la madre por vocación, en una división de roles totalmente atípica. O por lo menos a contramano de la estadística, que si bien incorpora la jefatura de familia en la mujer en los hogares con ausencia del padre, éste no era el caso del médico Abad. Esta madre entiende además su función de proveedora como un acto más de amor hacia su esposo y a su prole, convencida que de esa forma el médico puede dedicar más tiempo a sus ideales. Por si fuera poco el doctor Abad educa a su prole a fuerza de abrazos, con amor protege y rodea esa familia en una caricia permanente, como un útero placentero y seguro en medio de una sociedad atravesada por la violencia intrafamiliar, política, institucional e histórica.

“La idea más insportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al río Medellín si él llegaba a morirse”. Hay que imaginar al escritor, adulto, “nunca tanta sangre” en sus manos como la que brotó aquel día del cuerpo inánime de su padre. Imaginarlo durante años escribiendo otras novelas, hasta que un día decide ya no tirarse al río Medellín y en cambio relatar la vida de ese hombre amado hasta poner orden en los cajones, cicatrizando la herida desde la memoria. Un poco como quería Nietzche escribir “para sobreponerse a la realidad”. El resultado es la historia verídica del médico Héctor Abad contada con los recursos de la novela y que a la vez es carta, testimonio, documento, ensayo y biografía; cuarenta y dos capítulos que son la saga de la familia del escritor, iluminando la historia de Colombia de las últimas décadas desde el lugar del amor y la justicia, aunque sin poder evitar la pregunta con la que comienza y termina el libro. El por qué de la muerte.  

La vida es una herida absurda, dice el tango, ése que tanto le gustaba cantar al doctor Abad. Pero la vida no tiene cura. Ya lo dijo Artaud. 

Esther Andradi 

https://www.letraslibres.com/mexico-espana/libros/el-olvido-que-seremos-hector-abad-faciolince

 


DOCUMENTAL "CARTA A UNA SOMBRA" (tráiler)


 







Escritor, traductor y periodista, Héctor Abad Faciolince nació en Medellín en 1958. Es hijo de Cecilia Faciolince y Héctor Abad Gómez, un destacado médico, profesor universitario y defensor de los Derechos Humanos, quien además fue el fundador de la Escuela Nacional de Salud Pública.

En 1977 realizó estudios de filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, y de Medicina en la Universidad Javeriana de Bogotá. En 1978 viajó a México y estudió talleres de poesía y narrativa en La Casa del Lago, el primer campus cultural de la Universidad Autónoma de México. En 1979 regresó a Medellín y comenzó a estudiar Periodismo en la UPB. De esta carrera fue expulsado en 1981 por escribir un artículo irreverente contra del Papa. En 1982 hace estudios de inglés en Nueva York y más tarde se va a Italia en donde estudia Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Turín. Regresa a Colombia en 1987, después de graduarse “cum laude” en Turín. En Agosto de ese año su padre es asesinado por paramilitares y debido a las amenazas que recibe se exilia primero en España (diciembre de 1987) y luego en Italia, en 1988, en donde trabaja como “lector de español” de la Universidad de Verona hasta 1992. 

Desde sus años de estudiante había empezado a traducir al castellano diverso autores italianos: Umberto Eco, Leonardo Sciascia, Italo Calvino, Tomasi di Lampedusa, Gesualdo Bufalino, Primo Levi y Natalia Ginzburg, entre otros. Estas traducciones se publicaron en libros y en suplementos literarios mexicanos.

En 1992 regresó a Colombia y desempeñó distintos oficios. Dirigió durante tres años la Revista de la Universidad de Antioquia y fue también director del Fondo Editorial de la Universidad EAFIT. Trabajó también como periodista y columnista para distintos medios colombianos: El Espectador, Cromos, El Colombiano, y las revistas Cambio y Semana.

En 1998 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría columna de opinión; recibió ese mismo premio en el año 2006. En 1999 fue corresponsal de la revista Cambio en Estados Unidos, con sede en Boston. En 2000, su novela Basura recibió el Primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora; en 2004, su novela Angosta fue premiada en China como la Mejor Novela Extranjera del Año; en 2006 recibió una beca del DAAD y vivió un año en Berlín.

En noviembre del año 2006, publicó su libro más celebrado, El olvido que seremos, en donde revive la historia de su padre, el doctor Héctor Abad Gómez, y las circunstancias de su asesinato. Por este libro ha recibido premios en Lisboa y en Washington.

Actualmente es columnista y asesor editorial del diario El Espectador. Colabora también con El País de Madrid, el NZZ de Zurich y otras publicaciones nacionales e internacionales. Sus novelas han sido traducidas a distintas lenguas, entre ellas inglés, portugués, italiano, chino, francés y alemán.

Bibliografía
Malos Pensamientos (1991)
Asuntos de un Hidalgo Disoluto (1994)
Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes (1996)
Fragmentos de Amor Furtivo (1998)
Basura (2000)
Oriente Empieza en El Cairo (2001)
Palabras Sueltas (2002)
Angosta (2003)
El Olvido que Seremos (2006)
Las Formas de la Pereza (2007)
El Amanecer de un Marido (2008)
Traiciones de la Memoria (2009)
Testamento involuntario (2011)
La Oculta (2014)
Lo que fue presente (2019)

https://www.hectorabad.com/biografia/











lunes, 22 de junio de 2020

"La utilidad de lo inútil" (Nuccio Ordine) | miércoles 24 de junio | 20 h



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¡ES LA INUTILIDAD, ESTÚPIDO!


Por­que no solo de pan vive el hom­bre, Con­fu­cio, cuando le pre­gun­ta­ron por qué com­praba arroz y flo­res, con­tes­taba que lo uno para vivir y lo otro para tener algo por lo que vivir. Las flo­res no sir­ven para nada, pero de nada sirve una exis­ten­cia movida en exclu­siva por fina­li­da­des prác­ti­cas, aun­que en este ejem­plo se trate de una nece­si­dad básica. Lo que el filó­sofo y pro­fe­sor de lite­ra­tura ita­liana de la Uni­ver­si­dad de Cala­bria Nuc­cio Ordine denun­cia en su esplén­dido mani­fiesto La uti­li­dad de lo inú­til (Acan­ti­lado) es esta reduc­ción de la cul­tura, en su con­cepto más amplio, a la esfera uti­li­ta­rista, a la con­se­cu­ción del bene­fi­cio mate­rial o eco­nó­mico. En nues­tro mundo business-as-usual, en el que arroz y demás cerea­les tam­bién se han con­ver­tido en un objeto más del juego finan­ciero, haciendo del ham­bre un lucra­tivo nego­cio, un libro como este invita a pen­sar en Ordine como uno de esos «hom­bres libro» de Fah­ren­heit 451, los aca­dé­mi­cos de la novela de Ray Brad­bury que iban por los bos­ques trans­mi­tiendo oral­mente los libros (que esta­ban prohibidos).

No obs­tante, como bien decía Brad­bury, no hace falta que­mar libros si el mundo empieza a lle­narse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe… En esen­cia viene a ser lo mismo. Ordine lo sabe y echa mano de los pró­ce­res de la cul­tura occi­den­tal para expo­ner­nos con cla­ri­dad y hon­dura las cau­sas un calen­ta­miento glo­bal de la cul­tura que nos está lle­vando a un mundo en el que “un mar­ti­llo vale más que una sin­fo­nía, un cuchi­llo más que una poe­sía, una llave inglesa más que un cua­dro: por­que es fácil hacerse cargo de la efi­ca­cia de un uten­si­lio mien­tras que resulta cada vez más difí­cil para qué pue­den ser­vir la música, la lite­ra­tura o el arte”.

El ensayo está estruc­tu­rado en tres par­tes: la útil inuti­li­dad de la lite­ra­tura, los efec­tos desas­tro­sos pro­du­ci­dos por la lógica del bene­fi­cio en el campo de la ense­ñanza, la inves­ti­ga­ción y las acti­vi­da­des cul­tu­ra­les en gene­ral, y una ter­cera parte, que lleva por título "Poseer mata.  Dig­ni­tas homine, Amor, ver­dad", en el que el autor echa mano de los clá­si­cos para demos­trar­nos que amar para poseer mata el amor y poseer la ver­dad mata la ver­dad. El mani­fiesto se com­pleta con un breve ensayo de 1937 que firma Abraham Flex­ner, fun­da­dor del Ins­ti­tute for Advan­ced Study de Prin­ce­ton, “un cen­tro nacido con el obje­tivo expreso de pro­po­ner una quête libre de cual­quier ata­dura uti­li­ta­rista e ins­pi­rada exclu­si­va­mente por la curio­si­tas de sus ilus­tres miem­bros”. Fara­day, Eins­tein o Pas­teur son algu­nos de los cien­tí­fi­cos que el peda­gogo esta­dou­ni­dense uti­liza para mos­trar cómo inves­ti­ga­cio­nes sur­gi­das sin un fin en con­creto han desem­bo­cado en des­cu­bri­mien­tos que a la pos­tre han resul­tado de lo más úti­les para dis­tin­tos fines prácticos.

Cada una de las par­tes incluye bre­ves pará­bo­las y ejem­plos de escri­to­res y filó­so­fos, un mues­tra­rio de ense­ñan­zas mora­les con­cen­tra­das en ape­nas cien pági­nas. Es como si el pen­sa­miento del autor al escri­bir el libro se pro­yec­tara a un hipo­té­tico mundo post-apocalíptico en el que ape­nas que­da­ran unos habi­tan­tes que nece­si­ta­sen de una brú­jula para recons­truir los cimien­tos de la cul­tura universal.

No todo está per­dido, aún esta­mos a tiempo de rever­tir la situa­ción, pero en su grito deses­pe­rado Ordine se lamenta de que de nada parece haber ser­vido el sublime verso final de un poema de Höl­der­lin, en el que se recuerda el papel fun­da­dor de la figura del poeta: “Pero lo que per­ma­nece lo fun­dan los poe­tas” (“Was blei­bet aber, stif­ten die Dich­ter”).

“El deber de los escri­to­res, nos decía Gabo, no es con­ser­var el len­guaje, sino abrirle camino en la his­to­ria”. Al res­pecto de la “fecunda inuti­li­dad de la lite­ra­tura”, el huma­nista ita­liano recuerda el pasaje de Cien años de sole­dad de los inú­ti­les pes­ca­di­tos de oro que el coro­nel Buen­día fabri­caba y ven­día para fun­dir las ganan­cias y repe­tir el pro­ceso de la pes­ca­di­lla que se muerde la cola. El arte por el arte: “Sus úni­cos ins­tan­tes feli­ces, desde la tarde remota en que su padre lo llevó a cono­cer el hielo, habían trans­cu­rrido en el taller de pla­te­ría, donde se le iba el tiempo armando pes­ca­di­tos de oro. Había tenido que pro­mo­ver treinta y dos gue­rras, y había tenido que vio­lar todos sus pac­tos con la muerte y revol­carse como un cerdo en el mula­dar de la glo­ria, para des­cu­brir con casi cua­renta años de retraso los pri­vi­le­gios de la sim­pli­ci­dad”. Ordine observa en estas pala­bras una prueba de que la ver­da­dera lite­ra­tura se basa en esa sim­pli­ci­dad, en un gozo desin­te­re­sado que con­siste en darse sin espe­rar nada a cambio.

“El niño no nace para la socie­dad, aun­que la socie­dad se apo­dere de él, nace para nacer. La obra de arte nace igual­mente para nacer, se impone a su autor, exige sin tener en cuenta sin pre­gun­tarse si es reque­rida o no por la socie­dad. Si no se com­prende la uti­li­dad de lo inú­til, la inuti­li­dad de lo útil, no se com­prende el arte”, recuerda Ordine a Ionesco y se pre­gunta cuán­tos bie­nes de con­sumo inne­ce­sa­rios se nos ven­den como úti­les e indis­pen­sa­bles. 

Por la misma razón Picasso afir­maba que apren­der a pin­tar como los pin­to­res del Rena­ci­miento le había lle­vado unos años, pero apren­der a pin­tar como los niños le llevó toda la vida. En ese rea­lismo mágico de la mirada de los niños está con­te­nida la espe­ranza de la dig­ni­tas homi­nis, la ver­dad y el amor. La ver­dad como bús­queda insa­cia­ble y el amor libre de la jaula de la posesión.

“¡Es la eco­no­mía, estú­pido!» es la céle­bre y manida frase de James Car­vi­lle, el ase­sor de la exi­tosa cam­paña que en 1992 aupara a Bill Clin­ton hasta el Des­pa­cho Oval de la Casa Blanca. La estul­ti­cia y cor­te­dad de miras del neo­li­be­ra­lismo se parece a la fábula del burro per­si­guiendo la zanaho­ria. El sueño pro­me­teico del capi­ta­lismo (“El burro grande, ande o no ande”) lo está arra­sando todo a su paso. Démo­nos el lujo nece­sa­rio de la feli­ci­dad sen­ci­lla, del fin en sí mismo. Italo Cal­vino: “La cul­tura, como el amor, no posee la capa­ci­dad de exi­gir –observa con razón Rob Rie­men–. No ofrece garan­tías. Y, sin embargo, la única opor­tu­ni­dad para con­quis­tar y pro­te­ger nues­tra dig­ni­dad humana nos la ofrece la cul­tura, la edu­ca­ción libe­ral”. La eco­no­mía, pues, al ser­vi­cio de la cul­tura y no al revés. 

Nuc­cio Ordine, caba­llero de la Legión de Honor fran­cesa desde 2012, sabe lo mucho que está en juego, y lo expresa con la deli­ca­deza pro­pia de un excelso espí­ritu huma­nista: “La mirada fija en el obje­tivo a alcan­zar no per­mite ya enten­der la ale­gría de los peque­ños ges­tos coti­dia­nos ni des­cu­brir la ale­gría que pal­pita en nues­tras vidas: en una puesta de sol, un cielo estre­llado, la ter­nura de un beso, la eclo­sión de una flor, el vuelo de una mari­posa, la son­risa de un niño. Por­que a menudo, la gran­deza se per­cibe mejor en las cosas más sim­ples”. La lec­ción de La uti­li­dad de lo inú­til –léanlo, por favor– es que si per­de­mos las cosas más sim­ples, aque­llas que (sólo) en apa­rien­cia no valen para nada, lo per­de­re­mos todo. Con lo inú­til no se juega.  

http://revistaleer.com/2014/06/es-la-inutilidad-estupido/
ALBERTO SÁNCHEZ MEDINA


















Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 18 de julio de 1958) es profesor, filósofo y uno de los mayores conocedores del Renacimiento y del pensamiento de Giordano Bruno.

En la actualidad, es profesor de Literatura italiana en la Universidad de la Calabria en Cosenza (Italia). Fellow del Harvard University Center for Italian Renaissance Studies y del Alexander von Humboldt Stiftung, ha sido invitado por diferentes Universidades norteamericanas (Yale, New York University) y europeas (EHESS, École Normale Supérieure Paris, Paris-IV Sorbonne, Paris-III Sorbonne-Nouvelle, CESR of Tours, Institut Universitaire de France, Paris-VIII, Warburg Institute, Eichstätt University). En 2011 la Universidade Federal do Rio Grande do Sul le otorga su primera Licenciatura honoris causa y los días 4 y 5 de septiembre de 2017 la Universidade Federal de Ciências de Saúde de Porto Alegre y la Universidade de Caxias do Sul le conceden sendas Licenciaturas Honoris Causa "por su inestimable contribución en el campo de los estudios humanísticos". 






Sus libros han sido traducidos a numerosos idiomas. Ha dirigido una nueva edición de las obras de Bruno y, junto a Yves Hersant y Alain Segonds, ha editado tres colecciones de clásicos  para la editorial parisina Les Belles Lettres. En Italia es el director de las colecciones “Sileni” (Nápoles, Liguori), “Classici del pensiero europeo” (Torino, Nino Aragno) y “Classici della letteratura europea” (Milán, Bompiani). Escribe para el "Corriere della Sera".






miércoles, 27 de mayo de 2020

"El buen soldado", de Ford Madox Ford (miércoles 27 de mayo, 20 h)


CLUB DE LECTURA VIRTUAL



Martin Seymour-Smith escribió que se trata de “la novela de mayor perfección formal de la literatura inglesa”. Graham Greene decía que volvía a ella una y otra vez para descubrir siempre algo nuevo que admirar. Hay un evidente aire de familia entre los desdichados espías y los turbios adulterios de Greene y esta inolvidable contradanza del amor y la muerte lograda por Ford Madox Ford. Con no poca vanidad y justificado orgullo, el propio Ford comenta en el prólogo a modo de dedicatoria: “Cielo santo, ¿es posible que yo escribiera tan bien por entonces?”. También recuerda la corrección de su amigo John Rocker al exagerado elogio de un admirador que dijo que El buen soldado era la mejor novela en lengua inglesa: “Cierto, pero se ha olvidado usted de una palabra. ¡Es la mejor novela francesa en lengua inglesa!”.



En cuanto al material, la novela trata de una enloquecida e intrincada maraña de falsedades, rencores, pasiones, celos y venganzas, pero tamizada a través de una voz narrativa prodigiosa, que se instala en la mente del lector desde la atalaya de la formidable primera frase: “Ésta es la historia más triste que jamás he oído”. No lo dice en vano, aunque la trama avanza a trompicones, de atrás hacia delante, de adelante hacia atrás, entre las aparentes torpezas y los olvidos involuntarios con los que el narrador, Dowell, va dosificando la información casi página a página, matizando, modulando, coloreando acciones y personajes, rememorando un pasaje conocido desde un inesperado punto de vista que, de repente, cambia por completo su sentido y su alcance. A pesar de sus vacilaciones, sospechas y lagunas (o mejor dicho, precisamente gracias a ellas), la voz del narrador disfraza una soberana lección del arte de contar. Las dos parejas protagonistas --un matrimonio británico y otro estadounidense-- van girando en torno a la luz del relato como los instrumentos de un cuarteto de cuerda siguiendo una partitura magistral, una aterradora fábula repleta de estupideces y engaños.

En su primera parte el relato parece una simple historia de adulterio de clase alta, un juego de máscaras entre un apuesto y frívolo caballero inglés, Edward Ashburnham --esposo de Leonora, una irlandesa católica, celosa y manipuladora--, y un millonario estadounidense bastante bobo --Dowell, el narrador-- que ni siquiera llega a sospechar la clase de pájara que es su mujer, Florence. Pero a medida que el relato avanza, las complejidades y equívocos que forman las relaciones entre ambas parejas, basadas en la hipocresía, la simulación y le mentira, van formando un asombroso ajedrez de sombras.

“Era un asunto realmente asombroso y creo que a los ojos de Dios habría sido mejor que trataran de arrancarse los ojos unos a otros con cuchillos de cocina. Pero eran gente bien”.

Ford hacía bien en enorgullecerse de su factura: pocas veces el arte de la novela ha volado más alto. Para comprobarlo, si es posible, háganse cuanto antes con la vieja edición de Edhasa, avalada por la espléndida traducción de José Luis López Muñoz. Nunca --que yo sepa-- un escritor ha retratado las desdichas y miserias de la institución matrimonial y la hipocresía de la alta sociedad con la ironía y la profundidad de esta asombrosa sátira. El propio Ford cuenta que, en una ocasión, se encontró con uno de sus asistentes que regresaba al regimiento después de un permiso y lo encontró pálido como la cera. Cuando le preguntó qué le ocurría, el muchacho respondió: “Bueno, ayer le pedí a mi novia que se casara conmigo y hoy he estado leyendo El buen soldado”. A medida que me internaba por los pasadizos de ese infierno doméstico recordaba aquella anécdota que cuenta mi añorado Eduardo Chamorro en su libro de recuerdos Juan Benet y el aliento del espíritu sobre las aguas. De regreso de los Estados Unidos, Benet se quejaba de que era falso eso de que cualquiera podía entrar en una tienda de armas y hacerse con un revólver. Él lo había intentado varias veces sin conseguirlo. Un amigo le pregunta: “Y tú, ¿para qué quieres un revólver, Juan?”. “¿Yo? Por si me caso”.

David Torres
Fuente: https://www.cuartopoder.es/cultura/2018/03/04/el-buen-soldado/





Ford Madox Ford (nombre literario de Ford Herman Hueffer; Merton, 1873 - Deauville, 1939). Escritor británico. En 1908 fundó la revista The English Review, en la que publicó los primeros relatos de D. H. Lawrence y escritos de Thomas Hardy, Henry James y H. G. Wells, y alentó a gran número de escritores luego famosos; colaboró además con Joseph Conrad. De su producción cabe destacar las novelas El buen soldado (1915) y El final del desfile (1924-28). En total publicó más de setenta y cinco volúmenes de novela, poesía, crítica literaria y otros géneros.

Hijo de un crítico musical alemán y sobrino por parte de madre del pintor perrafaelita Ford Madox Brown, vivió en un ambiente familiar artístico e intelectual muy estimulante. A los dieciocho años se convirtió al catolicismo y al año siguiente publicaba su primera novela, The Shifting of the Fire. En 1896 dio a la imprenta una biografía de su abuelo; de este mismo período data su amistad con E. Garnett, S. Crane, John Galdworthy, Joseph Conrad y Henry James, que tendrán un papel determinante en su formación: con Joseph Conrad, por ejemplo, escribiría Los herederos (1900), Romance (1902) y La naturaleza de un crimen (1923).

Ford Madox Ford fundó dos importantísimas revistas literarias: The English Review (1908-1910), en la que colaboraron D. H. Lawrence, Thomas Hardy, H. G. Wells, Joseph Conrad, Henry James, Ezra Pound y W. B. Yeats, y la Transatlantic Review (1924), donde aparecieron textos de Gertrude Stein, Pound, Ernest Hemingway, T. S. Eliot, James Joyce, John Dos Passos y Paul Valéry. 

En la primera década del siglo se dedicó a escribir las novelas históricas de la "trilogía Tudor": The Fifth Queen (1906), Privy Seal (1907) y The Fifth Queen Crowned (1908). Produjo luego brillantes novelas satíricas experimentales: The Call (1910), Ladies Whose Brigh Eyes (1911) y Mr. Fleight (1913).


Pero su obra maestra es El buen soldado (The Good Soldier, 1915), considerada la summa de su madurez literaria. Esta novela, de atmósfera y técnica jamesiana, desvela la íntima fragilidad de los principios morales del hombre contemporáneo, eligiendo el matrimonio y las relaciones sexuales como campo de indagación. El narrador es el cincuentón John Dowell, norteamericano acomodado, hombre bueno y piadoso que con amor y dedicación se ha hecho enfermero de su mujer, Florence, enferma del corazón, y la ha acompañado a los balnearios más elegantes de Europa. Los Dowell conocen a los esposos Ashburnham, la quintaesencia de lo más refinado que haya producido la civilización inglesa: ella, Leonora, es noble, atractiva y espontánea, y él, Edward, es un perfecto gentleman, excelente deportista, buen soldado y campeón de la cortesía. Durante nueve años los dos matrimonios se van encontrando con frecuencia, y sólo la muerte de la pobre Florence, previsible por lo demás, pone fin a esta bella y rara amistad.

Comienza entonces la verdadera experiencia del narrador: su fase de conocimiento trágico, la serie de revelaciones que lo dejarán terriblemente solo, sin esperanza alguna de interpretar el corazón humano. Todo lo monstruoso que se va descubriendo poco a poco a los ojos del pobre Dowell bajo "aquellos nueve años de amistad tranquila" constituye la parte central del libro, y hace de su argumento un símbolo de la erupción de fuerzas malignas que se ocultaban tras las serenas apariencias de la Belle Époque.

Dowell presencia, en primer lugar, un lío morboso entre Edward y la huérfana Nancy que termina, con la complicidad increíble de Leonora, en la locura de la muchacha y en el suicidio del "buen soldado" Edward, seguido inmediatamente de un nuevo matrimonio de Leonora con un joven admirador. Dowell comprende la vida de infierno que los Ashburnham habían llevado bajo las apariencias de la respetabilidad: Edward era un monstruoso egoísta, un hombre fatuo y necio, un libertino inmoral, y Leonora una fanática capaz de cualquier bajeza con tal de someter al compañero amado y odiado, y hacer de él "un buen marido" a toda costa. Los seres inocentes caídos en la red de la pareja modelo eran empujados a la muerte o a la locura, y una de estas víctimas había sido Florence, amante de Edward.

La historia de El buen soldado se relata en apariencia sin un plan preconcebido, con el procedimiento casual y tortuoso de quien, poco a poco, ve hacerse la luz en un pasado que tenía completamente mal interpretado. Pero de esta novela se ha alabado precisamente el modo de narrar extraordinariamente moderno y su técnica, tan perfecta que constituye casi un fin en sí misma: Ford hace un uso habilísimo del punto de vista y del detalle, del montaje y de la correspondencia simbólica, de la ironía y de la anticipación dramática. Su forma es, sobre todo, la expresión de un mundo en el que todos los resortes de la armonía están rotos, y la verdad aparece como imposible. El libro es realmente un caso excepcional: una obra todavía vibrante de cadencias románticas que asimila en forma ejemplar las lecciones de Henry James y de Joseph Conrad, las funde en un lenguaje impregnado de un "humour" inimitable y preconiza temas y atmósferas que serán típicas de novelistas norteamericanos como Ernest Hemingway o Francis Scott Fitzgerald.



Después de la Primera Guerra Mundial, Ford Madox Ford escribió la tetralogía novelesca El final del desfile, compuesta por Algunos no lo hacen (1924), No más desfiles (1925), Un hombre podría resistir (1926) y La última posición (1928), sobre la civilización occidental que desemboca en la Gran Guerra. 

Del resto de su ingente producción literaria (más de setenta y cinco obras) merecen destacarse sus libros de recuerdos: Ancient Lights (1911), Thus to Revist (1921), Return to Yesterday (1931), It was the Nightingale (1934) y Mightier than the Sword (1938). De sus ensayos hay que citar The English Novel (1929) y The March of Literature (1938).


Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E.  Fuente: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/ford_madox.htm


martes, 28 de abril de 2020

"La letra escarlata", de Nathaniel Hawthorne (miércoles 27 abril, 20 h)


CLUB DE LECTURA VIRTUAL



Nathaniel Hawthorne nació en el año 1804 en Salem, Massachusetts, muy cerca de donde hoy vive quien redacta esta reseña y murió en Concord en 1864. Es incluso posible visitar la casa donde nació este notable escritor. En este pueblo muchas cosas llevan el nombre de Hawthorne, incluyendo un hotel en pleno centro, junto al denominado parque central.

En términos generales, Hawthorne es considerado junto con Herman Melville y Edgar Allan Poe como uno de los mejores escritores estadounidenses del siglo XIX. Herman Melville dedicó su famosa novela Moby Dick (1851) a Hawthorne como prueba de su aprecio por lo que el autor de esa ficción llamó su genio literario.


        

Además de la novela La letra escarlata (1850), Hawthorne escribió otras ficciones de largo aliento, tales como La casa de los siete tejados (1851) -un edificio que actualmente funciona como un centro cultural en Salem-, Blithedale (1852), y El fauno de mármol (1860).

Hawthorne también escribió cuentos, y entre sus más conocidos están: «La marca de nacimiento» (1843), «El velo negro del ministro» (1844), «La hija de Rappacini» (1844) del que Octavio Paz hizo una adaptación como obra de teatro en 1953; en ese montaje el autor mexicano mantuvo todos los personajes del texto original pero añadió un mensajero que funciona como el narrador.

Jorge Luis Borges afirmó que los cuentos de Hawthorne expresan el tenue mundo crepuscular, o lunar, de las imaginaciones fantásticas. Para otros escritores sus cuentos son relatos leves y patéticos que tienen un estilo elegante y depurado, donde siempre encontraremos un contraste entre la violencia exterior y la suavidad del tono, entre la voz delicada y las oscuras sugerencias de lo que se cuenta.

Para la crítica literaria, Hawthorne es un autor que encuadra dentro del Romanticismo estadounidense, al igual que Edgar Allan Poe. Su obra tiene siempre como espacio Nueva Inglaterra, en particular el pueblo de Salem; así la novela que nos ocupa recrea intensamente el ambiente puritano que existía en la sociedad estadounidense del siglo XVII.
En años recientes, los críticos han dicho que hay que poner atención a la voz narrativa de Hawthorne, la que no debe confundirse con la voz del escritor, poniendo en duda la vieja idea de que Hawthorne era un escritor moralista y que vivió cargado de complejos.

La letra escarlata fue publicada en 1850 y ha sido reconocida desde el principio como un clásico literario y continúa ocupando un lugar importante entre las obras maestras estadounidenses.

La novela está narrada en tercera persona y se encuentra ambientada en la colonia de Boston (1642). En la ficción se relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho la letra “A” en color escarlata, símbolo de su adulterio.

La trama empieza con un capítulo largo a modo de introducción sobre el edificio de la aduana de Salem, donde el narrador trabajó tres años; acerca de su familia y de la importancia que el pueblo de Salem tiene en la vida del autor, y en torno a algunos compañeros de trabajo. En este capítulo el escritor también nos cuenta que encontró en un sobre de papel un pedazo de tela que contenía la letra A mayúscula de color escarlata, y con este símbolo de género encontró, además, varias hojas escritas que referían la historia de una mujer llamada Hester Prynne (este truco narrativo, como bien sabemos, no es nada nuevo; ya Cervantes lo usó para dar a conocer El Quijote de la Mancha).

La acusada Prynne rechaza revelar la identidad del padre de su hija, tenida fuera del matrimonio (su marido había desaparecido dos años antes). Al salir de la prisión, la mujer se va a vivir a las afueras de la comunidad y trabaja como  costurera; trata de vivir su vida con dignidad dentro de las posibilidades que una sociedad misógina, injusta, autoritaria, y donde prevalece la doble moral, se lo permite.

Otro personaje importante en la novela es el reverendo Dimmesdale, una persona atormentada por la culpa de su pecado el cual no se atreve a confesar pues teme perder la estima de la que goza en la comunidad; además de este personaje también está Roger Chillingworth (que es el reaparecido marido de Hester haciéndose pasar por médico), un hombre sumamente inteligente y manipulador que maquina siempre desde la sombra y no tarda mucho en darse cuenta que el reverendo Dimmesdale es el padre de la hija de Hester.

Hester recibe a Roger Chillingworth en la prisión, quien le dice que va a descubrir quién es el padre de la niña. 


               

El lector atento descubrirá, desde el principio, la importancia que tiene en esta novela el contexto político-religioso que prevalecía en ese entonces en Nueva Inglaterra, y que se extendió hasta finales del siglo XVII, impregnado por el puritanismo religioso de raíz protestante. Sabrá de inmediato que tanto la iglesia como el gobierno tenían intereses en común y en consecuencia actuaban de acuerdo a la hora de castigar una infracción tanto en la esfera de lo político como en la disciplina moral y eclesiástica como la que se describe de tan elegante forma en esta obra maestra.

Fuente (fragmentos): https://www.cineyliteratura.cl/novela-la-letra-escarlata-de-nathaniel-hawthorne-la-estetica-del-erotismo-proscrito/ 



Dir. Roland Joffé (1995)


 Dir. Victor Sjöström (1926)


 
Dir. Wim Wenders (1973)
                                     
      
 

Wakefield es el mejor relato de Hawthorne y acaso uno de los mejores de la literatura.
                                                                                                        Jorge Luis Borges