lunes, 12 de noviembre de 2018

"La Novena", de Marcela Serrano (miércoles, 20h)





La escritora chilena Marcela Serrano nos habla en La Novena de uno de los crímenes más desconocidos de la dictadura pinochetista: la relegación. Los que la sufrían tenían que buscarse la vida sin dinero ni la posibilidad de trabajar legalmente en los lugares inhóspitos a los que eran desterrados.

No fue el peor crimen que cometió la dictadura de Augusto Pinochet, pero la crueldad con la que se ideó le ha otorgado suficientes méritos para entrar en el podio de los más macabros. Hacia finales de la dictadura, los militares comenzaron a entretenerse con libros de geografía, buscando en el alargado mapa de Chile los lugares más lejanos e inhóspitos para desterrar allí a los revoltosos y agitadores (estudiantes, sindicalistas o militantes de baja intensidad). Aquello se conoció como la relegación. “La dictadura hizo crímenes tan atroces que este era menor”, explica Marcela Serrano, “la condena es muy poco conocida, pero es bien monstruosa: te tiran en un lugar determinado, donde normalmente no hay nada y tú tienes que hacerte cargo de ti mismo, no puedes trabajar legalmente, tienes que buscar de comer y dónde dormir, desenvolverte sin ningún medio. 



Había chiquillos que no tenían familia con posibilidades para llevarles víveres, ya que podían visitarlos, y lo que sufrieron todos, al final, fue un serio problema económico para mantenerse según pasaba el tiempo”. 

Miguel Flores, protagonista de la décima novela de Serrano es un estudiante universitario de Sociología que es arrestado en una manifestación y condenado a malvivir en una aislada zona agrícola, cercana a la capital, pero prácticamente inaccesible. Los “pacos” (así se llama coloquialmente a la policía chilena) le sueltan en medio del campo con lo puesto, algo de calderilla y le aconsejan resguardarse en una choza destartalada. La única condición es que vaya a firmar cada día a su garita, situada a varios kilómetros. 

Entre la angustia y la desconfianza de sus nuevos vecinos, Miguel encuentra a Amelia, una terrateniente viuda y culta que pronto empatiza con la situación del relegado y le invita a acompañarla en La Novena, su hacienda. “El punto de partida de la historia es una experiencia real de mi madre. Ella era una mujer de clase alta y cierta edad, que vivía en un campo muy lindo al que llegó un relegado.

Él la miró como diciendo: 'Esta es mi enemiga de clase', pero ella lo acogió”, concede Serrano, una de las autoras de mayor éxito en América Latina, que ha pedido hacer esta entrevista en la terraza de un bar, para aprovechar así el buen clima del largo verano madrileño. Miguel cede ante el ofrecimiento y ambos pasan las tardes comiendo, hablando de literatura o de la intensa vida de Amelia, aunque sin perder de vista la condición de terrateniente de su anfitriona. 

“En general, los dueños de fundos en Chile son muy derechistas. Hubo una gran reforma agraria y la derecha chilena no lo perdona”, explica la autora de Antigua vida mía justificando la actitud de su personaje. 

Los hombres no saben escribir sobre mujeres 
Cuando se planteó La Novena, Serrano investigó sobre el tema de relegación y descubrió que a las mujeres nunca les aplicaban esta condena. Así, tuvo que cambiar el punto de vista femenino que siempre había dominado su producción literaria y situar en primer plano, por primera vez, a un personaje masculino. 

“Me entretuvo mucho hacerlo, ¿sabes? Me parecía muy cercano y no me costó meterme en él”, reconoce satisfecha. ¿Se enfrentan igual las mujeres escritoras a los personajes masculinos que los escritores a los femeninos? “Nosotras lo hacemos mejor, definitivamente”, responde entre risas Serrano, “nacimos respirando el mundo masculino, lo conocemos, lo hemos leído y somos las que criamos a los hombres. Como dice una amiga mía: yo me tomo el antidepresivo, a pesar de que es mi marido el que está deprimido. Estamos buscando el aparato psíquico de los hombres. Además, ¡cómo no vamos a conocer a los hombres si somos víctimas de su poder! Cuando es al revés, cuando ellos escriben sobre personajes femeninos, hay una nota que no pueden dar o la dan mal, incluso los grandes autores como Carlos Fuentes o Javier Marías. Toman la voz de una mujer y uno sabe, siempre, que es un hombre en el que está hablando. Al final, es falta de conocimiento, es tan simple como eso”. 


En los inicios de su carrera, su manifiesta postura feminista le valió el desprecio de cierta crítica de su país natal. “Se ha establecido como sistema que es gratis sacarle la mierda a las escritoras mujeres. Es gratis. Empezaron a hacerlo con Isabel [Allende], después siguieron conmigo”, denunció su hartazgo en una entrevista. Con los años, la visceralidad de las críticas ha amainado, pero la autora de Nosotras que nos queremos tanto tiene claro que su origen fue el arrollador éxito comercial de ambas. “El mundo literario es una mafia, muy misógina, además. El hecho de que aparecieran voces que fueran tan leídas les mató. Decidieron que nosotras éramos light y producto del marketing. Ahora, ya no se atreven porque nuestra carrera ha sido sostenida en el tiempo, aunque hay hombres chilenos que no leen a ninguna mujer y lo confiesan”. 

Marcados por Pinochet
Cuando en 1973 Pinochet arrasó con el gobierno de Salvador Allende, Serrano tenía 22 años y estaba en el último año de la universidad. Partió al exilio y permaneció en Roma durante cuatro años, en los que, cuenta, no hizo nada laboralmente de provecho, pues la incertidumbre y el miedo inundaron todas las facetas de su vida. Dice que a su generación el golpe de Estado les ha dejado una huella indeleble, y que por eso, de una manera u otra, la dictadura está presente en toda su obra literaria. “Imagínate que matan a todos tus amigos y empiezan a cambiar todas las leyes que conocías, en todos los sentidos, desde las psicológicas a las materiales. Yo me he preguntado en muchas ocasiones quién habría sido sin el golpe, qué me habría pasado, a qué me habría dedicado… Todo habría sido distinto”. 


                    


En el caso de La Novena, la dictadura no sólo es el trasfondo, sino que funciona como detonador y determina la manera de relacionarse de los personajes. “Pinochet es un veneno, le dijo Amelia, y lo peor son sus Chicago Boys, el experimento que hacen con la economía en Chile es el más peligroso, durará más que la dictadura misma, acuérdate de mis palabras”. “Los que entendían de economía sabían lo que estaba pasando”, explica la escritora sobre este fragmento del libro, “yo no alcancé a entender el daño, pero piensa que llegó Milton Friedman con sus Chicago Boys a este experimento maravilloso que no tenía límites. No había Parlamento ni nada que les detuviera, así que hicieron lo que quisieron. Poder practicar en un país el sistema llevado al extremo fue el placer máximo del neoliberalismo. Y ese sistema no se cambió cuando llegó la democracia, se mantuvo contenido un tiempo, pero ya explotó y ha habido gigantescos movimientos que han expresado su malestar por el neoliberalismo, aunque ha sido muy tarde. Jamás pensé que íbamos a convertirnos en un país con un capitalismo tan salvaje”.

https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/10/14/durmiendo_con_enemiga_clase_56134_1821.html




LA REPRESIÓN EN CHILE (1973-1989)
CAPÍTULO 5. LA PRIVACIÓN DE LIBERTAD
5.9 La relegación

Patricio Orellana Vargas 

De acuerdo con las definiciones aquí aceptadas, la relegación es “el traslado obligatorio de una persona a un lugar distinto al de su residencia habitual por un plazo definido, por disposiciones administrativas o judiciales.” 

Aparentemente la relegación es meramente una limitación a la libertad de movilización, es la obligación de permanecer dentro de los límites de una determinada localidad. Sin embargo, la relegación es un eslabón dentro de una cadena represiva. Se utiliza para hacer desaparecer duramente un tiempo a una persona, habitualmente un dirigente político o social, cortando así sus relaciones con el grupo social que dirige. Al mismo tiempo, es una especie de cuarentena, para mantener aislado en lugares remotos a un opositor que ha sido torturado, de manera que sus torturas son mantenidas ocultas y sólo retorna a su medio, cuando las cicatries o huellas de esas torturas han desaparecido con el transcurso del tiempo en medio de la soledad que significa le relegación. 

La relegación tiene efectos desestructuradores, no sólo para el relegado sino que para toda la familia. La detención que precede a la relegación conlleva habitualmente el despido del lugar de trabajo o la expulsión de la Universidad. La persona que habitualmente era el jefe de hogar y aportaba el ingreso fundamental, pierde ese rol en la familia y pasa a ser un dependiente, lo que afecta gravemente la estructura familiar y sus ingresos económicos. 

Finalmente, la relegación significa ser obligado a insertarse en un medio extraño, que debería ser hostil. Generalmente este medio es elegido cuidadosamente y debe ser un lugar rural, alejado de las ciudades, en zonas desérticas o muy lluviosas, en climas difíciles y muchas veces a gran altura. Pareciese que existía la intención de que el medio geográfico hostil agudice los efectos de la tortura y estimule el aislamiento. 

Existieron casos de mujeres relegadas que fueron objeto de acoso sexual por parte de los carabineros del lugar de relegación y en una oportunidad algunas huyeron de su lugar de relegación y denunciaron estos hechos. El lugar elegido  es incapaz de brindar posibilidades de empleo al relegado y hasta ocurre que es muy difícil conseguir alojamiento. En otras oportunidades, el lugar era elegido sin tomar en cuenta (o tomando en cuenta) la salud del relegado, así muchos que sufrían de hipertensión arterial eran enviados a lugares a más de 4.000 metros de altura, otros que requerían tratamiento médico permanente eran enviados a lugares donde no habían médicos, etc. 

   


Todas estas condiciones hacen difícil que la familia pueda visitarlo y por sobre todo esto, los carabineros del lugar exigen la firma del relegado varias veces al día para impedirle que se desplace más allá del radio urbano. Este sistema de firmas se utilizó con mucha arbitrariedad, dependiendo de los carabineros del lugar el número de veces que era necesario firmar, llegando en algunos casos a firmar numerosas veces al día, lo que significaba hasta la imposibilidad de un sueño continuo normal en las noches. 

De manera que la relegación, a pesar de aparecer como una violación a los derechos humanos, de carácter suave, en comparación con otras, tiene una serie de ribetes que le dan un contenido violento y grave de violaciones a los derechos de la persona. Sin embargo, rápidamente se creo un sistema solidario que permitió organizar visitas de personal de organizaciones de derechos humanos a los relegados y en otras oportunidades se organizaron viajes de los familiares.

Las relegaciones fueron de dos tipos: judicial y administrativa. La primera era una pena que aplicaban los tribunales por condena en supuestos delitos a la Ley de Seguridad del Estado y más tarde a otras leyes represivas. El carácter violatorio de estas condenas radica en que pueden ser impuestas por Tribunales que carecen de independencia o por leyes que en sí son violatorias del sistema de derechos humanos. Las relegaciones administrativas se fundamentan en poderes que la autoridad militar se ha atribuido a sí misma a través de estados de excepción que son contrarios a la normativa de los derechos humanos. Estas relegaciones se hacían sin ningún proceso, de manera que no era necesario que existiese una justificación, ni menos cargos específicos. Estaban fundadas formalmente en las distintas figuras de los estados de excepción y posteriormente en el Art. 24 Transitorio de la Constitución de 1980. 

Es notorio los vaivenes que experimentó la utilización de este instrumento represivo, lo que hace presumir que estuvo en constante evaluación y se carecía de una política definida en su expansión. La cuantificación de la relegación. Dado que nunca la relegación fue utilizada masivamente y porque los relegados, a partir de 1976 recurrieron a los organismos de derechos humanos para conseguir apoyo para vivir en las localidades de relegación. Todos estos factores permitieron que se tuviera una información bastante completa del número de relegados a partir de 1978, antes, es más difícil establecer cifras precisas porque los organismos de derechos humanos no habían establecido sus sistemas de información. Las dos instituciones que registraron estos casos son la Vicaría de la Solidaridad y la Comisión Chilena de Derechos Humanos. 

Aunque no tenemos datos específicos de los primeros años, hay que destacar que hubo dos períodos en los cuales adquirió importancia la relegación: 1973-75 y 1983-85. En la primera de estas fase, parece que la relegación fue de carácter judicial y eran condenas bastante largas (varios años), mientras que las del período 1984-86 eran de carácter administrativo y de una duración de 90 días. Es evidente que en el período 1983-85 se empleó como medida de emergencia para paralizar las protestas y adquirió en 1984 un carácter casi masivo. Interesa destacar que la relegación, junto con la detención con desaparición, fueron los dos únicos instrumentos represivos que la dictadura militar dejó de utilizar antes de su término. 

En cuanto a la relegación, es más difícil conocer o suponer la razones que tuvo el comando represivo para dejar de aplicar este instrumento a partir de 1986. Quizás las razones principales radican que los relegados significaban una siembra de activistas políticos en lugares apartados, que habían permanecido más o menos ajenos a los procesos políticos que se libraban en las grandes ciudades. Su sola presencia en la localidad era llevar los conflictos que se estaban generando en el nivel urbano al nivel rural o de localidad no urbana. Factores formales también pueden haber influido: la dispersión geográfica de los relegados, daba un carácter nacional a una pugna que estaba concentrada en las grandes ciudades. 

Lo que merece subrayarse que el instrumento dejó de utilizarse casi definitivamente en 1986, mientras que otros instrumentos tan graves como la tortura, la ejecución y la detención se aplicaron hasta 1989. La información disponible indica que unas 1.400 personas tuvieron que sufrir la relegación en el período 1976-1989. Se carece totalmente de información del período 1973-75, dado que aun no habían sistemas de registro de los organismos de derechos humanos sobre esta violación porque que el esfuerzo se concentraba en los casos más graves: detenciones con desaparición y ejecuciones.

http://www.probidadenchile.cl/wp/?p=147







Marcela Serrano nació en Santiago de Chile en 1951. Hija de la novelista Elisa Pérez Walker (Serrano en su apellido de seudónimo) y del ensayista Horacio Serrano, es la cuarta de cinco hermanas. Con dos de ellas vivió durante un año en París siendo estudiantes. Ha estado siempre comprometida con la realidad política de su país, siendo militante de la izquierda, y es defensora de las reivindicaciones feministas porque, como ella misma afirma, definirse feminista es definirse ser humano. Tras el golpe de estado se exilió en Roma, donde trabajó para los viveros municipales durante un tiempo.

Regresó a Chile en 1977, entrando en contacto con grupos artísticos; a principios de los ochenta montó su primera exposición. Se licenció en en grabado en la Universidad Católica entre 1976 y 1983, y trabajó en diversos ámbitos de las artes visuales, en especial en instalaciones y acciones de arte como el body art, ganando un premio del Museo de Bellas Artes por un trabajo acerca de las mujeres del sur de Chile, pero pronto abandona estas actividades por completo.

Aunque empezó a escribir a edad muy temprana, no publicó su primera novela, Nosotras que nos queremos tanto, hasta 1991. Fue una de las revelaciones de ese año. Esta obra fue además la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz (1994), y también en 1994, del premio de la Feria del Libro de Guadalajara (México) a la mejor novela hispanoamericana escrita por una mujer. Dos años más tarde publica Para que no me olvides, que en 1994 obtiene el Premio Municipal de Literatura, en Santiago de Chile. Escribe su tercera novela, Antigua vida mía (1995), en Guatemala. Le sigue El albergue de la mujeres tristes (1997). 

Tras múltiples ediciones de las anteriores, publicó en 1999 la novela negra Nuestra señora de la soledad. Su, hasta ahora única, incursión en la literatura infantil, llegó de su mano y de la su hija Margarita Maira: El cristal de miedo.

Vivió durante seis años en México debido a que su marido era el embajador de Chile en ese país. 

Premios literarios
Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1994 por Nosotras que nos queremos tanto.
Premio Municipal de Literatura de Santiago 1994 por Para que no me olvides.
Finalista del Premio Planeta 2001 con Lo que está en mi corazón.

Obras
Nosotras que nos queremos tanto, Los Andes, Santiago, 1991 
Para que no me olvides, Los Andes, Santiago, 1993 
Antigua vida mía, novela policiaca, Alfaguara México, Ciudad de México, 1995
El albergue de las mujeres tristes, Alfaguara México, Ciudad de México, 1998
Nuestra Señora de la Soledad, Alfaguara México, Ciudad de México, 1999
Un mundo raro, Mondadori, 2000  
Lo que está en mi corazón  Planeta, 2001 
El cristal del miedo, cuento, con Margarita Maira; Ediciones B, 2002
Hasta siempre, mujercitas, Planeta, 2004 
La llorona, Planeta, 2008 
Diez mujeres, Alfaguara, 2011 
Dulce enemiga mía, cuentos, Alfaguara, 2013  
La Novena, novela, Alfaguara, 2016

http://escritoras.com/escritoras/Marcela-Serrano




                  



martes, 9 de octubre de 2018

"La fea burguesía", de Miguel Espinosa (miércoles 17, 20h)




Las lectoras y lectores del Club Dante  de la Biblioteca de Cieza nos reuniremos en torno a una de las obras más significadas de Miguel Espinosa, La fea burguesía, publicada, póstumamente, en 1990. Unos días antes, la editorial también llamada "La fea burguesía" habrá presentado una nueva edición de  Escuela de Mandarines, primera novela publicada por el autor caravaqueño y que le valió el premio Ciudad de Barcelona en 1975. 



"Como Escuela de mandarines, como las dos series de la Tríbada, La fea burguesía es, además de una excelente novela, una venganza.

Miguel Espinosa, que la escribió entre 1971 y 1976, murió en 1982 sin publicarla, como tantas otras, y la rescató Alfaguara en 1990 en una edición que llevaba agotada demasiado tiempo ya.  (...) esta novela ocupa un lugar central en la obra de Miguel Espinosa, entre Escuela de mandarines y las dos Tríbadas (Falsaria y Confusa) que estaban pensadas en principio como partes de La fea burguesía, según el mismo esquema compositivo y con personajes comunes.


       


Organizada en dos partes, Clase media y Clase gozante, la novela es una crítica despiadada a la burguesía española del franquismo, que despliega en la obra una actitud servil con el poder del Benefactor y una mueca despectiva con la clase baja.

Los burgueses son sustancias hermafroditas: se dan por parejas. Uno implica al otro: la señora de...; el Clavero de Pili, el Pravia de Mili.

Partiendo de ese planteamiento, los capítulos de ambas partes toman como título, igual que sucedería luego en las Tríbadas, la referencia a las distintas parejas: cuatro en Clase media y una (Camilo y Clotilde) en Clase gozante.

Si el marco temporal es el de comienzos de los setenta, el espacio es el de una innombrada ciudad de provincias. Es, evidentemente, Murcia, donde transcurrió la vida de Espinosa, pero podría ser cualquier otra, porque aquí no hay color local, ni siquiera paisaje, sino una perspectiva más profunda, más general y por lo tanto más ambiciosa.

Lo que se propone hacer Espinosa es una descripción fenomenológica en la que el narrador, distanciado y satírico, se limita a mostrar comportamientos, actitudes, gestos de la sociedad española de finales de los años sesenta y principios de los setenta. De esa manera, sin necesidad de opinar sobre lo mostrado, el autor va colocando en el objetivo de su sátira cuatro episodios representativos del mapa social de la clase media en la España del desarrollismo:

La carrera académica y universitaria de un catedrático de la universidad franquista, Castillejo conformista, endogámico y mediocre como la institución en la que trabaja. Un día, leve, pasajeramente, tiene una intuición de su fracaso.

      


El episodio de Pili y Mili, las Pilis y Milis desclasadas, las “señoras de...” del representante de farmacia o de un creativo publicitario. De dos empleados que identifican éxito y consumo, practicantes de una ostentación con rostro severo y fingido aburrimiento. Una estética peculiar de la posesión y el hastío como signos de prestigio social, la metamorfosis moral monstruosa que produce el enriquecimiento.

La crueldad humillante con el subordinado, el desdén por el inferior, la arrogancia con el débil son todas las variantes vitales de la pareja Krensler- Cayetana.

O la evidencia del lujo de Paracel, médico del Opus que interioriza el dinero y exterioriza la espiritualidad y la admiración por el orden perfecto, casi divino, creado por el dictador.

Un orden del que disfruta la más minoritaria Clase gozante de la segunda parte, construida con otro sistema estructural: una sola pareja, (Camilo y Clotilde) y 47 viñetas sobre la casta gobernante, inteligente, retórica y cínica como este diplomático que la representa.

La penúltima de esas viñetas es el Magnificat de Clotilde arrodillada, un texto que resume las claves del libro y que por eso se pone parcialmente al frente de la obra, como una obertura que se desarrolla ahora.

Una pura y punzante burla que parece un fragmento apócrifo de evangelio apócrifo:

María, la mujer del carpintero, recibió el anuncio de la llegada del marginado; era Girino legado de Augusto en Siria, y, con su esposa, compartía las dádivas del César. El Poder ejecutó al desdichado; era Pilato procurador de Judea, y, con su esposa, compartía las dádivas del César.

En el festín me hallé, con las coimas de Girino y de Pilato; Único llamé al César, gasté bromas a Poncio, hablamos de Sabino, de Varo y de Lisanias; leí a Laberius y masturbé, en soledad, a mi esposo, fiel del César, leal de Girino, adicto y enviado de Pilato.

En esas secciones breves desempeñan un importante papel como interlocutores algunos viejos conocidos del lector de Espinosa, como José López Martí, Godínez o Lanosa, un alter ego del autor. En ellos la inteligencia, el desprecio de lo material y la búsqueda de la verdad o la crítica del Poder son estigmas que les ponen en el límite de la marginación social.

El libro se cierra con un Apéndice con dos capítulos: uno sobre la rectitud ética y la exigencia intelectual que representa López Martí, un hombre inactual cuya actitud vital contrasta con la existencia esclavizada al presente y la apariencia de la fea burguesía.

El otro, por contraste, está centrado en Juan Eugenio, profesor habitante de un despacho en la Universidad, el representante de la vacía exterioridad que pasea por las últimas páginas de la obra su disfraz patético de intelectual progresista. Su nulidad intelectual, su impostura es uno de los momentos más demoledores de La fea burguesía:

En la oficina bancaria, Juan Eugenio firma su papelito y recibe su dinero, que no mira ni cuenta, y en esto se diferencia de los comerciantes, de los burgueses, de los pensionistas jubilados y de los fontaneros y otros artesanos, y se acerca, ciertamente, a los padres de algunas congregaciones piadosas.

Tuerce Juan Eugenio el cuello hacia la izquierda mientras su mano coge el dinero y lo guarda en un bolsillo del raído pantaloncillo. Otra vez, su alma parece implorar: «No permitas, Materia, que yo caiga en la pasión de los burgueses». Cuando llega a su despacho, empero, repasa los billetes, y ello porque ama el orden de las matemáticas.

Al abandonar la oficina bancaria, encuentra Juan Eugenio a otro correligionario.

Se trata de un profesor, de grado más alto, que cobra del Estado el socorro equivalente al salario de diez operarios. Se gloría Juan Eugenio de llamar Perico a tan alto profesor e individuo entregado a la modificación del mundo.

Caminan ambos, caminan.

Si alguien que no conozca nada de Miguel Espinosa me preguntara alguna vez por dónde empezar, sin duda le diría que este libro, que quizá no sea el mejor de los suyos, es la mejor manera de entrar en la obra de este narrador prodigioso que ajusta cuentas, aquí como en el resto de su obra, con aquella sociedad, que hoy no es muy diferente, y consigo mismo."

Santos Domínguez
http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2006/11/espinosa.html



En 1981, Miguel Espinosa Gironés es entrevistado -en el programa de TVE 
"Encuentro con las letras"- acerca de  Escuela de Mandarines y de La Tríbada Falsaria




"Díxome la moza", según expresa el Marqués de Santillana, es proposición que encierra, además de una aparente información, una bella imagen, una parcela de mundo. "La moza me dijo", por ejemplo, resulta oración menos bella, porque acopia menor particularidad. "La hembra humana de quince años me dijo", según podría también expresarse, deviene, a todas luces, proposición meramente informativa: carece de cualquier particularidad, es simplemente universal, y, por consiguiente, nada estética. 
Que ciertas combinaciones de palabras, y aun de sonidos, encarnen lo particular y estético, y que otras no lo encarnen, es misterio que pertenece al reino de lo místico, como la existencia misma del mundo. 

Miguel Espinosa
(Del prólogo a El vaho de los espejos, de Dionisia García)





Miguel Espinosa Gironés  (Caravaca de la Cruz, 4 de octubre de 1926 – Murcia, 1 de abril de 1982) nace en el seno de una familia acomodada. Su padre, Juan Espinosa Dato, era representante de varias firmas comerciales del ramo de la alimentación. Entre los cuatro y los seis años realizó sus primeros estudios en el colegio de monjas de la Consolación de Caravaca y, desde los seis a los ocho asistió al colegio de los Carmelitas Descalzos. En octubre de 1935, su familia se trasladó a Murcia, y continuó sus estudios en el Colegio de la Merced, dirigido por los Hermanos Maristas.

El 4 de diciembre de 1943 murió repentinamente su padre, a causa de un infarto de miocardio, suceso traumático y decisivo en la vida del escritor. Como consecuencia, el joven Espinosa, que no ha concluido aún el bachillerato, ha de ponerse al frente de la familia. Debió compatibilizar las representaciones comerciales heredadas del padre con los estudios; eso no le impidió seguir leyendo con verdadera fruición, a fin de completar su formación literaria e intelectual. En ese tiempo se acentuó su temprana vocación de escritor.

       




Finalizado el bachillerato, se matriculó, en 1944, en la facultad de Derecho. En 1949 conoció a Teresa Artero, su futura esposa. Ese mismo año abandonó temporalmente sus estudios universitarios. En 1951 contrajo matrimonio y publicó su primer texto, Cazador de mariposas, en la revista murciana Sazón. Al año siguiente nació su primer hijo, Juan, al que le siguió Maravillas. Durante diez años, la adversidad económica presidió la vida de Miguel Espinosa, pues debió mantener no sólo a su familia recién creada, sino también a su madre y hermanas. En 1954 comenzó a escribir la primera versión de Escuela de mandarines, titulada Historia del eremita



Historia del Eremita (Ed. Alfaqueque, 2012)

Conoce a Mercedes Rodríguez, una joven segoviana recién llegada a Murcia que, con el tiempo, se convertirá no sólo en su musa o inspiradora, sino también en su principal corresponsal e interlocutora.


En 1956 obtuvo, por fin, su licenciatura en Derecho. Termina la redacción de Reflexiones sobre Norteamérica y envía el manuscrito a la editorial Revista de Occidente. Su director, Ortega Spottorno, se lo da a leer a Enrique Tierno Galván, quien, tras comprobar su calidad, se ofrece a prologarla. La obra se publicó al año siguiente. Conoce personalmente en Madrid a Tierno Galván. Por otra parte, Manuel Fraga, que ha leído y reseñado muy favorablemente el libro, le brinda su apoyo y le ofrece una beca en Estados Unidos, pero Espinosa la rechaza por desconocer la lengua inglesa. Durante ese período, su situación económica empeora, pues ha perdido las pocas representaciones comerciales que le quedaban. Su familia es desalojada de varias viviendas y tienen que instalarse, definitivamente, en casa de su madre.



En 1961 se traslada a Madrid en busca de fortuna. En sus primeros meses en la capital, imparte clases en un colegio privado femenino, tarea que compagina con diversos trabajos eventuales. A pesar de las circunstancias, escribe sin descanso. A finales de año consigue un modesto empleo en una empresa de exportación- importación, lo que le permite llevar a su familia consigo. En 1962, gracias al apoyo de Manuel Fraga, ministro, por entonces, de Información y Turismo, entra a trabajar en una multinacional japonesa. Finaliza Asklepios, el último griego, redactado en su mayor parte en el café Comercial, y Forma y revelación del mundo (Filosofía de elucidaciones).


                     



En 1964 regresa, de nuevo, a Murcia como agente de la empresa japonesa para la región murciana. Conoce a José López Martí, que va a ser su mejor amigo, quien le presenta, a su vez, a Marta Eva Fernández, con la que el escritor mantendrá una relación amorosa durante más de diez años. En 1971 comienza a escribir La fea burguesía. Al año siguiente muere su madre. Conmocionado por el suceso, escribe Tras la muerte de su madre, uno de los textos elegíacos más hermosos de la literatura contemporánea. A finales de 1972 concluye la redacción de Escuela de mandarines.

Sufre en 1974 un infarto de miocardio, del que logra recuperarse. Ello intensifica su producción literaria. Prosigue la redacción de La fea burguesía y, a finales de año, aparece en la editorial catalana Los Libros de la Frontera Escuela de mandarines, que recibirá en 1975 el Premio Ciudad de Barcelona. Laboralmente, deja sus negocios de exportaciones e importaciones y comienza a ejercer de asesor jurídico de un grupo de cooperativas agrarias. Rompe en 1977, de un modo violento, su relación sentimental con Marta Fernández, acontecimiento que inspiró una de sus mejores obras, Tríbada. Theologiae Tractatus. La primera parte, La tríbada falsaria, se publica en 1980, lo que provoca un pequeño escándalo en Murcia por los comentarios sobre personas bien conocidas de la ciudad que aparecen enmascaradas tras algunos personajes de la novela. 

Finaliza La fea burguesía. La salud del escritor se deteriora. Muere en Murcia el 1 de abril de 1982, víctima de un nuevo infarto de miocardio. Dejó abundante obra inédita, que en parte se ha ido publicando póstumamente.

Obra publicada en vida: 
  Las Grandes Etapas de la Historia Americana (Bosquejo de una      Morfología de la Historia Política Norteamericana), (1957)
  Escuela de Mandarines (1974)
  La tríbada falsaria (1980)



Obra póstuma:
    La tríbada confusa (1984)
    Tríbada. Theologiae Tractatus (1987)
    Asklepios, el último griego (1985)
    La fea burguesía (1990)
    Canciones y decires (2004)
    Historia del Eremita (2012)
    Cartas a Mercedes (2018)

http://dbe.rah.es/biografias/8956/miguel-espinosa-girones











lunes, 10 de septiembre de 2018

Sesión de inicio 2018-19 (miércoles 12 septiembre, 20h)




Comenzamos el nuevo curso con dos libros. Por un lado, continuamos con la tetralogía "Dos amigas", de la escritora italiana Elena Ferrante (o Anita Raja). Tras haber leído hace unos meses la primera novela de esta saga -"La amiga estupenda"-, el próximo miércoles 20 de septiembre compartiremos impresiones tras la lectura de la segunda entrega, "Un mal nombre". 

"El baile de Madame Kalalú", del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, finalista del premio Mandarache 2018, será otra obra que comentaremos en la primera sesión del curso 2018-19.



"Un mal nombre es, ante todo, una novela de saga como las de antes, un cuadro costumbrista y realista que tampoco podríamos calificar de típicamente italiano, sino más bien profundamente napolitano, con todas las connotaciones culturales, sociales y geográficas que esto implica. Lenù y Lina, las dos amigas protagonistas cuya biografía aquí retratada abarca desde los dieciséis hasta los veinticuatro años, se mueven en el microcosmos asfixiante del barrio donde pugnan familias rivales, trabajadores con un bajo nivel de educación y mucha ambición por despuntar en el entorno local: los Solara, los Cappuccio, los Cerullo, los Carracci y los Serratore, por citar algunos de estos malos malísimos nombres (y hombres) a los que hace referencia el título. 




Violencia, caciquismo, secretos y chismes, venganza, vínculos de sangre, el honor deshonrado, el dinero, la despiadada lucha por el ascenso social, los celos, la envidia, el adulterio y el machismo constituyen el tortuoso escenario alrededor del cual suceden los diferentes episodios dramáticos de esta novela:‘”Desde niñas habíamos visto a nuestros padres zurrar a nuestras madres. Nos habíamos criado pensando que un desconocido no debía rozarnos siquiera, pero que nuestro padre, nuestro novio y nuestro marido podían darnos bofetadas cuando quisieran, por amor, para educarnos, para reeducarnos”. La historia se articula sobre dos ejes bien contrastados; por un lado, el malogrado y precoz matrimonio de Lina (“su condición de esposa la encerró en una especie de urna de cristal, como un velero que navega a toda vela en un espacio inaccesible, incluso sin mar...”), y, por otro, el desarrollo intelectual y posterior despegue profesional de Lenù en Pisa (“Yo, Elena Greco, la hija del conserje, a los diecinueve años me disponía a salir del barrio, me disponía a dejar Nápoles. Sola”). 




De hecho ésta última es quien narra en primera persona la historia de ambas, una historia de amistad que atraviesa todas las fases y cargada de la máxima intensidad, de emociones vacilantes entre la admiración y la repulsión, el amor y el odio, la compasión o el desprecio: “Era incapaz de entregarme a los sentimientos verdaderos. No sabía dejarme arrastrar más allá de los límites. No poseía la fuerza que había impulsado a Lila a hacer lo imposible... Ella tomaba posesión de las cosas, las quería de verdad, jugaba al todo o nada, y no temía el desprecio, el escarnio, los escupitajos...”. Diferentes y complementarias, una más racional y contenida, la otra más abierta a vivir su pasión sin medir las consecuencias, las dos viven encadenadas a “un pacto de insoportable amistad”. 


Completan la trama más de cincuenta personajes secundarios que se cruzan en sus vidas, y de los cuales se ofrece un breve índice descriptivo al comienzo del libro. Elena Ferrante nos transporta con su prosa ligera y bien estructurada, su tono serio y tan ausente de tópicos como de elementos cómicos, a lo más tosco de las trastiendas napolitanas, a lo más bajo y mezquino de la condición humana, y solo en algunos momentos se acerca también a la redención por el esfuerzo, a la libertad y a la capacidad de superación."

Fuente: https://www.elimparcial.es/noticia/131062/los-lunes-de-el-imparcial/elena-ferrante:-un-mal-nombre.html





El escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez vuelve a los universos femeninos que marcaron su infancia esta vez más profundamente, si cabe, pues su nueva novela, "El baile de madame Kalalú" (Editorial Siruela), se cuenta en primera persona, con voz de mujer, y a ritmo de salsa. 

"El título tiene que ver con una canción de Rubén Blades y Willie Colón que bailaba mucho la gente de mi generación y que habla de una bruja; antes de saber qué libro escribiría, sabía que ese sería el título", explica el escritor en una entrevista con Efe, con motivo de su llegada a las librerías españolas. 

'El baile de madame Kalalú' es cuento de hadas, telenovela y thriller con guiños de novela pastoril; al final, una mezcla", apunta divertido este barquisimetano, cuya vida, dice, también es resultado de "mezclar distintos discursos". "Es como el plato típico venezolano, la hallaca, una fusión de elementos europeos, africanos e indígenas, o eso tenemos aprendido. A los venezolanos nos gusta producir placeres que son la mezcla de muchas cosas, por eso quiero que el lector no sepa qué etiqueta ponerle, pero que la pase muy bien". 

Autor de libros tan variados como "Arena negra", "Chulapos mambo" o las premiadas "Tal vez la lluvia" o "El libro de Esther", Méndez Guédez dio el salto al thriller político con su anterior novela, "Los maletines", aunque en este "El baile de madame Kalalú" une todo lo anterior, repite sentido del humor y añade como particularidad la voz íntegramente femenina. 

"Emma es una mujer del siglo XXI, una guerrera que ha salido a conquistar el mundo y que se lleva por delante lo que haga falta, es una mujer como muchas que yo conozco", asegura este niño criado entre féminas, orgulloso de la "marca" que ellas le han dejado "para siempre". En la línea de sus otras publicaciones, este madrileño de adopción no pierde ocasión para resaltar a las grandes figuras de su país, en esta ocasión, artistas bastante invisibles en España pero idolatrados en Venezuela como Armando Reverón o Virgilio Trompiz, o la dominicana Rosa Tavares. 

"Me gusta y me interesa el arte, pero como un espectador más; yo tuve que meterme en ella, en lo que investigaría una ladrona de arte, por eso -explica- la pasión por los cuadros es de ella, no mía. Como decía Vargas Llosa, hacer una novela es hacer un striptease al revés, y yo tuve que vestirla a ella". 

Emma, que dice ser "fea, gorda y demasiado grande", aunque probablemente sea mentira, apunta Méndez Guédez, es una mujer camaleónica de veinte identidades diferentes, todas ellas sobre los cuarenta años, que lidera una banda de ladrones de joyas y obras de arte que acaba ingresada en un psiquiátrico acusada de tres asesinatos. Mientras trata de averiguar quién y cómo ha conseguido encerrarla, la presa confía los secretos de su insólita existencia a una monja pirómana que permanece en coma, incapaz de responder o siquiera registrar sus confesiones. 

Igual de reconocible su prosa por su gran sentido del humor, que dentro de la negritud de la circunstancia -su interlocutora en el encierro es una monja anciana y en coma, incapaz de contestarle-, provoca carcajadas al lector, con sus comentarios ácidos sobre el matrimonio o la corrupción, e incluso contra los cantautores. Con referencias a Cervantes y a Shakespeare, y guiños a Calderón y Lope (nombre y apellido, respectivamente, de los dos ayudantes de Emma), Méndez Guédez introduce en este "El baile de Kalalú" informaciones relevantes sobre los misterios de las goyas acrósticas o el lenguaje de los cuerpos que se enredan en un danzón o un merengue. 

Una mujer de baja extracción que recorre ciudades, museos y hoteles de cinco estrellas y que compara su modo de dirigir los golpes con el reparto de juego del futbolista Xavi Hernández: "Mira y mira antes de decidir en qué lugar de la cancha ocurrirá la magia". 

"Ella tiene una visión muy irónica de la vida, es muy talentosa, muy inteligente, y se aprovecha de un mundo donde el poder está en manos de gente muy tonta", y en varias ocasiones se refiere a España, pero también a Venezuela: "Y eso tiene que ver con la novela picaresca, es la venganza del que ha estado en la periferia", aclara el escritor. 




Se recomienda leer "El baile de madame Kalalú" con Rubén Blades de fondo. Es la única forma de entender a esta mujer que solo enloquece por el baile o cuando un hombre desprende olor a mandarinas... 





Juan Carlos Méndez Guédez  (Barquisimeto –Venezuela–, 1967) es autor de libros de cuentos como Ideogramas, Hasta luego, míster Salinger, Tan nítido en el recuerdo y La ciudad de arena. Como novelista ganó el premio Ciudad de Barbastro por Tal vez la lluvia. Su título Arena negra fue reconocido como libro del año en Venezuela en 2013.  En este mismo género ha publicado también El baile de madame Kalalú (finalista del Premio Mandarache 2018), Los maletines, Chulapos mambo, Una tarde con campanas y Retrato de Abel con isla volcánica al fondo, entre otros. 

También ha incursionado en la literatura juvenil con el libro Nueve mil kilómetros y tu abrazo y el cuento para niños El abuelo de Zulaimar, con el que obtuvo el reconocimiento «Los mejores de 2016», otorgado por el Banco del Libro a los mejores títulos de lengua española publicados en el mundo durante ese año. 

Sus  novelas y libros de cuentos son estudiados en universidades de Bélgica, Colombia, Estados Unidos, Francia, Puerto Rico,  Suiza y Venezuela. 

Es Doctor en literatura hispanoamericana por la Universidad de Salamanca.

Obras publicadas

Novela
La ola detenida. Harper & Collins Ibérica, Madrid, 2017. / Harper & Collins español, Nashville, 2018.
El baile de madame Kalalú. Siruela, Madrid, 2016. / Madera fina, Caracas, 2017.
Los maletines. Siruela, Madrid, 2014.
Arena negra. Lugar Común, Caracas, 2013 / Casa de Cartón, Madrid, 2013 / Casa de Cartón, Lima 2013.
Chulapos Mambo. Casa de Cartón, Madrid, 2011 / Lugar Común, Caracas, 2012.
Tal vez la lluvia. DVD, Barcelona, 2009.
Una tarde con campanas. Alianza, Madrid, 2004/ Equinoccio, Caracas, 2012/ Alianza, Madrid, 2015; Alianza, Madrid, 2018.
Árbol de luna. Lengua de trapo, Madrid, 2000.
El libro de Esther. Lengua de trapo, Madrid, 1999; Lugar común, Caracas, 2011.
Retrato de Abel con isla volcánica al fondo. Troya, Caracas, 1997.

Cuento
La noche y yo. Páginas de espuma, Madrid, 2016.
Ideogramas. Páginas de espuma, Madrid, 2012.
La bicicleta de Bruno. Ediciones B, Caracas, 2009.
Hasta luego, Míster Saliger. Páginas de espuma, Madrid, 2007.
Tan nítido en el recuerdo. Lengua de trapo, Madrid, 2001.
La ciudad de arena. Calembé, Cádiz, 2000.
Historias del edificio. Guaraira Repano, Caracas, 1994.

Novela corta
Veinte merengues de amor y una bachata desesperada. Madera fina, Caracas, 2016.

Literatura infantil y juvenil
El abuelo de Zulaimar. Oqo, Pontevedra, 2015.
Nueve mil kilómetros y tu abrazo. Ediciones B, Bogotá, 2006.

Ensayos
El barco en que viajas. Uney, San Felipe, 2007.
Palabras de agosto. Mucuglifo, Mérida, Venezuela, 1999.
La Resurrección de Scheerezade. Solar, Mérida, Venezuela, 1994).

Literatura de viajes
Y recuerda que te espero. Madera fina, Caracas, 2015.