viernes, 26 de febrero de 2010

FELICITAMOS A LA SIERPE Y EL LAÚD



Muchos de los miembros de este club de lectura recordamos el nacimiento de La Sierpe y El Laúd.

Fue en la misma esquina del Callejón de los Frailes que hoy ocupa la Biblioteca Padre Salmerón, y donde antaño estuvo la centralita de telefónica (la de la Anica, aquella voz entrañable que aparejaba en sus clavijas las conversaciones de los vecinos de esta Villa, allá por los sesenta), en ésta esquina, frente a Los Valencianos, comenzó hace 30 años lo que hoy se nos muestra como una gran empresa literaria: La Sierpe y EL Laúd.

Hace ya tres décadas que apenas media docena de veinteañeros se reunían aquí para buscar otro modo de diálogo con el otro. Un diálogo a través de la sensibilidad, de la creatividad y de la poesía. Y ahora, cuando en el aniversario de su fundación caemos en la cuenta de que son 30 años los que han trascurrido desde entonces, no podemos por menos que sorprendernos y preguntarnos cómo lo han conseguido.
Los admiramos, y también tratamos de descubrir cuál es el secreto de su permanencia como grupo dentro de la cultura ciezana: decenas de publicaciones, recitales, certámenes literarios, trabajos con escolares, poemarios de algunos de nuestros más entrañables poetas (Aurelio Guirao, María Pilar López, etc.), encuentros de escritores en nuestro pueblo… etc.

La actividad desplegada en estos años ha logrado transmitir y sembrar profundamente en nuevas generaciones de ciezanos el inmenso amor a los libros y en particular a la poesía. Todo de la mano de un Grupo de Literatura, siempre renovado a través de los años, referente imprescindible e indiscutible de la actividad literaria en nuestra Región.

Sabemos que al común de los mortales les trae al pairo las excentricidades de una gente que, con la de cosas productivas que hay que hacer en esta vida y que dan una buena pasta, se dedican a cultivar el espíritu... Ahí está la cuestión de vuestra permanencia, no habéis perdido la esencia, eso que todos tenemos cuando despertamos a la vida adulta, y que conocemos con distintos nombres: sueños, ilusiones, inocencia, honestidad, amistad, justicia, coraje. Eso que con el paso de los años y los envites de la vida se va perdiendo hasta convertirnos en hombres y mujeres útiles para nuestra sociedad... Vuestra utilidad está precisamente en seguir soñando y tener sueños hermosos de los que nos hagáis partícipes.

Por esta razón, la Biblioteca Padre Salmerón y el Club de lectura Dante os damos nuestra más sincera enhorabuena, sois un ejemplo y os felicitamos sabiendo que la Sierpe y el Laúd no se rinde.

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Yo no soy periodista porque carezco de la disciplina del cronista. Soy escritor y tengo la indisciplina del narrador, y ésta fue la clave que me permitió entender ciertas cosas. (…) Yo iba a los lugares, más que para ver las cosas, para que ellas me miraran.”






Roberto Saviano nació en Nápoles en 1979. Por medio del periodismo y la literatura cuenta la realidad económica y territorial de la Camorra y la criminalidad organizada.


Saviano, que estudió Filosofía Moderna en la Universidad de Nápoles, habitual colaborador de L’Espresso y La Repubblica, saltó a la fama en 2006 con la publicación de “Gomorra”, una novela-reportaje en la que describe los negocios que la Camorra mantiene tanto en Italia como en el extranjero, y que abarca diversos sectores: turismo, comercio, construcción, transportes, bancos, drogas, tráfico de armas, etc. La gran repercusión del libro -con más de dos millones de ejemplares vendidos, y editado en más de cuarenta países- provocó la reapertura del debate sobre la criminalidad organizada en Italia.


Decidió abandonar su país después de que la prensa desvelará el 14 de octubre del 2006 que el clan de los Casarelli tenía previsto asesinarle a él y a su escolta. Desde entonces el Ministerio del Interior italiano proporciona al escritor una escolta permanente.

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Después de “Gomorra”, Roberto Saviano ha publicado dos relatos: “El anillo” –sobre el asesinato de dos inocentes en Nápoles-, y “Lo contrario de la muerte”, la historia de una joven viuda de guerra.


Matteo Garrone (Roma, 1968) ha llevado a la gran pantalla “Gomorra”, película que obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Cannes, en 2008.

NUNCA DEBAJO DE UNA MUJER


ROBERTO SAVIANO. EL PAÍS - Cultura - 15-07-2009
Con frecuencia reflexiono sobre cómo se educa en territorio mafioso: en esos lugares, una gran parte de la formación del hombre y la mujer pasa a través de la sexualidad. Quizás nada explique mejor el código sexual que rige en esas tierras que la imposibilidad de que ningún ámbito se sustraiga a la lógica férrea de pertenencia, jerarquía, poder, control territorial. Reglas complejas, ritos rigurosos, vínculos inquebrantables. Una sintaxis inflexible y eternamente idéntica regula desde la adolescencia el comportamiento sexual de los mafiosos.

"Nunca debajo de una mujer" es el imperativo con el que se educa. Si mientras haces el amor, decides estar debajo, estás eligiendo someterte incluso en la vida de todos los días. "Nunca sexo oral". Recibirlo es lícito, hacérselo a una mujer es de "perros". A este viejo código se atiene todavía gran parte de las nuevas generaciones de adeptos, obsesionados no sólo por su virilidad, sino también por cómo ejercerla. Hacerlo de acuerdo con esas rígidas reglas se convierte en un rito con el que reafirman su poder. Unas normas claras e indelebles que están vigentes en casi todas las zonas de la N'drangheta, Camorra, Mafia y Sacra Corona Unida y que significan algo más que el simple espejo de una cultura machista.

Para las mujeres todo es mucho más complejo. Es un mantenerse en precario equilibrio entre modernidad y tradición, entre jaula moralista y total libertad para afrontar asuntos de negocios. Pueden ordenar una muerte pero no pueden permitirse tener un amante o abandonar a un hombre. Pueden decidir invertir en un sector del mercado pero no maquillarse cuando su hombre está en la cárcel. Vestirse con elegancia, maquillarse mientras su marido está encarcelado quiere decir que lo hacen para otros. Teñirse el cabello equivale a una silenciosa confesión de traición. La mujer existe sólo con relación al hombre. Sin él, es como un ser inanimado. Un ser demediado. Durante los juicios, no es raro ver a mujeres en los espacios reservados al público mandar besos o simples saludos a los acusados que están en las peceras blindadas. Son sus mujeres, aunque muchas veces parecen sus madres. Si, cuando te cruzas con ellas por la calle, van bien vestidas, cuidadas, maquilladas, significa que su hombre está cerca, está libre y manda. Y al mandar refleja su poder sobre su mujer. Sin embargo, las mujeres de los jefes encarcelados, desaliñadas hasta volverse invisibles, son las que muchas veces, de forma vicaria, mandan más.

En tierra criminal, todas las historias de las mujeres se parecen, tanto si tienen un destino trágico como si logran sobrevivir en la normalidad. En general, marido y mujer se conocen desde adolescentes y contraen matrimonio a los veinte o a los veinticinco años. Casarse con la chica que se conoce desde pequeña es fundamental, siempre que sea virgen. Es imposible sustraerse a esta praxis. Y quien crea que puede librarse de ella, está equivocado. Incluso cortejar es marcar territorio. Acercarse a una mujer significa correr el riesgo de invadir territorio ajeno.

En 1994, Antonio Magliulo de Casal di Principe intentó cortejar a una chica, pariente de un hombre del clan de los Casalesi y que estaba prometida a otro miembro del clan. Magliulo le hacía muchos regalos e, intuyendo que quizás la chica no estaba muy contenta con su boda, insistía. Estaba enamorado de esta mujer mucho más joven que él y la cortejaba como es habitual en su tierra: bombones Baci Perugina por San Valentín, un cuello de piel de zorro en Navidad y, siempre, postegge, es decir, como un poste esperándola a la puerta del trabajo. Un día, en pleno verano, un grupo de afiliados del clan de Schiavone le citó en la playa de Castelvolturno para aclarar ciertas cosas. Ni siquiera le dejaron hablar. Mauricio Lavoro, Giuseppe Cecoro y Guido Emilio le dieron un golpe en la cabeza con un palo con clavos, le ataron y le metieron arena en la boca y en la nariz. Cuanta más arena tragaba para respirar, más le metían. Murió ahogado por una pasta de arena y saliva que se le había solidificado en la garganta. Fue condenado a muerte por cortejar a una mujer más joven, consanguínea de un importante afiliado, y prometida. Cortejar, pedir una cita, pasar una noche juntos es compromiso, riesgo, responsabilidad.

Cuando ante el tribunal, los arrepentidos contaron estos y otros asuntos semejantes tratando de vencer la incredulidad de los jueces, dieron una explicación que es una síntesis inigualable: "Señor juez, aquí follar es peor que matar. Es mejor que mates a la mujer de un jefe; a lo mejor te perdonan. Pero si follas con ella, estás muerto". Amar, decidir hacer el amor, besar, hacer un regalo, sonreír, tocar una mano, intentar seducir a una mujer o ser seducido puede ser un gesto fatal. El más peligroso. El último. En un lugar donde todo es ley implacable, los sentimientos y las pasiones que no conocen reglas son, más que cualquier otro factor vital, una condena a muerte.

miércoles, 10 de febrero de 2010