martes, 12 de marzo de 2019

"Al envejecer, los hombres lloran", de Jean-Luc Seigle (miércoles 13, 20h)






LA VIDA EN VEINTICUATRO HORAS (CON EPÍLOGO)

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN


A poco que se rasque en la superficie más o menos pulcra de la realidad, descubrimos que los países de nuestro entorno conservan un armario repleto de los cadáveres que acumularon durante el pasado siglo. Buena parte de la mejor literatura de nuestra época sigue empeñada, consciente y felizmente, en ese proceso exhumatorio. Por emplear una fórmula consagrada en la novela homónima de Isaac Rosa, todo país posee su «vano ayer». Ahí están los ejemplos de Portugal, Grecia y España con sus dictaduras militares; ahí están los casos de Italia y Alemania con sus desmanes totalitarios; y ahí está el drama de Francia con ese doble asunto que no ha dejado de resonar en sus mejores ficciones: el colaboracionismo durante el régimen de Vichy, corolario de la derrota del año 40, y el abismo de Argelia, epítome de un colonialismo atroz.






La memoria de la Francia aplastada por la Wehrmacht en los albores de la guerra y la vergüenza de la Argelia ocupada que tanto hizo lamentarse a Camus ya desde los tiempos de la Liberación se tienden la mano en Al envejecer, los hombres lloran(editorial Seix Barral), novela de Jean-Luc Seigle que obra la satisfacción de un anhelo al que quizá sólo la literatura puede aspirar: narrar en veinticuatro horas la vida de una familia, pero también la de un país y, por extensión, la de una época. 




Dibujar dentro del antiguo marco aristotélico de la unidad de tiempo, acción y lugar la debacle de un mundo que fenece y la esperanza de otro que nace a la condición adulta mediante el reconocimiento de los demonios familiares, que son, en el fondo, los demonios de una sociedad y de un statu quo.


La coartada que Seigle emplea para narrar ese día en que todo cambiará para siempre supone un hallazgo: la llegada del primer aparato de televisión a un pequeño pueblo de Francia, en el verano de 1961, con la promesa de que, encerrado en él, la familia reunida en torno al brujo catódico podrá ver el rostro del hijo primogénito, enviado a las colonias en nombre de la civilización y el progreso. Esa fecha de regocijo y reencuentro acabará convirtiéndose en una jornada de atrición y aflicción, dies irae de una comunidad de afectos y mentiras, como es toda familia, que implosionará mediante el ejercicio implacable de la memoria.

Una memoria consagrada en la persona del padre, Albert Chassaing, antiguo soldado en Schoenenbourg y representante de un campesinado en trance de extinción, que se proyecta hacia el pasado en la figura de la abuela, Madeleine, quien ha perdido el mundo pero no los recuerdos, y que se extiende hacia el futuro en la piel del hijo menor, Gilles, un niño que, como su gemelo en Los cuatrocientos golpes, ha levantado un altar en su corazón a Balzac, y que en ese altar de la literatura del hombre que dejó escrito que el arte de la novela es la historia privada de las naciones, está a punto de descubrir la verdad que tantos desvelos y afanes cuesta conquistar: que la familia es el surco donde la aguja salta.

Línea Maginot


La potencia de Al envejecer, los hombres lloran radica en su capital emotivo. Es una de las novelas más conmovedoras que se puedan leer. Pero ese raudal de sentimientos no bastaría para convertir esta obra en una pieza mayor si no estuviera puesto al servicio de una exigencia más profunda, que escapa al mero escrutinio de las emociones y apunta directamente a esa función exhumatoria de la literatura que señalábamos al comienzo. En el epílogo del libro, titulado La Imaginot, en el que Seigle juega con las palabras para convertir la cruda realidad de la Línea Maginot en la fantasía de un niño que añade una inocente vocal para penetrar en el terreno de las leyendas, se concentra la experiencia de un tiempo que, para conservar su sentido, debe atender tanto a la pasión de los vencidos como a la razón de los derrotados.



La temperatura emocional de la novela explota así en una improvisada clase de Historia alimentada por el fuego íntimo de la(s) historia(s), revelando a quien escucha los secretos de un acto en apariencia inexplicable, pero que obedece a los dictados de la conciencia, que es siempre el tribunal más severo, el único al que no se puede escapar. Y de ese modo, mediante el expediente del recuerdo, el niño Gilles, convertido ahora en el profesor Gilles, devuelve a su padre muerto no sólo los afectos de la sangre, sino la expiación de la dignidad. Esa dignidad tan humana, sin dioses ni cielos prometidos, sin iglesias ni evangelio, en que cada hombre, cada vida y cada acto encuentran su lugar. Esa dignidad cuyo sacerdote es el novelista y cuya hostia amarga es la novela.

Fuente: http://blogs.elconfidencial.com/cultura/iluminaciones/2013-12-07/la-vida-en-veinticuatro-horas-con-epilogo_62523/




LOS OLVIDADOS DE LA LINEA MAGINOT



Documental que narra la historia de los españoles desplazados durante la guerra civil a Francia y que, en su exilio, fueron utilizados en la construcción de la Línea Maginot, una obra colosal que el ministro de Defensa francés, André Maginot, mandó construir tras la primera guerra mundial para defenderse de la invasión nazi.







Jean-Luc Seigle es un escritor, guionista y dramaturgo francés. Ha trabajado tanto en el mundo del cine como en el de la televisión.  En lo literario, Seigle logró el Grand Prix RTL-Lire por Al envejecer, los hombres lloran (2012), su tercera novela después de La nuit dépeuplée (2000) y Le sacre de l’enfant mort (2007). En 2015 publicó Je vous écris dans le noir.

Sitio web oficial (en francés): http://www.safranconseil.fr/jean-luc-seigle


martes, 12 de febrero de 2019

"Canción dulce", de Leïla Slimani (miércoles 13, 20h)







"Las dos citas —de Kipling y de Dostoievski— que introducen Canción dulce nos dan la clave para leer e interpretar la novela. En la primera se alude a la falta de humanidad y de empatía de los pudientes con sus empleados domésticos, y la segunda señala hacia la desestabilización mental y la caída en el abismo que se derivan de no tener un lugar a donde ir. Louise, el personaje de la niñera en esta segunda novela de Leila Slimani, es un ser en continuo y casi imperceptible desmoronamiento, alguien desposeído de todo bajo el disfraz de asistenta equilibrada y meticulosa. Que ella es la asesina de los dos niños a su cargo se conoce desde las primeras páginas, y el resto de la novela constituye una suerte de thriller al revés, a la busca de indicios y resortes mentales que expliquen o permitan, retrospectivamente, prever el crimen.

La periodista y escritora Leila Slimani (Rabat, 1981), que obtuvo el Premio Goncourt por esta Chanson douce (2016), ya había escrito una primera novela, titulada Dans le jardín de l’ogre (2014) y focalizada en Adèle, una joven esposa y madre que, hastiada de su pequeña y mediocre vida familiar, de los gestos repetidos y del sexo previsible, se vuelve adicta a los encuentros furtivos, brutales e insatisfactorios —“ce sentiment magique de toucher du doight le vil et l’obscène, la perversion bourgeoise et la misère humaine”—, y consigue llevar una doble vida hasta que es descubierta.








En Canción dulce, traducida al español por Malika Embarek López para Cabaret Voltaire —en catalán ha sido publicada por Edicions Bromera, en traducción de Lluís-Anton Baulenas—, Slimani busca ahondar en la lucha de clases y en la deriva criminal de una psique maltrecha. El punto de partida para la escritura es un caso real acaecido en Nueva York en 2012, el de una niñera que asesinó a los dos niños que cuidaba. La novela principia con la frase “El bebé ha muerto”, y sigue una descripción de las acciones de la policía en la escena del crimen, la quinta planta de un edificio de la Rue d’Hauteville, en el distrito X de París. Así que no hay nada que resolver: han agredido a dos niños y sabemos que ha sido la niñera, que, aunque trató de suicidarse, “No supo morir. Solo dar muerte”. Tras este íncipit desazonador y terrorífico, el trabajo o el reto de la escritora consistirá en interesarnos por el antes, por los antecedentes. Y empieza el flash-back.

Myriam ha pasado los primeros años de la infancia de Mila, su hija mayor, sumida en una maternidad animal, en una burbuja que con el tiempo se ha vuelto irrespirable. Cuando nace Adam, su segundo hijo, todo se complica: “Me están comiendo viva”. Amarga e insatisfecha, envidia el ajetreo laboral de su marido, Paul, y recela de las amigas que dicen envidiarla y de los desconocidos que la desprecian tan pronto como saben que está confinada al ámbito doméstico. Cuando le surge la oportunidad de entrar a trabajar en un despacho de abogados, se impone la necesidad de contratar a una niñera.

“Sin papeles, no. Espero que estés de acuerdo. Si se tratara de una asistenta o de un pintor de brocha gorda, no me importaría. Esa gente tendrá que vivir de algo, pero cuidar de los niños es distinto, es muy arriesgado. No quiero a una persona que tema llamar a la policía o ir a un hospital en caso de una urgencia. Aparte de eso, que no sea demasiado mayor, que no lleve pañuelo y que no fume. Lo principal es que sea una mujer dinámica y que tenga tiempo para nosotros. Que trabaje para que podamos trabajar.”

Entonces entra en escena el personaje central, el gran detonador. Louise, la niñera, es una mujer de cuarenta años con cara de muñeca envejecida. La pulcritud de su aspecto se extrapola a la meticulosidad con que se aplica a la limpieza doméstica, hasta el punto de que transforma una casa que la familia siente como asfixiante en un lugar apacible y luminoso. Este excederse en sus funciones tiene como objetivo apropiarse del territorio y colonizarlo:

“Observa cada cosa con el aplomo de un general ante una tierra que se dispone a conquistar.”

Al principio, Louise es vista como una especie de hada, por cuanto suscita y satisface las fantasías de la familia ideal. Se esmera en convertirse en invisible e indispensable al mismo tiempo —“se mueve entre bambalinas, discreta y poderosa. Maneja los hilos sin los que la magia no existe”—, hasta el punto de que los Massé se la llevan de vacaciones a una isla griega, convencidos de que no tendrá un plan mejor para el verano. Siempre disponible y solícita, se ve incrustada en una vida que no es la suya, pero de la que depende completamente. Deviene una presencia íntima, aunque nunca familiar, y de ahí la relación de amor-odio que mantiene con Myriam y Paul, quienes, confiados en exceso, reaccionan como “niños mimados” o “gatos domésticos” a las atenciones de la niñera y no miden la violencia del vínculo y sus posibles consecuencias hasta que es demasiado tarde.

Hay varios cambios de foco a lo largo de la novela. Sabemos del marido de Louise, Jacques, un hombre colérico y envidioso que la maltrataba de palabra y que no le dejó más que “pleitos frustrados, juicios y facturas pendientes”, y de su hija, Stéphanie, siempre a la sombra de los niños que su madre cuidaba. También se nos presenta a Wafa, una niñera marroquí que traba una cierta amistad con ella, y a Hervé, un hombre de extracción muy humilde que corteja a Louise y que corresponde, al parecer, al tipo de persona que ella se merece, alguien “que nadie quiere, pero que Louise acepta, como acepta la ropa usada, las revistas ya leídas a las que les faltan páginas e incluso los gofres ya mordidos que dejan los niños”.

“Están las jóvenes con pañuelo, que deben ser aún más puntuales, más amables, más pulcras que las demás. Están las que se cambian de peluca cada semana. Las filipinas, que suplican a los niños en inglés que no salten en los charcos […]. Todas tienen también secretos inconfesables. Ocultan recuerdos horribles de sumisión, humillaciones, mentiras. Recuerdos de voces que apenas se oyen del otro lado del teléfono, conversaciones que se cortan […]. Algunas, Louise lo sabe, han robado, menudencias, casi nada, a modo de impuesto recaudado sobre la felicidad de los demás.”

Frente a las demás niñeras, Louise tiene ademanes de nurse inglesa o de estirada gobernanta. Pero, en flagrante contradicción con los modales altivos y trasnochados que exhibe —y en doloroso contraste con la vida acomodada de los Massé, a la que se ha acoplado—, la asistenta asiste a la progresiva degradación del barrio donde vive, y no puede evitar pensar que pronto ella estará igual que ese vagabundo que ve defecar en mitad de la calle. Y es que, por culpa de su difunto marido, las deudas se le acumulan y están a punto de desahuciarla de su roñoso pisito en la periferia. Su única esperanza —y el objetivo que perseguirá de modo obsesivo— estriba en quedarse a vivir en casa de los Massé, pero, para que eso suceda, Myriam y Paul deberían tener un tercer hijo y necesitarla de manera perentoria —“El bebé protegerá el lugar que ocupa Louise en su reino”—; así que cocina recetas para favorecer la fertilidad y sale con los niños para que el matrimonio goce de una mayor intimidad y se entregue a la tarea procreadora. Sin éxito.

“Solo tiene un deseo: formar parte del mundo de ellos […], hacerse un hueco, una guarida, un rinconcito caliente.”

Cada vez se inmiscuye más en los asuntos familiares. Le reprocha a Myriam que despilfarre, y rebusca en los cubos de la basura restos no consumidos de comida y juguetes que ya no merece la pena reparar. Los Massé creen que deben emanciparse del poder que ejerce Louise, y le prohíben dar a los niños productos caducados. Un día la niñera deja, en la mesa de la cocina, una carcasa de pollo que Myriam tiró por la mañana; poco después sabrán que Louise se la ha ofrecido a los niños para que roan los huesos hasta dejarlos mondos e impolutos.

“Una carcasa brillante, sobre la que no queda el menor trocito de piel, el menor rastro de carne. Se diría que la ha roído un buitre o un insecto obstinado, minucioso. Un bicho maligno en todo caso […]. Lo ha lavado a conciencia, lo ha secado y lo ha colocado allí, como venganza, como un tótem maléfico.”

Este es uno de los indicios que habrían podido alertar sobre el fatal desenlace. Pero hay más. Louise se entrega a los juegos infantiles sin compasión y crea angustia en los niños: “Los observa como quien estudia la agonía de un pez recién capturado, con las agallas ensangrentadas, el cuerpo presa de convulsiones”. Otro de sus desvaríos será maquillar a Mila “como un monstruo de feria, tan grotesca como un perro que alguna vieja histérica hubiera vestido para lucirlo en su paseo”. Aunque es incapaz de reaccionar a tiempo, Paul intuye antes que Myriam la amenaza que se cierne sobre ellos: “Se imagina su casa como un acuario invadido por algas podridas, una fosa en la que el aire ya no circula y donde unos animales de piel rala deambulan aullando”.

Con un estilo directo y franco, desprovisto de descripciones innecesarias y con la precisión de un escalpelo, esta narración retrospectiva explora las contradictorias y complejas relaciones que se establecen entre clases sociales y aborda también cuestiones como la difícil conciliación de la vida laboral y familiar o las condiciones de trabajo de las asistentas domésticas. Sabemos que, a partir de un determinado momento, la rígida y obsesiva Louise se desmorona, y “un quejido interior la corroe y le desgarra las entrañas”. En otra ocasión se nos dice que no es más que “un amasijo de cristales rotos, y su alma está cargada de piedras”. Uno de los grandes temas de la novela es la indefensión de los desposeídos, abandonados a su suerte —“Cada día se topaba con compañeros en el infortunio, que hablaban solos, dementes, mendigos”—, y de ahí al deterioro mental y la enajenación solo hay un paso. Louise es una mujer rechazada social y económicamente, y no es de extrañar que su frustración se abata sobre los más débiles e indefensos.

“Siente brotar el odio que lleva dentro. Un odio que va en contra de sus impulsos serviles, de su optimismo infantil. Un odio que mezcla todo. Está absorbida por un sueño triste y confuso. Atormentada por la impresión de haber visto y oído demasiado de la intimidad de los demás, de una intimidad a la que ella nunca tuvo derecho. Nunca tuvo un dormitorio propio.”

A medida que avanza la novela se hace evidente la enajenación de Louise, ese animal domesticado pero herido en lo más hondo —“Avanza, cueste lo que cueste, como un animal, como un perro a quien unos niños malos hubieran quebrado las patas”—, y paralelamente se ofrecen cada vez más muestras de la dependencia y el amor salvaje de Myriam por sus hijos, “el más bello paisaje del mundo”. Ella desconoce la situación mental y material de Louise y se equivoca al analizar las señales; el conocimiento le llegará a través de una violencia definitiva, aunque en los últimos tiempos había ya indicios alarmantes. No olvidemos, además, que Myriam es abogada y, en el momento en que sucede la acción, está defendiendo a un joven que mató a un cocinero sin papeles. Véase cómo se vuelven las tornas, pues tras lo sucedido Louise tendrá derecho a un abogado defensor, que probablemente base su estrategia en demostrar que la niñera también es una víctima y en calificar a Myriam de madre ausente, déspota con el servicio y cegada por la ambición.

En esta suerte de pesquisa al revés, la ironía trágica se apoya en la ventaja del receptor respecto de los personajes, y opera una manipulación perversa de las emociones. Mientras vuelve del trabajo a casa, ansiosa por reunirse con ellos, Myriam revisa en el móvil las fotos de sus hijos y hace planes de futuro inmediato. Por supuesto, para el lector, que sabe cómo termina todo, este gesto se teñirá de ecos funestos. Es un recurso cruelmente efectista dentro de una narración honesta, concisa y aséptica; una saeta que la autora dispara al lector. Otro de los momentos destacables en este sentido lo hallamos, bastante al inicio de la novela, en el renacer que sienten Myriam y Paul con la llegada de Louise; en su cama de sábanas limpias, el matrimonio se congratula de su libertad recuperada, y de la suerte que han tenido de encontrar a la niñera:

“Como si hubieran encontrado un mirlo blanco o les hubieran echado una bendición.”


Ana Prieto Nadal







Lucia (6) y Leo (2), los niños asesinados en un apartamento de Upper West Side (NY) por su nanny, Joselyn Ortega, el 25 de octubre de 2012, suceso que inspiró "Canción dulce".

Más información: Asesinato de Lucia y Leo Krim (Wikipedia)










Leila Slimani (Rabat, Marruecos, 3 de octubre de 1981) es una periodista y escritora franco-marroquí de madre franco-argelina y de padre marroquí. Su segunda novela, "Chanson douce", fue galardonada con el Premio Goncourt en 2016.

Alumna del Liceo francés de Rabat, Slimani creció en una familia de habla francesa. Su padre, Othman Slimani, es banquero, su madre es médico ORL, medio alsaciana, medio marroquí, En 1999, se va a París, donde se diploma en el Instituto de Estudios Políticos de París. Intenta convertirse en actriz de teatro (Cours Florent) y decide completar sus estudios en el ESCP Europe Business School, con una formación para los medios. Christophe Barbier, padrino de su promoción, le ofrece una estancia en L'Express. 

En la editorial Gallimard hace un curso de creación literaria con Jean-Martin Laclavetine como tutor.

Finalmente, entra en la revista Jeune Afrique en 2008, donde trata los temas relacionados con el norte de África. En 2012, deja la redacción de Jeune Afrique para dedicarse a la escritura, aunque sigue trabajando por su cuenta para la revista.



En 2014, publica su primera novela en Ediciones Galimard, "Dans le jardin de l’ogre", adquirida por una productora (Huffpost), para una adaptación cinematográfica. El tema, la adicción sexual femenina, y la literatura, son destacados por la crítica y la obra es seleccionada como una de las cinco finalistas del Premio de Flore, de París. La novela vendió 15.000 ejemplares en Marruecos.​ En 2015, esta novela recibe el 6º Premio Literario de la Mamounia, otorgado a un autor marroquí en lengua francesa, y es la primera mujer en recibirlo. 

Su segunda novela, "Chanson douce", obtiene el Premio Goncourt en 2016.

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Francia en 2017 apoyó junto a un grupo de personalidades de la sociedad civil a Emmanuel Macron para bloquear a Marine Le Pen. ​ El mismo año recibió el premio "Out" de oro por su condena a la penalización de la homosexualidad en Marruecos y al control del cuerpo de las mujeres.

Su última obra, publicada en 2017, es "Sexo y mentiras: La vida sexual en Marruecos". 






martes, 22 de enero de 2019

"La hipótesis Saint-Germain", de Manuel Moyano (miércoles 23, 20h)



En la sesión de febrero, las lectoras y lectores del Club Dante celebraremos un encuentro con Manuel Moyano, autor de la obra que hemos leído durante las últimas semanas, "La hipótesis Saint-Germain", XVII Premio de Novela Carolina Coronado.




"El tiempo, según José Luis Garci, no es más que una emoción aunque nos empeñemos en medirlo por horas, días, años…”. El escritor Manuel Moyano, finalista premio Herralde de Novela, acaba de publicar La hipótesis Saint-Germain, obra de corte fantástico que le ha valido el reconocimiento del jurado compuesto por los escritores Luis Alberto de Cuenca y Espido Freire y el periodista Luis del Val para alzarse con el XVII premio Novela Carolina Coronado de Almendralejo. 






Con una sólida trayectoria bibliográfica como "El experimento Wolberg", "El imperio de Yegorov" -premio Herralde-, "La coartada del diablo" -premio Tristana de Novela Fantástica-, y "Travesía americana: de San Francisco a Nueva York por carretera" entre otros, el autor continúa proponiéndonos rutas misteriosas, sobresaltos y sorpresas, como describió en una ocasión Luis Mateo Diez. "La hipótesis Saint-Germain" cuenta una historia inspirada en el Conde de Saint Germain, un personaje real del siglo XVIII que se movió por toda Europa, pero especialmente por Francia. Se decía de él que era inmortal y de ahí nace la trama que gira en torno a dos personajes. Por un lado está Daniel Bagao, el director de una revista de ocultismo a gran escala que no cree en esa supuesta inmortalidad. Por otro lado, Ismael Koblin, quien sí va a creer en la fantasía y asegura saber bajo qué identidad se oculta en la actualidad el conde de Saint Germain, atribuyéndolo a un millonario norteamericano. Tratará de demostrar que su hipótesis es cierta.

Nosotros, que permanecemos pegados a un reloj diariamente, de las horas, de los días, de los años que huyen, que nos compone y nos descompone, nos adentramos, pues, en un relato delicioso a lo largo de trescientos años. Como recordaba el periodista Antonio Arco, hay una reflexión de Marco Aurelio que aparece en sus Meditaciones que siempre ha inquietado a Manuel Moyano “¿Qué partícula del tiempo infinito e insondable ha sido asignada a cada uno?” Pero no me lanzaré a destripar la aventura. Sólo les digo en palabras de Moyano que es una novela de intriga y con un cierto toque de humor con una derivación final a la ciencia ficción. Ya lo decía Paul Valery en su "Pequeña Carta sobre los Mitos": “Qué sería de nosotros sin el auxilio de lo que no existe? Poca cosa y nuestros espíritus desocupados languidecerían si las fábulas, los malentendidos, las abstracciones, las creencias, los monstruos, las hipótesis y los pretendidos problemas de la metafísica no poblasen de imágenes sin objeto nuestras profundidades y nuestras tinieblas naturales”.

El narrador, pues, logra que el lector no se limite a permanecer inmóvil en el imaginario de la ficción. Lo hace partícipe de la aventura con esa precisión relojera y el gusto por la descripción minuciosa. De Manuel Moyano se ha dicho que cada nuevo título confirma la lejana sospecha de que podría llegar a convertirse en nuestro Julio Verne contemporáneo, y Luis Alberto de Cuenca lo define como un narrador excepcional, “tiene la magia del chamán que recita los mitos etiológicos de rigor en las largas noches de invierno, al calor de la hoguera primordial”. En definitiva, gusta de cuidar al lector, mantenerlo en tensión. Tratar de narrar la vida para que otros la imaginen, “hay muchos modos de afrontar la literatura, pero creo que una novela nunca debe renunciar a poseer una tensión narrativa interior. Debe haber una flecha que apunte hacia alguna parte, aunque sea de manera solapada”, me contaba en una entrevista.

Y todo esto viene a propósito porque al parecer existe, últimamente, un gusto más por el género de autoficción. Sólo hay que dar una vuelta por las librerías y observar que la literatura española suele acostarse más del lado del realismo de los diarios, cartas, dietarios, aforismos… Manuel Moyano sigue reivindicando el magisterio de autores con HG Wells, Julio Verne, Robert Louis Stevenson…  Y, destaca la lucha que siempre ha tenido la novela fantástica en España, “a la que siempre se la ha querido reducir a una especie de gueto” al tiempo que añade que “en España nunca fue apreciada la literatura fantástica escrita por españoles –con grandes narradores en el siglo XX como Cunqueiro-, ha habido cierta reticencia porque no se la consideraba, digamos, seria”.



Moyano, entonces, se nos revela como dueño de una aguda comprensión del fenómeno fantástico, el hacer verosímil lo imposible. No encuentro una forma más elegante de describir su estilo que con las palabras de Bishop sobre los poemas de Hopkins: “En ellos la medida del tiempo y la adecuación entre el sentido y el sonido son tan perfectas que recuerdan a los caprichos de un acróbata infalible: mientras cae por el aire, lleno de gracia, para aferrarse a los tobillos  de su compañero, puede permitirse hacer un giro extra y concluir la pirueta sano y salvo, sin estropear el dibujo de su vuelo”.

La intención de este artículo no es decir algo que no se haya dicho ya, sino simplemente compartir con el lector esta lectura con la esperanza de que prenda en alguien. No olvidemos que los mejores relatos de todos los tiempos, aquellos que han cautivado a generaciones y generaciones de lectores, llegaron de la mano de los Kipling, Conrad, Stevenson, Carroll… y siguen resistiendo el paso del tiempo."

Nieves B. Jiménez

Fuente: https://gaceta.es/opinion/la-hipotesis-saint-germain-20171113-1027/





Manuel Moyano nació en Córdoba en 1963, creció en Barcelona y en 1991 se estableció en Molina de Segura (Murcia), donde reside.

La antropología, lo fantástico y el viaje son algunos de los intereses de este narrador de quien se ha destacado su “fuerte potencia expresiva”1​ y su singular capacidad para “suspender la incredulidad del lector por razones de verosimilitud del propio relato”.2​

Con su primer libro, El amigo de Kafka (2001), editado por Pre-Textos con prólogo de Luis Mateo Díez, obtuvo el Premio Tigre Juan a la mejor primera obra narrativa publicada en España y fue elegido por El Mundo como uno de los 10 mejores debutantes del año.

Es autor de las novelas: El imperio de Yegorov (Finalista Premio Herralde 2014 y Premio Celsius en la Semana Negra de Gijón); La coartada del diablo (Premio Tristana de Novela Fantástica 2006, cuyos derechos fueron vendidos al cine para ser adaptada por Pedro Olea); La agenda negra (2016), El abismo verde (2017) y La hipótesis Saint-Germain (Premio Carolina Coronado 2017).

Como cuentista ha publicado el citado El amigo de Kafka (2001), El oro celeste (2003) y El experimento Wolberg (2008), así como el libro de microrrelatos Teatro de ceniza (2011), con prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Piezas de todos ellos figuran en las principales antologías publicadas recientemente en España.

Es también autor del volumen misceláneo La memoria de la especie (2005) y del libro de viajes Travesía americana (2013), que narra un viaje en familia de una costa a otra de los Estados Unidos. Los títulos que componen su “trilogía antropológica” participan de la narrativa y del ensayo y son fruto de trabajos de campo en la Región de Murcia: Galería de apátridas (2004), El lobo de Periago (2005) y Dietario mágico (2002, 2015), que trata sobre la curandería.


Ha escrito la novela para niños Aventuras del piloto Rufus (2017), así como tres guías de senderismo en colaboración con Juan Antonio Moya: Tierras altas de Abanilla, Fortuna y Molina de Segura (2001), La Vereda Real (2002) y La Vereda de Poniente (2003).




Licenciado como ingeniero agrónomo por la Universidad de Córdoba, en la actualidad trabaja en la gestión cultural en el Ayuntamiento de Molina de Segura, donde dirige el ‘Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España y el ciclo de conferencias ‘Escritores en su tinta’. Con Felipe González Caballero ha desarrollado los contenidos del Museo La Albarda de Ritos y Tradiciones del Campo de Molina, centrado en el patrimonio inmaterial.

Ha escrito regularmente reseñas y artículos para el diario La Verdad y para la revista El Kraken, dirigida por Rafael Balanzá, y ha impartido talleres sobre escritura de relatos. Sus ensayos críticos y literarios están recogidos en Noventa libros y un film (2016) y Mamíferos que escriben (2018).


Es miembro de la Orden del Meteorito de Molina de Segura y Sátrapa Trascendente por el Institutum Pataphysicum Granatensis, regido por Ángel Olgoso.

Su novela El imperio de Yegorov ha sido traducida al neerlandés (Het rijk van Jegorov3​).



OBRA

Relatos
El amigo de Kafka, pról. Luis Mateo Diez, ed. Pre-Textos, Valencia, 2001. 
El oro celeste, ed. Xordica, Zaragoza, 2003. 
El experimento Wolberg, ed. Menoscuarto, Palencia, 2008. 

Microrrelatos
Teatro de ceniza, pról. Luis Alberto de Cuenca, ed. Menoscuarto, Palencia, 2011.
El Imperio de Chu, ed. Tres Fronteras, Murcia, 2008

Novelas
La coartada del diablo, ed. Menoscuarto, Palencia, 2006. 
El imperio de Yegorov, ed. Anagrama, Barcelona, 2014. 
La agenda negra, ilustr. Enrique Oria, ed. Pez de Plata, Oviedo, 2016. 
El abismo verde, ed. Menoscuarto, Palencia, 2017. 
La hipótesis Saint-Germain, ed. Algaida, Sevilla, 2017. 


Ensayo
Dietario mágico, ed. Nausícaä, Murcia, 2002. Reeditado en 2015 por La Fea Burguesía, Murcia, pról. Paco López Mengual. 
Galería de apátridas, pról. Luis García Mondéjar, ed. Nausícaä, Murcia, 2004. 
La memoria de la especie, ed. Xordica, Zaragoza, 2005. 
El lobo de Periago, ilustr. Juan Navarro, ed. Natursport, Murcia, 2005. 
Travesía americana, ed. Nausícaä, Murcia, 2013. 
Noventa libros y un film, ed. MurciaLibro, Murcia, 2016. 
Mamíferos que escriben, Newcastle Ediciones, 2018. 

Literatura infantil
Aventuras del piloto Rufus, ilustr. Francisco Javier García Hernández, ed. Raspabook, Murcia, 2017. 

Guías (coescritas con Juan Antonio Moya)
Tierras altas de Abanilla, Fortuna y Molina de Segura, ed. Natursport, 2001. I
La Vereda Real, ed. Natursport 2002. 
La Vereda de Poniente, ed. Natursport 2003. 

Inclusiones en antologías (selección)
Fábula rasa. Ed. Enrique Turpin (Alfaguara, 2005). 
Macondo boca arriba. Ed. Fernando Iwasaki (Universidad de México, 2006).
Perturbaciones: antología del relato fantástico español actual. Ed. Juan Jacinto Muñoz Rengel (Salto de Página, 2009). 
Siglo XXI: nuevos nombres del cuento español actual. Ed. Gemma Pellicer y F. Valls (Menoscuarto, 2010). 
Por favor, sea breve 2. Ed. Clara Obligado (Páginas de Espuma, 2009). 
Pequeñas resistencias 5. Ed. Andrés Neuman (Páginas de Espuma, 2010). 
Mar de pirañas. Ed. Fernando Valls (Menoscuarto, 2012). 
Antología del microrrelato español. Ed. Irene Andres-Suárez (Cátedra, 2012). 
Después de Troya. Ed. Antonio Serrano Cueto (Menoscuarto, 2015). 

Reconocimientos
2002 Premio Tigre Juan a la mejor primera obra narrativa publicada en España por El amigo de Kafka.
2006 Premio Tristana de Novela Fantástica por La coartada del diablo.
2008 Premio Libro del Año Región de Murcia por El experimento Wolberg.
2014 Finalista Premio Herralde por El imperio de Yegorov.
2015 Premio Celsius a la mejor novela de Ciencia Ficción y Fantasía en la Semana Negra de Gijón por El imperio de Yegorov.
2016 Finalista Premio Mandarache de Jóvenes Lectores por El imperio de Yegorov.
2016 Premio Tertulia4​ por su trayectoria literaria.
2017 Finalista Premio Tristana de Novela Fantástica por El abismo verde.
2017 Premio de novela Carolina Coronado, por La hipótesis Saint-Germain, convocado por el ayuntamiento de Almendralejo.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Moyano_Ortega







sábado, 8 de diciembre de 2018

ASTERIOS POLYP, de David Mazzucchelli (miércoles 12, 20h)




David Mazzucchelli es un autor cuyo trabajo a mediados de los ochenta en el mundo del cómic mainstream norteamericano ('Batman: Año Uno' y 'Daredevil: Born Again', ambos junto a Frank Miller) deslumbró a lectores y crítica. Tras aquellos trabajos, Mazzucchelli se había prodigado muy poco, hasta el momento: algunas historias cortas e intervenciones en revistas, pero poco más. Con 'Asterios Polyp', el autor volvía a primera línea entrega una ambiciosa novela gráfica de gran formato.


















Asterios Polyp es un arquitecto de 50 años cuya vida está completamente descontrolada. Una noche, un rayo incendia su casa en Nueva York, y ese suceso azaroso será el que le haga empezar un fatídico viaje. Ese periplo vital será la excusa para que el narrador indague en el pasado del personaje, a la vez que su nueva situación, conociendo a una extraña familia que regenta un taller de autos, le lleve a solucionar aspectos sombríos de su vida.





Como en cualquier gran obra, la anécdota del argumento es quizá lo de menos: lo más importante es cómo Mazzucchelli juega con los recursos del cómic, como pone al servicio diferentes estilos, planificaciones de página, colores y hasta tipografías para sus propósitos. 




Todo está en 'Asterios Polyp' cuidadosamente planificado, no hay detalle al azar: se trata de una narración poliédrica resuelta con maestría y, por qué no, con un poco de ironía.




 

La trama es de regusto muy austeriano; no creo que sea casualidad que fuera el propio Mazzucchelli uno de los encargados de adaptar al cómic la novela corta de Paul Auster 'La ciudad de cristal'. En la historia, el azar está muy presente, desde el hecho que desencadena el cambio en la vida de Asterios (el rayo que incendia su piso), hasta la misma condición del protagonista, que iba a tener un hermano gemelo pero que murió durante la gestación (una idea que recuerda a 'La isla del día de antes' de Umberto Eco). El accidente en casa de Asterios le permite romper con su vida anterior y lanzarse a la aventura. En sucesivas retrospecciones, conoceremos la vida y el carácter del arquitecto y por qué ha llegado a dónde está. La nueva situación que vive, diametralmente diferente a la anterior, le permitirá poner en orden sus pensamientos y volver a empezar. Lentamente, seremos testigos del cambio en Asterios.




'Asterios Polyp' es uno de las mejores novelas gráficas de la década, sin duda. Mazzucchelli es perro viejo, y en esta obra pone toda la carne en el asador, demostrando que no necesita a un guionista para crear una magnífica obra.

https://www.papelenblanco.com/novela-grafica/asterios-polyp-de-david-mazzucchelli-las-entranas-del-arquitecto



David Mazzucchelli es un dibujante de cómics estadounidense, también profesor en Rhode Island School of Design y en el School of Visual Arts de Nueva York. Reconocido por su trabajo con Frank Miller en Batman: Año Uno y en Daredevil: Born Again. En el 2009 publico su primera novela gráfica en solitario Asterios Polyp.

Mazzucchelli recibió su formación artística en la Rhode Island School of Design y empezó como profesional en el mundo de la historieta a principios de la década de 1980. Tras varios años trabajando para Marvel Comics y DC Comics (destacando su trabajo en Batman: Año Uno y en Daredevil: Born Again, ambos guionizados por Frank Miller), abandonó el género de superhéroes para centrarse en otros temas.




Entre 1991 y 1993 realizó su propia publicación: Rubber Blanket. En 1994 colaboró con el escritor Paul Karasik en una adaptación de la obra de Paul Auster: Ciudad de cristal (City of Glass ), publicada por en Estados Unidos por Avon Books y en España por Ediciones La Cúpula.

Además, ha contribuido con pequeñas historias a varias antologías de cómic alternativo, entre las cuales están:

"It's a beautiful day..." en Drawn & Quarterly Vol. 1, No. 9, julio de 1992
"A Brief History of Civilization" en Drawn & Quarterly Vol. 1, No. 9, julio de 1992
"Rates of Exchange" en Drawn & Quarterly Vol. 2, No. 2, diciembre de 1994
"The Fisherman and the Sea Princess" en la antología para niños de Art Spiegelman y Francoise Mouly titulada Little Lit: Folklore & Fairy Tale Funnies, 2000.



Distinciones 
1985 Nominado al Premio Haxtur a la "Mejor Historia Corta" por Daredevil en el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias
1987 Premio Haxtur a la "Mejor Dibujo" por Daredevil Born Again y Batman Año 1
1989 Nominado al Premio Haxtur a la "Mejor Historia Corta" por "Claroscuro-Patrulla X
1989 Nominado al Premio Haxtur al "Mejor Dibujo" por Claroscuro- Patrulla X
1994 Nominado al Premio Haxtur al "Mejor Dibujo" por Discovering America
1994 Nominado al Premio Haxtur al "Mejor Historia Corta" por Discovering America
1995 Nominado al Premio Haxtur al "Mejor Guion" por Hombre Grande
1995 Nominado al Premio Haxtur al "Mejor Dibujo" por Hombre Grande
1995 Nominado al Premio Haxtur a la "Mejor Historia Corta" por Hombre Grande
2011 Nominado al Premio Haxtur a la "Mejor Historia Larga" por Asterios Polyp
2011 Nominado al Premio Haxtur a la "Mejor Dibujo" por Asterios Polyp

https://es.wikipedia.org/wiki/David_Mazzucchelli