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martes, 16 de diciembre de 2025

"El día antes de la felicidad", de Erri de Luca | miércoles 17 | 20 h

 



 

Diez años después, volvemos a reunirnos en torno a Erri De Luca.






«Comencé a escribir para tener compañía y ahora sigo escribiendo igual. Escribo historias del pasado y, mientras lo hago, habito otra vez en ese pasado. Mientras escribo estoy con personas que para el lector son personajes, pero para mí han sido personas.»

«La guerra moderna es íntimamente, materialmente criminal: golpea mayormente a personas indefensas, y es el acto de terrorismo por excelencia: bombardea ciudades y mata más civiles que soldados».

 


HACERSE HOMBRE

MARCELO ZUCOTTI  |  21 MARZO 2014

Este libro me encontró cuando una tarde andaba en pos de otro título. Lo hizo con  deliberada premeditación –no estaba puesto de canto sobre el estante, con lo cual sólo vería el escueto lomo, sino que se dispuso inclinado, de manera de ofrecer a la visión parte de la portada-. Debe haber estado al tanto de que ya había leído otra obra del mismo autor y me había gustado. Hasta es posible que haya entrado en contacto con este espacio y así saber mi opinión. Lo cierto es que la experiencia anterior fue tan grata, que reincidí.

El texto narra la historia en primera persona de un joven de dieciocho años, huérfano de padre y madre quien durante gran parte de su niñez estuvo al cuidado de don Gaetano, el portero del conventillo donde vive. Ambientada en Nápoles a mediados de los cincuenta del siglo pasado, el protagonista, ávido de conocimiento, disfruta de la asistencia a la escuela pública, donde puede aprender acerca del mundo, tanto como de los libros que don Raymondo, el bibliotecario, le ofrece para leer, sin costo alguno, con la condición de que los devuelva en buen estado.

Pero las mejores enseñanzas las obtiene de don Gaetano. De él aprende el oficio de las reparaciones domésticas, el juego de la escoba de quince y parte de la historia napolitana, desde la resistencia al fascismo hasta la persecución de los alemanes en retirada. Pero también la solidaridad con los judíos perseguidos, el heroísmo de los involucrados en las revueltas antes de la liberación por los americanos y, fundamentalmente, una serie de experiencias resumidas en frases cortas…

 

El futuro es un criado lento, pero fiel.

 

Junto a don Gaetano –tan huérfano como él- descubre los avatares del amor; el inicio en el sexo; a jugarse entero sin medir consecuencias; a defenderse de la agresión; a poner el tesón en aquello que se ama. Aquél, capaz de leer los pensamientos de las personas, le explica que, si aprende a comprender los signos que los anuncian, puede identificar cuál es el día anterior a la felicidad. Porque toda felicidad tiene un antes y un después; no se sale de ella de la misma manera que se entró. Esa experiencia signa el derrotero que todo hombre ha de seguir.

Es una novela de iniciación, del pasaje de la adolescencia a la adultez. Una vez que hemos madurado lo suficiente, debemos afrontar nuestro destino. La propia vida se encarga de conducir nuestros pasos –como los del protagonista-. En eso consiste el ‘hacerse hombre’, aunque su costo sea tener que abandonar todo aquello que fuera nuestro mundo cotidiano hasta entonces. Quizás ése sea el precio de alcanzar la felicidad.

Es un libro lleno de historias, apreciaciones y circunstancias graciosas, con una multitud de elementos nacidos de la pobreza y de la observación minuciosa de las costumbres de un pueblo. Escrito en lenguaje ameno, con escasez de recursos y cierta presencia de vocablos napolitanos –explicados inmediatamente-, resulta maravilloso que en poco más de cien páginas se pueda desarrollar semejante trama. Por momentos, acudió a mi mente el personaje Totó, de ‘Cinema Paradiso’, una obra maestra del séptimo arte, tan entrañable como la presente.

Párrafo final para lo conmovedor. Don Gaetano dice haber vivido en esta tierra, Argentina, durante veinte años, antes de volver a su Nápoles, y hacia aquí envía al narrador al momento de partir. Literalmente,

Don Gaetano echaba de menos la naturaleza que conoció en Argentina. Las llanuras donde las manadas pastaban libres, los relámpagos se estrellaban “a golpes de tarantella y la tierra era la pista de baile del cielo”. Ser huérfano era la condición natural, todos eran huérfanos, animales y hombres sobre una llanura tan vasta como un océano. Bandoleros, curas sin sotana, anarquistas, irlandeses. Argentina te quitaba del corazón la causa de tu viaje, te daba espacio a discreción. Las soledades regulaban el aliento de cara a los horizontes.

¿Cómo puedo no amar este libro, que describe en este párrafo la sensación exacta que  percibe quien ha estado en medio de nuestra pampa una noche despejada, sin luna, con todas las estrellas a disposición? Luego, en poco más de tres páginas, captura la esencia de nuestras propias vivencias, las que hacen que uno las añore cuando se aleja del país. Realmente, ha sido un encuentro reconfortante tanto con nuestros orígenes inmigrantes, como de nuestro pasado local. Vaya por ello mi absoluto reconocimiento a su autor.

Una obra inolvidable, para no dejar de leer.

 

Fuente: https://librosenestereo.blogspot.com/2014/03/hacerse-hombre-el-dia-antes-de-la.html

 


ENCUENTRO CON ERRI DE LUCA

"Para conservar los ojos claros, empecé a mirar los cielos"

FESTIVAL EÑE 2022 – Círculo de Bellas Artes | 2 DICIEMBRE 2022

Erri de Luca es un escritor único en cuya literatura lo natural tiene una presencia determinante. El influjo de las montañas, haberse criado junto a un volcán, la mirada atenta a las nubes y a los pájaros o la práctica de la fraternidad, son algunas de las claves que nos acercan a la obra del autor napolitano.

El director del Círculo de Bellas Artes y filósofo Valerio Rocco conversa con el escritor Erri de Luca en este encuentro de lujo para todos los amantes de la gran literatura. 




[VER ENTREVISTA]

 



domingo, 15 de noviembre de 2015

LOS PECES NO CIERRAN LOS OJOS (miércoles 18, 20h)


Aparentemente, la voz narradora es la de un niño de diez años, pero en modo alguno es una novela de aprendizaje. En todo caso sería un aprendizaje a posteriori y me explico. 

El autor, Erri De Luca, no pretende en ningún momento remedar el habla, los sentimientos o los anhelos de un niño pequeño. Como él mismo dice al respecto (p. 22) “Me arrimo a través de la escritura a  mi yo de hace  cincuenta años, para un jubileo privado mío”. Jubileo, aquí, equivale a revisitación, reexamen, constatación de algo que ya forma parte de lo más profundo de uno mismo y que se aprendió entonces, a los diez años.



El narrador, como tantos otros  niños, tiene padres, asiste a un colegio, convive con  amigos /enemigos y atesora el recuerdo de un verano fundacional  en una de las islas fronteras a Nápoles (casi con toda seguridad Prócida) en compañía de su madre y una hermana más pequeña.

El padre, hijo a su vez de una norteamericana que se afincó en Nápoles y ya nunca más quiso volver a su país, siempre ha deseado emigrar a la patria ancestral. Pero su mujer, la madre del narrador, es una napolitana de rompe y rasga y no ve qué necesidad tiene de aislarse de su entorno y dejar su vida para enterrarse en un país desconocido. “Ve tú”, le dice al esposo y padre, “y yo te espero aquí con los niños”. Resultado: el padre, que incluso había encontrado ya un trabajo en América, opta por regresar a Nápoles y no salir nunca más de allí. Veredicto del narrador acerca de su padre: “El suyo fue un exilio sin viaje”.  



Esa meticulosa concisión del lenguaje es uno de los muchos atractivos de leer a Erri De Luca, del que voy a tomar prestados  un par de ejemplos más.  Por estar situados uno frente al otro, el instituto de chicos y el de chicas eran testigos diarios de cómo a la salida de clase se producía  la clásica y conflictiva mezcla de ambas clientelas. Definición del narrador: “Masculino y femenino exasperaban sus diferencias para gustarse”.   


Y la hermana, que era un auténtico torbellino, inducía al narrador a participar en toda clase de juegos pero fundamentalmente unos partidos de fútbol en los que valían los empujones, pellizcos, chillidos y puntapiés. 

Más tarde pasaría a otros juegos en los que ella ponía a prueba su talento para buscar los ángulos,  unos tiros que partían desde el instinto de geometría. Veredicto del narrador: esa geometría  se ponía en práctica “con estilo, que es una levedad en el  esfuerzo”.

Obviamente, sería ridículo atribuir a un niño de diez años una definición del estilo como una levedad en el esfuerzo, ver en la estancia forzosa del padre en Nápoles un exilio sin viaje o en los patosos esfuerzos de aproximación entre chicos y chicas una (lamentable) exhibición de lo masculino y lo femenino, cada cual en lo suyo. 

Donde mejor se ve la intención última del autor al revisitar la infancia es en la relación con Ella, siempre descrita o nombrada como “una chica del norte” porque Erri De Luca, cincuenta años después, recuerda casi segundo a segundo  la impresión (en el sentido de incisión, marca indeleble) que dejó ella en él, aunque por desgracia no recuerda su nombre ni, caso de encontrársela ahora, está seguro de ir a reconocerla.

Pero aquel encuentro de verano, descrito con extraordinaria delicadeza, es lo que permite hoy al  auténtico narrador saber de lo que habla cuando hace referencia a sus sentimientos. Y no puedo resistir la tentación de acudir una vez más al texto, pues lo dice infinitamente mejor de lo que pueda hacerlo yo. Se refiere al momento en que, al cabo de una larga y dolorosa pero también estimulante peripecia, esa chica del norte que al día siguiente se marchará para siempre, le besa en los labios. 

Para  la primigenia pareja humana, dice el narrador, la primera noche, desconocida, les pareció a ellos el resto del día primero, desmigajado en puntitos de luz. No sabían si regresaría el  sol, de modo que se abrazaron. “Sé de esa primera vez porque tuve yo también aquella hora en la boca, en un instante idéntico al de ellos, sobre una arena de playa, con el cielo descubierto sobre la cabeza”.


De entrada, saber que Los peces no cierran los ojos es un texto en el que se narran las peripecias veraniegas de un niño de diez años da una cierta pereza.  Otra vez, piensa el presunto lector mientras ojea el libro en la librería. Pero si lo vuelve a depositar  en el montón correspondiente se equivocará  lamentablemente. 

Y demostrará una  también lamentable falta de confianza en Erri De Luca, uno de los escritores más interesantes y, con toda justicia, más exitosos del panorama italiano actual.


 Fuente: elboomeran.net

ERRI DE LUCA



Erri de Luca (Nápoles, 1950) fue militante izquierdista -abandonó su casa a los diecisiete años para integrarse en la organización Lotta Continua-, obrero de la Fiat, albañil, mozo de almacén y camionero en África. Durante la guerra de Bosnia condujo convoyes humanitarios. Aprendió de forma autodidacta el hebreo y el yídish y publica regularmente traducciones de libros de la Biblia. 

Siguió en la albañilería hasta 1996, aunque su primer libro fue publicado siete años antes.   Debutante tardío,  este agnóstico enamorado de la Biblia fue descubriendo una vocación literaria que se concretó en 1989 en su primer relato, Aquí no, ahora no, un éxito confirmado por su posterior producción narrativa. 


Traducida a varios idiomas, la obra de De Luca alcanza los sesenta títulos, entre los que se encuentran muchos de marcado tinte autobiográfico.


























Además, colabora con distintos periódicos y semanales italianos. Ha publicado obras teatrales y poesía, y ha escrito los guiones de las películas Di là del vetro (Andrea di Bari, 2012) y The Nighshift belongs to the stars (Edoardo Ponti, 2013).


Su última obra, La palabra contraria (2015), es un "panfleto político" meridiano e irónico con el que De Luca explica su situación judicial y las razones que le llevaron a unirse al movimiento social "No-TAV" que lucha en el valle de Susa (noroeste de Italia) contra el trazado de ese tren a través de los Alpes.