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jueves, 12 de septiembre de 2024

"Nos vemos allá arriba" | Pierre Lemaitre | miércoles 18 sep. | 20 h

 

 



Se acerca el primer centenario de la Gran Guerra. El 28 de julio de 1914 comenzó una escalada bélica que se cobraría casi veinte millones de vidas, si sumamos las bajas y los desaparecidos. Se habló de Gran Guerra porque nadie se atrevió a pensar que una matanza semejante se repetiría, incrementado hasta cifras inverosímiles el número de víctimas. Pierre Lemaitre (París, 1951) ha recreado convincentemente las heridas provocadas por la rivalidad entre las grandes potencias de la época. Gracias a los avances de la industria y la ciencia, la ambición de poder desató una violencia particularmente mortífera, que exacerbó los impulsos más destructivos de la condición humana.




La historia de Albert Maillard y Édouard Péricourt reproduce los sentimientos de impotencia, humillación, miedo y desamparo de los combatientes, casi siempre hombres comunes con escaso ardor bélico y un sincero anhelo de paz. Albert es un simple contable, con una madre sobreprotectora y una novia casquivana. Édouard es el hijo de un poderoso hombre de negocios, que no le entiende ni le aprecia demasiado. Iconoclasta, provocador y algo bohemio, es un dibujante extraordinario, que se ríe de los convencionalismos y la moral tradicional.

A medio camino entre Goya y Sade, muestra las miserias del clero y los aspectos más escabrosos de la sexualidad.

A pocos días del armisticio, el teniente Henri d'Aulnay-Pradelle provocará una sangrienta escaramuza para ascender y encarar la posguerra como un héroe, explotando sus éxitos militares. Albert avanzará por el campo de batalla, sin esperar que Pradelle le arroje a un cráter excavado por un mortero. Se ha convertido en un testigo incómodo y el teniente intentará deshacerse de él. Una explosión completará el trabajo, enterrándole con la cabeza de un caballo. Una onda expansiva ha decapitado al animal y todo indica que será su única compañía en su viaje hacia la muerte. Sin embargo, Édouard contempla la escena e interviene, desenterrando a su compañero. Su gesto de heroísmo le costará un terrible precio. Un trozo de metralla impacta en su cara y le deja gravemente mutilado. Sin nariz, mejillas ni mandíbula, su rostro se convierte en una horrible máscara. Las quemaduras solo respetarán sus ojos, que sobrevivirán para lanzar una mirada de acusación a una sociedad embrutecida por la guerra y las privaciones. Albert asumirá su cuidado el resto de su vida. Al regresar a la vida civil, los dos romperán sus lazos familiares y sociales, recluyéndose en una modesta habitación. Albert aliviará el dolor de su amigo con grandes dosis de morfina, sometiendo su existencia a la penosa tarea de conseguir la droga en el mercado negro.

Nos vemos allá arriba es una novela con grandes cualidades: una trama meticulosamente urdida, unos personajes rebosantes de humanidad, un buen ritmo narrativo y una prosa que fluye sin retórica ni alardes de estilo.

Sin caer en el panfleto, Lemaitre formula una profunda condena moral contra la guerra. La amistad entre Albert, que renuncia a sus intereses personales, y Édouard, transformado en un golem que se oculta de las miradas ajenas, no es producto de los sentimientos de culpa y gratitud, sino de la fibra moral que alienta en el interior del ser humano. A pesar de todas las ignominias de nuestra especie, la voz de la conciencia no renuncia a manifestarse, recordándonos que nuestra obligación es socorrer a los más débiles y vulnerables. No se trata de caridad, sino de nuestra propia dignidad, pues si ignoramos el dolor del otro, perderemos la autoestima o nos deslizaremos por la pendiente del cinismo y la crueldad.

No es casual que Édouard solo conserve intacta la mirada. Los ojos son una metáfora del Tú que invoca la solidaridad del Yo. El mal solo es la quiebra de esa reciprocidad que se despliega como fundamento de una ética elemental. Nos vemos allá arriba no es literatura juvenil, pero sí es una buena lectura para los jóvenes. Édouard no despierta compasión, sino repugnancia y rechazo. Al margen de su amigo Albert, solo logra el afecto y la aceptación de una niña, que aún no ha sucumbido a los prejuicios de los adultos. Sus pequeños dedos recorrerán su rostro deformado, con un sonrisa llena de ternura. 

Nos vemos allá arriba es una elocuente lección de humanidad y un hermoso relato que nos recuerda la vieja máxima paulina: el hombre no es nada sin amor hacia sus semejantes. 


Rafael Narbona

http://www.elcultural.com/revista/letras/Nos-vemos-alla-arriba/34717



ADAPTACIÓN A NOVELA GRÁFICA


ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA


Noviembre de 1919. Dos supervivientes de las trincheras, uno un magnífico ilustrador y el otro, un modesto contable, montan una estafa sobre los monumentos a los muertos de la guerra. En la Francia de los años veinte, el proyecto se convierte en algo tan peligroso como espectacular.





martes, 13 de marzo de 2018

"Tres días y una vida", de Pierre Lemaitre (miércoles 14, 20h)



Si damos por válido el sistema de etiquetaje obsesivo propio del medio editorial ‑según el cual Pierre Lemaitre sería un escritor de novelas negras que un buen día 'dio el salto' con una obra literaria magistral ('Nos vemos allá arriba', Premio Goncourt 2013)‑, esta sería una novela de síntesis: todo su argumento da vueltas en torno a un crimen del que tenemos noticia en las primeras páginas, pero no fía su avance a la investigación de quién lo ha cometido, ni exactamente al intríngulis de si será finalmente detenido o no. La novela es, al contrario, una bellísima indagación literaria en torno a conceptos como el azar, la culpa, la posibilidad de redención. Críticos, libreros, editores y demás podrán ocuparse de disertar sobre si eso la sitúa dentro o fuera del género policial. Al lector le dará igual. El lector estará atrapado desde el principio por el buen uso de algunos recursos en los que Lemaitre había demostrado ya antes su maestría. El primero y fundamental es su manejo del punto de vista. 'Tres días y una vida' está contada en tercera persona, con una aparente neutralidad que se desliza, a voluntad del autor, hacia el punto de vista de su protagonista, Antoine. Antoine es un niño. Muchos buenos escritores han fracasado en el intento de mostrar la lógica del mundo a partir de la mirada de un niño, en un empeño que, casi indefectiblemente, acaba por teñir la voz narradora de lugares comunes, simplismos excesivos y cursilerías. Aquí no. Lemaitre acierta al no querer transmitirnos la voz, sino la mirada de Antoine, que ha cometido un error gravísimo y va a cargar con sus consecuencias toda la vida.


O no. O sí. Porque ese es el segundo gran mérito de Lemaitre en esta novela: su argumento homenajea la imprevisibilidad de la vida, enfrenta al lector continuamente con el fracaso que espera a quien pretenda anticiparse a los acontecimientos, y sin embargo transmite en todo momento una sensación aplastante de coherencia, como si todo lo que sucede en la novela estuviera dictado por una lógica indiscutible. Todas las cosas importantes que ocurren en la vida de Antoine se deben al azar -es decir, podrían perfectamente no haber ocurrido- y sin embargo en ningún momento tenemos la sensación de que esté forzando la casualidad según su conveniencia. Estamos ante una novela de buenos y malos: el bueno es Antoine, a quien quisiéramos proteger por muchas maldades que cometa; el malo es el destino, que lo somete a una vigilancia terrible, aunque paradójicamente pueda acabar perdonándolo.

Hay unos cuantos elementos en 'Tres días y una vida' que ya son marca de la casa: el primero es la influencia de lo extraordinario en el entorno de lo cotidiano. En esta ocasión, además, los sucesos se dan en un pueblo campestre que, activados todos los resortes propios de las sociedades provincianas, se convierte en una olla a presión a punto de estallar en cualquier momento y acompaña como un coro griego todas las decisiones que va tomando Antoine, llevado por la obsesión de su culpa. La obsesión: de nuevo, un rasgo común en la obra de Lemaitre, llevado hasta extremos caricaturescos en novelas como 'Vestido de novia', pero manejado aquí con una inteligencia exquisita.

Enrique de Hériz
http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20160920/critica-tres-dias-vida-pierre-lemaitre-5390453




Autor, guionista y psicólogo francés, Pierre Lemaitre nació en Paris el 19 de abril de 1951. Es conocido por su labor literaria centrada en el género negro y policial, así como por su trabajo como guionista para la industria del cine y televisión. Durante años trabajó como profesor para adultos, concretamente enseñando comunicación, cultura general y literatura destinada a bibliotecarios. Se casó a la edad de 50 años con Pascaline y con 60 nació su primer hijo. En 2015 se convirtió en Embajador Secours populaire.


Su llegada al mundo de la literatura se produjo de manera tardía, con 56 años, dando sus primeros pasos dentro del género negro. En este campo habría que destacar los libros protagonizado por Camille Verhoeven, su personaje fetiche. Sin embargo, dio el salto a la primera plana de la literatura en 2013 con "Nos vemos allá arriba", obra alejada del género policial y con la que logró el prestigioso Premio Goncourt, convirtiéndose en uno de los best-sellers del año.



A partir de "Nos vemos allá arriba" su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y se ha comenzado a publicar también su obra policial, que hasta el momento no había dado el salto al mercado en castellano. Entre sus obras más conocidas está  su primera novela "Irene" (Travail soigné, 2006),  homenaje a los autores contemporáneos que admira; "Vestido de novia" (Robe de marié, 2009), donde muestra su admiración por Hitchcock; "Camille" (2012), "Recursos inhumanos" (2010)

A lo largo de su carrera ha recibido premios como el ya mencionado Goncourt, el CWA International Dagger, el Tulipe, el Le Point o el Raffaelo Brignetti.