domingo, 15 de abril de 2012

MERCÈ RODOREDA





Mercè Rodoreda i Gurguí vino al mundo el 10 de octubre de 1908 en Sant Gervasi de Cassoles, Barcelona. Fue hija única de Andreu Rodoreda y de Montserrat Gurguí, y frecuentó la escuela desde los siete a los diez años, donde le enseñaron costura y a cocinar, educación apropiada para una jovencita de su edad cuyo sólo horizonte debía ser el matrimonio y unos hijos de quienes ocuparse, predestinación ésta para la que no había nacido la futura escritora, a la que le gustaba mucho leer y experimentaba una gran curiosidad por la vida y sus enseñanzas. A medida que fue creciendo desarrolló también un sentido de la libertad y del individualismo que la convirtieron en una mujer avanzada a su tiempo. 

En 1928 conoce a su tío materno, Joan Gurguí -diecisiete años mayor que ella-, con el que acabará contrayendo matrimonio bajo dispensa eclesiástica por la consanguinidad.

Al año siguiente, el 23 de julio de 1929, nace su único hijo, Jordi. Lejos de querer limitarse a su papel de esposa y madre, Mercè Rodoreda se dedica a diversas actividades intelectuales -periodismo, entre otras-, y a escribir su primera obra, ¿Soy una mujer honrada?, que le fue publicada en editorial Catalonia con financiación de su marido.




Su novela Aloma, que fue Premi Creixells, se publica el año 1938. En plena Guerra Civil fallece su padre a consecuencia de un bombardeo, y en 1939, concretamente el 23 de enero, abandona a su marido y a su hijo, iniciando un exilio que durará muchos años.  La decisión de exiliarse no fue algo irreflexivo; ella trabajaba en el Institut de les Lletres Catalanes, y cuando en 1939 termina la guerra, con la marcha de muchos intelectuales catalanes, Mercè decide irse también.



El amor entra en su vida, no vamos a decir de nuevo, sino de verdad, en la figura de Armand Obiols, seudónimo de Joan Prats, del grupo de intelectuales de Sabadell, a quien conoce en el castillo de Roissy-en-Brie. Después de muchas idas y venidas por Francia, motivadas por la precariedad económica y el momento político que se vive, Obiols marcha a Burdeos y ella se queda en Limoges, volviéndose a reunir con él en 1943. En 1949 visita Barcelona.

Esta época de amor, guerra y posguerra no es muy prolífica en lo literario; ella trabaja haciendo traducciones, aunque también cose si se da la circunstancia, hasta que finalmente reanuda la escritura. En 1958 es galardonada con el Premi Víctor Cátalà por Vint-i-dos contes. La plaza del diamante ve la luz en 1962. En 1966 publica La calle de las camelias, que es galardonada con el Premio Sant Jordi de ese año; Jardin cerca de la mar, en 1967, y Mi Cristina y otros cuentos, también en ese año. 

Fallecido su marido, en 1968 se encuentra por última vez con su hijo, a quien se le ha diagnosticado una enfermedad mental, siendo recluido en un centro psiquiátrico.

Armand Obiols, el amor de su vida, muere en 1971, en Viena, y ella, que vive a caballo entre Ginebra y Barcelona, acaba dejándose seducir por el encanto de Romanyá de la Selva, en Girona, donde concluirá estableciéndose. Al regresar a Catalunya reanudó su relación con sus cuatro nietos, de los que actualmente sólo vive uno, habiendo desaparecido los demás en dramáticas circunstancias. 


En 1974, Mercè Rodoreda publica su obra más ambiciosa, Espejo roto,   culminación de la evolución sufrida por la escritora; en esta novela se percibe aún el empeño psicológico de nuestra autora,  pero también dejan verse ciertas connotaciones míticas. En 1980 aparece Viajes y flores,  por el que es galardonada con el Premio Ciudad de Barcelona de Literatura Catalana. Ese mismo año también verá la luz la  que sería su última novela publicada en vida, Cuánta, cuánta guerra, y en 1981 se publica Parecía de seda y otras narraciones.

Dejó inacabada -aunque sería publicada póstumamente- la novela La muerte y la primavera.

El 13 de abril de 1983 fallece en  Girona.






viernes, 30 de marzo de 2012

"Anatomía de un pensamiento", de Manuel Balsalobre Ato






Manuel Balsalobre, nuestro compañero del club Dante, presentará su poemario Anatomía de un Pensamiento el próximo 13 de abril, viernes, a las 20 h., en la Sala de Conferencias de la Biblioteca Padre Salmerón. 

Estamos todos invitados a acompañar a Manuel en un día tan importante para él y para la cultura de Cieza.




miércoles, 7 de marzo de 2012

"EL LECTOR" (Próxima sesión: miércoles 14, 20 h.)


El libro que difundió la fama de Bernhard Schlink como novelista sugiere y llama a la reflexión sobre múltiples asuntos: la fuerza del erotismo, el amor adolescente, el sentimiento de vergüenza (de Hanna), los distintos sentimientos de culpa (en el protagonista y también la culpa generacional), la visión retrospectiva de algunos episodios durante el nazismo, el arrepentimiento, etc. Pero quizá destaque como la más importante la idea de la culpa, vinculada con el problema complejo y antiguo de establecer si es razonable admitir que una culpa se trasmite de generación en generación. Ambas ideas son fundamentales en toda la obra literaria de Schlink.


¿Comprender el crimen significa empezar a perdonarlo? ¿Castigar lo que no entendemos completamente nos convierte en verdugos?

Esas son algunas de las preguntas que nos formula  El Lector, de Bernhard Schlink. Acaba de terminar la segunda guerra mundial. Michael Berg tiene 15 años y vive en una ciudad alemana cualquiera. Una tarde, volviendo del colegio, el muchacho se siente mal y vomita en la calle. Una mujer madura y atractiva lo auxilia. Se llama Hanna y tiene 36 años. Comienzan una relación erótica. Ella lo baña, lo seca, lo cabalga, lo inicia en las ficciones del deseo. Hanna trabaja como cobradora de tranvía. Es simple, vive en el puro presente y no le gusta hablar.

Michael parte con lo único que tiene, le lee sus textos de estudio: Schiller, Goethe. Luego, entusiasmada, ella le pide más. Michael inicia a su amante madura en el deseo de las ficciones. Se internan en Dickens, en Tolstoi. Durante casi un año «mantuvimos nuestro ritual de ducha, lectura, amor y reposo. Le leí Guerra y Paz...». El muchacho se enamora cada vez más. Roba un camisón de seda para ella, padece los incomprensibles silencios de la mujer. Y los llena leyéndole, leyéndole... Hacen un viaje de verano en bicicletas. Luego, de pronto, sin ningún aviso, Hanna lo deja, desaparece. Y Michael, terriblemente desilusionado, crece. Crece afectado de «aquella combinación de cinismo y sensibilidad» que, quizás, sea la marca ambivalente de la generación alemana de posguerra.


Siete años después, Michael es un fervoroso estudiante de derecho. Un joven inocente que culpa a toda la Alemania de sus padres por haberle heredado un pasado inexcusable. Fervoroso e inocente, asiste a un juicio contra criminales de guerra. Hay cinco mujeres acusadas por la muerte de varias prisioneras en el campo de concentración del que eran guardianas. Entre ellas, Michael reconoce a Hanna... Y reconoce el dilema que en adelante dividirá su vida. Entre el deseo de castigar la ignominia colectiva, añadida a la traición amorosa que le hizo ella; y por otro lado: el verdadero amor que, como el auténtico mal, es en el fondo irremediable.

Como novela política, El lector constituye una excepción dentro del género. Los narradores políticos -todavía a fines del milenio- suelen preferirse épicos y apostar al héroe. En cambio, el narrador artista lleva un siglo por lo menos arriesgando su buena conciencia y atreviéndose a tomar ese punto de vista prima facie inmoral: el del antihéroe.  Hemos comprendido (es decir, hemos ampliado los límites de nuestra experiencia moral para abarcar... al Raskólnikov de Crimen y Castigo, al Kurtz de El corazón de las tinieblas, o al Mersault de El extranjero. Leyendo esos libros todos le hemos tomado alguna vez el peso al hacha del verdugo.

Una zozobra ética de esta especie es, precisamente, el ejercicio que El Lector propone a sus lectores. Una agonía moral inusitada en la novela política contemporánea: «Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible. Cuando intentaba comprenderlo tenía la sensación de no estar condenándolo como se merecía. Cuando lo condenaba como se merecía, no quedaba espacio para la comprensión».

Fotograma de "El lector"
En una novela sobre erotismo y política, Schlink jamás incurre en las pornografías propias de esos dos temas. Jamás pormenoriza un acto sexual. No sólo eso, Schlink escoge deliberadamente un punto de vista que nos implica: el del lector (en una novela llamada El lector, todos venimos a ser protagonistas). Y desde allí nos conduce inexorablemente a comprender al verdugo. Mostrándonos en él al débil, al analfabeto, aquel para el cual el mundo es un enigma violento al que sólo puede responder con la violencia de un animal ciego.

Pero hace Bernhard Schlink algo más, algo por lo cual esta novela política y moral es de una especie extraordinaria. Nos lleva hábilmente a comprender cómo se puede amar a la guardiana, amar al «malo». Y que en tal caso no hay manera de escoger honestamente entre ese amor y nuestro deseo de justicia. Como ocurre con los grandes libros, no es sólo nuestra inteligencia e imaginación la que es puesta a prueba, es nuestra tolerancia, nuestra cultura (cultura como sinónimo de humanidad).

Llegamos a este libro prevenidos de nuestras bárbaras certezas. Y lo dejamos civilizados por la duda.





BERNHARD SCHLINK



Bernhard Schlink es un juez alemán nacido en 1944 en en Bielefeld, localidad de Renania del Norte-Westfalia. Es hijo del teólogo Edmund Schlink. Bernhard Schlink ejerce también de profesor de Historia de la ley en la Universidad Humboldt de Berlín. 

Se dio a conocer como escritor con una novela policíaca en 1987: La justicia de Selb, un libro detectivesco co-escrito junto a Walter Popp que daba a conocer internacionalmente a un investigador privado llamado Gerhard Selb. Esta novela tendría dos continuaciones -escritas por Schlink- con el mismo protagonista: El engaño de Selb (1992) y El fin de Selb (2001).


 Entre tanto escribió otras novelas: El lector (1995) y Amores en fuga (2000). El lector supuso un éxito extraordinario; traducida a treinta y siete lenguas, recibió varios premios y destacó entre la crítica por la forma de tratar el Holocausto. En El lector, Schlink se sirve de trazos autobiográficos para narrar la historia de amor entre un muchacho y una ex nazi en la Alemania de la posguerra.

Este último libro fue llevado al cine en 2008 por el director Stephen Daldry, para lo que contó con Kate Winslet, Ralph Fiennes y David Kross.

Fotograma de "El lector" 

En 2000 se publicó el libro de relatos  Amores En Fuga. El director Richard Eyre se basó en uno de estos relatos para llevar al cine Crónica de un desengaño, un largometraje que cuenta la historia de un triángulo amoroso basado en las sospechas de infidealidad que tiene un  hombre sobre su mujer.

domingo, 5 de febrero de 2012

"PEDRO PÁRAMO" (Próxima sesión: miércoles 15, 20 h.)



“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". 


Así comienza esta novela, en Comala, un topónimo irreal, derivado de la palabra "comal", ese recipiente que se pone sobre las brasas y donde se calientan las tortillas; un brasero, símbolo infernal por el que deambulará Juan Preciado, el héroe en búsqueda de sus orígenes. El lugar en sí es también una síntesis de muchos pueblos de la tierra de Rulfo, y sus características son comunes a todos ellos: el caciquismo, la desesperación, el calor sofocante, la despoblación, etc., tan presentes en este libro: 

"Lo elaboré durante años, pero no había escrito una sola página. Me daba vueltas y vueltas en la cabeza. Cuando regresé al pueblo de mi niñez, treinta años después, y lo encontré deshabitado, fue cuando obtuve la clave que me indicó que debía comenzar a escribir la novela. Mi pueblo tenía unos ocho mil habitantes, y sólo quedaban unos ciento cincuenta vecinos; en tres décadas la gente se había ido, así simplemente. Está este pueblo al pie de la Sierra Madre, donde sopla mucho viento; a alguien se le había ocurrido sembrar de casuarinas las calles, y, esa noche que me quedé allí, en medio de toda esa soledad, el viento en las casuarinas mugía, aullaba, en ese pueblo vacío... Entonces supe que estaba en Comala, el lugar ese... Comprendí, entonces, que era hora de escribir y nació Pedro Páramo, que es la historia de un pueblo que va muriendo por sí mismo, nadie lo mata, nadie, sólo va muriendo por sí mismo.”

"En sus fotos", dice Carlos Fuentes, “es como si Rulfo se asomase fuera de las tumbas de Comala para descubrir la luminosidad de las sombras”
La novela se inicia, entonces, en dos mundos diferenciados: el Comala que recuerda la madre, el que ya no existe, y este, un pueblo fantasmagórico, el que descubre Juan Preciado. Estos dos pueblos crean el lugar de espanto en que transcurre la narración, que es un reflejo terrenal de la transformación de las cosas, una imagen de la realidad impalpable de nuestro mundo. Es, según la visión del autor, el Purgatorio en vida; porque en Pedro Páramo se cuenta la peregrinación de un alma en pena que busca realizar una ilusión, la de entroncar con sus orígenes.

Desde la puerta, h. 1950
Pero también es  la historia de un amor trágico: “Sí lo podemos decir. Porque Pedro Páramo, en su esencia, es un hombre frustrado por un amor imposible. En lo más íntimo, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana San Juan, a la que soñé a partir de una muchachita que conocí a los 13 años; ella nunca lo supo y no la volví a ver jamás en la vida”.

Tras pasar las primeras páginas de esta novela, cualquiera de sus lectores puede intuir que sólo con la relectura se captará, poco a poco,  lo inusual del paisaje, lo poético de la narración y lo trágico del relato...  aunque, según su autor, se precisan tres lecturas para comprender esta obra. En efecto, la complejidad del resultado nos invita a imaginar la dificultad de su desarrollo; en su elaboración, esta novela fue un ejercicio de eliminación: 


"Lo más difícil que tuve que salvar para escribir el Pedro Páramo, fue eliminarme a mí mismo, matar al autor, quien es, por cierto, el primer muerto del libro. Es cierto: lo más difícil fue eliminarme a mí mismo de la historia. Primero reuní unas trescientas páginas. Llegué a hacer cuatro versiones, y conforme pasaba a máquina un nuevo original, iba destruyendo hojas, iba eliminando divagaciones... me borré completamente. Primero la había escrito en secuencia, pero advertí que la vida no es una secuencia; pueden pasar los años sin que nada ocurra y de pronto se desencadenan los hechos muy espaciados, roto el esquema del tiempo y el espacio, por eso los personajes están muertos, no están dentro del tiempo o el espacio. Lo que ignoro es de dónde salieron las intuiciones a las que debo su forma: fue como si alguien me dictara".

“Aquí en los pueblos de México existe la idea de que las ánimas en pena visitan a los vivos. En los caminos, todavía hoy, donde hay un muerto la gente arroja una piedra sobre la sepultura; esa piedra equivale a un Padrenuestro para la salvación del ánima del difunto. En la novela, todos están muertos. Ya desde que Juan Preciado llega al pueblo con el arriero está muerto. La historia del pueblo se la cuentan los habitantes muertos. Así, el pueblo vuelve a vivir una vez más. Ese ha sido mi propósito, darle vida a un pueblo muerto." 


JUAN RULFO

"Me llamo Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno, me apilaron todos los nombres de mis antepasados maternos y paternos como si fuera el vástago de un racimo de plátanos, y aunque siento preferencia por el verbo arracimar me hubiera gustado un nombre más sencillo."

Juan Rulfo (Apulco, Jalisco, 1917-México) nació en la casa familiar de la hacienda de Apulco, pequeño lugar dependiente administrativamente de Sayula en donde fue registrado su nacimiento el 16 de mayo de 1917, pero realmente pasó los años decisivos de su niñez en otra población cercana llamada San Gabriel, un pueblo que había sido próspero, pero que, como a tantos otros, lo arruinó la Revolución. El sur (“Los Bajos”) del estado de Jalisco, al que pertenecen estos lugares de la infancia de Rulfo, estaba en aquel tiempo muy aislado, empobrecido, abandonado y sumido en la anarquía. Cronológicamente hay que situarse a finales de la Revolución Mejicana (1910-1920) y en medio de la rebelión de los Cristeros (1926-1928), la violenta reacción de los sectores católicos tradicionales contra el laicismo revolucionario.

"La cristiada se caracterizó más que nada por el saqueo, tanto de un lado como del otro. Fue una rebelión estúpida porque ni los cristianos tenían posibilidades de triunfo, ni los federales tenían los suficientes recursos para acabar con estos hombres que eran de tipo guerrillero."

La infancia de nuestro autor fue desarrollándose, pues, entre revueltas campesinas, bandolerismo, saqueos, incendios, matanzas y protestas sociales. Precisamente, como resultado del fanatismo y de la violencia de aquella época y de aquel territorio devastado, su padre fue asesinado, así como varios de sus tíos.

Cristeros en misa
“Yo tuve una infancia muy dura, muy dificil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica. Hasta hoy no he encontrado el punto de apoyo que me muestre por qué en esta familia mía sucedieron en esa forma, y tan sistemáticamente, esa serie de asesinatos y de crueldades.”

La pronta muerte de su madre, cuando él tenía diez años, vino a colmar el vaso de las desgracias familiares. Tras salir de un orfanato de Guadalajara, en 1934 se radica en México D.F., y comienza a escribir sus trabajos literarios y a colaborar en la revista América. Cuatro años después, quizá movido por su propia situación como habitante de la gran ciudad, comenzaría el intento de una primera novela, El hijo del desconsuelo, un texto sobre los campesinos emigrados a la ciudad que acaba destruyendo por juzgarla excesivamente retórica. En 1942 publica dos cuentos que formarán parte de El llano en llamas. Este mismo año comienza a escribir Pedro Páramo, obra que vería la luz más de diez años después.

"‘Tenía los personajes completos de Pedro Páramo, sabía que iba a ubicarlos en un pueblo abrasado por el desierto, sabía cómo iba a transcurrir toda la novela; pero no sabía cómo iba a decirlo, me faltaban las formas. Y para eso escribí los cuentos de El Llano en llamas, para soltar la mano."



Clara Aparicio
En 1947 comienza a trabajar para la Goodrich Euzkadi -empresa  fabricante de neumáticos- como publicista y representante, y a raíz de sus viajes de trabajo inicia su notable labor fotográfica. Un año después se casa con Clara Aparicio, cuya relación epistolar fue publicada hace unos años (Aire de las colinas. Cartas a Clara. Debate, 2000). Posteriormente, y gracias a la subvención de la Fundación Rockefeller, Juan Rulfo puede dedicarse plenamente a la escritura.

Facsímil de la primera edición de "El llano en llamas"

En 1953 publica El llano en llamas -una colección de relatos-, y dos años más tarde aparece Pedro Páramo. De esta última obra opinaba Borges que "es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura". A partir de la publicación de estos dos libros -y de sus numerosas traducciones- el prestigio literario de Rulfo habrá de incrementarse de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en su país y en el extranjero. La segunda novela de Juan Rulfo, El gallo de oro, fue escrita entre 1956 y 1958, pero no llegó a publicarse hasta 1980, habiéndose utilizado previamente para producir una película del mismo título.

1967. Versión cinematográfica de Pedro Páramo, dirigida por Carlos Velo. Rulfo dice en esta época renunciar a publicar ningún texto literario más, declaración que, coincidiendo con el “boom” de la narrativa hispanoamericana en España y Europa, ayuda al proceso imparable de mitificación del novelista. Sin embargo, Juan Rulfo estaba escribiendo lo que parecía una nueva novela –que pensaba titular La cordillera–, pero que no habría acabado aún 20 años más tarde...

Obtuvo importantes premios: el Nacional de Literatura en México, en 1970, y el Premio Príncipe de Asturias en España, en 1983.




Durante las dos últimas décadas de su vida, Juan Rulfo desarrolló una intensa actividad en favor de los más desprotegidos a través de su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. El escritor nacido en Jalisco, que había sido un atento lector de la historia, la geografía y la antropología de su país a lo largo de toda su vida, colmaría con este trabajo una de sus vocaciones más duraderas.

Falleció en México, en 1986.






sábado, 7 de enero de 2012

"COMETAS EN EL CIELO" (Próxima sesión: miércoles 18, 20 h.)




Esta primera obra de Khaled Hosseini permite asomarnos al Asia Central, a un Afganistán donde la música, las risas y el ocio no son más que el prólogo de la vida en Kabul antes de la invasión soviética, de este periodo de invasión, y de la posterior insurrección del fundamentalismo y la consiguiente tiranía de los talibanes. 

Desarrollada en diferentes escenarios -Afganistán, Pakistán y EE. UU.-, "Cometas en el cielo" narra la historia de dos padres y dos hijos, de su amistad y de cómo la casualidad puede trazar nuestro destino. 

Kabul

Portada original del cómic
El  libro es un homenaje a un volador de cometas, Hassan, un niño de la etnia hazara que recoge las cometas cuyos cables consigue cortar su amigo Amir, un pastún al que sirve su familia. Es, además, una historia de lealtad y de afecto. Y también de traición y de perdón. Obsesionado por demostrarle a su padre que ya es todo un hombre, Amir se propone ganar la competición anual de cometas de la forma que sea, incluso a costa de su inseparable Hassan, un hazara de clase inferior que ha sido su sirviente y compañero de juegos desde la más tierna infancia. A pesar del fuerte vínculo que los une, y después de tantos años de haberse defendido mutuamente de todos los peligros imaginables, Amir se aprovecha de la fidelidad sin límites de su amigo y comete una traición que los separará de forma definitiva. 

Traducida a numerosos idiomas, la novela ha sido llevada al cine, y también, editada en español, hay una versión en novela gráfica con el mismo título.

Cartel promocional del film



“Me convertí en lo que hoy soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado.  De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a zarpazos.”





Entrevista sobre la película a K. Hosseini y Marc Foster, director (con subtítulos)





viernes, 6 de enero de 2012

KHALED HOSSEINI




Khaled Hosseini es un escritor afgano-estadounidense, nacido en Kabul en 1965, hijo de un diplomático y de una profesora de Historia.

En 1970, su familia se trasladó a Teherán, donde su padre trabajó para la Embajada de Afganistán. Regresaron en 1973. 

En 1976, la familia de Hosseini se marcha a París, donde permanecerá hasta 1980, año en que Afganistán fue invadido por la URSS. Tras pedir asilo político en EE.UU, fiijarán su residencia en San Jose, California. Allí comenzaría sus estudios universitarios como biólogo para terminar decantándose por la medicina. 

Fue tras ocho años ejerciendo la medicina cuando se lanzó a la aventura literaria con la creación de su primer libro en 2001, "The kite Runner" ("Cometas en el cielo").


K. Hosseini, en una de sus últimas visitas a Afganistán


Su lanzamiento tuvo una gran acogida en el mundo occidental, habiendo sido publicado en 48 países. Años después vio la luz su segunda novela, "Mil soles espléndidos", también ambientada en su país de origen. 


En 2006 fue nombrado embajador de buena voluntad de ACNUR. Actualmente vive en California. 




Peleas de perros  (Afganistán.  Invierno de 1975)


En Internet: 


jueves, 8 de diciembre de 2011

LECTURA DEL MES: "El callejón de los milagros", de Naguib Mahfuz.

En “El Callejón de los milagros” (1947), el autor egipcio Naguib Mahfuz nos acerca a un entorno social de la ciudad de El Cairo, concretamente el callejón (barrio) de Midaq, y a un café ubicado en el mismo sitio que sirve de punto de encuentro para los hombres de aquella zona de la ciudad.

La manera de presentar a los personajes asiduos al Café de Kirsha recuerda a la novela “La Colmena” (1951), del español Camilo José Cela, también Premio Nobel de Literatura en 1989. Ambas obras tienen como escenario un café, del cual surge la galería de personajes de los que hablará la novela en adelante. Cabe recordar también la nouvelle “Café Karnak”, del mismo autor egipcio, cuyo centro de gravitación es el propio café. Es posible hallar influencias de uno y otro autor en las obras mencionadas. Pero sería difícil precisar quien tomó la idea de quién.

En esta novela –llevada al cine en 1963 y en 1995-, Mahfuz avanza hasta mostrar el desarrollo y desenlace completo de las vidas de unas personas, incidiendo en sus nexos y contradicciones en busca del camino a seguir. Tal es el caso de la hermosa Hamida, del comerciante avaro (Salim Alwan), del codicioso dentista (Bushi), del peluquero (Abbas), del dueño del café (Kirsha), del horroroso Zaita, la señora Afifi, Ibrahim Faray. etc, a quienes muestra en sus dimensiones más escabrosas, pero sin juzgar, sin cuestionar, sin imponer nada al lector, dejándolo libre para observar el mundo narrado, para que saque sus propias conclusiones.


La intención del Nobel egipcio resulta así ejemplar, y se corresponde con los narradores orientales que rara vez imponen un juicio personal acerca de lo narrado, dejando en plena libertad al lector para que su propia conciencia interprete y juzgue. El relato que nos pone al corriente de los pasos de Hamida -hasta transformase en prostituta- dan cuenta de la distancia y transparencia de su pluma para mostrar y no “demostrar” una realidad sórdida que arrastra la sociedad desde los tiempos más remotos, tocando de esta manera la fibras del lector con mayor fuerza que la propia realidad denunciada por un reportaje periodístico.

También nos brinda la ocasión de conocer a través de la novela la intimidad de los seres orientales en su medio y circunstancia, ocasión que, a su vez, sirve para señalar las diversas y profundas analogías existentes entre seres cuyos contextos religiosos, sociales, políticos, etc. resultan tan diferentes.El desarrollo de los acontecimientos avanza morosamente afinando la cuerda de la intriga y el suspenso con la intención de mantener el interés del lector y, volviendo a Cela, dentro de la estructura novelesca que uno de los personajes de “La Colmena” señala como pasos esenciales: presentación, nudo y desenlace.

En “El callejón de los milagros”, además, se nos cuentan o… sugieren unas historias interiores, un compendio de sentimientos y pensamientos que invitan al lector a entrever los intersticios de la conciencia que conducen al hombre a su propio destino.


NAGUIB MAHFUZ




"Zaynab" , la novela de Muhammad Husayn Haykal publicada en 1912, a menudo es considerada como la primera auténtica novela en lengua árabe, aunque tuvo muchos precursores. Su más destacado heredero, Naguib Mahfuz Abd Al Aziz, nació el 11 de diciembre de 1911 en el popular barrio de Al Gamaliyya, en el viejo Cairo, zona donde se concentran grandes monumentos islámicos como la mezquita de Al Azhar y la de Husayn, el famoso zoco de Jan Al Jalili y pintorescas calles que han dado título a algunas de sus obras.


Hijo de un modesto funcionario, vivió su infancia junto a su madre y sus seis hermanos, todos mayores que él, en Al Gamaliyya, escenario de sus primeras novelas realistas , como “El callejón de los milagros” y la “Trilogía de El Cairo” (“Entre dos palacios”, “Palacio del Deseo” y “La azucarera”). Su familia se traslada en 1920 a otro barrio más moderno: Abbasiyya, mencionado también frecuentemente por Mahfuz en sus novelas y relatos.


Ya desde la escuela primaria, Naguib Mahfuz empezó a escribir movido por el deseo de emular las novelas policíacas, históricas y de aventuras que constituían sus lecturas favoritas de esa época, y unos años después, en la escuela secundaria, se interesó por escritores árabes innovadores como Taha Husayn, Muhammad Husayn Haykal, e Ibrahim Al Mazini, cuyo estilo literario le sirvió de modelo para sus relatos.

En 1934 se graduó en la Universidad de Fuad I (actualmente Universidad de El Cairo), donde llegó a desempeñar un trabajo administrativo mientras elaboraba su tesis doctoral. A fin de unir sus dos disciplinas predilectas –filosofía y literatura-, comenzó a desarrollar su tesis sobre estética islámica; era, según él, el estudio filosófico más cercano a la literatura. El tema concreto era Mafhum al-yamal fi l-falsafa l-islamiyya (“El concepto de belleza en la filosofía islámica”); sin embargo, debido a sus ocupaciones laborales, no logró concluirla.


En 1939 comenzó a trabajar en el Ministerio de Asuntos Religiosos, donde permaneció quince años; en 1954 contrae matrimonio, dos años después de completar la "Trilogía de El Cairo".
Transcurrido un tiempo comenzó a trabajar en el Ministerio de las Artes como asesor literario y cinematográfico. En 1971 abandonaría este trabajo para, por fin, dedicarse plenamente a la literatura.

En 1988 se produjo un acontecimiento histórico sin precedentes: un escritor árabe, Naguib Mahfuz, obtenía el premio Nobel de literatura –predecesor de Camilo José Cela. Aunque ya era un escritor muy conocido en el mundo árabe, su fama se extendió rápidamente a Occidente, convirtiéndose en uno de los escritores más admirados y respetados. A pesar de todo, su natural modestia le impedía reconocer que era el escritor árabe en activo más importante.
“Me considero un discípulo de los grandes maestros de la literatura árabe contemporánea; no obstante, considero que cada uno debe descubrir su propia individualidad” (Entrevista de María Luisa Prieto. Publicada en “El Correo de las Letras”, septiembre de 1996, p. 4).

Aunque está muy extendida la opinión de que su obra se compone básicamente de fábulas o alegorías políticas, esta engañosa simplificación está alejada de realidad, pues existen muchos niveles de interpretación y de lectura. De entre su medio centenar de novelas y numerosos relatos cortos podemos hallar verdaderas obras maestras. Recrean el ambiente de Egipto desde los tiempos más antiguos hasta la vida cotidiana contemporánea, y se ocupan de las más amplias preocupaciones humanas, planteando cuestiones de índole filosófica y existencial.

En muchas de las novelas de Mahfuz las mujeres juegan un papel central. Los críticos occidentales han observado que el autor egipcio construye sus historias en torno a mujeres que pueden competir con los hombres en la narración, y existen muchos ejemplos de estas mujeres en las novelas egipcias. En las obras de Mahfuz, las prostitutas y otras mujeres “perdidas” son a menudo los personajes más fuertes y sabios. Las madres -y otros perfiles femeninos- constituyen un entramado secreto de devoción, pasión y amor que proporciona equilibrio al caótico mundo de los hombres. El autor se solidariza con los oprimidos y los miserables, con los débiles y los bondadosos. A menudo percibe a las mujeres como víctimas de las crueles circunstancias, incluso cuando las critica o ridiculiza. Y a eso también apunta su pluma en el caso de los hombres.


La extensa obra del Nobel egipcio representa y simboliza su tierra hasta el punto de que el nombre de Egipto y el de Naguib Mahfuz son casi sinónimos. La estrecha relación del escritor con su patria le llevó a no haber salido de allí más que en tres ocasiones, y por obligación: la primera fue al Yemen, en los años setenta, para participar en un congreso, la segunda a Yugoslavia, como miembro de una asociación de escritores egipcios, y la tercera, en 1992, a Londres, para someterse a una operación quirúrgica.

En 1994 fue víctima de un intento de asesinato cuando se disponía a subir en un coche para ir a su conferencia semanal. Pudo ver a alguien con un puñal en la mano, y tuvo tiempo de detener la hemorragia con sus propias manos mientras un amigo conducía el coche hacia el hospital más cercano. Cuando llegaron, Naguib Mahfuz bajó del coche y quiso subir la escalera, pero perdió el conocimiento. Pese a su recuperación, este atentado le dejó secuelas en el brazo derecho, lo que le impedía escribir, y en la vista. Con todo, nuestro autor creía firmemente que este periodo de violencia sería transitorio, pues sus orígenes podrían encontrarse en las pésimas condiciones sociales y políticas de esa sociedad.


Falleció en 2006, en El Cairo, debido a las complicaciones derivadas de un accidente doméstico. Algunas de sus novelas más conocidas, además de las señaladas, y traducidas al español son “Akhenatón” (una novela histórica ambientada en el Antiguo Egipto) ; “Espejos”, “Miramar”, e “Hijos de nuestro barrio”.













lunes, 7 de noviembre de 2011

LECTURA DEL MES: "El túnel", de Ernesto Sábato




Se trata de una novela de estructura psicológica que presenta en el personaje de María Iribarne las tensiones ocultas que impulsarán a Juan Pablo Castel, la voz del artista que nos habla, a asesinarla. El protagonista, al dar forma a su obsesión interna, debe renunciar a cualquier otra opción en un proceso a la vez constructivo y destructivo cuyas causas irán siendo esbozadas a lo largo de las páginas en voz del propio protagonista.

Obra esencial de Ernesto Sábato, “El túnel” nos entrega los elementos básicos de su visión metafísica del existencialismo. Tras su publicación en 1948, Sábato logró el reconocimiento internacional al recibir elogios de personalidades del mundo como Thomas Mann y Albert Camus. Cualquier lector convendrá en que en “El Túnel” confluyen multitud de temas: es una historia sobre la incomunicación y sobre la conversión del amor en odio construida desde una perspectiva existencialista; es el recorrido por el apasionante tema de la incomprensión del artista y de su soledad; es un viaje introspectivo hacia ese terreno de la pasión que es oscurecido cuando los celos anegan el sentimiento, haciendo trizas cualquier planteamiento racional; es la historia de un asesinato, trazado, si se quiere, con visos de novela policíaca, pero no de misterio, pues la intriga eventual, anzuelo de todo aficionado a las novelas policíacas, desaparece desde la primera línea de la obra:




“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”













Además, la novela plantea sin rodeos el problema de la felicidad en el Mal . Como en “Macbeth”, de Shakespeare, ninguna voz responde a las dudas angustiosas del personaje, quedando éstas sin respuesta… si bien ese silencio responde al intento de Castel de querer lo que no puede ser: disfrutar de una paz infernal.

La obra ha sido adaptada el cine en varias ocasiones, entre ellas una primera versión de 1952 dirigida por León Klimovsky y con adaptación del mismo Sábato. Existen otras versiones como una de 1977 dirigida por José Luis Cuerda y otra realizada diez años después por Antonio Drove.





ERNESTO SÁBATO





Nacido en Rojas, Argentina, en 1911. Ernesto Sábato se doctoró en física en la Universidad de la Plata e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el célebre Laboratorio Curie. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Breton, quien alentó la vocación literaria de Sábato. En 1941 aparece su primer trabajo literario, un artículo sobre "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares. En París comenzó a escribir su primera novela, "La fuente muda", de la que sólo publicaría un fragmento en la revista Sur. En 1945, de regreso en Argentina, comenzó a dictar clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Perón. Aquel mismo año publicó su ensayo "Uno y el Universo" (1945), en el que criticaba el reduccionismo en el que desembocaba el enfoque científico. El ensayo prefiguraba buena parte de los rasgos fundamentales de su producción: brillantez expositiva, introspección, psicologismo y cierta grandilocuencia retórica. Su carrera literaria estuvo influida desde el principio por el experimentalismo y por el alto contenido intelectual de sus obras, marcadas por una problemática de raíz existencialista.


Así, "El túnel" (1948) ahonda en las contradicciones e imposibilidades del amor, mientras que "Sobre héroes y tumbas" (1962) presenta una estructura más compleja, en que los diversos niveles de la narración enlazan vivencias personales del autor y episodios de la historia argentina en una reflexión caracterizada por un creciente pesimismo. Ambas novelas tuvieron gran repercusión y situaron a Sábato entre los grandes novelistas latinoamericanos del siglo. "El Túnel" fue rápidamente traducida a diversos idiomas y llevada al cine. La narración tiene indudable originalidad y valores psicológicos relevantes: la confesión de Castel, que ha cometido un crimen, enfrenta al hombre de hoy con una sociedad desquiciada y resalta los contrastes con pincel agudo y lleno de color. El estilo está en consonancia con el tema, dentro de un desequilibrado equilibrio.




"Sobre héroes y tumbas" (aunque publicada en 1962, la edición definitiva es de 1966) es su obra más ambiciosa. La compleja construcción de esta novela, y los diversos registros del habla rioplatense que el autor plasma en ella se alejan tanto del tecnicismo formal como de la dispersión. La pericia narrativa de Sábato consiste, justamente, en hacer pasar desapercibidas para el lector las evidentes dificultades compositivas que supone la historia de la joven Alejandra y, a través de ella, la del país. Destaca sobre todo el capítulo titulado "Informe sobre ciegos", que puede ser leído con entera autonomía; de hecho, a menudo se ha publicado como pieza separada Su hijo, Mario Sábato, realizó una película basándose en este texto. En 1965 se lanzó el disco "Romance de la muerte de Juan Lavalle", con textos recitados de "Sobre héroes y tumbas" y canciones con letra de Sábato y música de Eduardo Falú. "Sobre héroes y tumbas" obtuvo un éxito de público impresionante que acabó por convertir a su autor en una autoridad moral dentro de la sociedad argentina, una suerte de formador de opinión que, por paradójico que parezca, al asumir ese papel se fue alejando progresivamente de la actividad literaria. Su tercera novela, "Abaddón el exterminador" (1974), se centra en torno a consideraciones sobre la sociedad contemporánea y sobre el pueblo argentino, su condición «babilónica» y su presente, que adquieren en la novela una dimensión surreal, en que se funden realidad y ficción en una visión apocalíptica.



A partir de la década de 1970, más que un escritor, Sábato representó una conciencia moral que actuaba como un llamado de alerta frente a una época que él no dudó en calificar de "sombría". Esa identificación entre Sábato y la autoridad ética quedó muy reforzada por su labor como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), para la que fue designado en 1983 por el entonces presidente de la República, Raúl Alfonsín. Los años que dedicó a investigar "el infierno" de la represión durante el anterior gobierno militar, según sus propias palabras, no le dejaron aliento ni espacio para la literatura. La conclusiones de la comisión quedaron recogidas en el llamado Informe Sábato. En 1984 fue galardonado con el Premio Cervantes. La obra de Sábato, que ha sido premiada internacionalmente y difundida en diversos idiomas, incluye además multitud de ensayos como “Hombres y engranajes” (1951), “El escritor y sus fantasmas” (1963), “El otro rostro del peronismo” (1956), “Tango: discusión y clave” (1963), “La cultura en la encrucijada nacional” (1973), “Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo” (1974), “Apologías y rechazos” (1979), “Antes del fin” (memorias, 1998), “La resistencia” (2000), y “España en los diarios de mi vejez” (2004). Aquejado de un grave problema de visión, se dedicó además a la pintura, otra de sus pasiones. Falleció en 2011, en Santos Lugares, Argentina.