lunes, 13 de junio de 2016

Intemperie (miércoles 15, 20h)




Finalizamos este intenso curso 2015-16 con la primera obra publicada de Jesús Carrasco, Intemperie.

"La publicidad no es en este caso hiperbólica ni engañosa. Esta primera novela de Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) es una magnífica novela, que sorprende por su madurez narrativa, por la riqueza y precisión de su lenguaje y por su creación de una historia que, sin rehuir la narración y descripción de escenas y detalles de extremado verismo, elimina los contornos espaciales y temporales de las acciones hasta convertir el relato en una alegoría que apunta directamente a elementos esenciales de la naturaleza humana.



En una tierra desértica y hostil, azotada por una sequía inclemente, un niño escapado de su hogar sufre la persecución de un tenaz alguacil motorizado y dos ayudantes a caballo. Huye hacia el Norte en busca de refugio y encuentra el auxilio de un viejo cabrero que se une a su suerte y lo guía en busca de lugares más seguros. Este deambular del niño y el anciano días y días por parajes arrasados y restos de construcciones abandonadas por sus antiguos ocupantes, este itinerario de hambre, sed, miseria e insolación bajo el acoso de quienes representan a una autoridad violenta y represora, es también para el niño un período de aprendizaje. El cabrero le enseñará lo indispensable para que sepa sobrevivir con dignidad y fraguarse por sí solo su porvenir, la vida que le espera cuando el relato concluye.

El lector no llegará a saber el nombre de ningún personaje. Así, el niño es la inocencia pisoteada y odiosamente vejada; el viejo y pobre cabrero, la representación de la solidaridad y de la justicia auténtica; el alguacil, el símbolo del poder omnímodo y feroz, que hace de los ciudadanos siervos amedrentados y dóciles (e incluso el hecho de que se desplace en una moto con sidecar lo relaciona con cierto totalitarismo reconocible). Intuimos que la huida del niño se ha producido por la necesidad de escapar de un ambiente irrespirable, de una sociedad oprimida, de una familia vencida e inoperante ante los alevosos abusos del poder, que llegan a la más terrible vejación personal. De una situación, en suma, que sólo engendra violencia, rencor, espíritu de traición -como en el episodio del tullido, que ayuda a desconfiar de las apariencias cuando del espíritu humano se trata-, odio y deseos de venganza. 

El camino del niño hacia un Norte anhelado no es sólo una indicación geográfica. La tarea del viejo cabrero consistirá no sólo en adiestrar al niño para sobrevivir, sino también en mostrarle el modo de purificar la venganza transformándola en justicia. Una vez logrado, la vida queda justificada y puede extinguirse.


El marco en que se inserta este ir y venir del niño y el anciano, con un perro, unas pocas cabras y un burro por campos devastados, desplazándose casi siempre de noche y en busca de lugares donde ocultarse y eludir el hostigamiento del alguacil y sus hombres, puede recordar en algunos momentos obras como Las ratas, de Delibes, o La carretera, de Cormac McCarthy. Conviene subrayar que tales semejanzas son lejanísimas y superficiales. Delibes denuncia el abandono del campo, en manos de unos pocos, y en la pareja del Ratero y el Nini es éste quien posee todos los saberes necesarios acerca de la naturaleza. El padre y el hijo de La carretera no huyen de ninguna autoridad, sino de un cataclismo que afecta a otros muchos supervivientes. 

Pero hay más. Intemperie, que no escatima escenas de extremada crudeza en la narración detallada de penalidades físicas -hay pasajes que se leen con el corazón en un puño-, alcanza un grado de lirismo del que carece la novela norteamericana, y ofrece, además, sin propósito ornamental alguno sino integrada en las acciones, una honda percepción del paisaje -con sus cambios de color, sus plantas, los olores de la tierra y los matojos, los insectos pertinaces, las charcas secas, el sol aplanador-, con tal precisión léxica, con tal detallismo que el lector tendrá en algunos momentos la sensación de estar redescubriendo la riqueza de un idioma límpido y sonoro, en el que cada objeto tiene su vocablo exacto; un idioma, por suerte, muy alejado del paupérrimo y repetitivo que, con muy pocas excepciones, los escritores actuales suelen utilizar. 




Resumiré en pocas palabras: como primera novela de un autor hasta ahora desconocido, Intemperie es una obra excepcional, que nos sumerge en el mundo de la mejor literatura. Algo que no puede decirse todas las semanas. Ni todos los meses."

Ricardo Senabre.

Fuente: http://www.elcultural.com/revista/letras/Intemperie/32166  




Entrevista a Jesús Carrasco (Instituto Cervantes)

JESÚS CARRASCO





Jesús Carrasco Jaramillo (Olivenza, Badajoz, 1972), es un escritor español autor de la novela Intemperie, publicada en 2013 y que ha sido traducida a 20 idiomas.

Jesús Carrasco nació en Olivenza en 1972, aunque se trasladó al pueblo toledano de Torrijos, donde su padre ejerció como maestro. Se licenció en en Educación Física, pero apenas ha ejercido esta profesión. En 2005, se trasladó a vivir a Sevilla, donde trabajaba como redactor publicitario, actividad que compaginaba con la escritura hasta su éxito literario.

Aunque, según confiesa el mismo, escribía desde hacía más de 20 años, su primera novela publicada fue Intemperie, que constituyó un rotundo éxito en la Feria del Libro de Fráncfort de 2012: en ella se vendieron sus derechos para publicarla en Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos, Holanda, Noruega, Israel y Brasil, antes incluso de que se editara en España. Fue el sello Seix Barral, del Grupo Planeta, la que se hizo con los derechos de publicación para el ámbito hispanohablante, dentro de la colección Biblioteca Breve. Por su parte, la productora cinematográfica Morena Films adquirió los derechos de explotación para llevarla a la pantalla. 




La obra enseguida se aupó a los primeros puestos entre las más recomendadas de 2013. Entre los múltiples galardones cosechados figuran el premio al mejor Libro del Año 2013 otorgado el Gremio de Libreros de Madrid, el Premio de Cultura, Arte y Literatura de la Fundación de Estudios Rurales, el English PEN Award y el Prix Ulysse a la Mejor Primera Novela. También quedó finalista de Premio de Literatura Europea en Holanda en 2013, del Prix Méditerranée Étranger en Francia, y de los premios Dulce Chacón, Quimera, Cálamo y San Clemente en España. Fue elegido Libro del Año por El País y seleccionada por el diario The Independent como uno de los mejores libros traducidos de 2014 en Reino Unido. 

El jurado del Gremio de Libreros destacó de ella en la entrega del premio que «adentra al lector, con un estilo sin concesiones, en un universo rural —claro protagonista de la historia— de tremenda dureza y violencia ancestral en la que los personajes se mueven, rodeados de sequía y miseria, en un tiempo y espacio indefinidos, pero en el que valores universales como la amistad, la solidaridad y la compasión prevalecen».


                    



Para los críticos literarios, esta novela fue la que dio trascendencia mediática a la corriente neorruralista de la literatura española del siglo XXI. Las narraciones de ambiente rural, muy populares en el pasado (con Delibes, Cela o Benet durante el franquismo, y Julio Llamazares o Luis Mateo Díez en la Transición), habían quedado muy relegadas a partir de la década de 1980, pero en la primera década del siglo XXI volvieron a resurgir en la obra de Iván Repila, Esquivias, Jenn Díaz, Lara Moreno y, especialmente, el novel escritor pacense.


En febrero de 2016 publicó su segunda novela, La tierra que pisamos, editada también, como la primera, por Seix Barral. Ella le hizo acreedor del Premio de Literatura de la Unión Europea 2016, que le fue otorgado en el mes de abril por la Federación Europea e Internacional de Libreros, el Consejo Europeo de Escritores y la Federación Europea de Editores.








sábado, 21 de mayo de 2016

I ENCUENTRO REGIONAL DE CLUBES DE LECTURA



El pasado sábado 14 de mayo celebramos en Cieza el  “I Encuentro Regional de clubes de Lectura”, organizado por el Club de Lectura Dante. Una experiencia en la que hemos sido pioneros, y que ha abierto un nuevo camino de comunicación entre los clubes de lectura de la Región de Murcia.





La jornada se desarrolló en un ambiente entrañable donde todos, anfitriones y asistentes, dieron lo mejor de sí mismos. Tras la recepción de bienvenida, hecha por el alcalde de nuestra ciudad y la directora de la Biblioteca Padre Salmerón, se inició una visita guiada por los rincones más emblemáticos de nuestra localidad, para acabar la mañana en el Claustro de la biblioteca, dónde se sirvió un almuerzo.





  




La tarde se inició con una mesa redonda en la que participaron Ángel Salcedo, Lola López Mondejar, Carlos Gironés y representantes de distintos clubes. El debate estuvo centrado en la realidad de los clubes de lectura de nuestra región, a partir de los datos previamente obtenidos de una serie de encuestas. 





Tras la lectura de las conclusiones por los componentes del Club Dante, el acto se cerró con el monólogo “La voz humana” de Jean Cocteau, magníficamente interpretado por Elizabeth Sogorb, bajo la dirección de Ana Barceló, ambas pertenecientes a la Escuela de Arte Dramático de Murcia (ASAD).


Destacamos también en este encuentro la donación de libros por parte de la Dirección General de Bienes Culturales, a través de la editorial Tres Fronteras, la asociación ANABAD y la editorial ciezana Ediciones Alfaqueque.


martes, 17 de mayo de 2016

Una soledad demasiado ruidosa (miércoles 18, 20h)



Hanta lleva más de 35 años trabajando en un sótano triturando papel. Lo repite casi como un mantra en cada capítulo de este libro. Destruye libros y fabrica balas que además de eso, del papel, incorporan reproducciones de cuadros, litografías, ratones que pululan por allí y hasta su sangre y su propia vida. En ocasiones, entre todos esos materiales hay hallazgos milagrosos, libros que rescata como tesoros y guarda. 

¿Para qué? 

“Mi misa, mi ritual consiste no solo en leer estos libros, sino en meter alguno en cada paquete que preparo, y es que tengo la necesidad de embellecer cada paquete, de darle mi firma. Éste es mi calvario”. 

No solo eso. Al destartalado sótano de Hanta han llegado “kilos de reproducciones de Rembrandt y Hals, de Monet y Manet, de Klimt y Cézanne” que no hacen sino embellecer más aún las singulares balas de papel de Hanta. Gracias a ellas, a los escritores, filósofos y pintores con quienes convive y a los que exprime, Hanta es un hombre feliz y un hombre sabio y “culto a pesar de mi mismo”, como también repite unas cuantas veces. Y no mucho más porque sí, también hay una historia de amor fresco e imposible con una gitana, y otra historia recurrente y fascinante de amor y caca –no es metáfora– con otra mujer que conoce desde la infancia.


Fragmento de la adaptación al cine de Trenes rigurosamente vigilados

También es un amor imposible. El verdadero amor del protagonista y del autor –que trabajó realmente en una prensa de papel– es por los libros, por autores como Kant que le anima y reconforta en su tarea: “Así trabajaba, adornando las pequeñas tumbas de los ratoncitos, y de vez en cuando me iba a leer un fragmento de la Teoría general del cielo, cada vez tomaba una frase y la saboreaba como si fuese un caramelo de menta. Me inundaba la grandeza desmesurada y la infinita pluralidad, me invadía la belleza, la bellaza caía sobre mí como un riego (…)”. 

A esos especiales amigos que nunca fallan recurre Hanta cuando hay que combatir, de modo que un día cuando le traen en un camión del matadero un hediondo cargamento de papel manchado de sangre cuenta: “para vengarme introduje en la primera bala, bien abierto Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, en la segunda Don Carlos, de Schiller y en la tercera, para que la palabra se hiciera carne sangrienta Ecce Homo de Nietzsche”. 

En ocasiones, tras unas cuantas cervezas, esos amigos se presentan sin avisar: “veo a Schelling y a Hegel nacidos el mismo día y el mismo año; un día vino cabalgando hasta mi cama Erasmo de Rotterdam en persona para preguntarme cómo se llegaba al mar. Por eso no pude extrañarme en absoluto que esa tarde viniesen a visitarme a mi sótano dos hombres a los que quiero mucho (…): Jesús y Lao-Tse estaban de pie junto a mi prensa (…): Jesús era un campeón de tenis que acababa de ganar Wimbledon, Lao-Tse, miserable, era como un comerciante que a pesar de sus riquezas parecía desposeído de todo”. 



Como en los chistes, Una soledad demasiado ruidosa encierra una noticia buena y una mala. La mala es que cuando le has tomado cariño al protagonista y a su manera de trabajar y de vivir aquello se acaba. ¿Qué estúpida manera de trabajar es esa? Si existen gigantescas prensas industriales que hacen en una semana el trabajo que Hanta realiza en un año… Cuando el protagonista visita en secreto una de ellas, queda golpeado por las charlas de operarios miméticos que beben leche en vez de cerveza y hablan del veraneo: 

“Sus planes de vacaciones en Grecia me dejaron absolutamente abatido: yo nunca he visto la antigua Grecia a no ser en los libros de Herder y Hegel o de Nietzsche con su visión dionisíaca del mundo (…). Cada día durante estos 35 años he experimentado el complejo de Sísifo que tan bien describió Sartre y aún mejor Camus; cuantos más paquetes se llevan más papel llega y así siempre, hasta el infinito (…): Esos jovencitos pasarán el verano en la Hélade sin saber nada de Aristóteles ni de Goethe, ni de la inmortalidad de la Grecia antigua, frescos como una rosa”. 

Su existencia es el fin de la de Hanta, y la luminosa prensa, el de su sótano. Pero la historia de amor con los libros no acaba porque no tiene fin: ni la prensa más poderosa ni las hogueras pueden con ellos . Esa es la buena noticia: “todos los inquisidores del mundo queman libros en vano, porque cuando un libro comunica algo válido su ritmo silenciosos persiste incluso cuando lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo”. 

Al parecer, el autor de este libro Bohumil Hrabal dijo que solo había vivido para escribir este libro. Que el lector recoja el testigo y viva para leerlo. Y contarlo. 

Fuente: http://filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.4222/idpag.6054/v_mem.listado/chk.e00bcdbd97be7b3ef05969b0ae0fc7b4.html


BOHUMIL HRABAL


«Camino hacia delante, pero con el dedo señalo mi máscara que me he puesto como un actor que decide hacer el payaso...»

Roland Barthes


(Brno, 1914-Praga, 1997) Escritor checo cuya obra se caracteriza por su visión satírica de la realidad y el relieve que confiere a sus aspectos absurdos. Considerado uno de los más grandes autores del siglo XX en su lengua por su facilidad narrativa y el uso alternativo del humor y la tragedia en un mismo plano, adquirió popularidad con sus novelas Curso de danza para adultos y alumnos adelantados (1964), Trenes rigurosamente vigilados (1965) y Yo que serví al rey de Inglaterra (1971). Su adhesión al Manifiesto de las dos mil palabras (1968) provocó la prohibición temporal de sus publicaciones en el país. La novela autobiográfica Bodas en casa (1990) confirmó el lugar de privilegio que ocupa entre los escritores centroeuropeos.

Bohumil Hrabal cursó en Praga estudios de derecho, que hubo de interrumpir a causa de la ocupación nazi. Trabajó como empleado ferroviario durante la guerra y en diversos oficios a su término: tramoyista, cartero, metalúrgico. A partir de 1962 se dedicó por entero a la literatura. Después de la invasión soviética de 1968 no pudo continuar publicando legalmente sus novelas, parte de las cuales aparecieron en samizdat (publicaciones al margen de la ley) o en el extranjero.


Ya a finales de la década de 1940 había comenzado a escribir poesía, así como relatos cortos, aunque éstos no verían la luz, transformados, hasta decenios más tarde. Sus primeras obras en verso muestran todavía las influencias del "poetismo", pero será la tradición surrealista (checa y francesa) la que marcará con mayor claridad su producción narrativa posterior, con el gusto por la yuxtaposición de elementos discordantes, la pasión por el "collage" y la construcción de las metáforas.

En 1956 publicó Conversaciones con la gente, pero fue Una perla en el fondo la que alcanzó un gran éxito, seguida de Los palabristas (1964) y el extenso "monólogo-collage" Curso de danza para adultos y alumnos adelantados (1964). Tales obras son una confusa reunión de pequeñas historias y anécdotas de irrefrenable comicidad, sostenidas por un lenguaje rico y compacto que alcanza el nivel de joya de la lengua hablada. Desde el principio destacó por la originalidad de sus textos, situados entre la literatura oral y la vanguardista, con manifiestos antecedentes en la tradición picaresca de J. Hasek, un gran despliegue de humor y asociaciones surrealistas; el resultado fue una producción radicalmente subversiva.

De estructura más clásica es Trenes rigurosamente vigilados (1965), acerca de cómo el intento de superar sus problemas sexuales conduce al joven Milos al heroísmo en la resistencia antinazi; llevada al cine por Jiøí Menzel, el filme obtuvo un Oscar en 1966. Con esta obra se enfrentó a la forma cerrada y más amplia de la novela, mientras que en Anuncio una casa donde ya no quiero vivir (1965), Hrabal toma una vez más del "collage" el principio de la contraposición de planos narrativos diversos y regresa al período oscuro del estalinismo, iluminándolo con relámpagos de metáforas surrealistas, con gran melancolía política pero al mismo tiempo con enorme confianza en el hombre, auténtico protagonista de toda su obra.

Tras la invasión soviética de 1968, que le supuso más de siete años de silencio editorial forzado, dos libros retirados de la venta y una publicación incompleta y cronológicamente desfasada de sus obras, Hrabal elaboró formas narrativas de inspiración más amplia, como la trilogía ambientada en Nymburk que tiene como protagonistas a los padres del escritor (sobre todo a la madre) y al propio Hrabal, y que integran las novelas La tonsura (1976), La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo (1978) y Los millones de Arlequín (1981). El tema que pasa a ocupar el primer plano es la actitud del hombre frente a la muerte y a la historia.


Un día, precisamente un domingo a mediodía, su madre, una chica joven que entonces vivía su primer amor, tras una larga lucha interior, anunció a sus padres que estaba embarazada. Su padre, con mucha rabia, la arrastró de la mano al patio y la apuntó con el fusil rugiendo: «¡Arrodíllate, te voy a matar de un tiro!». Por suerte, en ese momento salió al patio su mujer, que conocía perfectamente los estallidos de cólera de su marido, y dijo: «¡Venga, ya es hora de comer y la sopa se enfría!».

Ese episodio, en el que Hrabal insistía, y por lo tanto intentaremos creerle, acompañará a Bohumil toda la vida; tanto cuando era niño como cuando era mayor, nunca dejó de ser asustadizo. «Mi mundo se reduce a la vida en un vientre extramatrimonial y a una sensación de miedo permanente, que solo he intentado superar escribiendo», confesó ya en su madurez.

Monika Zgustova 
Los frutos amargos del jardín de las delicias. Vida y obra de Bohumil Hrabal


Le siguieron las tres novelas que representan la cumbre de su producción. Nezný barbar (Bárbara ternura, 1973), publicado sólo en el extranjero, relata las aventuras picarescas e inverosímiles del dibujante V. Boudník y sus amigos E. Bondy y Bohumil Hrabal en la Praga de los años cincuenta y sesenta. En Yo que he servido al rey de Inglaterra (1982), describe la ascensión y caída de un joven aprendiz de camarero en contacto con la historia. Y Una soledad demasiado ruidosa (1976), publicada también sólo fuera de Checoslovaquia, es el amargo monólogo de un trabajador de un almacén de reciclaje de papel frente a un mundo que cambia de manera inexplicable, violenta y poética; esta "renuntiatio mundi" de un no-intelectual "instruido en contra de su voluntad" ante la progresiva desaparición de su propio mundo cultural es sin duda una de las obras maestras del autor.

La producción de Bohumil Hrabal, dispersa y fragmentada, aunque traducida a numerosas lenguas del mundo, es enorme en extensión, de modo que aún prosigue el trabajo de edición de sus obras completas. De entre sus restantes títulos sobresale la trilogía de recuerdos Bodas en casa (1986-1987), que consta de una primera parte de título homónimo y una segunda y tercera tituladas Vita nuova y Solares. La obra recoge la trayectoria personal e intelectual del autor, narrada por su esposa Eliska y por otras personas que tuvieron algún papel en su vida, así como por el propio Hrabal. En la primera parte la narradora, joven aún, llega sola y sin recursos a la Praga de la inmediata posguerra. Ha perdido a su familia, deportada. Allí conoce a Bohumil Hrabal, que acabará convirtiéndose en su marido; es un abogado que jamás ejerció como tal y que se dedica a escribir unos textos impublicables en aquella época. Hrabal aún tiene tiempo de mostrar a Eliska la Praga viva y tradicional que está a punto de desaparecer, arrollada por el terror, la burocracia y el aburrido uniformismo estalinista.



Tras esta introducción, lírica y nostálgica, Vita nuova recoge una serie de episodios inconexos, reunidos en una especie de collage narrativo. El tiempo avanza y retrocede: recuerdos de infancia, deshielo tras la muerte de Stalin, tertulias y conversaciones con los amigos y descripciones detalladas de ambientes y personas, incluido el propio autor. Pese a la relativa apertura política, Hrabal no ha conseguido ser aceptado como escritor; ha desempeñado diversos empleos y Eliska trabaja como camarera. Por fin, consigue publicar un libro, pero en cuanto aparece es objeto de prohibición y su autor incluido en la lista negra.


La centralidad del pensamiento en Bohumil Hrabal

La última parte de la trilogía, Solares, también está estructurada en collages, y centra la narración en la década de 1960. Con casi cincuenta años, Hrabal consigue publicar un volumen de cuentos que tiene gran éxito. Comienzan los reconocimientos, los premios, las salidas al extranjero. Pero no faltan las amarguras: enfermedades, temor a la muerte, separación de amigos, la invasión de Checoslovaquia en 1968 y la nueva inclusión del autor en la lista negra de la disidencia, disipadas ya las efímeras esperanzas de la primavera de Praga. Pese a las coacciones, sigue escribiendo, y una prueba de su irreductible voluntad de perseverar es precisamente este libro, redactado en los últimos pero no menos duros años del régimen comunista, que el autor vivió en condiciones especialmente penosas. Quizá por eso, a modo de mecanismo compensador, confiere relieve en la obra a sus recuerdos más alegres.



lunes, 11 de abril de 2016

Veinticuatro horas en la vida de una mujer (miércoles 13, 20 h)





Veinticuatro horas en la vida de una mujer relata en pocas páginas el devenir sentimental y sexual de una mujer angustiada por la vida y por los acontecimientos que inevitablemente y como un torrente le tocaron vivir. Son páginas magistrales plenas de lirismo y pliegues pasionales en las que son habituales las reflexiones sobre la vida y la muerte, y sobre las pasiones humanas en la Europa de la preguerra. Y aún a riesgo de pensar que la historia que nos cuenta pudiera estar desfasada, lo cierto es que el relato no sólo ha sobrevivido a su tiempo sino que se lee con la entereza que produce la lectura de una pequeña obra maestra.

En un principio, la abuela se dedicó a contemplar a los jugadores (…) Le agradó particularmente un joven que en un extremo de la mesa jugaba por todo lo alto, hacía apuestas de miles de francos y, según se decía alrededor, llevaba ganados ya los cuarenta mil, que tenía ante él, en oro y billetes de banco. Estaba pálido, sus ojos brillaban y le temblaban las manos… 

El jugador, Fiodor Dostoievski 

Una anécdota desata toda una confesión por parte de una mujer de sesenta años, quien aprovecha la encendida defensa que su futuro oyente hace de una mujer "caída en desgracia" para hacerle partícipe de sus veinticuatro horas de pasión y tragedia, vividas veinte años atrás, y que, sin tener consecuencias sociales en su caso, sí marcaron su vida. El drama que nos plantea se nos hace muy lejano en una sociedad como la nuestra, más libre de prejuicios y sin las ataduras morales y de conveniencias y apariencias que la sociedad burguesa de hace un siglo, muy especialmente en todo lo relativo a la mujer.  

Reflejo de una moral hipócrita, la de  la sociedad de la protagonista, el drama se nos presenta como apasionante. Ella no tenía marido, no engañaba a nadie, pero no podía dejarse llevar por una cuestión de principios, siguiendo la rígida moral y los convencionalismos de la época, mucho más rígidos en cuanto al comportamiento femenino se refiere. 

Comprendemos de inmediato que él, el causante -involuntario- de todo, no vale su sacrificio, que no es partícipe de su drama, que su ludopatía le ha privado de su voluntad, que la historia no tendría futuro, que ese amor no le acarrearía sino sufrimiento por la censura social y por el remordimiento individual...  

En esta breve creación de Stefan Zweig asistimos a todo un ejercicio de introspección en el alma de una mujer que arrastra a solas un tormento, una angustia semejante a las que reflejan esas manos ansiosas, víctimas de la ludopatía, que tan bien sabe plasmar durante páginas la pluma maestra del austriaco.   













STEFAN ZWEIG













Vuelve el club Dante a reunirse en torno a un autor que ya tratamos a finales de 2014 (“La impaciencia del corazón”). Escritor y pacifista austriaco, Zweig nació el 28 de noviembre de 1881 en Viena, en el seno de una acomodada familia judía. A raíz del estallido de la I Guerra Mundial, Zweig se convirtió en un ardiente pacifista y se trasladó a Zürich, donde podía expresar libremente sus opiniones. También residió  durante un año en París. Después vive en Londres y viaja por España, Italia y Holanda. De vuelta conoce en Leipzig a Kippenberg, el director de la editorial Insel. Visita la India, Norteamérica y Panamá. En 1919 vuelve a Austria.

En su primera obra importante, el poema dramático Jeremías (1916), denunciaba apasionadamente lo que él consideraba  la locura suprema: la guerra.  

Entre las obras ensayísticas escritas en los años posteriores destacan: Tres maestros (1920) -estudios sobre Honoré de Balzac, Charles Dickens y Fedor Dostoievski-, y La curación por el espíritu (1931), donde da cuenta de las ideas de Franz Anton Mesmer, Sigmund Freud y Mary Baker Eddy.


Documental sobre la vida de Stefan Zweig (subtítulos en castellano)

El ascenso del nazismo y el antisemitismo en Alemania llevó a Zweig, que era judío, a huir a Gran Bretaña en 1934. Emigró a los Estados Unidos en 1940 y después a Brasil en 1941, donde se suicidaría un año después junto a su compañera, llevado por un sentimiento de soledad, pesimismo y fatiga espiritual.

Como escritor, Zweig se distinguió por su introspección psicológica. Los últimos escritos importantes de Zweig incluyen las biografías Erasmus de Rotterdam (1934) y María Estuardo (1935),  y su autobiografía El mundo de ayer (1941).



ALGUNAS DE SUS OBRAS MÁS RECONOCIDAS:

Teatro

Thersite, 1907
Les Guirlandes précoces, 1907
Jeremias, 1916
La casa al borde del mar, 1911

Poesía

Cuerdas de plata, 1901
Las primeras coronas, 1906

Ficción

Ardiente secreto
Caleidoscopio
La estrella bajo el bosque, 1903
Los prodigios de la vida, 1903
En la nieve, 1904
El amor de Erika Ewald, 1904
La Marcha, 1904
La Cruz
Leporella
Amok o el loco de Malasia, 1922
Los ojos del hermano eterno, 1922
La confusión de los sentimientos, 1926
Carta de una desconocida, 1927
Buchmendel, 1929
Veinticuatro horas de la vida de una mujer, 1929
La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón 1939
Novela de ajedrez, 1941

Biografías

Émile Verhaeren, 1910
Fouché, el genio tenebroso, 1929
La curación por el Espíritu, 1931
María Antonieta, 1932
María Estuardo, 1934
Erasmo de Rotterdam, 1934
Conquistador de los mares: la historia de Magallanes, 1938
Romain Rolland: el hombre y su obra, 1921
Paul Verlaine
Balzac: La novela de una vida, 1920
Castellio contra Calvino, Conciencia contra Violencia
Confusión: The Private Papers of Privy Councillor R. Von D
Momentos estelares de la humanidad (1927)
La lucha contra el demonio, Hölderlin, Kleist, Nietzsche
Montaigne, libro póstumo
Tres poetas de su vida: Casanova, Stendhal, Tolstoi

Autobiografía

El mundo de ayer, publicado tras su muerte

No ficción

Brasil: Un país de futuro
Momentos estelares de la humanidad

EL FOTÓGRAFO (miércoles 13, 20 h)






EL FOTÓGRAFO
 (LEFÈVRE, GUIBERT & LEMERCIER)

En muchas ocasiones no es fácil revisar obras que en su momento nos parecieron enormes, inmensas. El tiempo transcurrido supone (o debería suponer) una maduración en el lector y una evolución en el medio. Lo que antes vimos como una obra maestra puede no dialogar con nuestro yo actual igual que con nuestro yo pasado, y la estructura de la obra puede haberse desmoronado bajo el peso de nuevas creaciones que ponen de manifiesto todas las fallas de aquella. Y afortunadamente hay casos, como sucede con El fotógrafo, en que una gran obra crece con el tiempo y se asienta como un hito que destaca entre toda la producción que lo rodeó en su momento.

Ahora que Sins Entido reúne un solo tomo, impresionante, los tres álbumes independientes en los que se publicó entre 2003 y 2006 la obra de Didier Lefèvre, Emmanuel Guibert y Frédéric Lemercier (y que en España publicóGlénat), y me atrevo a decir que este integral era necesario porque que aporta un empaque físico que realza la unicidad de la obra, no solo en el sentido de que cuenta una única historia, sino en el sentido de que esa historia es única. El nuevo formato, que mantiene el tamaño original, acaba de completar la obra.

El fotógrafo es una historia autobiográfica, el relato del fotógrafo profesional Didier Lefèvre y su viaje de ida y vuelta entre Pakistán a Afaganistán acompañando a una delegación de Médicos Sin Fronteras. Como decía, todo este periplo es una aventura única, y su serialización en tres tomos solo se entiende en base a las imposiciones del mercado, máxime cuando el primer tomo termina abruptamente cuando aún nos encontramos a mitad del camino de ida. Independientemente, los tomos originales no cierran ningún frente. Como libro completo, todo cobra sentido.















Hace poco hablábamos por aquí del último libro de Guy Delisle, uno de sus libros de viajes, y por supuesto salía también a colación el nombre de Joe Sacco. Siendo también un ejercicio periodístico y un libro de viajes, El fotógrafo no tiene absolutamente nada que ver con ninguno de ellos, ni en su forma ni en su fondo. Lefèvre, en la primera página, cuenta cómo se despide de sus allegados en París y toma un avión hacia Pakistán. Sabemos que es fotógrafo y que realiza el viaje por motivos profesionales, pero en ningún momento trata de explicar o justificar su viaje. Lo único que le interesa es contarlo. Tampoco hace falta que nos explique cómo era su vida antes del viaje, ni cómo fue después. De la lectura del libro se desprende que, como no podía ser menos, acaba siendo un viaje iniciático que trastocará su vida. Un viaje iniciático atípico en el modelo de ficción habitual, ya que el protagonista no es el héroe sino el escriba que recoge con el objetivo de su cámara el heroísmo y la ruindad cotidianos, sin gloria ni infamia, que le rodean. Aunque a la fuerza ha de consignar sus propias vivencias, lo hace de un modo distante, como si se viera a si mismo desde fuera. O desde detrás de una lente. Y de hecho, las muy abundantes fotografías que jalonan la obra son tanto la prueba de la veracidad de lo narrado como un mecanismo de desdramatización que nos recuerdan que esto no es una aventura de cómic, con sus giros, su intriga y sus emociones, sino una aventura a pesar de todo.




Gran parte del mérito de esta narración anti efectista también corresponde a Guibert, que ha sido quien ha adaptado a los requerimientos del cómic la historia del fotógrafo, igual que en La guerra de Alan adaptaba la historia de un soldado. Si el fotógrafo ya está haciendo su comentario sobre el mundo cuando dispara su cámara, El fotógrafo hace su comentario sobre Afganistán y sus gentes poniéndolos ante nuestros ojos en viñetas y fotografías, sin juzgarlos pero sin maquillarlos.

Como digo, Lefèvre y Guibert (y Lemercier, encargado del color y la maquetación) despliegan ante nosotros la verdad, una verdad en tiempo presente. Durante el viaje, Lefèvre padeció una hinchazón en las encías, pero se guarda de decir (lo sabemos por los textos del fundamental epílogo, donde se comenta la suerte de algunos de los protagonistas de la aventura) que acabó perdiendo 14 dientes. O que volvió a viajar otras 7 veces a Afganistán. O que de las 4.000 fotos realizadas durante este viaje solo se publicaron 6. Lefèvre murió en 2007, con tan solo 50 años, debido a una crisis cardíaca.











Hacia el final de su viaje iniciático, como no podía ser menos, Lefèvre llega a estar al borde de la muerte. La secuencia en la que se describe el hecho resume en 10 páginas el tono de toda la obra. Solo, de noche, en medio de la montaña y una intensa nevada, sin agua, el protagonista sufre un ataque de pánico y después se acurruca en unas mantas y se prepara para morir. Saca su cámara y dispara. “Que sepan dónde he muerto”. Saca su libreta y escribe unas últimas palabras dedicadas a su madre y a su novia, unas líneas tan asépticas que dan escalofríos. Durante toda la secuencia, las viñetas muestran sobre un fondo gris la silueta en negro del protagonista y su caballo. No hay primeros planos del rostro compungido de Lefèvre, no hay espectaculares dibujos que nos muestren su pequeñez frente al entorno natural. Solo siluetas acompañadas de textos descriptivos. Los autores tratan de minimizar la codificación de la realidad, y en este momento de auténtica intensidad, el que sería el momento cumbre en cualquier cómic de aventura, finalmente se despojan del dibujo y dedican cuatro páginas completas únicamente a fotografías, las fotografías que el fotógrafo toma desde lo que piensa que será su lecho de muerte. 









En la primera página de estas páginas hay dos fotografías de la silueta del caballo. En la segunda, una fotografía a página completa del mismo caballo. Y la tercera y la cuarta página, enfrentadas, están cubiertas por una única foto de un grisáceo paisaje montañoso, concluyendo el crescendo fotográfico con una imagen anodina. Porque así es la auténtica aventura, la que nos toca y nos cambia. Intensa en nuestro interior, pero casi siempre intrascendente para todo aquello y todos aquellos que nos rodean, invisible al ojo de la cámara.


Por supuesto, las presencia de muchas fotografías insertas en la obra, con forma y tamaño de viñetas normales, son una de las características que definen El fotógrafo. Acabar de entender cómo funciona dentro del cómic un código visual tan antagónico al dibujo como es la fotografía, es algo que se me escapa. No tengo la preparación necesaria para tratar este aspecto de forma analítica, pero lo que sí me parece claro es que El fotógrafo no está concebido como un experimento formal y no pretende abrir el cómic a la utilización de la fotografía. Y prueba de ello es el hecho de que, efectivamente, casi nueve años después de la publicación del primer tomo de El fotógrafo, aún no ha aparecido otro cómic relevante reutilizando este recurso. Porque la fotografía en El fotógrafo es parte indisoluble e ineludible de esta obra, una obra en la que el protagonista constantemente filtra la realidad a través de su cámara. Las fotografías están ahí porque eso y no otra cosa es lo que Lefèvre veía cuando miraba a su alrededor. Rayco Pulido usaba la fotografía en Sin título como un juego de espejos entre realidad y ficción. Cuando Art Spiegelman introduce algunas fotografías en Maus, está refrendando una realidad que él no conoció, y lo hace al final de la obra para no romper la ilusión construida a través de la iconicidad del dibujo. Lefèvre y Guibert pretenden casi lo contrario, da la sensación de que la historia comprendida en el libro, real, vivida en primera persona, es la que cuentan las fotografías, y que el dibujo, sintético y de base fotográfica, es el artificio necesario para darles continuidad narrativa.

No he hablado de aquello de el protagonista encuentra en su viaje. Del pueblo afgano, de su forma de vida, de la guerra afgano-soviética, de la labor humanitaria de Médicos Sin Fronteras, del compromiso y la entrega, del dolor, la mutilación y la muerte violenta aleatoria. Todo eso y más cabe en El fotógrafo, en sus dibujos y sus fotografías, y es lo que en última instancia da forma al viaje de Lefèvre y lo convierte en una experiencia vital de enorme valor humano que trasciende su propia persona.
Por todo esto, por mucho que yo cambie como lector y por mucho que nuevas obras se adentren en senderos inexplorados, no encontraré, no habrá otra historia como El fotógrafo. Por eso El fotógrafo es una obra maestra irrepetible.

El tío Berni
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