martes, 13 de marzo de 2018

"Tres días y una vida", de Pierre Lemaitre (miércoles 14, 20h)



Si damos por válido el sistema de etiquetaje obsesivo propio del medio editorial ‑según el cual Pierre Lemaitre sería un escritor de novelas negras que un buen día 'dio el salto' con una obra literaria magistral ('Nos vemos allá arriba', Premio Goncourt 2013)‑, esta sería una novela de síntesis: todo su argumento da vueltas en torno a un crimen del que tenemos noticia en las primeras páginas, pero no fía su avance a la investigación de quién lo ha cometido, ni exactamente al intríngulis de si será finalmente detenido o no. La novela es, al contrario, una bellísima indagación literaria en torno a conceptos como el azar, la culpa, la posibilidad de redención. Críticos, libreros, editores y demás podrán ocuparse de disertar sobre si eso la sitúa dentro o fuera del género policial. Al lector le dará igual. El lector estará atrapado desde el principio por el buen uso de algunos recursos en los que Lemaitre había demostrado ya antes su maestría. El primero y fundamental es su manejo del punto de vista. 'Tres días y una vida' está contada en tercera persona, con una aparente neutralidad que se desliza, a voluntad del autor, hacia el punto de vista de su protagonista, Antoine. Antoine es un niño. Muchos buenos escritores han fracasado en el intento de mostrar la lógica del mundo a partir de la mirada de un niño, en un empeño que, casi indefectiblemente, acaba por teñir la voz narradora de lugares comunes, simplismos excesivos y cursilerías. Aquí no. Lemaitre acierta al no querer transmitirnos la voz, sino la mirada de Antoine, que ha cometido un error gravísimo y va a cargar con sus consecuencias toda la vida.


O no. O sí. Porque ese es el segundo gran mérito de Lemaitre en esta novela: su argumento homenajea la imprevisibilidad de la vida, enfrenta al lector continuamente con el fracaso que espera a quien pretenda anticiparse a los acontecimientos, y sin embargo transmite en todo momento una sensación aplastante de coherencia, como si todo lo que sucede en la novela estuviera dictado por una lógica indiscutible. Todas las cosas importantes que ocurren en la vida de Antoine se deben al azar -es decir, podrían perfectamente no haber ocurrido- y sin embargo en ningún momento tenemos la sensación de que esté forzando la casualidad según su conveniencia. Estamos ante una novela de buenos y malos: el bueno es Antoine, a quien quisiéramos proteger por muchas maldades que cometa; el malo es el destino, que lo somete a una vigilancia terrible, aunque paradójicamente pueda acabar perdonándolo.

Hay unos cuantos elementos en 'Tres días y una vida' que ya son marca de la casa: el primero es la influencia de lo extraordinario en el entorno de lo cotidiano. En esta ocasión, además, los sucesos se dan en un pueblo campestre que, activados todos los resortes propios de las sociedades provincianas, se convierte en una olla a presión a punto de estallar en cualquier momento y acompaña como un coro griego todas las decisiones que va tomando Antoine, llevado por la obsesión de su culpa. La obsesión: de nuevo, un rasgo común en la obra de Lemaitre, llevado hasta extremos caricaturescos en novelas como 'Vestido de novia', pero manejado aquí con una inteligencia exquisita.

Enrique de Hériz
http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20160920/critica-tres-dias-vida-pierre-lemaitre-5390453




Autor, guionista y psicólogo francés, Pierre Lemaitre nació en Paris el 19 de abril de 1951. Es conocido por su labor literaria centrada en el género negro y policial, así como por su trabajo como guionista para la industria del cine y televisión. Durante años trabajó como profesor para adultos, concretamente enseñando comunicación, cultura general y literatura destinada a bibliotecarios. Se casó a la edad de 50 años con Pascaline y con 60 nació su primer hijo. En 2015 se convirtió en Embajador Secours populaire.


Su llegada al mundo de la literatura se produjo de manera tardía, con 56 años, dando sus primeros pasos dentro del género negro. En este campo habría que destacar los libros protagonizado por Camille Verhoeven, su personaje fetiche. Sin embargo, dio el salto a la primera plana de la literatura en 2013 con "Nos vemos allá arriba", obra alejada del género policial y con la que logró el prestigioso Premio Goncourt, convirtiéndose en uno de los best-sellers del año.



A partir de "Nos vemos allá arriba" su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y se ha comenzado a publicar también su obra policial, que hasta el momento no había dado el salto al mercado en castellano. Entre sus obras más conocidas está  su primera novela "Irene" (Travail soigné, 2006),  homenaje a los autores contemporáneos que admira; "Vestido de novia" (Robe de marié, 2009), donde muestra su admiración por Hitchcock; "Camille" (2012), "Recursos inhumanos" (2010)

A lo largo de su carrera ha recibido premios como el ya mencionado Goncourt, el CWA International Dagger, el Tulipe, el Le Point o el Raffaelo Brignetti.





jueves, 8 de febrero de 2018

"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", de Diego Sánchez Aguilar (miércoles 14, 20h)





Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) es Doctor en Literatura y profesor de Enseñanza Secundaria en el IES “Las Salinas del Mar  Menor” (La Manga, Murcia). 

Fruto de su investigación literaria, en 2012 ve la luz Poesía Vertical, edición crítica de la poesía de Roberto Juarroz (Ed. Cátedra). 







Ha publicado cuatro libros de poemas: Desde el vientre de la ballena (2000), Lindero de tinieblas (2002), Diario de las bestias blancas (Premio internacional Dionisia García, 2008), y Las célebres órdenes de la noche (2017).







En 2016,  Diego S. Aguilar ganó el premio al mejor relato del Rendibú 2016, festival bienal de artes organizado por 'La Verdad', de cuyo Jurado formará parte en su edición de 2018.



Publicado por la editorial Balduque, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino se hizo en 2016 con el XIII Premio Setenil. El jurado, compuesto por Eloy Tizón, José Belmonte Serrano, Antonio Parra Sanz y Manuel Moyano, eligió esta obra de entre las ochenta y una presentadas ese año por editoriales y autores de toda España. 



QUÉ SERÁ EL ORGASMO FEMENINO

Verónica Nieto 
28 diciembre 2016 

El libro ganador del premio Setenil 2016, Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, editado por Balduque, nos propone un paseo alrededor de las vidas anodinas de unos cuantos personajes que rondan la cuarentena, es decir, la edad límite, los viejos de los jóvenes o los jóvenes de los viejos, la edad bisagra, la edad determinante, pues como dice aquel dicho: “Lo que seas a los cuarenta lo serás toda la vida”.



Diego Sánchez Aguilar construye estos relatos usando a un narrador en tercera persona y tiempo presente, algo así como una cámara de seguridad con bisturí: preciso, frío, calculador, agrega notas al pie para explicar ciertas situaciones, utiliza las enumeraciones, como si estuviésemos observando un álbum de fotografías de personas totalmente cansadas de su vida cotidiana, como si estuviésemos leyendo un tratado sobre la sexualidad, o mejor, un tratado sobre el imaginario pornográfico propio del varón. Tanto se distancia de lo que cuenta que enseguida se activa la ironía y con ella la complicidad del lector. Porque qué personajes más banales y aburridos, madre mía, qué personajes tan corrientes y tan como nosotros. Y a pesar de que nada en ellos puede llamarnos la atención, leemos intrigados, divertidos, pasamos página tras página sin saber muy bien por qué. ¿Por el efecto espejo, tal vez? Bueno, coincidiremos en que gran parte de la incitación se la lleva el sexo, y sobre todo, el sexo de los demás: eso que también preocupa y a veces obsesiona a los que rondan los cuarenta, pues la juventud se viene abajo.







Sánchez Aguilar consigue aquello tan difícil de transformar las descripciones en acciones, de hacer que estas no solo nos sitúen en el escenario, sino que nos den información sobre los personajes. Un hombre que fantasea con que una compañera de trabajo no lleva bragas en la cena de empresa; otro hombre solitario y un poco asocial que se enamora virtualmente de una blogger que cuelga video-posts de sus masturbaciones diarias; Aurora, una mujer demasiado insegura, se ha ido a Cuba con dos amigas a pasar las vacaciones y no sabe muy bien por qué ni para qué; una pareja escucha follar a los vecinos, cosa que parece, por un momento, reavivar su propia vida sexual aunque más tarde se transforma en una obsesión para el varón; una mujer hastiada de su cotidianidad que fantasea con un antiguo novio al que verá en una de esas reuniones de ex alumnos; un marido que está esperando a que llegue su mujer a casa espía a dos jovencitos que se han colado en su edificio para echarse un polvo rápido, y Fernando, un fotógrafo publicitario, quien graba sus propias relaciones sexuales y elabora minuciosos archivos con diferentes categorías para el orgasmo femenino:

“Un buen orgasmo, para él, es el que está mejor interpretado, el que es capaz de hacer sentir al espectador que la mujer está siendo poseída por un placer inimaginable, sorprendente, capaz de sacarla momentáneamente de su cuerpo, de su mundo, de su propio ser. Y todo eso gracias a él, al hombre que la ha llevado hasta ese punto. Eso es un buen orgasmo. Como un buen anuncio. Una utopía. Algo que todo el mundo desea, para lo que todo el mundo vive sus miserables vidas.”



Quizá de los siete cuentos que conforman Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino sea el último, titulado El perfume, el que explica todo el libro: el orgasmo femenino sigue siendo algo nebuloso para la mayoría de los hombres, algo muy parecido al imaginario de lo pornográfico, una auténtica teoría, una huida de la cotidiana y miserable vida de la mayoría.

Fuente: http://revistadeletras.net/diego-sanchez-aguilar-que-sera-el-orgasmo-femenino/







martes, 16 de enero de 2018

"La silla de Elías", de Igor Štiks (miércoles 17, 20h)




"Siempre digo que tuve que resolver primero un problema moral antes de empezar a escribir 'La silla de Elías'. Como no viví el asedio de Sarajevo y abandoné mi ciudad -todos los refugiados compartimos esa culpabilidad por haber dejado atrás a la familia y los amigos-, tenía que preguntarme qué derecho tenía yo a escribir sobre Sarajevo”.                                                                                                                                                                                                                                    IGOR ŠTIKS


Igor Štiks (Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, 1977) no es un autor desconocido en nuestro país. La editorial Funambulista ya editó su primera novela, 'Un castillo en la Romaña', que alcanzó un gran éxito y obtuvo premios en diferentes países. Ahora Destino nos ofrece 'La Silla de Elías', (premios K. S. Gjalski, Kiklop), narración que, como en la primera, basa el autor en su experiencia personal, la guerra que vivió a los quince años, en Sarajevo. Stiks, que escribe en croata y vive entre París y Chicago, está marcado por el dolor que sufrieron los ciudadanos de Sarajevo. 


                        


Richard Richter, un reconocido escritor austriaco, acaba de separarse y se encuentra en plena crisis intelectual. Tras veinte años de ausencia, regresa a su Viena natal, a la casa de su tía en donde vivió de niño. Allí, al tirar un tabique, descubre una carta escrita por su madre en 1941 dirigida a un tal Jacob Schneider, un judío de Sarajevo y el verdadero padre de Richard. Ante este hallazgo, Richard viaja a Sarajevo en busca de sus raíces. 

Estamos en 1992 y la ciudad se encuentra asediada por las milicias serbias. Un día, en una sinagoga, sentado en la silla de Elías -silla destinada a la circuncisión de los niños- conoce a Simón, un viejo que junto con Alma, una actriz de teatro con la que vive una historia de amor, le conducen hasta Schneider. 

'La silla de Elías' es una novela densa, inteligente, reflexiva y muy bien escrita. Consigue unir un argumento entretenido, con la historia real del Sarajevo asediado. Lo que hoy en día ignoramos al leer los desastres mundiales, la literatura nos lo muestra, al descubrirnos las voces humanas que se esconden en ellos. A través de esas voces, Igor Štiks ofrece otro punto de vista del que encontrábamos en los periódicos occidentales, la visión de los bosnios, de los que vieron y vivieron, y decidieron quedarse. 

Fuente: http://www.elcultural.com/revista/letras/La-silla-de-Elias/23735















Igor Štiks nació en 1977 en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina). En 1992 huyó de la guerra en Yugoslavia y después de estudiar Filosofía en Francia se graduó en Ciencia Políticas en Escocia. Actualmente es investigador en la Universidad de Edimburgo y trabaja en el proyecto CITSEE (Europeización de la Ciudadanía en los Estados Sucesores de la Antigua Yugoslavia).


                                                   

Ha escrito la novela 'Un castillo en la Romaña', por la que recibió el premio Slavic al mejor escritor novel croata en 2000, y que en 2005 fue traducida al inglés y al castellano. Su segunda novela, 'La silla de Elías', recibió varios premios literarios en Croacia y ha sido traducida a doce idiomas. En 2017 publicó su tercera novela, 'Rezalište'.

Ha escrito y publicado también poesía y ensayo.


                                                   



ENTREVISTA  

«Algunos escritores de los Balcanes usaron la tinta como munición»

Alejandro Luque.
Sevilla · Feb 2011

El escritor croata Igor Štiks reflexiona sobre el papel de los intelectuales en los conflictos de los Balcanes.

Igor Štiks (Sarajevo, 1977) representa a una nueva generación de intelectuales que apenas eran unos chavales cuando estalló la guerra en los Balcanes, y que han madurado en el exilio sin renunciar a participar en el debate sobre la situación política, social y cultural de la antigua Yugoslavia.

Criado en Zagreb y acogido en París, actualmente reside en Edimburgo. Desde los 19 años fue publicando artículos y ensayos en diversos medios croatas, bosnios, serbios, macedonios, eslovenos... Hasta 2001 fue reportero cultural de la revista croata Zarez.

Descubierto gracias al premio Slavic que recayó sobre su primera novela, 'Un castillo en la Romaña' (2001, traducido ya al alemán e inglés), su consagración llegó con 'La silla de Elías' (2006), elegido mejor libro croata del año. La pasada semana visitó Sevilla invitado por la Fundación Tres Culturas, y accedió a conversar con M'Sur.

Usted nació tres años antes de la muerte de Tito. ¿Qué diferencia a su generación de la de sus padres, que sí vivieron de lleno la dictadura? 
Por lo general fuimos más abiertos de mente, y más liberales, por haber crecido en el sistema político de los años 80, muy diferente del anterior, que nos permitió acceder a muchas cosas nuevas: música, películas… Recuerdo que desde los Juegos de Invierno de Sarajevo, en 1984, hasta comienzos de los años 90, había una gran sensación de ebullición, un optimismo que nos llevaba a pensar que las cosas iban a cambiar del todo. La guerra destruyó esos sueños: fuimos de lo más alto al abismo.

Usted tenía 15 años. ¿Podría decirse que la guerra le hizo escritor? 
En cierto modo sí. La guerra cambió nuestras vidas, el paisaje político y cultural. Nada sería lo mismo a partir de entonces. Y es muy difícil rehuir todo eso cuando empiezas a escribir. Yo lo intenté, desde luego, hasta que en mi segunda novela, cuando ya estaba viviendo en París, sentí que algo me tocaba la espalda y me decía: “Eh, tienes que enfrentarte a todo esto.Tienes que volver sobre aquello que has dejado atrás…”

Es curioso que en sus novelas su tierra esté siempre presente, pero desde puntos de vista externos: Italia, Viena… ¿A qué se debe? 
Cuando asumí que quería volver sobre mi país, supe también que quería hacerlo con ojos diferentes. Quería mirar con los ojos de un extranjero. En cierto sentido, es más fácil para mí, por lo traumático que puede ser enfrentarte a todo eso desde dentro. Pero también me ayuda a redescubrir el país que dejé atrás. Cuando vives en el extranjero, constantemente descubres cosas que antes no veías. Ivo Andric solía decirlo: “Puedo ver a Bosnia mejor desde fuera”.

¿Es por eso que la mayoría de los escritores que salieron de la ex Yugoslavia no han regresado? 
El exilio tiene esa dificultad añadida: pasa el tiempo y, al tiempo que empieza tu nueva vida en otro lugar, tu viejo país está cambiando, se vuelve diferente. Y puede suceder que la nueva tierra no llegue nunca a ser un hogar, en tanto la tierra de origen se vuelva extraña. Y tú vives entre una y otra, en mitad de ninguna parte. Es lo que creo que le ha sucedido a Aleksandar Hemon, a Dubravka Ugresic… Lo bueno es que las comunicaciones nos permiten mantenernos en contacto, y mantener un vínculo intenso con nuestros paisanos. Por otro lado, sí hay algunos que están volviendo: el cineasta Danis Tanovic, el músico Goran Bregovic, también está allí, Predrag Matvejevic volvió a Zagreb… Veinte años después de la guerra, para muchos es hora de volver a casa.

¿Cómo se lleva con los demás escritores de la antigua Yugoslavia? ¿Tienen contacto, se leen…?
Mis libros están publicados en todos los países yugoslavos, lo que indica que ese espacio está bien comunicado. Nos leemos perfectamente los unos a los otros, usamos la misma lengua, y algunos incluso hemos hecho carrera internacional. En cuanto a mis afinidades, bueno, tengo una amistad fuerte sobre todo con Aleksandar Hemon, especialmente cuando viví en Chicago, y que está publicado en España por Anagrama; y con Aleš Debeljak, un poeta esloveno que ha sido traducido al catalán, y no sé si al castellano…

Escribir en croata, ¿es para usted un acto de militancia, una toma de posición?  
Trato de distinguir entre mi trabajo literario y mi labor académica. Lo primero lo desarrollo en mi lengua materna, mientras que la segunda la hago mejor en francés o inglés. Mi cerebro ha aprendido a separar ambas cosas muy bien. Admiro a gente como Kundera, o el mismo Hemon, por el coraje de esa decisión de cambiar de lengua, pero en ese paso se corre el riesgo de perder el estilo.

Marco Vesovic, profesor de la Universidad de Sarajevo, decía que la de los Balcanes era la única guerra de la Historia planteada y dirigida por escritores. Pero no fue la única ¿no? 
¡No, no, acordémonos de Goebbels!  Pienso en Karadzic, pienso en Tudjman, que estaban muy orgullosos de ser escritores, o de pensar en sí mismos como escritores… Pienso en Dobrica Cosic en Serbia e Ivan Aralica en Croacia. Pero hubo muchos más. Deberíamos examinar el papel de todos esos escritores preparando la guerra, fomentando el activismo, buscando motivaciones para la comisión de los crímenes. Desgraciadamente, no hay tribunales para escritores. Pero hay una responsabilidad en la gente que usó los medios de comunicación y la escritura para la propaganda, las prácticas exclusivistas, la justificación de los desmanes… Usaron la tinta como munición.

Cuando en España se disparan las tensiones autonómicas, se habla de riesgo de “balcanización”. ¿Basta con una mala vecindad para prender un conflicto armado?
Desafortunadamente, los Balcanes se han llevado una mala reputación, y representa la idea de un lugar partido en muchos pedazos… Antes yo quería creer en una “iberización” de Yugoslavia, lo necesitábamos. Necesitábamos soluciones pacíficas y políticas para nuestros problemas, no el desastre que vino. Lo único que deseábamos era ser como los demás. Pero cuando ves lo que pasa hoy en Bélgica, Gran Bretaña o España, o en cualquier otro lugar del mundo... En todo caso, me gustaría convencerle de que la balcanización no es la única característica de los Balcanes [risas].


La pregunta... de Ramón Lobo 

¿Ha hecho Croacia su catarsis? 
En general, en la antigua Yugoslavia  no vemos catarsis por ningún lado. Los tribunales hicieron su trabajo, pero no hubo catarsis política. Mucha gente cree aún que los criminales de guerra fueron héroes nacionales. Y la manipulación sigue abierta, lo que impide esa tarea catárquica. No se pueden manipular los hechos, pero las mentes sí lo admiten. Es un gran fallo de la democratización de la región y de la comunidad internacional. Lo mismo pasa en Bosnia y Herzegovina, donde se hace creer que el espíritu de la guerra sigue vivo. En todo caso, aunque haya razones para el pesimismo, confío en un futuro mejor. 

Y los jóvenes de estos países, ¿cómo ven ese futuro? ¿Confían en Europa, que no estuvo a la altura en el conflicto yugoslavo? 
Allí donde vayas, a pesar de la propaganda encontrarás a un montón de gente joven progresista que quiere un cambio en sus países. La mayoría ve que Europa es la salida, y hay una conciencia extendida de que un gueto balcánico sería fatal. No tiene sentido imaginar un agujero negro balcánico rodeado por Europa. Personalmente no estoy contento con la maquinaria de la Unión, la parte económica es demasiado liberal, la parte social es un poco floja… Todo debe mejorar, pero es el único camino. Siempre es mejor integrar el gueto balcánico en Europa, a que Europa se integre, o incluso se desintegre en ese agujero negro.

Fuente: http://www.mediterraneosur.es/prensa/stiks_igor.html

   

martes, 12 de diciembre de 2017

"Kinshû. Tapiz de otoño", de Teru Miyamoto (miércoles 13, 20h)




La imposibilidad humana de expresarse con palabras ha dado lugar a artes como la pintura, la música o el ballet. Solo los novelistas estamos condenados a explicar cosas que no se pueden expresar con palabras.

Teru Miyamoto

"Es posible expiar los errores del pasado. Limpiar el recuerdo sucio por el rencor y plantear un futuro a partir de un presente en el que el resentimiento haya dado paso a la calma y el perdón. Ésta es la idea que subyace tras las últimas páginas de Kinshû. Tapiz de otoño (1982), de Teru Miyamoto (1947), una novela de delicado trazado en el que el escritor japonés explora los abismos del dolor y la capacidad curativa del afecto y la comprensión.

La historia de Kinshû. Tapiz de otoño abarca casi un año de intercambio epistolar entre una antigua pareja que se divorció diez años atrás debido a un dramático accidente. El detonante de esas cartas es un encuentro casual de los protagonistas, Aki y Yusuaki, durante una visita al monte Zao, un volcán cercano a la ciudad de Sendai, la “ciudad de los bosques”. Tras ese momento inesperado, y conmovida por los recuerdos y el no haber sabido el uno del otro durante una década, Aki decide iniciar el envío de varias cartas en las que rememora con su ex-marido su vida en común y el dolor ante el fin del matrimonio, motivado por un suceso que les cambió completamente: el adulterio de Yusuaki con un antiguo amor del instituto que, mientras dormían juntos, intentó cometer un doble suicidio con él.


Monte Zaô
                            

Con esta trama Teru Miyamoto compone una reflexión sobre el amor y la infelicidad y, en última instancia, sobre la capacidad del perdón y la reconstrucción vital. Porque, como poco a poco van trasmitiendo las cartas que se intercambian Aki y Yusuaki, pese al final abrupto del matrimonio, en ambos permanece un reconocimiento hacia los años de amor compartidos y aflora una sincera comprensión y cercanía. Son cartas, en este sentido, que muestran dos personalidades en las que, pese a todo, se mantiene la honestidad, donde se intercambian no reproches, sino sentimientos como las dudas, el miedo, la esperanza o las ansias de encontrar la felicidad.

Nos encontramos, así, una relación de pareja que ya no existe pero en la que aflora una mayor franqueza y respeto de lo que, aparentemente, hubo mientras el matrimonio duró. Un amor que es distinto al de sus primeros años juntos, pero un amor, al fin y al cabo, que aún persiste, que busca reparar los errores del pasado para allanar el camino hacia búsqueda de la serenidad y la felicidad.


Lago Tazawa
                         

Kinshû. Tapiz de otoño es una novela de singular belleza, que, construida como una relación epistolar, aborda las huellas del pasado, de los errores y del amor frustrado, evocando con melancolía y tristeza lo que los personajes fueron en un pasado y ya no pueden recuperar. Una mirada lúcida y sencilla sobre las relaciones humanas, el afecto y la dignidad."

Ana Matellanes
Fuente: http://koratai.com/literatura-japonesa/kinshu-tapiz-otono-teru-miyamoto



   




Teru Miyamoto ( 宮本 輝 Miyamoto Teru ), nacido en Kobe (1947), es un autor consagrado en Japón con más de ochenta obras a sus espaldas.

Con sus primeras novelas obtuvo los dos premios literarios más prestigiosos del país: el Akutagawa (por Hotarugawa, El río de las luciérnagas) y el Osamu Dazai (por Doro no kawa, El río de barro). Estas dos historias de iniciación ahondan en un tema que más tarde se volvería bastante recurrente en su obra: la desolación de la posguerra.

Miyamoto combina en su obra novelas algo complejas en el argumento (pero siempre con ese estilo narrativo austero que le caracteriza), donde lecciones de historia occidental se mezclan con filosofía oriental y viceversa; con otras con una trama más juvenil, donde los protagonistas son veinteañeros, pero no por ello de vidas fútiles. La temática abarca desde la aflicción y el desánimo de la época de posguerra, propia de sus primeras novelas y de su pentalogía Ryuten no umi (El mar de las vicisitudes), hasta historias de jóvenes con ambiente más moderno, como puede ser Watashitachi ga suki datta koto (Aquello que nos gustaba) o Ao ga chiru, pasando por libros con protagonistas más dispares. 

Todas las novelas, sin embargo, están sostenidas por un doble eje: por una parte la melancolía, con una lírica atmósfera wabi sabi, y, por otra, el sutil optimismo por superar las dificultades. Puede que los/las protagonistas de Miyamoto no tengan un carácter fuerte, pero eso no les impide tratar de vencer, o sobrellevar, los obstáculos a su manera. Cabe decir que muchos de los personajes protagonistas que más empatía transmiten en su obra son mujeres.

Y es aquí donde merece la pena hacer un inciso. Muchas de los libros de Miyamoto tienen protagonistas femeninas, que van desde la aún inocente veinteañera a la apesadumbrada divorciada. Personalmente, su forma de tratar los personajes femeninos es uno de los atractivos de este autor, pues no son mujeres de carácter fuerte ni estereotipados; muy al contrario, las retrata como seres que se han quedado solos por circunstancias de la vida, pero que logran salir adelante con empeño. En algunos casos, esas desgracias impuestas a la mujer son ocasionadas por otros personajes masculinos (la antes mencionada Kinshû o Orenji no tsubo (El tarro de naranjas)), o bien por enfermedades (Kokoni chi owari, umi hajimaru (Donde termina la tierra y comienza el mar)) o cualquier otra razón. En todo caso, la mujer de las novelas de Miyamoto demuestra más valor que el hombre a la hora de enfrentarse a las adversidades. Un arrojo que, curiosamente, está casi siempre apoyado por personajes ancianos.

La vida del maestro Miyamoto sufrió un duro revés cuando le descubrieron que padecía tuberculosis, precisamente cuando se encontraba en el monte Zaô, punto de partida de su novela Kinshû. Fue durante su estancia en el hospital cuando escribió esta historia, influida por las reflexiones sobre la vida y la muerte del escritor, que veía cómo sus compañeros de hospital iban falleciendo por la misma enfermedad. Por fortuna, tras más de un año ingresado, pudo recuperarse y su experiencia queda plasmada en más de una de sus historias.

Teru Miyamoto es un autor por descubrir en lengua castellana. La publicación en español de Kinshû. Tapiz de otoño es solo una ínfima gota del gran mar de historias que merecen ser leídas en la lengua de Cervantes. 



martes, 14 de noviembre de 2017

Novelas ejemplares II, de Miguel de Cervantes (miércoles 15, 20h)



Continuamos con la lectura de esta colección de novelas de Cervantes que emprendimos el curso anterior. 

Las Novelas ejemplares son una serie de novelas cortas que Miguel de Cervantes escribió entre 1590 y 1612, y que publicaría en 1613 en una colección editada en Madrid por Juan de la Cuesta, dada la gran acogida que obtuvo con la primera parte del Quijote. En un principio recibieron el nombre de Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento.


En La fuerza de la sangre se construye un relato casi policíaco, en el que una doncella violada con los ojos tapados logra reconstruir intelectualmente el crimen hasta dar con el culpable y forzar de él que se case con ella restituyendo su honor.


                                     

El celoso extremeño narra los celos patológicos de un viejo indiano que vuelve a España enriquecido y encierra a su jovencísima esposa en una casa herméticamente, sin permitirle que salga ni que nada masculino pase la puerta, en la cual ha instalado como vigilante a un esclavo negro con orden de no dejar pasar a nadie. El seductor Loaysa lo logra engatusando al negro, al que le encanta la música, con una vihuela, y se acuesta con la moza. Sin embargo, no hacen nada, aunque en el manuscrito de Porras de la Cámara sí se consuman los cuernos. El viejo, humillado, se muere de pena.


En La ilustre fregona se desgarran dos mozos que pretenden cortejar a la muy bella moza de una posada. Uno logra su propósito, el otro no y es humillado por una serie de chiquillos que le gritan por la calle y le siguen a todas partes.


En Las dos doncellas, Teodosia confiesa a un desconocido, que resulta ser su hermano, las relaciones y promesa de matrimonio con Marco Antonio. En busca del marido, encuentran a Leocadia, a quien también dio su palabra, sin tomar su honra. Marco Antonio acepta ser el marido de Teodosia, y su hermano, Rafael, el de Leocadia. El final feliz evita un duelo.En Las dos doncellas, Teodosia confiesa a un desconocido, que resulta ser su hermano, las relaciones y promesa de matrimonio con Marco Antonio. En busca del marido, encuentran a Leocadia, a quien también dio su palabra, sin tomar su honra. Marco Antonio acepta ser el marido de Teodosia, y su hermano, Rafael, el de Leocadia. El final feliz evita un duelo.


La señora Cornelia reúne elementos de la novela bizantina, aunque al mismo tiempo critica implícitamente algunos aspectos de esta última. Juan y Antonio deciden dejar sus estudios, pero al pasar por la ciudad de Bolonia en la universidad de ahí, deciden continuar sus estudios, y toda la gente los tiene como buenos mozos. Ellos escuchan mucho acerca de una damisela llamada Cornelia Bentibolli.


El casamiento engañoso narra el timo que hace una señorita aparentemente honesta a un militar casándose con él; éste ignora que ha sido una meretriz y esta lo abandona dejándole una enfermedad venérea que debe purgar con sudores en el hospital de Atocha, donde transcurre la próxima novela.



                                      

En El coloquio de los perros, el militar, que está purgando su enfermedad en medio de fuertes fiebres, asiste de noche a la conversación entre dos perros, Cipión y Berganza; uno cuenta al otro la historia de su vida y sus muchos (y muy sinvergüenzas) amos y dejan para el día siguiente la relación del otro. Se trata de una fantasía al estilo de las de Luciano de Samosata y el desfile entremesil de tipos, entre ellos unos pastores y una bruja, recuerda al de una novela picaresca o un entremés.

martes, 17 de octubre de 2017

Encuentro con Carmen Piqueras y "Nación del sueño" (miércoles 18, 20h)




Con dieciocho años comenzó los estudios de filología inglesa. A finales de la década de los noventa, Carmen Piqueras se apuntó a un curso de poesía en el Centro de la Mujer del barrio donde residía, explorando por primera vez la escritura creativa en grupo y conociendo a algunas de las personas que la animarían después a dar su obra a conocer.



Nuestra autora debutó en el mundo literario con Oficios de derrota, Premio Dionisia García - Universidad de Murcia, 2001. 



Ha sido incluida en diferentes antologías como Antología del Aula de Poesía de la UMU , Poesía de Escritoras de Murcia, Escritores en el Archivo, Nosotras tenemos la palabra, Contra, poesía ante la represión, Artemís, encuento internacional de poetas, entre otras. 

También se han publicado sus poemas en revistas como Dáctilo, Octubre, Ägora, Hache, etc.




En 2014 apareció su segundo libro, Nación del sueño (editorial Raspabook), y recientemente ha publicado su tercer poemario, Veinte películas de amor y una canción de John Lennon, de la mano de la misma editorial.