Premio Nacional de Narrativa (2023)
Premio de la Crítica Española al Mejor Libro en Castellano publicado
en 2022
Premio Francisco Umbral al Libro del Año (2023)
Premio Cálamo (2023)
Nunca he tenido
un sentimiento fuerte de pertenencia ni a la ciudad ni al pueblo. Sentía que no
acababa de ser de ningún sitio y eso es algo muy importante en mi novela. Si el
campo tiene un mayor peso, eso es porque el libro está muy vinculado a mi padre,
que falleció hace unos años. Esta novela esconde esa pérdida.
Pilar Adón
UNA NATURALEZA
POCO AMABLE DONDE ENCONTRARSE
ELENA
MARQUÉS | 7 NOVIEMBRE 2022
Que una novela
que transcurre en plena naturaleza resulte claustrofóbica puede parecer un
contrasentido. Pero para sentirse atrapado, está claro, no hace falta
permanecer en una cárcel.
De bestias y
aves¸ última obra de la escritora madrileña Pilar Adón, se desarrolla en buena
parte al aire libre, en un extraño entorno femenino, ensayado quizás en el
cuento Eterno amor (Páginas de Espuma, 2021), donde de nuevo una comunidad de
mujeres que vive anclada en el no tiempo (o simplemente en el presente) ve
perturbadas su paz y sus costumbres por la llegada de un intruso.
Aunque no es
esto un buen resumen del libro. Si hay un conflicto, que resulta, según los
manuales de narratología y los talleres de escritura al uso, imprescindible
para la existencia de una novela, no es la pequeña lucha que establecen con ese
hombre, que viene de fuera, como la mayoría de las amenazas, y reivindica las
tierras donde viven las mujeres como suyas, sino algo mucho más profundo, más
íntimo. Un conflicto que mantiene la protagonista consigo misma por haber
sobrevivido a un naufragio familiar. Un ahogo que se hace físico, que se
traduce en palabras, en una sintaxis sincopada, rota, arisca, tan agreste como
la naturaleza, hecha de calor y zarzas, que la rodea. Una pugna que se traduce
en repetidos símbolos (el agua y su profundidad y su reflejo, parada y en
movimiento, vida y muerte, espacio de tránsito; los vestidos uniformados; el
subsuelo y el laberinto; las ruinas y los muros), y que gana en incertidumbre y
angustia por todo lo que se nos oculta. Como si esa gran roca junto al lago
fuera un obstáculo mental, una niebla que nos impide llegar a comprender,
cuando esto, al menos para Coro, la protagonista de esta historia, es mucho más
factible en la noche. No sabemos si en una noche cercana a la de los místicos o
como una referencia a la oscuridad de lo subconsciente, pero eso de sentir
próxima la verdad y no alcanzarla es lo que provoca ese agobiante suspense.
Porque, desde
luego, sí que hay tensión, una tensión continua, una angustia sin resolver, no
solo porque la narración se inicia con una huida, precipitada e imprudente, de
una vida vacía e insatisfactoria, sino porque tampoco sabe Coro, tras atravesar
por pura necesidad la negra verja de la casa, qué demonios hace allí. Nadie la
retiene, pero tampoco nadie la ayuda. Nadie responde a sus preguntas. Los
diálogos que ella intenta establecer nunca encuentran eco; cada una de las
mujeres sigue sus propios hilos mentales con algo parecido a la frialdad o la
indiferencia. De hecho, si no fuera por el desasosiego que provoca la falta de
respuestas, las situaciones de ese tipo podrían considerarse hasta cómicas.
Como un diálogo de besugos, pero con algo más de trascendencia.
La cuestión es que allí, en Betania (por cierto, lugar de resurrección si recordamos al hermano de Marta y María), las mujeres, como una comunidad monástica, asumen sus funciones, sus ritos, aunque estos se nombran pero no se muestran, lo que aumenta el misterio como en las religiones desconocidas. Hay una jerarquía. Una anciana ciega tratada tal que un ídolo, con la que es difícil comunicarse porque habla en otro idioma. Una niña criada como una buena salvaje, cuyo origen y destino desconocemos. Unas gemelas (también en Eterno amor hay un juego de espejos semejante; también Coro tenía una hermana en la que mirarse; también el título de la obra incide en la dualidad, a la manera, además, de los títulos de los tratados clásicos).
Otra mujer, Gloria, más oscura,
independiente y activa, que vive en el sótano. Hay, por otra parte, mucha
violencia latente. (Dormir con un cuchillo bajo la almohada no es nada
tranquilizador.) Y perros, como sombras personales, que las protegen, mientras
las cabras campan a sus anchas en un entorno salvaje dominado por el bochorno y
los insectos. Porque la naturaleza no se muestra idealizada y Betania no es el
paraíso perdido que uno ansiaría encontrar.
Así que De
bestias y aves no es para nada un libro amable. Los lectores impacientes no
sabrán saborearlo, a pesar de su poesía. Se sentirán atrapados en ese no tiempo
que no avanza, en el calor y las heridas y en las pegajosas plantas acuáticas y
en la amenaza de los sapos venenosos. En la angustia de no encontrar una salida
ni poder establecer comunicación con el exterior (allí no hay teléfonos, ni
móviles, ni gasolina; allí parece que no ha llegado el progreso). Así nos
sentimos al entrar en Betania, como si hubiéramos llegado a un gran error.
Aunque quizás sea todo lo contrario y los mecanismos propios del lugar se
revelen como los más propicios para encontrar el sentido, el cambio con
mayúsculas que alguno, entre los que me incluyo, necesita.
Fuente: https://www.criticoestado.es/una-naturaleza-poco-amable-donde-encontrarse/
ENTREVISTA A
PILAR ADÓN POR DE BESTIAS Y AVES
La escritora
Pilar Adón viene a plató para hablarnos de su novela De bestias y aves (Galaxia
Gutenberg) y de Betania, la localidad en el campo con unas características
especiales, casi mágicas. Nos ha hablado de su necesidad de huir, de refugios,
de dónde está esa Betania...
ENTREVISTA A
PILAR ADÓN
LECTURAS SUMERGIDAS
| Literatura, Nº71 / Septiembre-Octubre 2022
“La necesidad de
escapar es lo que anima mi literatura”
– ¿En qué
momento y circunstancias sitúas De bestias y aves? Sus atmósferas, sus
búsquedas, la acercan mucho a tu novela anterior, Las efímeras. Es como entrar
en un territorio que nos resulta familiar.
– Sí, me gusta
la idea de que las novelas que escribo se comuniquen entre sí. Empecé con esta
historia cuando terminé Las efímeras. Siempre hago lo mismo. No dejo que pase
tiempo entre la que acabo y la siguiente. Me gusta tener una novela que me
acompañe, me da seguridad. Es como tener a alguien esperándote en casa, y,
aunque no sea constante con la escritura, sé que está ahí y todo lo que hago:
pensar, dar vueltas a ideas, tomar notas y observar, lo hago con un propósito
que es la novela que tengo en mente. Lo que sucede es que en este caso sí hubo
unas circunstancias especiales…



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