lunes, 13 de febrero de 2023

"El caminante" | Jiro Taniguchi | miércoles 15 febrero | 20 h






Siento apego por las pequeñas cosas que suceden a diario. Las observo con cuidado y reproduzco esos aspectos insignificantes a los que las personas no suelen prestar atención.
Jiro Taniguchi


Fallecido en febrero de 2017, Jiro Taniguchi deja como testimonio de su hermosa poética de las pequeñas cosas una obra memorable: "El caminante" (Ponent, 2017). 

Nadar desnudo en una piscina vacía, descubrir el placer de observar los pájaros, encaramarse descalzo a recuperar un juguete varado en las ramas de un árbol, devolver al mar una concha enterrada en el jardín… En El Caminante, Jiro Taniguchi (Japón, 1947 – 2017)  nos invita a descubrir la poética de las pequeñas cosas, a que aparquemos nuestras ajetreadas vidas y que, a través de su trazo preciosista y su narrativa pausada, acompañemos a su protagonista en su vida cotidiana.

Pero lo que pueden parecer pequeñas anécdotas banales, sin apenas narración,  en manos de Taniguchi se convierten en relatos prendados de un lirismo y una belleza similar al de los haikus, esos que R. H. Blyth definía como “una mera nada, inolvidablemente significativa”, pero con una mirada costumbrista, netamente imbricada en Japón y su cultura, que bebe de cineastas clásicos como Yasujiro Ozu.


Ese localismo es, a su vez, lo que convierte su relato en algo tan universal y transversal. El Caminante destila amor por la vida, un carpe diem centrado en el placer de las pequeñas cosas con el que es imposible no identificarse, convirtiéndola en esas raras obras que trascienden el formato. Es cómic, sí. Y manga. Pero es muchísimo más.

  


En el grueso de los relatos que componen El Caminante, el hilo narrativo es poco más que una excusa. Apenas pasa nada. Arranca con el protagonista y su mujer mudándose de casa, adoptando al perro que allí se encuentran, y a partir de ahí, acompañaremos a nuestro hombre sin nombre en sus paseos por su nuevo barrio, en sus recados más cotidianos, mientras lo observa todo, con distancia a veces, implicándose otras, pero siempre con curiosidad, dejando que sean sus pasos los que, como en el poema de Machado, hagan camino al andar. Taniguchi consigue que, como lectores, nos sintamos cómplices de su protagonista desde la primera viñeta, que sus aparentes vagabundeos sin rumbo tengan todo el sentido del mundo, y que su curiosidad hacia lo que le rodea sea la nuestra. Sus pequeñas aventuras destilan un hondo humanismo, ya que a través de una mirada limpia, casi infantil, consigue que apreciemos la belleza de las pequeñas cosas, su hondura poética, sin recurrir, salvo en una ocasión, al manido monólogo interior mediante cajas, en las que leamos los pensamientos del personaje. En ningún momento sus personajes exclaman o verbalizan nada de lo que sienten, de lo que les provoca lo que observan. ¿Para qué escribirlo cuando puede dibujarlo?



Y lo hace con un trazo limpio, detallado y preciosista, en un blanco y negro plagado de grises (con algún uso ocasional del color) que no esconde su influencia de la escuela franco-belga y su línea clara, y que nos lleva por una narrativa lenta y detallada. El autor, como el personaje, nunca se apresura, le dedica a cada momento el tiempo que necesite. Puede usar pequeñas viñetas para describir una acción como el vuelo de un globo de papel, o deslumbrarnos con preciosas ilustraciones a página completa. La narración consigue atrapar la atención del lector sin que apenas pase nada, y lo que es más difícil, que eso pase desapercibido. Pasan cosas, sólo que muy pequeñas, muy sutiles, y pueden arrancarnos una sonrisa (la sorpresa que supone la mirada de un anciano esperando a nuestro protagonista para pasear juntos), emocionarnos (el protagonista y su esposa devolviendo una concha al mar) o, simplemente, arrancarnos un suspiro ante la belleza de un momento, (nuestro protagonista descalzo encaramado a un árbol observando el paisaje) o por la envidia que nos provoca (nuestro protagonista saltando la valla de una piscina pública para poder nadar desnudo y solo. 

En El Caminante no pasa nada y, aun así, uno no puede dejar de leer. Porque es imposible no identificarse con el héroe, no querer ser él, algo inherente a toda buena narración. Tanto Taniguchi como el hombre de mediana edad que protagoniza su historia, parecen embarcados en lo mismo: en llevarnos de la mano para contemplar la vida tal y como es, sin trucos, artificios y dobleces. Es entonces cuando el trazo del autor revela, a través de su protagonista, todo el lirismo y la belleza que esconden los momentos más banales y cotidianos.

Completan este tomo recopilatorio otros tres relatos, que mantienen cierta unidad estilística y de tono, tanto con el grueso de relatos de El Caminante como, sobre todo, con el resto de la obra de Taniguchi.

Jiro Taniguchi es quizás uno de los autores de manga seinen (manga de temática adulta, orientada hacia un público masculino en su definición) más conocidos fuera del Japón. Su obra ha sido publicada en occidente con regularidad, siendo muy bien acogida y elogiada, sobre todo en Francia. Admiración mutua por otra parte, pues Taniguchi nunca ha ocultado la influencia del cómic franco-belga en su obra, llegando incluso a colaborar con un artista tan influyente y emblemático como Moebius en Ícaro. Pero su trabajo trasciende la, a veces, reduccionista etiqueta de manga.

No es fácil asomarse a la obra de Taniguchi sin los prejuicios inherentes a las etiquetas. Porque cualquier lector no habitual de eso que hemos convenido en llamar cómic (que algunos llaman novela gráfica y los más viejos, tebeos o historietas) que se acerque a su trabajo siempre tendrá en su cabeza un término, manga, tan amplio y genérico en su acepción como reduccionista en su definición más aceptada, al menos en España.

Y todo eso, a pesar de que el cómic japonés lleva ya muchos años en este país. Sin remontarnos a la prehistoria (con series animadas como Mazinger Z o ¡Meteoro!), su irrupción en nuestra cultura popular como fenómeno de masas data de principios de los años noventa, con la aparición del Akira de Katsuhiro Otomo y, sobre todo, del Dragon Ball de Akira Toriyama, tanto el manga, publicado por Planeta, como la serie animada, emitida por las autonómicas. Éste último fue la gran punta de lanza de la fiebre manga, creando una generación bola de dragón entre los que hoy superan la treintena. Desde entonces, su publicación no ha parado de crecer, y las numerosas convenciones que recorren España (del Expomanga al Saló del Manga) no hacen más que atestiguar la vitalidad del género en nuestro país. Una vitalidad que, como pasa con el comic book norteamericano, tiene algo de endogámico, de ghetto, que puede echar para atrás la curiosidad del neófito o no iniciado. Y eso, en el caso de la obra de Taniguchi, nos impediría disfrutar de una de las voces más bellas de la historieta contemporánea. 

https://elcuadernodigital.com/2017/11/29/jiro-taniguchi-el-caminante/






Jiro Taniguchi (Tottori, 14 de agosto de 1947 - Tokio, 11 de febrero de 2017) es un famoso autor de manga japonés de estilo realista, trazo limpio y acabado detallista, muy influenciado por el cómic europeo, en concreto por la historieta franco-belga.

Comenzó a trabajar en 1966 como asistente en el estudio del dibujante de manga Ishikawa Kyota, debutando ya como dibujante en 1970 con Kareta Heya (Un verano seco). En esos primeros años dibujaría historias cortas para diversas revistas, hasta publicar su primera serie propia, Namae no Nai Doubutsu Tachi (Animales sin nombre, Kodansha 1975), una historia protagonizada por animales.

Desde 1976 hasta 1979 publicó numerosos trabajos de todos los géneros con varios guionistas como  Natsuo Sekikawa, con quien realizaría obras como Muboi Toshi / Muboushi Toshi (Ciudad sin defensa, 1976), Nashikaze wa Shiroi / Seifuu Ha Shiroi (El viento del Oeste es blanco, 1976) o Lindo 3! (1978).


En los años 1980 volvieron a trabajar juntos en Botchan no jidai (La época Botchan, 1987-1996), obra larga basada en el clásico de la literatura japonesa del escritor Natsume Soseki sobre la vida en Japón durante la era Meiji (finales del siglo XIX), por el que recibiría el Premio Cultural Tezuka Osamu en 1998. También produciría otras obras con diversos guionistas como Carib Marley (Blue Fighter, 1982; Knuckle Wars, 1983; Live! Odyssey, 1983; Rudo Boy; 1984) o Shirow Tozaki, con quien realizaría K (1988). Con Sekikawa volvería a trabajar en Hotel Harbour View (1986), obra publicada en diversos países como EE UU, Francia o España, y que para muchos lectores sería la primera obra conocida del autor.

A partir de 1991 comienza a alternar sus trabajos con otros guionistas con obras en solitario, de corte más intimista, entre las que figuran Aruku hito (El caminante, 1990-1991), Chichi no koyomi (El almanaque de mi padre, 1994). o Haruka-na machi e (Barrio lejano, 1996), que obtuvo el premio L`Alph Art al mejor guión en el Festival de Angulema de 2003 y el premio a la mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona de 2004.

En 1997 publica Ikaru (Ícaro) en la revista semanal Morning, con guiones de Moebius y Jean Annestay, obra que debía extenderse en diversos volúmenes, pero que los problemas de ventas del editor obligaron a cerrar en un final precipitado, recopilándose posteriormente en un único volumen.

Ya en el siglo XXI publica obras como Sosaku Sha (El rastreador, 2000), Seton (2004), Hare yuku sora (Un cielo radiante, 2005) o Mahou no Yama (La montaña mágica, 2007), su primera obra publicada en formato álbum europeo y a color. En 2008 publica la obra autobiográfica Fuyu no dobutsuen (Un zoo en invierno), narrando el traslado desde su pueblo natal a la gran ciudad y sus inicios en el mundo del manga en Tokio, como ayudante de un maestro mangaka.

Taniguchi ha ganado numerosos premios en su Japón natal, y sus trabajos son traducidos en varios idiomas. Es uno de los autores de manga contemporáneos más reconocidos internacionalmente, destacando su presencia en el mercado francés. En España, la mayor parte de su obra ha sido publicada por Ponent Mon. 



https://www.tebeosfera.com/autores/taniguchi_jiro.html



 

miércoles, 18 de enero de 2023

"Cuenta atrás" | David López Sandoval | miércoles 25 enero | 17:30 h


ENCUENTRO CON AUTOR 

El próximo miércoles 25 de enero, a partir de las 17:30h, nos visitará el poeta David López Sandoval, con quien compartiremos impresiones sobre su poemario Cuenta atrás, XXXIV Premio Jaén de Poesía.




David López Sandoval (Córdoba, 1975) es Doctor en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana. Ha vivido en Tetuán, Marruecos, y en diversos lugares de España. Actualmente reside en Bullas, donde ejerce como profesor de Lengua Castellana y Literatura.



Entre sus libros publicados destacan la novela "Viaje al Parnaso" (Editorial Epígono, 1999), la antología de poesía escrita en Murcia  "Tras la espesa corteza de los días" (Editora Regional de Murcia. 2001), elaborada en colaboración con su padre, el también escritor David López García, y los libros de poemas "Náufragos" (Editorial Tres Fronteras, 2010), "El viaje heroico" (XIV Premio de Poesía “Fray Luis de León”, 2014), "Cancionero moral de un poeta menor" (Raspabook, 2017), y "Cuenta atrás" (XXXIV Premio Jaén de Poesía, publicado por la editorial Hiperión en 2018).






"El escritorio" (Paralelo Sur, 2019) ganó el I Premio de Dramaturgia Social de Santa Coloma de Gramenet (2018), y ha sido llevado a los escenarios.




En 2021 ve la luz su libro de sonetos "En carne vivo".




"Lírica cuántica" (Ediciones Tres Fronteras, 2022), es la última publicación de López Sandoval, un poemario compuesto por cien haikus ilustrados por Juana Fernandez Amor, Isidoro Martínez Sánchez, Fernando Muñoz Ubiña y Remedios Pérez Juan.





En su último poemario, titulado Cuenta atrás, David López Sandoval se aproxima a la muerte desde una perspectiva mística, como si fuera un episodio más de la vida.

Tal vez sean estos días grises y no aquellos azules de la infancia, que nombrara el poeta, o quizá sean ambos los que propician que hurguemos en el paso del tiempo hasta hallar la razón última de la existencia. Sea una luz o una sombra, un color o un silencio, la poesía nos ayuda a interpretar el mundo desde una óptica diferente, la que el poeta nos redescubre con su mirada perspicaz y precisa, y luego traduce en palabras capaces de estimular y provocar en el lector un placentero temblor, una sacudida. Leía días atrás que Ida Vitale, la poeta uruguaya recientemente galardonada con el premio Cervantes, aconseja: “En poesía no acates, ataca.”. Cuando el poeta se aletarga y se acomoda la poesía que nace lo hace vencida ya, derrotada, sin fuerza para levantar el vuelo. No es el caso del poeta David López Sandoval (Córdoba, 1975), que se rebela y “ataca”, siguiendo el consejo de Vitale, con su último libro Cuenta atrás, con el que obtuvo el Premio Jaén de Poesía en su trigésimo cuarta edición y publicado por Hiperión. Con anterioridad ha publicado la novela Viaje al Parnaso (1999) y los poemarios Náufragos (2010), El viaje heroico (XIV Premio de Poesía “Fray Luis de León”, 2014) y Cancionero moral de un poeta menor (2017). 

Cuenta atrás nos propone un recorrido por la vida, que no es otra cosa que un trayecto hacia la meta final que representa la muerte, de ahí que el poemario esté estructurado por 51 poemas en forma descendente, del 50 al 0, inclusive. Llama la atención que el poema número 33, ¿cuestión de simbología numérica cristológica, por representar la ‘plenitud de la edad’ o simplemente responde tal circunstancia  a una decisión personal e íntima del poeta? En cualquier caso el poemario está construido sobre una base sólida que confirma un extraordinario sustento en la más grande tradición clásica y literaria del poeta, tanto en su forma como en su fondo, que bien podría resumir el poema ‘Retótica”: «Joven poeta, / no la caves ya más / que así es la fosa.»

Los sonetos que aparecen en este volumen así lo aseveran, pero también la necesidad de expresar y expresarse a través de un lenguaje tan hondo como sencillo, donde la mirada en todo aquello que rodea el universo del poeta es capaz de ser trascendida: «… A vosotras os amo, mis discretas, / mis grises cazadoras solitarias / de inexplorados cielos y cunetas; // a vosotras por siempre, legendarias / fronteras de mis viajes y mis metas, / mis fieles carreteras secundarias.».



Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua

Tumba de John Keats


Una vez más el paso del tiempo y la muerte aparecen como ejes centrales de este poemario de David López Sandoval. Los recuerdos fluyen como un caudaloso río, en lo vivido se apoya el poeta para resurgir de las cenizas de la rutina y en comunión siempre con la naturaleza crear su propio universo, alejado de la estulticia y la mediocridad humanas. Su esencialidad humanística la hallamos en muchos de los versos que componen Cuenta atrás, distanciándose del mortecino espectáculo de lo vacuo y lo efímero, así escribe con un lenguaje llano y profundo al mismo tiempo: «…aunque queden pendientes demasiados deseos / para seguir creyendo que hay un plan infinito, / sin reglas ni esperanza, sin miedo a lo que ocurra, / por encima de todo procura ser feliz. / Feliz porque la lucha por llegar a la cima / basta para colmar el corazón del hombre.».

Autorretrato de Dora Carrington


También queda patente en el poema ‘Humaniora’, homenaje a Pepe Perona, quien fuera su ‘Maestro de Gramática’: «Te imagino sentado en un rincón / de la secreta gruta de las Náyades, / haciendo un inventario minucioso / de botines ganados con decencia, / como solo los héroes los ganan. // Pensando en esto te imagino ahora, / cuando ya está a punto de zarpar, / cuando todo se vuelve azul de pronto, / cuando nada se oye en nuestra isla, / cuando el mundo comienza a prepararse y se consuma el acto más humano.».

La visión de la muerte es, en consecuencia, visión de la vida, la una complementaria de la otra.

Es la muerte (‘el acto más humano’) que ronda por doquier, ¡tan bella y natural a los ojos del poeta!, en fulgurantes heptasílabos: «No temas a la muerte, / no te espante el letargo / que dicen que te aguarda /cuando cierras los ojos. / La muerte es el principio / de una larga andadura…// La ocasión de ver mundo, / un bello privilegio / que no has tenido en vida.».

La muerte como acto de vida, como lo entiende la filosofía sufí y afirma Adonis en su libro “Sufismo y surrealismo”, al decir: «Alcanzar la muerte, es decir, el más allá, es alcanzar la máxima felicidad, pues la felicidad comienza aquí y ahora. Y también la eternidad. El estado de unión es el paraíso antes del paraíso. La eternidad no es esperada, es vivida.  Por ello la muerte es un prolongado estado de unión, es el estado final, es decir, el retorno final al ser universal.», y como así también parece entenderlo López Sandoval. La visión de la muerte es, en consecuencia, visión de la vida, la una complementaria de la otra. Por ello el poeta escribe, refiriéndose a ella, la muerte, el ‘gran viaje’: «…Justo antes / de comenzar el viaje estoy seguro / de que veré la cara de mi madre.».

Con estas mimbres se ha elaborado esta cesta poética, una poesía de altura, genuina y abarcadora, una cuenta atrás que todos iremos cumpliendo, de la nada a lo absoluto, y viceversa: «…como el dios de la mugre y los gusanos, / el dios del holocausto y de la ruina, atrévete a quemar toda tu obra».

Cuenta atrás es, sin duda, un libro de poemas revelador, una obra rigurosa y diamantina, la del joven poeta maduro David López Sandoval, una voz que tiene aún mucho que decir y que así será, con toda seguridad, en próximas entregas. Estaremos atentos.

JOSÉ ANTONIO SANTANO | 24 junio 2019  

https://republicadelasletras.acescritores.com/2019/06/24/cuenta-atras/



Monte Fuji




ENTREVISTA A DAVID LÓPEZ SANDOVAL


Sin la muerte no habría ciencia, filosofía, arte, literatura y, en

 general, búsqueda de respuestas. La muerte es la gran pregunta.




BLOG PERSONAL DEL AUTOR

https://400golpes.com/


 

martes, 13 de diciembre de 2022

"Instrucciones para una ola de calor" | Maggie O'Farrell | miércoles 14 diciembre | 20 h

 



El clima no es lo único que oprime a la familia en la tensa y cautivadora sexta novela de Maggie O'Farrell.

Durante la ola de calor del verano de 1976, un devoto esposo y padre de tres hijos se levanta de la mesa del desayuno y sale a comprar un periódico. No vuelve. Robert Riordan se jubiló recientemente, y aún no había nada que sugiriera a su esposa Gretta que no estaba contento o que estaba a punto de desaparecer. Gretta insiste en que no tiene idea de dónde está ni por qué se ha ido. Los hijos adultos de Robert y Gretta llegan a la casa familiar para intentar encontrar una solución y consolar a su madre.

Gretta, la matriarca de una complicada familia irlandesa que se instaló en Londres, es un personaje de la década de 1970 algo inestable, y por eso es aún más entretenida. Es hipocondríaca y una religiosa devota. Sus hijos son su obsesión pero también la ruina de su vida. Y ahora están todos aquí bajo sus pies, unidos por el dolor y la confusión sobre el destino de su padre. A pesar de que fueron reunidos por la fatalidad -o no-, Gretta no puede evitar sentirse orgullosa de que sus tres hijos estén cerca.

Los retratos que pinta O'Farrell de los tres hermanos aquí son dolorosamente creíbles. El único hijo, Michael Francis, es un profesor de historia cuyo matrimonio está próximo al fracaso. Su esposa se ha "redescubierto" a sí misma y se ha unido a un grupo de nuevos amigos intelectuales. Él sabe que, al menos en parte, es culpa suya, pero se está quedando atrás y no sabe bien qué hacer.

Mónica, la hermana mayor, también tiene un matrimonio difícil, con un hombre mayor. Sus hijastras apenas le hablan y la culpan de la muerte del gato. Casi parece estar viviendo una fantasía en la que espera que alguien la rescate. Hay una sensación de que la vida le prometió cosas mejores y que la ha dejado en la estacada. Su neurosis es real pero también es (intencionalmente) cómica.

Aoife, la más joven, siempre ha sido la oveja negra de la familia, y ahora, con poco más de 20 años, se ha desterrado a sí misma yéndose a Nueva York, donde nadie tendrá que pensar en ella y preocuparse (aunque lo hacen de todos modos). Ella y Mónica no se han hablado como debieran durante años después de un incidente que nadie quiere mencionar. Aoife está marcada por propias deficiencias: padece una  dislexia no diagnosticada y es analfabeta funcional, lo que significa que probablemente no debería haber tomado el trabajo como administradora de una fotógrafa cuyas facturas no puede leer.

O'Farrell no se achanta ante las dinámicas complejas y, a pesar de hacer malabarismos con cuatro hilos narrativos  (la desaparición del padre más las historias de fondo de los tres hermanos), las cosas nunca se confunden. La escritura es siempre intensa, perfectamente elaborada, perfecta. Los personajes están dibujados de manera auténtica, lo que permite a la autora salirse con la suya.

Pero entonces… ¿qué no está del todo bien? Hay una extraña sensación de falta de urgencia por la desaparición de Robert, y parece que no solo falta en la familia sino que también falta en la novela. Tal vez sea intencionado, sumándose así al propio misterio de la desaparición. Por otra parte, la ola de calor, que inicialmente proporciona una sensación opresiva necesaria, de repente parece retroceder a un segundo plano para nunca volver. Quizá, esa decisión de la autora resulte mejor que estar viendo a los protagonistas sudando continuamente y bañándose en cada página.

Esta es la sexta novela de O'Farrell, y en el espacio de esa media docena de libros ha logrado cimentarse como una narradora confiable y una maestra del drama familiar. Instrucciones para una ola de calor se basa en esa consistencia.

Todas las características la obra de O'Farrell están aquí: una familia con secretos en su pasado, palabras que no se dijeron hace años, parientes olvidados hace mucho tiempo, una atmósfera claustrofóbica de incómoda cercanía emocional… Instrucciones para una ola de calor es una historia lograda y adictiva contada con verdadera humanidad, calidez y amor por los personajes. 

Viv Groskop

https://www.theguardian.com/books/2013/mar/03/instructions-heatwave-maggie-ofarrell-review


¿Qué le ocurre a Aiofe?



Entre el 10 y el 15% de la población escolar padece algún tipo de trastorno del aprendizaje.

La dislexia es un trastorno de aprendizaje que afecta en la lectura y la escritura. Los niños con dislexia necesitan tiempo para hacer las cosas, trabajar en silencio, entornos y ambientes adecuados y mucha paciencia. La mayoría de nosotros conocemos el término dislexia, pero no sabemos qué es lo que experimentan las personas con este trastorno.

Victor Widell, un desarrollador sueco, decidió crear una página web que simula en tiempo real cómo leen las personas con dislexia. La web está en inglés, pero el efecto de las “letras que bailan” es una auténtica locura. Sin duda, una bonita experiencia para apreciar y valorar las dificultades y necesidades que tienen las personas con dislexia.





Maggie O'Farrell nació en 1972 en Coleraine, Irlanda del Norte, Reino Unido. Su familia se mudó a Gran Bretaña en 1974. Hija de un economista, creció con su madre y dos hermanas en Gales y Escocia.

A los ocho años fue hospitalizada con encefalitis y perdió más de un año de escuela. Durante su niñez y adolescencia sufrió un pronunciado tartamudeo.

Cursó estudio en la North Berwick High School y la Brynteg Comprehensive School, y posteriormente asistió a New Hall, Cambridge, donde estudió literatura inglesa.

Trabajó como periodista en Hong Kong y como editora literaria adjunta en The Independent on Sunday, en Londres. También enseñó escritura creativa en la Universidad de Warwick en Coventry, y en el Goldsmith's College en Londres.

Autora de novelas como After You'd Gone, ganadora del Premio Betty Trask, The Hand that First Held Mine, por la que recibió el premio Costa de novela de 2010, o el libro de memorias I Am, I Am, I Am: Seventeen Brushes with Death (2017), posicionado en los primeros puestos de la lista de los más vendidos del Sunday Times.

En 2020 publicó Hamnet, basada en la familia de Shakespeare y galardonada con el Premio de Mujeres de Ficción y el premio de ficción en los Premios del Círculo Nacional de Críticos de Libros de ese mismo año.

 

OBRA

Novelas

After You’d Gone (2000)

My Lover’s Lover (2002)

The Distance Between Us (2004)

La extraña desaparición de Esme Lennox (2007; Ediciones Salamandra, 2009)

La primera mano que sostuvo la mía (2010; Libros del Asteroide, 2018)

Instrucciones para una ola de calor (Ediciones Salamandra, 2013)  

Tiene que ser aquí (2016; Libros del Asteroide 2017)

Hamnet (2020; Libros del Asteroide, 2021)

The Marriage Portrait (2022)

 

Memorias

Sigo aquí (2017; Libros del Asteroide, 2019)

 

Literatura infantil

Where Snow Angels Go (2020)

The Boy Who Lost His Spark (2022)


OTRAS OBRAS DE MAGGIE O'FARRELL:

CUATRO RESEÑAS

 

lunes, 14 de noviembre de 2022

"Temporada de huracanes" | Fernanda Melchor | miércoles 16 noviembre | 20 h


Cinco muchachos avanzan por un turbio canal llevando una cubeta de piedras previamente recogidas del río, listos para enfrentarse con algo desconocido que emerge del agua. Pronto su atención es atraída por un macabro descubrimiento: un cadáver hinchado y en descomposición que emerge del agua amarillenta y espumosa del canal. Así comienza la última novela de Fernanda Melchor (Veracruz, México, 1982), Temporada de huracanes (2017). La presencia de un cadáver, así como la existencia de una escena del crimen, ubicua en la ficción latinoamericana de las últimas décadas, puede dar la impresión de que estamos en frente a un  whodunit

Sin embargo, mientras que la revelación de la identidad de los culpables (el nombre de la víctima es revelado en las páginas siguientes) y la explicación de los acontecimientos que rodean la muerte de la Bruja desempeñan evidentemente un papel crucial en el desarrollo de la novela (el autor crea una ingeniosa trama de novela policiaca que se despliega a medida que las perspectivas y las historias de vida de los diversos protagonistas son contadas), contrario a la estructura clásica de la historia de detectives, en este caso nadie está buscando la verdad y ninguna investigación es llevada a cabo. De hecho, cuando la policía interviene, el jefe Rigorito y sus hombres tienen como único objetivo apoderarse del “tesoro escondido” de la víctima. 

En el mundo retratado por Melchor, la ciudad imaginaria de La Matosa (aparentemente semejante al estado mexicano de Veracruz, pero que bien podría ser cualquier espacio depredado por la lógica del capitalismo tardío), el “culpable” se encuentra en otro lugar, en el abandono social que perpetúa el ciclo infernal de pobreza y violencia, machismo y misoginia que domina la vida de los protagonistas y que marca su destino.

La novela, sin embargo, no aspira a componer un retrato a gran escala de la sociedad según ciertas tradiciones realistas. En cambio, Melchor, para parafrasear las palabras con las cuales Fredric Jameson solía hablar de Raymond Chandler, como un pintor de la sociedad mexicana opta por el uso de imágenes fragmentarias de la existencia cotidiana. Cada capítulo del libro narra la historia de un personaje específico, describe el contexto social y familiar, caracterizado por el desempleo, pobreza y violencia, en el que viven. Sin embargo, el narrador también combina estas descripciones con una infinita invención anecdótica y aventuras picarescas ambientadas en el telón de fondo de lo que Gabriel Wolfson ha llamado paisajes brueghelianos.



 El triunfo de la Muerte (1562-1563)
 Pieter Brueghel el Viejo

Las secciones de la novela comprenden párrafos largos y casi ininterrumpidos, un dispositivo narrativo que evoca, como señala Edmundo Paz Soldán en su reseña del libro, el estilo de El otoño del patriarca de García Márquez. De hecho, la novela debe mucho a la inspiración del llamado Realismo Mágico, no sólo por el estilo narrativo, sino también y quizá sobre todo por la presencia de una dimensión mágica y por las referencias a mitos ancestrales. Que las referencias a esta esfera mítica sean, sin embargo, una reinterpretación paródica del Realismo Mágico, una manera de “jugar con la repetición de formas muertas”, como diría Jameson, quizá sea confirmada por el hecho de que los propios personajes oscilan entre creencia y escepticismo cuando se enfrentan a la posibilidad de que un evento sea el resultado de algún tipo de conjuro, brujería o posesión demoníaca. 

Cuando al final de la novela el narrador recuerda la creencia de que una serie de desgracias tales como masacres, decapitaciones, violaciones, asesinatos pueden ser los efectos de las malas vibras causadas por los huracanes, la hipótesis es descartada implícitamente por el subyacente tono irónico, auto-paródico e ibargüengoitiano (“Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios”, recita el epígrafe de Las muertas) de la voz narrativa. 




Fredric Jameson escribió que en Cien años de soledad no hay magia, ninguna metáfora, sólo un “sublime materialista”.  Esta descripción bien podría funcionar para Temporada de huracanes: no hay nada maravilloso o sobrenatural en los hechos narrados, sólo el crudo horror que se vuelve aún más insoportable y repugnante cuando la violencia es ejercida sobre cuerpos vulnerables y desamparados.

Francesco Di Bernardo. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

https://web.archive.org/web/20180417080705/http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2017/octubre/temporada-de-huracanes-de-fernanda-melchor






Escritora y periodista mexicana, Fernanda Melchor nació en Veracruz en 1982. Se graduó en Periodismo en la Universidad Veracruzana y estudió un máster en Estética y Arte en la Universidad Autónoma de Puebla.

Sus cuentos y relatos han sido publicados en revistas como Replicante, Letras Libres y Vice, entre otras, y también han formado parte de numerosas antologías.

La trayectoria literaria de Melchor comenzó en 2013 con la publicación de Falsa liebre, seguida de Aquí no es Miami y Temporada de huracanes. Esta última, que destapa los bajos fondos de Veracruz, fue considerada por los críticos como una de las mejores novelas de México en 2017 y galardonada dos años más tarde con el Premio Internacional de Literatura otorgado por la Casa de las Culturas del Mundo en Berlín. 

OBRAS
Páradais. 2021  
Temporada de huracanes. 2017 (2019)  
Aquí no es Miami (Crónicas). 2013 (2018)  
Falsa liebre. 2013  

PREMIOS
Ganadora del Primer Certamen de Ensayo sobre linchamiento 2002 convocado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Ganadora del Virtuality literario Casa de Letras 2007 de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Premio Estatal de Periodismo 2009 de la Fundación de Periodismo Rubén Pabello Acosta. 
Premio Nacional de Crónica Dolores Guerrero, 2011. 
Pen Club a la excelencia periodística y literaria 20189​ por su obra Aquí no es Miami, un libro de relatos y crónicas sobre las situaciones generadas por la guerra contra el narcotráfico en el puerto de Veracruz.
Premio Anna Seghers, 2019. 
Premio Internacional de Literatura 2019, Casa de las Culturas del Mundo, Berlín. 
Finalista del Premio International Booker 2020 por la obra Temporada de huracanes. 

https://www.lecturalia.com/autor/22759/fernanda-melchor


ENTREVISTA

Los modos de la violencia: una conversación sobre Temporada de huracanes con Fernanda Melchor





miércoles, 19 de octubre de 2022

"El sueño eterno" | Raymond Chandler | miércoles 19 octubre | 20 h

 


En literatura, algunas obras maestras llegan a la universalidad a través de la puerta de atrás. La literatura de género tiene muchos más seguidores que aceptación crítica, pero no por ello podemos obviar las cualidades de una novela cuando ésta aporta un aire renovador a lo anteriormente escrito. Sin duda, Raymond Chandler (1888-1959) no era un gran estilista, ni siquiera un mediocre estilista, pero sabía escribir, sabía entusiasmar a los lectores con historias que absorben la conciencia en esa inmensa mentira que es la buena literatura. Y lo hizo utilizando uno de los recursos fundamentales para ello: la creación de un gran personaje.


Sin parecerse en nada a Arthur Conan Doyle, supo encontrar la clave del éxito y de la maestría literaria mediante el recurso de hacer entrañable a un personaje y forjarlo como si fuera una persona de verdad en la mente del lector. Por ello, no es de extrañar que El sueño eterno (1939), la primera novela de Philip Marlowe, sea aceptada hoy como una obra carismática, ya no dentro de su género, sino en la literatura universal.

Pocos personajes, antes de su aparición, se asemejan a Marlowe. Él no solo es el detective que arriesga por poco dinero su vida, que solo entiende la ética del trabajo cuando hay unos dólares por medio, sino que dentro de sí lleva la semilla de la soledad que todos cultivamos, y de alguna manera, encarna ese tipo duro que todos quisiéramos ser alguna vez en la vida.

                                 

Marlowe es fatalista y escéptico, rudo y sentimental, lúcido, amargo y solitario. No sabemos bien en qué encuentra placer, qué riesgo ha de correr para que sepa lo que es el miedo. No es un tipo que quisiéramos que entrara en nuestra vida, pero sin duda nos enamoraríamos de él si alguna vez lo conociéramos. Es tan definido, tan concreto en sus rasgos personales, que parece existir en la realidad, y como el cine se ha encargado de elevarlo a los altares del estrellato, pensamos que puede haber un individuo así en cada calle, esperando a que el teléfono suene para mostrar el lado menos caritativo de lo cotidiano.

Pero no. Marlowe parece real, pero precisamente su característica fundamental es que es profundamente irreal, pura ficción, igual que las novelas que protagoniza. El sueño eterno, si se lee detenidamente, no es una novela policíaca al uso, ni siquiera tiene esa dosis de denuncia social de las historias de Hammett. No es que haya un asesinato que haya que desentrañar y un detective que se encarga de hacerlo, sino que en realidad es una sucesión de asesinatos e iniquidades, un continuo resplandor del mal en estado puro, un salvaje alegato de la violencia. Solo la pluma dócil, flexible y humorística de Chandler hace pasar de matute tal cantidad de oprobio por una historia interesante y amena.

Hay mucha ficción en El sueño eterno: las dos hijas del general Sternwood, una arisca y deseable, oscura y contundente; otra ninfómana, inmadura, una lolita por la que cualquier hombre perdería la cabeza. El propio general Sternwood, en su silla de ruedas, tratando de mantener en pie el honor de esa familia desmembrada, parece salir de lo más profundo de una novela de Faulkner. De los demás personajes, apenas hay pinceladas: se sabe de ellos por sus actos, por sus malos actos, y el asesino es asesino hasta el final, y el pornógrafo conoce todos los vicios sexuales. ¿Acaso son marionetas en manos de su autor? No. Son elementos necesarios para que funcione lo que a Chandler le interesa que funcione: su historia.

Para eso crea un personaje poderoso, Marlowe, para que lleve sobre sus hombros el peso de la novela, para que sea él, y nada más que él, la referencia para el lector, la única referencia. Hay un momento en que incluso la trama es lo de menos: a mitad de la novela, parece que la historia ha acabado, que no habrá más misterio puesto que se han resuelto los dos asesinatos que se han cometido. Y sin embargo, la trama se complica y oscurece mucho más a partir de ese momento, porque Chandler sabe que la inmoralidad no tiene fondo y que siempre se puede añadir más horror al horror. Marlowe es como Marlow, el personaje de Conrad: vagabundea por las calles de Los Ángeles viendo el mal de cara, las infinitas formas de aniquilarse el ser humano. Y lo ve siempre desde la posición del descreído, del que no llega a entender del todo la naturaleza de lo que ve, porque así exactamente es el ser humano: desconoce la naturaleza del mal.


Chandler, en su interior, es un convencido inmoral que no toma partido nunca si no es a través de la violencia y el cinismo. Por ello precisamente, sus novelas son pura ficción, como si el autor quisiera decirnos que así no ocurre en la realidad, que una historia así solo puede ocurrir en el papel, donde se consigue mantener diálogos brillantes a cada momento y se sale indemne de todos los peligros.

Si uno lo piensa bien, Marlowe debería haber muerto en esta primera novela, porque es un blanco fácil. Apenas se esconde, aborda todos los peligros, no conoce el miedo, sino que lo encara. Es un excéntrico. Y por eso se le toma cariño al personaje, porque solo un tipo como él puede acercarse a las mujeres como las que imaginó Chandler sin que le tiemblen las manos. Porque solo él puede acometer la rutina del mal con el sarcasmo suficiente para que no le salpique la miseria humana. Chandler la exhibe, la muestra de forma descarnada, pero a ella le añade una risa sardónica, como mofándose de su existencia. Quizá no haya otra forma más realista de enfrentarse al mal.

José Luis Alvarado
https://cicutadry.es/el-sueno-eterno-raymond-chandler-la-falsa-inmoralidad/



NOVELA POLICÍACA Y NOVELA NEGRA


La novela policíaca es un género narrativo en donde la trama consiste generalmente en la resolución de un misterio de tipo criminal. El protagonista en la novela policíaca es normalmente un policía o un detective, habitualmente recurrente a lo largo de varias novelas del mismo autor, que, mediante la observación, el análisis y el razonamiento deductivo, consigue finalmente averiguar cómo, dónde, por qué se produjo el crimen y quién lo perpetró. 


Está generalmente aceptado que, aunque sus antecedentes se remontan más atrás en el tiempo, el género policíaco como tal nació en el siglo XIX de la mano de Edgar Allan Poe, al crear al detective Auguste Dupin en su relato Los crímenes de la Calle Morgue.

Dupin fue el primer detective de ficción, el cual sirvió de modelo a Arthur Conan Doyle para dar vida al “más famoso detective de todos los tiempos”: Sherlock Holmes, que constituye por excelencia el protagonista arquetípico de las novelas policíacas. Doyle, junto a Agatha Christie, fundó lo que se conocería como la escuela británica de novela policíaca.

Con el paso de los años, la novela policiaca fue evolucionando hacia formas narrativas más complejas, la resolución del misterio planteado como un juego de lógica dejó de ser el objetivo principal de la obra, quedando en primer plano la denuncia social y un intento de comprender los conflictos del alma humana. Fue así como nació un subgénero dentro de la novela policíaca: la novela negra. La novela negra nació en EE.UU y los padres del género fueron Raymond Chandler y Dashiel Hammett, en cuyas obras se basaron algunas de las películas más representativas del cine negro americano como El halcón maltés o El sueño eterno.

El apelativo de “negra” se debió por un lado a los ambientes oscuros que reflejaban, pero sobre todo a que aquellos relatos se publicaron por primera vez en la revista Black Mask, creada en 1920 por H. L. Mencken y George Jean Nathan y en la Série Noire de la editorial francesa Gallimard nacida en 1945. Aquellas novelas marcaron un antes y un después en la forma de narrar el crimen.

A diferencia de los relatos británicos donde intervenían las clases sociales altas, los crímenes eran generalmente “refinados” y donde el culpable casi siempre era descubierto y castigado por la ley, en la novela negra americana se reflejan sobre todo los ambientes sórdidos de los bajos fondos y el héroe es un personaje cínico y desencantado que habitualmente está sin trabajo, no tiene un dólar en el bolsillo y debe hacer frente él solo, no solo al criminal, sino también a un poder establecido generalmente corrupto.

Aunque el detective o el policía siguen siendo el tipo de protagonista principal, aparecen novelas de crímenes narrados desde otros puntos de vista: a mediados de los años 50 Patricia Highsmith publica El talento de Mr. Ripley, la primera de una magnífica serie de novelas que narran las peripecias de Tom Ripley, un estafador que suplanta a las personas a las que asesina.

Aunque la novela negra sufrió una época de crisis en los años 60, desde los 80 hasta nuestros días han seguido apareciendo grandes figuras que han mantenido vivo el género: Julian Symons, PD. James, Ruth Rendell y más recientemente Henning Mankell, Fred Vargas, Andrea Camilleri o Donna Leon entre otros. En España también merecen especial mención Manuel Vázquez Montalbán, Francisco García Pavón, Juan Madrid y Andreu Martín, y más recientemente Lorenzo Silva o Alicia Giménez Bartlett. 

BILIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/novela_policiaca/Introduccion/